La propiedad como robo

Fuente: http://www.la–observadora.blogspot.com
(30.10.09)

La justicia ocupa un lugar fundamental en el actual sistema capitalista. Su aparente función es proteger a la población que, vaya azar, sólo ocurre en la clase propietaria, la misma que dicta la ley, la incumple y es casi invulnerable ante ella. La cárcel no es para ladrones. En ellas sólo hay una mínima parte a los miles de hérores que estafan, explotan y asinan, aplaudidos en nombre del desarrollo.

El poder de la justicia impuesta es incuestionable ¿quién se enfrenta a una abstracción?

Un juicio es la lucha entre dos licenciados que debaten por ver quién miente mejor, poco importa la sentencia, no hay justicia, sólo retórica. […]

Así la sociedad nos educa, a la que responden quienen atentan contra la propiedad, con la misma moneda, el robo. Ya más tarde se ocupará el sistema de encerrarlo, para así despejar la competencia.

Y el entorno de reclusión al que es mandado a rectificar, o más bien pudrir, no es sino la cuna de leyes antinaturales, un ambiente antisocial que no contribuye a su recuperación. El castigo no cura al preso, no al menos en el sentido que lo difunde la ley; estimula el odio a la sociedad que le juzga; condena, abusa de él en prisión; y al salir el desprecio de los restantes. Aumentando su ira con más ira por parte de quienes le rodean.

El condenado, antes de serlo, fue criado por un sistema hostil, donde el acto vandálico ocupaba la rutina de su gente, el lema común enriquecerse. La interpretación era simple, una mano callosa, símbolo de inferioridad, ante un traje de superioridadad.

Y oyó hablar del lujo, el dinero que no tiene, aquellos detalles materialistas inexcusables para ser alguien en la sociedad actual y buscando serlo se aventuró a lograrlos, a demostrar que él también puede. El sistema le volvió arribista. Adjetivo que bien podría haber sido sustituido por otro de haber tenido una educación eficiente.

Si los hijos de los burgueses vivieran en condiciones semejantes, se verían envueltos por los brazos de la penuria y con los pies descalzos, buscando qué comer.

Y nuestro deber es combatirlo, no hallar remedios sino prevención. Aquella de la que, aplaudiendo al capitalistalismo por su equidad, gozamos unos pocos.

La solución real es actuar, es nuestro derecho y hacerlo en comunidad y para la comunidad, es una condición insobornable. Reformando el sistema capitalista, despojando a los propietarios de su goce de privilegio, trabajaremos según nuestras inclinaciones en provecho de todos, los niños serán educados para entender el trabajo como pasión y no como castigo. Sólo así no existirán clases, que para qué.

Los presos que atentaban contra la propiedad no existirán y ella tampoco. Nuestra obligación es ser el verbo no el ideal.

G.P.

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