El negocio del placer

Por: Rodrigo Quiroz Castro
Fuente: http://www.lanacion.cl (02.05.10)

Escrito por Mónica García Massagué, su libro es una invitación a recorrer este lugar oscuro y mítico que existe a espaldas de la sociedad desde el 4 mil antes de Cristo. Se trata de una línea de tiempo que lubrica la memoria y la geografía del prostíbulo.

El oficio más viejo del mundo se ha practicado dentro y fuera del burdel, ese espacio mítico, sucio, adorado, peligroso y perseguido, que nació en los templos del imperio sumerio 4 mil años antes de Cristo y que ha acompañado al bicho humano en todas sus mutaciones históricas.

Un espacio a espaldas de la sociedad que ha reflejado en su arquitectura y diseño la organización social del hombre. El libro de Mónica García Massagué traza una línea de tiempo lubricada por la memoria y la geografía del burdel. Un recorrido por habitaciones que esconden un lupanario de Bolonia, que en el siglo XV ofrecía sexo con espíritus, o prostíbulos polacos, donde el cliente lanzaba monedas a la vagina de una prostituta.

POZO SAGRADO

Lo que está muy claro en “La historia de los burdeles” es que las rameras tenían mejor estatus que el actual. Las primeras servían a los dioses en templos del imperio sumerio. Kakum fue el templo de Uruk (cerca de Bagdad) consagrado a la diosa Ishtar. Heródoto, acaso el primer cronista de todos los tiempos, describe la costumbre babilónica de que toda mujer una vez en la vida debía ir a ofrecerse a un templo a un hombre desconocido.

Con perspectiva histórica la prostitución aparece como algo sagrado en casi todas las culturas milenarias, en India las devadasis (sacerdotisas) satisfacían hombres en un coito divino donde se anulaba la dualidad masculina-femenina fundiéndose en una sola alma. Mientras las estructuras se hacían patriarcales, la prostitución sufre el azote del cristianismo y el islam. Si nacen en lo divino, hacia el 620 a.C. son tomados por el poderoso y realista Estado, que se hace cargo de una actividad que, sobre todo, generaba dinero. Solón crea el primer burdel municipal al que llamó Dicteria, éste tenía precio módico y exigía a las prostitutas (dicteriades) que usaran peluca rubia (las nobles tenían el pelo oscuro) y se pasearan con un pecho al descubierto.

Pero es en Roma donde el burdel es cargado con sus dos funciones históricas: servir como vía de desahogo sexual de la gente y sostener las arcas del poder.

El termino lupanar viene de lupanarium, sello de la loba lupa que amamantó a Romulo y Remo y que el imperio romano imprimía en los burdeles andantes que acompañaban las tropas en su expansión por los continentes.

En esta sociedad también se originan otros significados milenarios como prostíbulo, meretriz y puta. El primer concepto viene de protibula que hace referencia a la clase más baja, las meretrices en cambio se distinguen por ser expertas en artes; eran mimas, cantantes y bailarinas. Puta, viene de putae, que denomina a un tanque o un pozo.

La caída del imperio romano supuso también la caída del lupanarium y el fin temporal de la prostitución institucionalizada. La Edad Media llegó con su oscuridad. La peste y las Cruzadas volvieron a hacer itinerantes las casas de la alegría. En esta Guerra Santa los europeos conocieron la desinhibición asiática y luego de años de muerte y mestizaje hasta el Papa Julio II funda un burdel en Roma. La peste bubónica es otro hecho que marca la vida de este periodo. En 1347 contabilizaba 75 millones de víctimas. Con tanta muerte, la gente se lanzaba a los placeres de la carne porque en pocas horas podía terminar llena de gusanos. Al compás de los siglos, el burdel vive adorado y perseguido. En 1490 el periódico inglés La Puta Vagabunda funaba con nombre y ficha técnica los lupanares en una denuncia que se convirtió en la mejor guía de los clientes. Italia era conocida mundialmente por sus cortesanas y en un censo de ese año dice que hay una puta por cada 12 habitantes. Las mancebías españolas se hicieron famosas y fueron toleradas para reducir las tentaciones de la carne. El gran Francisco de Quevedo les cantaba: “Mujer hermosa y boba, si calla vale tres reales; y si habla los pierde / Mujer fea y discreta de día no vale un cuarto, más de noche embozada en un rincón vale/”.

Y de la Edad Media el recorrido del libro nos lleva a Oriente y describe a las cotizadas prostitutas árabes talentosas en el arte de amar, el canto, el baile y el laúd. Les llamaban las serai y el libro “El jardín perfumado” elogiaba sus destrezas y enseñaba las posturas recopiladas por el Jeque Al Nefzawi.

En la india de 1.600 las devadasis acompañaban las campañas militares y seguían cumpliendo un rol sagrado.

Avanzando por el mapamundi, García Massagué narra la historia del burdel chino, que nace mientras la dinastía Ching construía la muralla. Con los siglos pasa a denominarse casa azul y las prostitutas son llamadas “las flores caídas” o “mujeres del viento”. Los chinos también crearon los barcos florales donde el baile, el opio y el sexo hirvieron hasta que en 1949 el triunfo de la revolución comunista paró la jarana.

En Japón, las prostitutas nacen adorando a la venus nipona Kwan Non y el protocolo Zen marca sus formas de hablar y moverse. Las tayu son las maestras del sexo, bailan, bañan a su cliente y le sirven la ceremonia del té. Las geishas hacen todo lo anterior salvo el sexo. La autora aclara esta vieja confusión, enfatizando que la geisha no es una servidora sexual, de hecho en 1870 se movían por las calles con la leyenda que decía “vendemos arte, no nuestros cuerpos”.

LA VERDADERA GLOBALIZACIÓN

De vuelta al viejo continente su entrepierna hiede. 1770 y la revolución industrial llenó de meretrices los puertos de las ciudades. Prohibidas, la autoridad las sentaba en la picota luego de ser azotadas. En Europa las ciudades se diferencian por sus normas morales. Mientras la liberal Francia goza del burdel más grande animado en Versalles por el Rey Luis XV con el nombre de “El parque de los ciervos”, los consejos victorianos solicitaban a la madre de la familia inglesa que durante la penetración se mantenga “lo más rígida posible, porque el movimiento corporal podría ser interpretado como signo de excitación de un optimista esposo”.

En 1860 los burdeles llegan al nuevo mundo. En Nueva York se registran 20 mil putas y tras la guerra civil del ’61 parten al oeste. “La pulga alegre” fue un famoso burdel dirigido por mujeres indeseables en las europas. A Nueva Orleans llegaron delincuentes y putas exiliadas que emprendieron en el rubro.

Mientras el burdel partía a la conquista del far west, en Francia comienza la exquisita y a veces rancia mezcla entre burdel y el espíritu artístico. Se dice que gran parte del arte del siglo XX se escribió en ellos con pintores, escritores, y pensadores que veían morir los días en sus ámbitos.

El gran Gustave Courbet, autor del censurado y poblado pubis de “El origen del mundo”, retrató a sus putas en las riveras del Sena olvidadas de sí. O el deforme parisino Toulouse-Lautrec, tullido que entraba y salía de lupanares pintando putas mirando por la ventana o dormitando. “El ultimo peldaño de la escalera infernal de donde Toulouse sacó sus modelos, espectadoras del lado más oscuro del apetito humano. Ellas viven en ese lado del mundo donde los hombres se abandonan a sus instintos”, escribió Baudelaire.

Fue el burdel de Arles donde acudió Van Gogh con su oreja cortada para regalársela a una puta tras una disputa con Gauguin (versión desmentida posteriormente). También fue en un burdel donde la sífilis devoró la conciencia de Viena con Klimt o Freud mirando en el microscopio su propio semen. Las letras también son escenario de amores secretos en presencia de muslos. Gustave Flaubert escribió su “Educación sentimental” en medio de ellos. “Si quieres ver tetas, éste es el lugar, las mujeres se tapan el rostro ruborizadas cuando las miras a los ojos pero te muestran las tetas”, le escribió a un amigo. En Hispanoamérica Vargas Llosa con “La casa verde”; “El lugar sin límites”, de José Donoso; “Junta cadáveres”, de Juan Carlos Onetti, o “Juana Lucero”, de Augusto D’Halmar, se inspiraron en sus personajes.

ROMPA EL VIDRIO

En sus 148 páginas, “Historia de los burdeles” contiene también la evolución del recinto en los caóticos años de Hitler. Desde el Salón Kitty, donde los nazis eran espiados, a los prostíbulos de los campos de concentración instaurados por el nacionalsocialismo.

Hacia el final del texto la autora cita escándalos entre prensa y poder, como el de 1977 cuando un diario sueco destapó una olla con putas de lujo y ministros del gobierno social demócrata de Olof Palme, o el ejemplo francés, donde el Presidente Valery Giscard D’Estaing dejaba sobre el despacho un sobre con la dirección de un burdel y un mensaje que decía “abrir sólo en caso de ataque nuclear”.

En 2005 el British Medical Journal publicó un estudio donde explicaba que la principal razón para asistir a un burdel era “la falta de obligaciones morales”.

Dentro o fuera de la ley los burdeles han mantenido el farol rojo encendido. Mientras la prostitución se debate en todas las sociedades hipermodernas y se lucha contra las enfermedades, el tráfico y la explotación sexual, en el Rasputin de Rusia alguien come sushi en el vientre de una muchacha. LCD

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