Democracias cirquenses: los cuentos y las cuentas

Fuente: http://www.kaosenlared.net
(13.03.10)

Muchos creen estar preparados para una verdadera democracia, y por ello se impacientan y desprecian con toda razón estas farsas a las que llaman democracias ,y que no son más que componendas entre capitalistas, políticos y clero, con toda su corte de intelectuales y aduladores serviles. Y aún produce más bochorno y hasta desesperación a los que denuncian este teatro el ver cómo los crédulos pueblos hasta participan de buen grado en la elección de los actores esperando que cuando se acabe cada una de esas funciones que duran cuatro años, y siempre acaban dañándoles, podrán mejorar y hasta medrar -según dicen los aspirantes a salir en la representación- si en la próxima elección los pueblos eligen mejor a los actores.Así la historia se repite una y otra vez, vuelven a salir malparados siempre los mismos y se torna circular y por ello desesperante para quien observe este fenómeno atentamente.

¿Podría ser de otro modo ?

Esta pregunta lleva a otra: ¿Está el común de las gentes preparada para terminar, por así decir, con la temporada de teatro en alguna parte? Si así fuera, tendriamos ya otro mundo, por lo menos en alguna parte, pero lo cierto es que ¿dónde?… Por más que miremos sólo hallamos farsas representadas por actores con diferentes vestimentas y coreografías, y pueblos descontentos que siguen el juego de las urnas una y otra vez a pesar de eso, considerando a su papeleta electoral un fetiche capaz de cambiar su suerte.

¿Podría ser de otro modo?…la pregunta sigue en el aire,porque si se tratase de algo sencillo se habría respondido hace tiempo desde tantos kilómetros de papel que sumados darían varias vueltas a la Tierra. En ellos se habla mucho de ideologías, análisis económicos, históricos,intereses de clase contrapuestos, oportunidad del momento, necesidades de este o aquel tipo y un sin fin de asuntos y pormenores que al final conducen a que en ninguna parte tengamos democracias reales.Y este es un hecho más allá de toda discusión, lo que daría la razón a los que denuncian este teatro , lo desdeñan y se impacientan.

Al aproximarnos de cerca a lo que sucede entre bastidores, ¿qué observamos? Corrupción, grandes mentiras, verdades de quita y pon,ambición,oportunismo, deseos de poder y reconocimiento, envidias, zancadillas,rencillas y rifirafes entre los actores,reglas del juego que se saltan cuando conviene y cuando no, se exaltan como normas maestras. Y muchas otras cosas. El caso es que el resultado siempre es el mismo: decrecimiento de libertades y crecimiento de injusticias para el pueblo.

Todo esto es observable hasta en los telediarios, y debería ser suficiente para que se produjesen movimientos tendentes a cambiar profundamente el guión. Pero a lo más que se llega es a arrojar zapatos y huevos a los actores por su mala función.Sin embargo, y aunque los actores sean como fusibles de quita y pon gracias a las elecciones, lo que el pueblo desea en su inmensa mayoría es ser como ellos: ricos, famosos, reconocidos y servidos. Y es que el pueblo, en su inmensa mayoría,se ha convertido en imitador, en aspirante a lo mismo que representan los actores o, desengañado, se deja llevar simplemente de una función a otra.

Un pueblo sin conciencia moral jamás puede aspirar a un régimen de vida social -se llame como se llame- diferente a su nivel de conciencia, en este caso el que exigiría fomar una democracia real, justa, participativa, igualitaria, fraternal, pacífica, ética. etc.¿Podría ser de otro modo? Cómo podría, por ejmplo, una nación formada por superdotatos soportar un gobierno formado por idiotas? ¿Cómo un pueblo de alta moralidad podría consentir ser gobernado por una panda de corruptos?

Por doloroso que nos resulte a los que aspiramos a ese otro mundo posible, no tenemos más remedio que aceptar esta realidad y otras dos añadidas: que ningún gobierno del mundo ha sido nunca ni será un gobierno limpio y moral, y la segunda, que todo gobierno vas a impedir siempre que se desarrolle en su seno hasta convertirse en peligroso para él aquello que precisamente puede poner en cuestión su legitimidad.

Es preciso concluir que, igual que sucede en las sumas algebraicas en que los sumandos positivos suman y los negativos se les restan, aplicado hipoteticamente al orden social sucedería algo semejante contando el número de individuos de conciencia libre que suman y el de conciencias dormidas que restan. Mirando nuestro mundo es fácil adivinar el signo del resultado final de esa suma.

Mas a pesar de quienes dirigen la función cotidiana, la conciencia individual de cada ciudadano es un territorio de responsabilidad personal, un territorio donde cada uno puede operar para cambiar lo social negativo a positivo cumpliendo con las leyes de la conciencia y permitiéndose primero construir en su corazón y en su entorno aquello que un día terminará por cambiar de signo el mundo en que vivimos.

Cada uno cuenta en esta cuenta.

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