La izquierda-izquierda y el camino de Sísifo

Por: Pepe Gutiérrez-Álvarez
Fuente: http://www.www.kaosenlared.net (01.03.10)

La gran pregunta de nuestro tiempo es, ¿por qué la izquierda-izquierda y los movimientos no se han aprovechado hasta ahora políticamente de esta crisis?

Algunos hasta se plantean como es posible que la impresión pueda ser la contraria, a saber que parece haberse apagado justo en el preciso momento en que se encendía el fuego de la crisis. Muchas preguntas a las que no es fácil responder, pero que son esenciales…

Creo que hay que tener muy claro este porque no…Y lo primero que hay que tener en consideración es que esta pregunta hay que responderla por parte.

Hay una primera respuesta, y esta es: lo prodigioso es que después de una victoria tan clamorosa como la que el capitalismo en su fórmula neoliberal se encuentre actualmente con semejante crisis, una crisis que –y esta seguía la segunda consideración- solamente acaba de empezar…

Así pues, se trata de hacer un previo antes de interrogarse sobre el “impasse” de la izquierda. Lo que vivimos en primer plano esta victoria, y lo que era la otra cara de la misma moneda, la clamorosa derrota de la izquierda tradicional, todavía nos restregamos los ojos.

Durante los años ochenta, pero sobre todo a lo largo de los noventa, la divisa “no hay alternativa” se adueñó de la vida de la gente, martilleó sobre las nuevas generaciones y medio destruyó las antiguas. En el discurso sobre el fin de la historia había algo que parecía bastante concluyente: la izquierda tal como la habíamos conocido se había hundido.

De esta manera, el problema de la gente que continuaba era que tenía claro contra lo que luchaba –contra el capitalismo salvaje y sus trágicas consecuencias en la ecología, en las poblaciones de los países mayoritarios, en el deterioro de las adquisiciones y “buena vida” en la que las última generaciones creía que ya se habían asentado-, pero lo que ya no estaba para nada claro era porqué se luchaba…No había nadie que mantuviera un hálito de ilusión por lo que se había llamado “socialismo real”, donde –hay que repetirlo- existían muchas realidades pero ninguna de ellas eran socialistas. Tampoco parecía posible retomar el camino de las mejoras parciales propias de la socialdemocracia de los años más propios, como pudo ser el ejemplo de la Suecia de Olf Palme, que además era un internacionalista contra la guerra de Vietnam, que clamó contra el franquismo.

Este “minimalismo”, resultaba además casi tan utópico como el revolucionario ya que ejemplos como el de Suecia –del que habría mucho que hablar, por supuesto-, fueron posibles por una combinación de factores muy precisos: el miedo de la burguesía a “la revolución” (Lenin decía que las reformas eran “un subproducto” de la revolución), la capacidad movilizadora del movimiento obrero que de vez en cuando lo recordaba con una huelga general o con sus “huelgas salvajes”, y unos partidos de izquierdas presionados por la izquierda. De todo esto quedaban los despojos: Craxi, Felipe, Miterrand.

Que este triunfal-capitalismo se encuentra actualmente tan desprestigiado a pesar de no tener enfrente tan siquiera un partido de oposición, sin que exista apenas una voz parlamentaria que lo cuestione, esto es de por sí una noticia.

Y es que el triunfal-capitalismo nos llevó a una situación que empezó a ser cuestionada por los emergentes movimientos altermundialistas hace dos días, justamente a finales del siglo pasado. Fue entonces cuando un nuevo Sísifo comenzó a subir nuevamente la piedra hasta lo alto de la montaña. Pero todavía le queda mucho camino.

¿Dónde está la diferencia con otras épocas de ascenso e las movilizaciones?, concretamente con la últimas generadas en los años sesenta hasta finales de los setenta (desde la revolución cubana hasta la revolución sandinista)…

Pues entonces la izquierda tradicional (comunista oficial, socialdemocracia), existían con todas las críticas que se les pudiera hacer desde las “nuevas izquierdas”. Estaban la URSS, los países “socialistas” que cuanto menos, eran un contrapeso al imperialismo, y en medio de esta contradicción emergían los movimientos antiimperialistas…Entre la gente, persistían los poderosos referentes de los grandes cambos históricos: las revoluciones (a pesar de sus contradicciones y errores) seguían siendo una vía alternativa. Actualmente, nada esto existe: la URSS y los antiguos “países socialistas” han conseguido aparecer como ejemplos de que, según como, los remedios pueden ser peores que las enfermedades. De ahí que no hace mucho tiempo Oskar Lafontaine se lamentara que entre los jóvenes pesara todavía más el “anticomunismo” que el anticapitalismo.

En el curso de esta suma de derrotas históricas, el movimiento obrero tradicional ha sido colonizado por el ideario consumista y por burocracias que aspiran a resultar institucionalmente tan reconocidas como la monarquía (Cándido Méndez), de manera que lo que queda de la vieja izquierda resulta más un obstáculo que una ayuda. La derrota también causó un auténtico espejismo en varias generaciones que se creyeron –al igual que lo hicieron los trabajadores del Este- que más tarde o más temprano ellos tendría las mismas oportunidades de prosperar que tuvieron sus padres, que lo hicieron ciertamente, pero después de un ciclo de luchas que ligaba con toda la historia pasada del movimiento obrero.

Así pues, el nuevo Sísifo tiene por delante la mayor crisis concha de un sistema que no solamente atenta contra los paras de la tierra; atenta contra la propia tierra. El “hombre” (el depredador capitalista), se ha convertido en el mayor peligro para el ecosistema…Pero por otro se encuentra con las ruinas de lo que en otro tiempo fueron alternativas, esto sin olvidar los restos de esta antigua izquierda que todavía persiste en querer mejorar la situación desde dentro, negando que exista vida fuera de las instituciones que gestionan un sistema que controla y domina las instituciones políticas…Que carecen de cualquier expectativa, de cualquier posibilidad de reformar hasta lo más elemental. Es más, ni tan siquiera pueden contrarrestar la dinámica privatizadora de lo público, y no digamos ya de crear espacios sociales capaces de generar sus propias culturas alternativas como lo pudieron hacer, or citar un ejemplo, los jóvenes norteamericanos en los sesenta-setenta.

Sin tener en cuenta toda esta historia, sin comprender todo lo que ha pasado, todo lo que se ha hundido, difícilmente se podrán componer respuestas. Todo es más sencillo que nunca en lo teórico, en los analítico, pero todo es mucho más difícil en lo organizativo…Pero de los que hay duda es que Sísifo se ha puesto nuevamente en movimiento, y los que fuimos testigos de la mayor desolación sabemos apreciar que, aunque sea muy lentamente, la piedra se está moviendo. Es más, se está moviendo mucho más rápidamente de lo que pudimos imaginar en tiempos en los que la travesía del desierto parecía algo muy largo, casi infinito.

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