Sobre Dios

Por: Víctor Rojo
Fuente: http://www.yanontiendonada.crearblog.com (22.03.10)

Como cualquier persona nacida en la época de los últimos coletazos del Caudillo, fui educado en la religión católica, más que por interés de mis padres, por el “miedo al qué dirán”. No puedo negar que mis próceres sean gente de misa de domingo y que intenten llevar una vida cristiana, aunque muchas veces, no a la manera que el Vaticano dicta, sino más bien, aquella que predica el amor, la compasión y el perdón.

Mi percepción de lo divino o metafísico dista mucho de la de ellos, pero tengo en cuenta su avanzada edad a la hora de hacerles entender que, a mi modo de ver, están equivocados, no en su ética, sino en el ideario dogmático que Roma les impuso en su día, haciéndoles repetir como loros ideas y consignas que nadie entendía por no saber latín. Todo ello amparado por un sistema político totalitario que no permitió tipo alguno de réplica o disidencia.

Creo que la primera vez que me plantee ciertas dudas sobre ese patrón de Ente Celestial fue cuando me di cuenta de que había gente que lo necesitaba más que yo. Hablo de los marginados, esa lista interminable de almas, en la que no se intuye una luz redentora al final del túnel.

La segunda duda iba en sentido contrario. A medida que observaba a tanta gente acaudalada profesando la misma confesión que los anteriores, me planteé la posibilidad de que ese Dios realmente “tuviese un plan para cada uno de nosotros”. Supuse también que diferentes planes, implican toda una serie de distinciones entre personas, más aún, en lo que se refiere a su doctrina, basada en premios y castigos. También me pregunté si ante estos antecedentes, la justicia divina podría quedar en entredicho. Pero ¿qué criterios sigue este Dios para premiar o castigar?. ¿Se podría decir que Dios premia a los ricos y castiga a los pobres? ¿tiene favoritos? Porque, de ser así, no estaríamos hablando de bondad, amor, justicia o compasión.

La religión tiene este tipo de contradicciones. Es defensora de la vida, pero castiga con un pecado original por el mero hecho de haber despertado a la vida. Una ideología basada en una tremenda incompetencia, acompañada de una profunda arrogancia.

Con un ensañamiento atroz culpa a Eva, La Madre Tierra, la artífice del Conocimiento, al igual que María Magdalena, de morder la manzana del Árbol de la Ciencia. El primer ser que empezó a cuestionarse esa infalibilidad divina, que eligió la Razón antes que la Fe, y la Ciencia antes que el dogma. Resumiendo: el “logos” antes que el “mitos”, adoctrinada por el símbolo de la Sabiduría: la serpiente, de la que se sirvió Satán, en su significado original, “adversario“ o “alternativo“. El resultado final de esta fatal elección ya lo sabemos todos: El hermetismo de la Verdad que sólo custodia y conoce la Iglesia, única corsaria con prebenda para su difusión selectiva. El ocultamiento deliberado del Saber Universal y la eterna condena a quien realmente gesta y cuida de todo aquello que, desde el principio, hemos formado parte: la Mujer y Madre Naturaleza.

Más tarde, me puse a analizar la siguiente frase: “así en la tierra como en el cielo”. Frivolidades aparte, cabría pensar “igual de jodido que está esto, está aquello”, de ser así ¿Qué sentido tendría nuestro comportamiento, las buenas obras, la ayuda al prójimo, el amor, la ética… si al final del camino no habrá premio?. A lo mejor fue el momento en que un servidor se planteó más de una duda… o sorpresa. A título particular, soy de los que no buscan el premio, me basta con lo gratificante que resulta defender una serie de valores en los que creo y que, a la larga, te hacen ser mejor persona, de paso que aumenta tu autoestima. Ese debería ser el premio.

A día de hoy no tengo muy claro lo que es Dios como tampoco que todo hubiese surgido de la nada. Tengo mis reservas respecto a la teoría de que somos un fallo producido por la casualidad o por una combinación “x” de elementos aunque últimamente la Física Cuántica me ha dado alguna que otra esperanza de que esto tenga alguna explicación racional. Más que nada porque me considero más “causalista” que “casualista”

Sin ir más lejos, qué hay de esa “teoría de las posibilidades” que permite múltiples realidades, interpretaciones o… verdades?. El hecho de que cualquier objeto que entre en el campo de mi visión pueda ser manipulado y colocado en el lugar que más convenga a mi mente, podría hacer pensar a más de uno que también nosotros podríamos ser también un poquito dioses. Somos capaces de manipular tanto mente como materia, luego ¿cuál es el lugar exacto que ocupamos en el espacio?. Según algunos sabios, ninguno y todos.

Formamos parte de una red universal que nos permite interactuar de forma más que directa con los demás elementos. Una pieza más del engranaje, un eslabón más de la cadena.

Muchos han creído que todo esto nos hace sentir especiales. La capacidad de razonar, de proyectar realidades a base de pensamientos, de cuestionarnos quiénes somos o saber que algún día moriremos. A mi modo de ver, eso no nos hace más especiales que las demás especies ya que éstas tienen características que nosotros no somos capaces de dominar. Aquí no hay favoritos porque no hay divinidad. Simplemente, estamos aquí para cumplir con un rol que la Energía nos ha otorgado.

La película “Señales del futuro“ representa muy bien nuestra insignificancia. Basta una lengua de fuego procedente del Sol para que toda la teología, el Cielo , el Infierno y todo nuestro conocimiento se vayan al garete. Nadie quedará para contarlo a generaciones venideras, por tanto, todo se quedará en casa o transformado en esa energía que ni se crea ni se destruye.

Puede ser que, para muchos “Dios esté en todas partes” y eso incluye esa tormenta solar que nos aniquile, el virus que nos extermine o el tsunami que nos ahogue, porque términos como “bueno” y “malo” no son extrapolables a los cientos de millones de explosiones, fusiones y hecatombes que se producen en el cosmos cada segundo para buscar, quizás, un cierto equilibrio cósmico.

Somos cada uno de nuestro átomos los que están por todo en universo, que compartimos a través de los canales de energía. Todo es célula, o en este caso, todo es átomo, aunque la mayor parte del espacio esté vació, incluido el propio átomo.

Por eso, considero, al igual que la Física Cuántica, una terrible arrogancia decir que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios y eso nos dé el derecho, por nadie otrogado, a regir el destino de todo aquello susceptible de ser alternado por nuestras patosas manazas.

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