Muralismo en México: un movimiento, de arte.

Por: Ximena Jordán
Fuente :www.revistaescaner.cl )19.11.13)

Encontrándome en México, me inevitable es relacionar la pintura mural con el movimiento Muralista Mexicano, más conocido como muralismo. El Muralismo Mexicano nace en 1921, cuando en Europa continuaban su evolución movimientos artísticos post-vanguardistas.

México fue el único país latinoamericano que no se quedó rezagado de este fenómeno europeo: el de los movimientos de arte. Al igual que los países europeos, México también generó alianzas artísticas que propusieran una nueva manera de hacer arte, un arte procurara la satisfacción de necesidades que trascendían los límites de lo meramente artístico. En el resto de nuestro continente sí se estaba gestando arte de eximia calidad y originalidad, no obstante sin tener el carácter de “movimiento” que tuvo el Muralismo Mexicano. El desarrollo artístico de ese periodo en los demás países americanos no se constituyó en un movimiento de arte “propiamente tal”. México, en cambio, se manifiesta a la vanguardia del arte a nivel continental, gestando su propio movimiento de arte, el Muralismo Mexicano, el cual en cuanto a su influencia y trascendencia tanto a nivel local como internacional, puede perfectamente equipararse con el Futurismo Italiano, el Constructivismo Ruso y el Expresionismo Alemán, entre otros movimientos que le eran fueron contemporáneos.

Ahora bien, antes de proseguir, vale preguntarse ¿qué es un movimiento de arte? Es un grupo de artistas que deciden orientar sus creaciones desde una perspectiva común. Esto involucra considerar en el proceso creativo el alcance de cualidades técnicas, estéticas y/o sociales previamente establecidas por el respectivo movimiento. Asimismo, un movimiento de arte involucra la organización intencional y voluntaria de los artistas miembros que lo constituyen, con el propósito de hacer patente ante la sociedad que dicho grupo de creadores está organizando su producción de piezas artísticas en una determinada dirección. Por esto, muchas veces los movimientos de arte presentan a la sociedad manifiestos y declaraciones, en las cuales hacen patente los objetivos e ideales artísticos del movimiento, de manera que el público y los demás artistas puedan relacionar las obras nacientes con las características del movimiento en cual se gestaron.

A pesar de tener un objetivo profesional en común, cabe mencionar que no siempre la relación entre los artistas que pertenecen a un mismo movimiento de arte, es armónica. A menudo, se presentan rencillas y ostensibles divergencias de opinión entre los miembros de un mismo movimiento de arte. La manera en que los artistas concretizan en sus obras los principios del movimiento pueden diferir ampliamente. Este tipo de diferencias suelen causar roces entre los miembros del movimiento. A pesar de ellas, el movimiento de arte no cesará su vigencia en relación con lo óptima o deficiente que sea la comunicación entre sus miembros, sino que continuará vigente en la medida en que sus artistas pertenecientes sigan produciendo arte en concordancia con los principios artísticos, estéticos y sociales del movimiento al cual adhieren, junto con declarar expresamente que continúan perteneciendo al movimiento de arte determinado. Un ejemplo de este fenómeno en el contexto del Muralismo Mexicano es David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera, ambos muralistas mexicanos productores de obras de arte claramente divergentes. No obstante sus diferencias tanto de pensamiento político como de técnicas creativas, ambos artistas fueron, desde el comienzo hasta el final de su carrera, muralistas mexicanos, debido a que no dejaron de expresar su adherencia al movimiento y a que continuaban siguiendo los principios fundacionales del mismo, los cuales conoceremos en el contexto del presente artículo.

Podemos concluir entonces, que un movimiento de arte es una organización creacional de un grupo de artistas en torno a parámetros creativos en común, los que se concretan en la producción artística de sus miembros. Esta alianza, a veces, conlleva una relación de cooperación profesional y/o personal entre todos o algunos de los artistas que la componen. No obstante, es la concordancia de las creaciones artísticas lo que determina la vigencia de un movimiento de arte, siendo la relación entre sus miembros un aspecto meramente accesorio y oscilante dentro del mismo.

Peculiaridades del movimiento Muralista Mexicano.

Volviendo al Muralismo Mexicano, este movimiento de arte cuyo desarrollo se extiende por más de 30 años – desde 1921 hasta 1955 – surge en un momento de la historia en el cual los artistas latinoamericanos, en general, aún no lograban traspasar con su arte los límites geopolíticos de sus naciones ni mostraban su producción de arte a nivel internacional. Ambos de estos logros fueron ampliamente obtenidos por el movimiento Muralista Mexicano. Esto, no deja de ser curioso, porque el muralismo es un arte de carácter inmueble: al integrarse a la arquitectura, las obras de arte mural no pueden transportarse de un lugar a otro. Entonces ¿en qué consistió el alcance internacional del Muralismo Mexicano, siendo un arte que no puede transportarse? Fue el carácter político-social de este movimiento de arte lo que facilitó que se volviera rápidamente famoso a nivel internacional. Empero, el motivo de la mantención y trascendencia de la reputación de este arte mexicano fue de corte más artístico que de otro tipo.

Sin perjuicio del carácter políticamente transgresor y socialmente novedoso del movimiento Muralista Mexicano, lo que a través de las décadas mantuvo la fama y el renombre de esta alianza artística, fueron sus obras. Estas, presentan hasta la actualidad una eximia calidad técnica y estética, así como un indudable compromiso temático-visual con los ideales compartidos por los artistas muralistas que las crearon, quienes estaban llamados a plasmar estos ideales en sus murales. Entre estos ideales encontramos: lo revolucionario, lo nacional, lo popular y lo indigenista, presentados como cuatro elementos constitutivos del nuevo México de la primera mitad del siglo XX. Estos elementos debían ser visualmente integrados y comunicados a todo el pueblo mexicano, sin ningún tipo de exclusión, a través de creaciones artísticas monumentales de propiedad nacional: los murales.

Grandes edificios, para grandes obras

El carácter monumental de las obras de arte producidas por el Muralismo Mexicano radica en la naturaleza de los inmuebles que fueron elegidos para albergar estas maravillosas obras tanto como en la temática de su contenido como. Un distintivo muy original en comparación con los movimientos artísticos que le fueron contemporáneos, es que el movimiento Muralista Mexicano fue una empresa creativa de tipo oficialista. Esto quiere decir que esta alianza de producción artística contó, durante el extenso periodo de su desarrollo, con el apoyo, promoción y patrocinio de quienes detentaban el poder político. Debido a esto, los edificios dispuestos por orden de la autoridad para que los muralistas dieran vida a sus anheladas creaciones, fueron parte de la arquitectura oficialista de la época. Las autoridades querían que los mensajes impartidos por los murales se recibieran por los espectadores como provenientes “de los gobernantes mismos”. Y para lograr tal cometido, qué mejor que lograr que las mismas dependencias de gobierno fueran las que “comunicaran” el contenido de los murales, sirviéndoles como marco e imperecedero soporte.

El espacio donde se plasmaron las primeras obras del movimiento Muralista Mexicano fue la Escuela Nacional Preparatoria, actualmente conocida como el Antiguo Colegio de San Ildefonso. Posiblemente, los muralistas y sus patrocinadores decidieron partir interviniendo artísticamente este edificio “a modo de prueba”. Siendo un espacio educativo público y de renombre, lo era en menor medida que los edificios elegidos para pintar posteriormente a él. Pienso que fue un gran acierto haber partido de este modo, de a poco, probando un proyecto de arte en un solo espacio que no fuera el más preeminente de todos los destinados, para después de constatar la eficacia del proyecto, avanzar a paso seguro. ¡Ojalá todo tipo de políticas públicas se implementaran con esta misma cautela! Probablemente tendríamos menos errores y malversaciones de recursos que lamentar de parte de las decisiones de nuestras autoridades.

Una vez constatada la belleza y funcionalidad del resultado muralístico en la Escuela Nacional Preparatoria, los murales continuaron su proliferación nada menos que en el Palacio Nacional y el Palacio Nacional de Bellas Artes. Al poco tiempo, se agregan a esta empresa muralista otros numerosos edificios, todos de carácter público y representantes del poder oficialista, primando aquellos inmuebles que albergaban a la autoridad de tipo cultural y educacional. La Secretaría de Educación Pública, la Escuela Nacional de Medicina y la Universidad Autónoma de Chapingo, entre otros, conformaron el afortunado conjunto de inmuebles intervenidos. Aquellos edificios nunca más volvieron a ser los mismos que en el momento en el que fueron erguidos. Algunos de ellos, ya gozaban de carácter patrimonial con anterioridad a ser intervenidos con murales. No obstante, desde el momento en que se completan aquellas obras de arte en sus muros, incluso su calidad patrimonial se vio mejorada, e indudablemente actualizada.

Muralismo Mexicano: arte educativo, político y social.

Al ascender a Secretario de Educación Pública en el año 1921, José Vasconcelos toma conocimiento del extendido analfabetismo aún existente en el pueblo mexicano. Se percata entonces, que la manera más idónea de comunicar al mismo pueblo mexicano los ideales e hitos cruciales de la Revolución Mexicana y de sus consecuencias a nivel nacional era a través de imágenes claras, didácticas y representativas de los mensajes que se querían hacer llegar a la población. Con esta idea en mente, Vasconcelos patrocina al artista Gerardo Murillo, más conocido como Dr. Atl, para la fundación del Centro Artístico de la Ciudad de México.

De acuerdo con Luz Elena Castillo, investigadora del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, el Centro Artístico de la Ciudad de México nace con el objetivo claro de buscar “la creación de un arte nacional, utilizando los principios modernos para expresar sus ideas a través de murales”. Entre los jóvenes artistas que se unieron a esta empresa encontramos a quienes se reconocen en la actualidad como los muralistas más populares de del Muralismo Mexicano: Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco. Sin perjuicio de la merecida fama que esta tríada de artistas goza a nivel internacional, no está demás recalcar que el grupo de muralistas que dieron vida y calidad a este movimiento excede con creces a estos tres artistas. Esto, otorga al encuentro del espectador con el Muralismo Mexicano un componente de permanente sorpresa, ya que en los andares por las ciudades de México es posible disfrutar de murales de alto nivel artístico en lugares que están fuera del recorrido más convencional, pero que no por esto dejan de contar con excelsas obras de arte modeladas en sus edificios públicos.

A diferencia de otros movimientos de arte que se desarrollaban en la época (en su mayoría europeos) en particular el movimiento Muralista Mexicano no solo fue conocido como movimiento de arte: también ganó su cuota de fama como movimiento político y social. Lo político, le viene por causa de los agentes políticos que intervinieron en su desarrollo, tomando decisiones que propiciaron directa e intencionadamente la prosperidad del movimiento muralista. Lo social, se le atribuye debido a las motivaciones sociales que tuvieron, tanto los artistas muralistas como los personajes políticos involucrados, para trabajar durante décadas por el desarrollo íntegro del Muralismo Mexicano. De estas motivaciones vamos a hablar a continuación.

Educar y concientizar a todo el pueblo mexicano con respecto a los valores nacionales que se re-fortalecieron producto del triunfo de la Revolución, a través del disfrute estético de obras de arte de alta calidad, era misión asumida tanto por los muralistas como por sus patrocinadores. Esta expresa intención le otorgó un indudable alcance social al movimiento Muralista, con mayor razón considerando que tal misión educacional sí logró su objetivo por medio de las obras murales creadas a lo largo de la “treintena de los muralistas”. Incluso, podríamos decir que esta función socializante la siguen cumpliendo estas obras de arte mural hasta la actualidad, sin perjuicio de que esta función haya cambiado, al menos parcialmente, en sus alcances y contenidos, en concordancia con la evolución de la historia del arte y con el subsecuente desarrollo de la nación misma.

Para concluir este artículo, los invito a que cuando se les dé la oportunidad, contemplen los Murales Mexicanos con detención y admiración, pues es un legado de arte que dudo exista en otros países del globo en tan alta calidad, cantidad, diversidad de obras y a gratuita disposición de todo quien se interese por conocerlos.

Mtra. Ximena Jordán
Master in Art Curatorship, Melbourne University
Licenciada en Estética PUC
ximejordan@gmail.com

Referencias bibliográficas:

Castillo, L. E. (n.d.). El Muralismo y la Revolución Mexicana. Recuperado en Octubre de 2013, del sitio web del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución de México – INEHRM: http://www.inehrm.gob.mx/

Porcayo, R. S. (s.f.). El Analfabetismo en México: 1895 al año 2000. Recuperado el October de 2013, de Instituto Nacional de Estudios Políticos A.C.: http://inep.org/index.php?option=com_content&task=view&id=84&Itemid=51

Escáner Cultural nº: 164

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