Entre la mezquindad y el despilfarro

Por: Robert Kurz
Fuente: http://www.josepgmaynou.com (03.10.10)

El capitalismo invoca a la racionalidad, pero es irracional. La competencia por la supervivencia en los mercados ha conducido a una política empresarial de reducción de costos a cualquier precio. Cada vez menos personal ha de realizar más tareas. Los salarios deben caer, sin ninguna interrupción. La mezquindad debe ser absoluta cuando se trata de las condiciones laborales. La crisis acelera estas condiciones obsesivas por el ahorro de los costos, incluso a expensas del nivel de la calidad. Devoluciones, fallos, defectos o escándalos no paran de aumentar. La radicalización de la economía empresarial castiga a la propia economía empresarial. Esto ocurre simplemente porque la noción capitalista de la “eficiencia” está completamente vacía. Ella nunca se refiere a algún contenido específico de la producción sino solamente a la maximización del beneficio abstracto, que parece haber alcanzado definitivamente su mayor nivel de incompetencia histórica.

Es justamente por esta razón que es preciso extender la obsesión por la reducción de costos de la economía empresarial a la vida cotidiana. Escuelas, Institutos científicos, teatros y guarderías deben ser gestionados como empresas y orientados bajo el punto de vista de la reducción de costos, lo mismo con respecto a las relaciones personales. Cada ser humano debe ser considerado como una gestión empresarial con dos piernas y todas las comprobaciones (en el Servicio de Empleo, por ejemplo) deben llamar la atención respecto a los despropósitos de la propia racionalización de su propia opción de vida. El eslogan político “¡Vete más pronto a dormir, camarada!” se ha convertido en una grave brutalidad del capitalismo y la presión general para “aumentar la eficiencia” sin sentido alguno, ha alcanzado el nivel de neurosis social compulsiva.

Sin embargo, el imperialismo de la economía tiene dos caras. Mientras que por un lado domina la mezquindad “hasta el último centavo” de la gestión del tiempo de trabajo (el tiempo de ir al aseo se controla) por otro lado se impone una cultura del despilfarro perfectamente feudal. La obsesión en el ahorro de costes en la economía empresarial se corresponde a la obsesión por el despilfarro, lo que hace que las flores en la corrupción política crezcan sin parar. Un buen ejemplo es, actualmente, el camino de los ferrocarriles alemanes con el absurdo proyecto Stttgart21. Los costos estimados según un consultor independiente han pasado de 4 a 7 hasta un total de 14 millones de euros. Para las líneas de tráfico local y de mercancías no hay dinero, pero para el ICE (el TGV alemán) entre metrópolis –que competirá con el tránsito aéreo- hay manga ancha. Esta nueva pirámide en proyecto también caerá para sus autores puesto que el resultado previsible es el colapso de la inversión.

El pensamiento ruinoso de la economía del despilfarro también se extiende a todos los sectores de la sociedad tanto como la obsesión por el ahorro. Son las dos caras de la misma moneda. Municipios que reducen personal de servicios en los transportes públicos pero ansían organizar grandes eventos (ver el caso de Duisburg y el desastre de Love Parade) u otros quieren construir desde cero grandes estadios para partidos internacionales a pesar de que están ya racionando hasta el papel higiénico. Son los “propios empresarios de su fuerza de trabajo” que hacen de conejitos de indias, de vigilancia omnipresente, de programas sin sentido de racionalización de su vida, ahogándose en deudas por causa de consumos de grandeza casi neuróticos, de los que después se arrepienten. Si la sociedad oscila entre comportamientos sumamente contradictorios no constituye precisamente un signo de estabilidad. Que se racionalice hasta la muerte, precisa, en compensación, pavonearse de grandezas mayores que la vida. En ambos casos se trata de un agotamiento total, más ahora cuando el mundo se hunde sin remedio…

Robert Kurz
Texto original
http://o-beco.planetaclix.pt/rkurz375.htm

Una respuesta

  1. Interesante el articulo de Robert Kurz. Un resumen de lo que pasa y que todo vemos sin reflexionar sobre ello.

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