Causas profundas y efectos de las desigualdades humanas

Fuente: http://www.kaosenlared.net
(25.02.10)

¿Cómo somos? ¿De Dónde surge el poder? ¿Qué relaciones existen entre ambos asuntos? ¿qué consecuencias tienen estos asuntos para nuestra vida personal y social?

Artículo/noticia publicado/a en Kaosenlared.net en el apartado de Libre Publicación NO seleccionada/o por el Colectivo Editorial la configuración del mundo Existe, como sabemos, una desigualdad multiforme de puntos de vista sobre casi todo. Cuando pensamos en las causas profundas de este fenómeno tenemos muchas pistas, unas visibles y otras más profundas. Las visibles tienen que ver con lo externo: cultura, clase social, ideología, religión, y otras de esta naturaleza. Las invisibles se refieren, en cambio, a todos los programas que hemos introducido en nuestro cerebro y que nos empujan luego a pensar, sentir y actuar de un modo determinado y determinante a menos que sepamos transformarlos. Con estos programas influimos a la vez en nuestras células,y órganos, con los consiguienrtes efectos sobre nuestra salud física y emocional. Es de vital importancia ser conscientes de la calidad de percepciones, sensaciones, sentimientos, con que elaboramos tales programas, pues si estos se apartan de las leyes de la vida, se convierten en boomerangs que nos vuelven y dañan por la ley de causa y efecto cuando los aplicamos contra nosotros mismos dañándonos o los lanzamos contra terceras personas para dañarles.A la vez estos comportamientos influyen en nuestros genes, en el estado de muestra alma. Al contrario sucede cuando nuestro modo de pensar, sentir y actuar es acorde con las leyes universales , tales como los Mandamientos o las enseñanzas de Jesús, el carpintero de Nazaret. A través del cumplimiento de estas enseñanzas observamos que poco a poco vamos tomando conciencia de nuestro verdadero ser, (nuestra alma)que trasciende a la materia por ser energía más sutil que la material. Y esta toma de conciencia de nuestro verdadero valor nos proporciona la suficiente energía para recuperar la libertad que nuestros defectuosos programas mentales (que forman el dominio del ego o yo inferior en nuestras vidas) nos arrebatan. Quien no es libre está limitado, y los límites son los defectos adquiridos por medio de un pensar, sentir, percibir y actuar contrario a las leyes de Dios, que son las leyes con las que funciona el Cosmos material y el cosmos de naturaleza sutil a donde vamos y de donde venimos al nacer.¿Y quién es libre del todo? Sin duda este es nuestro mayor desafío.

Esta pequeña introducción basada en las enseñanzas del cristianismo primitivo nos aproxima tal vez a comprender mejor las causas profundas por las que este mundo funciona del modo que lo hace.

Igual que señalé al principio, existe un mundo visible dividido en grupos y clases sociales.Este no surgió de la nada, claro está.¿De dónde entonces, sino de nuestro modo de entender la vida y las relaciones entre nosotros, con el mundo divino, con la naturaleza y los animales? De este entramado de programas y conexiones múltiples surge la propiedad, las relaciones de producción, las divisiones sociales, y más tarde, el Estado. ¿Y cual es su sostén profundo? ¿Las leyes? ¿Los aparatos militares? ¿los gobiernos? Puede que estos hagan una función importante de sostén, pero no es suficiente para explicar la causa profunda de este fenómeno colectivo llamado Estados del mundo, que no se trata de un mundo extraterrestre, sino del que nosotros creamos a diario.¿Cómo? Eso lo vemos enseguida.

El Estado es la manifiestación de una renuncia: la renuncia de los individuos a su soberanía personal.Entonces se convierten en ciudadanos tutelados. Una vez consumada en la conciencia esta abdicación, Estado y Ciudadano se convierten respectivamente en parásito y huésped: una relación tremendamente desigual.

Sin embargo, un individuo de conciencia libre, que es un complejo mundo de enigmas, deseos y potencialidades por desarrollar se ve obligado a rechazar al Estado si quiere estar a la altura de sí mismo. Y es que semejante institución hace todo lo posible a cada instante por reducir, simplificar,homogeneizar, someter, anular, todo lo individual hasta convertirlo en sustancia socialmente digerible para su estómago insaciable. El Estado ataca directamente a la esencia de cada ser humano que nace libre y diferente y necesita esos atributos para realizar una existencia libre, diferente y cooperadora para el bien común desde su libertad y diferencia. Esto es cada vez más dificil en las sociedades modernas, por lo que muchos deciden apartarse lo más lejos posible de esto que llamamos “civilización”, que es la organización mundial de las tutelas estatales.

Dicho esto podriamos incluir a los estados en la lista de las instituciones de naturaleza malvada, que lo son, pero no sería hacer estricta justicia si dejáramos de mencionar que el rostro del Estado no se construye con nubes: se construye con los rostros anónimos de ciudadanos amantes de la rutina, del principio de autoridad, de la violencia, y con un sentido tan envilecido de la Justicia que lo mismo que son capaces de confundirla con la venganza lo son de pasar por alto la que se debe a ellos mismos en primer lugar. Y no les hables de igualdad, porque son partidarios de la desigualdad siempre que favorezca sus mezquinos intereses.No les hables de libertad porque la confunden con ejercer su voluntad personal sin importarle si con ello dañan a alguien.No les hables de poder, porque lo confunden con dominar a otros. Y así sucesivamente Esta mediocridad colectiva forma los cimientos del Estado.La mayoría de estas personas, sin embargo, se precian de tener una buena conciencia social, de ser buenos y honrados ciudadanos.

Las buenas conciencias sociales de estos honrados ciudadanos que por separado son tan dañinas como las buenas conciencias morales institucionalizadas por las Iglesias, y juntas son temibles, rasgan sus vestiduras cuando oyen criticar a su sagrada Institución, donde la autoridad de un Rey, por ejemplo, o de un Papa viene de un dios inventado a su medida que sacraliza hasta la tiranía..

Las buenas conciencias de muchos honrados ciudadanos pueden llegar a polemizar sobre si tal o cual Partido; sobre si tal o cual Principio político formal y legal perjudica o beneficia a esta o aquella clase, grupo social o a una Nación.Lo que estos honrados ciudadanos no pueden siquiera escuchar sin poner el grito en el cielo es que se ponga en duda la necesidad del Estado.¿Quién garantizaría la libertad individual?, preguntan indignados los más ingenuos. ¿Quien garantizaría el bien común? Preguntan indignados de nuevo los más ingenuos.

Las buenas conciencias, que sí suelen entender de ciencias matemáticas no deberian ignorar que la libertad colectiva es más o menos la suma algebraica de las libertades individuales; no deberían ignorar que un grupo humano que quiera tener garantizada su convivencia en libertad, debe tener garantizada en primer lugar la libertad individual de sus miembros con respecto a su propio ego que viene a ser su carcelero particular y el instigador de todo juego de ventaja personal contra los derechos de los otros. Tenemos aquí un ejercicio ético que nos conduce a la libertad creciente y no depende de una institución como el Estado que la quiere progresivamente menguante, homologada,fiscalizada, estrangulada,desnaturalizada, desprovista de médula pero vistosa sobre un papel timbrado que dice: Sirve al Bien común.Pero resulta que eso que llaman el Bien Común los especialistas de los estados, o no es un bien, o no es común. .Por tanto se trata de una farsa, igual que la libertad que propone el mismo papel timbrado y sellado.

No es necesario ser un experto en cuestiones sociales para concluir que el único bien común posible nace de compatir lo bueno que cada uno tenga con quien sea necesario,como si de hermanos bien avenidos se tratase.Individuo al que se niegan estas posibilidades, individuo degradado.Y la degradación es contagiosa y puede llegar a convertirse en epidemia social. Entonces viene el Estado con su propia medicina.No facilita el bien común, desde luego, pero garantiza el bien de algunos a costa de negarlo a otros, lo que aumenta la degradación. Detallemos. El progresivo aumento del ejército del paro, del rearme, la militarización y fiscalización de la vida cotidiana, las eternas guerras siempre a costa del bienestar de los pueblos, la pedagogía del miedo y la sumisión perfectamente programada desde la escuela y en los medios, la agresión sin límite contra el medio ambiente que ha puesto en pie de guerra las defensas del Planeta vivo La Tierra contra el virus humano, el descarado saqueo y colonización política, militar y económica de los países con recursos energéticos o de interés estratégico militar… ¿Quien estará tan carente de juicio que pueda considerar estas lacras un bien común en lugar de un horror colectivo y programado por los Estados? ¿Quién se atrevería, fuera de un manicomio, a considerar bien común las secuelas de todos esos múltiples y espantosos males que patrocina y lleva a cabo sistemáticamente el Estado como “garante del bien común”? Genocidios, asesinatos selectivos, terrorismo de Estado, cárceles secretas o no, donde se tortura,- limbos penitenciarios- secuestros sin consecuencias, acoso a las familias de los presos, reducción o supresión de las libertades que convengan, legalización de drogas que matan (alcohol, tabaco, medicamentos no suficientemente experimentados), desconfianza y odio entre comunidades, y un largo etc.¿Es todo esto el Bien Común cuya defensa justifica la existencia de un Estado?

¿Con qué atronador lenguaje habría que gritar a los ciudadanos del mundo entero para que despierten del sueño, para que abran los ojos, se miren a sí mismos, y luego miren a su alrededor? ¿Dónde está el Bien Común, si hasta el aire y el agua, que son la mínima condición de la vida están plagadas de productos tóxicos? ¿Con qué arreabatadores argumentos habrá que lanzarse a las plazas públicas- si es que se nos permite- para que las gentes se enteren de lo más simple: que este cáncer que nos controla y enferma llamado Estado, no es un invento del pueblo para servir al pueblo, sino que se construye sobre la debilidad moral y de pensamiento del pueblo, para servirse de él, imperar sobre él,vivir como rémoras de su trabajo, con el agravante de su consentimiento, su convencimiento su reconocimiento-incluso- de mal necesario que facilita la participación en sus juegos apelando a su conciencia de ciudadanos responsables del bien común. Así el Estado inventa a diario al pueblo al que somete, moldea, exprime y degrada para servirse de él eternamente.

Entre tanto, el responsable ciudadano lo hace posible: quiere que le dejen en paz y renuncia a la soberanía sobre sí mismo.Así nacen todos los estados.De lo que viene luego,¿ a quién hay que pedirle cuentas?

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