Los Jóvenes bajo sospecha

Por: José araya Cornejo*
Fuente: Separata Boletín Nº 28, CODEPU (01.05.2000)

José Araya Cornejo, Secretario Ejecutivo Regional CODEPU X Región; Johanna Brandis, estudiante de Ciencias Regionales de América Latina – Alemania

Decir que “son un problema” es una forma recurrente para hablar de la juventud actual, lo que significa que no son un tema indiferente para la sociedad. Pero no es un tema fácil hablar.

La preocupación es notoria si lo que se resalta es a los jóvenes que se constituyen en héroes de las estadísticas de delincuencia y mayoritariamente pueblan las cárceles del país. Los que progresivamente consumen más drogas y alcohol, la población de más riesgo en temas sexuales, como el SIDA y el embarazo adolescente. Los que se toman los estadios y los desmantelan, también al vecindario, y a quien se atraviese por delante. Jóvenes son los que más mueren en accidentes de tránsito. Son también los más afectados por la cesantía y los vaivenes del modelo económico. Y, por supuesto, los jóvenes son un porcentaje importante del país (28%).

Uno de los aspectos que causa mayor preocupación es la lejanía y rechazo a la actividad política actual y la evaluación negativa que hacen de instituciones como los partidos políticos, parlamentarios, sindicatos, lo que implica una la escasa participación militante en los partidos tradicionales, la paulatina baja en la inscripción electoral y el hecho que cuando hay que votar se abstienen o anulan sus votos

Esta relación entre jóvenes y política puede hoy tener muchas explicaciones, pero sin duda el tránsito de esta sociedad en una institucionalidad política y económica que no convence, esconde las raíces de los cuestionamientos de los jóvenes. Alejamiento que hace poco fructífero el compromiso y las acciones del Estado hacia esta población, que no son sólo proyectos sociales o capacitación, sino mostrar caminos y una idea de país que motive. Acciones que requieren además, un mayor involucramiento de los propios jóvenes, y la sociedad que los convoca les merece fuertes aprehensiones.

Pero, hasta ahora, nada nuevo se ve en el camino, si para la sociedad son sólo considerados como una etapa de la vida y no sujetos de derechos, con su propia historia, que nos indica que ahí se incuban y surgen los grandes cambios sociales. Hoy los jóvenes buscan eso, sus propias respuestas.

Jóvenes de Chile

Cuando decimos jóvenes en Chile hablamos de las personas adolescentes entre 15-19 años, y las personas jóvenes propiamente tales, entre 20-24 años. Este rango entre 15 y 24 años es el oficial, que reconoce Naciones Unidas para hablar de la juventud, pero a estos se han agregado las personas jóvenes-adultos, entre 25 y 29 años.

Este rango entre 15 y 29 es el que registramos en Chile para hablar de los jóvenes, y donde el Estado interviene con políticas públicas y sociales. De acuerdo al Censo de 1992 los jóvenes de entre 15 y 29 años suman un total de 3.649.078 personas, que son un 27,3% de la población total del país.

Un 83,9% habita en zonas urbanas, especialmente Santiago, donde vive casi la mitad. A las ciudades llegan en su mayoría mujeres, que emigran de zonas rurales para buscar mayores oportunidades laborales. La desigualdad de la sociedad se evidencia en las actividades que realizan los jóvenes de acuerdo a sus ingresos, donde en los sectores más pobres se exhibe una menor cobertura educacional y una mayor cesantía. La encuesta Casen de 1996 indicaba que había 790.000 jóvenes en situación de pobreza (22%) y un total de 190.000 en calidad de indigentes (5,4%)

En el año 1970 los jóvenes de 18 a 21 años votaron por primera vez y tuvieron un peso importante en los resultados, en los que salió elegido Salvador Allende. Tradicionalmente vinculados a la fuerza liberadora y rebeldía, eran en aquellos años actores y protagonistas indiscutidos de la actividad política en partidos y organizaciones sociales. Con el golpe militar, fueron los jóvenes la población más golpeada por la dictadura. El 62% de víctimas reconocidas oficialmente entre muertos y desaparecidos tenían entre 16 y 30 años.

La dictadura militar hizo su propio intento de convocarlos, con un manoseado ideario nacionalista, a través del Servicio Nacional de la Juventud. Pero los jóvenes fueron la fuerza que encabezó las acciones de protesta y subversión contra la dictadura, y las cárceles fueron una visita obligada para miles de jóvenes universitarios y de sectores populares. Estos, la voz de los 80, constituyen hoy una generación anunciada y cantada por Los Prisioneros .

Fueron también jóvenes los que en los inicios de los noventa encabezaron las celebraciones del retorno al sistema democrático, que luego de 17 años de dictadura muchos sólo conocían por testimonios y lo que sabían de la historia, y que ahora se les anunciaba como el mundo de la libertad y la igualdad de oportunidades.

Hoy se habla de los jóvenes relacionándolos con la apatía, el individualismo y el desinterés o el desencanto político. Y, la verdad, la realidad va dando cuenta de su paulatino alejamiento de la actividad política tradicional.

En las últimas elecciones presidenciales, en que salió electo Ricardo Lagos, ese derecho sólo fue ejercido por un 4,1% de los jóvenes entre 18 y 19 años. Sólo el 1% de los jóvenes de 18 años se inscribió para votar en estas elecciones. El total de inscritos en 1993 fue de 8.084.439, lo que bajó en 1999 en mil personas, cuando la población en edad para inscribirse creció en cerca de 200 mil.

Mirando hacia atrás vemos que ya en el año 1990, poco después del plebiscito, el número de jóvenes inscritos en registros electorales bajó de 2.609.655 (1989) a 2.348.974, lo que marcó el inicio del desarrollo de una disminución de la participación electoral que sigue hasta hoy, donde sólo quedan unos 1.315.310 jóvenes inscritos

La juventud es también diversidad , lo que hace más difícil encontrar explicaciones que valgan para todos, pero, al menos, en el hecho de no inscribirse no se puede hacer una calificación socioeconómica. Mujeres y hombres, ricos y pobres no se distinguen mucho en ello. La única diferencia significativa existe entre la juventud metropolitana, con la más baja inscripción, y las regiones como la extrema austral XII, con la mayor inscripción electoral juvenil.

Qué ha pasado para que un derecho que históricamente fue uno de los más luchados se haya convertido en un deber no querido, “una perdida de tiempo”, algo “inútil” o incluso una especie de traición a los principios de algunos grupos juveniles.

El “niahismo” de la nueva generación ha generado preocupación en las autoridades y otras instituciones. Un gobierno que sólo ha sido elegido por una cuarta parte de los jóvenes de su país difícilmente puede exigir plena representividad ante ellos. Mientras la no participación electoral para algunos es sólo el símbolo de una cultura juvenil cada vez más individualista, consumista, menos solidaria y con menos interés y motivación creativa o liberadora, para otros es una expresión netamente política, una respuesta contestataria a la política real y un rechazo al sistema que limita la participación ciudadana, ya que aparte de ejercer el derecho a voto, no se ven otros espacios de participación, donde los jóvenes sientan que están siendo parte de los cambios.

Navegando en un mar de preguntas

Esas palabras son tomados de un texto Hip-Hop, la “poesía callejera”, como denominan los mismos jóvenes uno de los estilos musicales a través del cual expresan sus pensamientos, deseos, dudas y críticas. Pero “navegando en un mar de preguntas” no sólo se encuentran jóvenes, con sus incertidumbres frente al futuro, al pasado y a su realidad, que resulta ser cada vez más compleja. “Navegando en un mar de preguntas” también están aquellos que buscan las respuestas a interrogantes como ¿por qué los jóvenes son como son y por qué ya no están dispuestas a participar con su voto en la legitimación del gobierno?, ¿es apatía o antipatía?, ¿es crítica?, ¿cuál es esta crítica?, ¿cómo y dónde se expresa el discurso juvenil sino por los canales tradicionales que son los partidos y el voto?, ¿tienen propuestas?, ¿cuál es la realidad que viven?.

Y si las estadísticas llevan a buscar explicaciones, una de ellas está, sin duda, en la decepción frente a las expectativas que había anunciado la vuelta a la democracia. Pero en una sociedad con tantos cambios, con un dictadura inconclusa, con una democracia aún a medias, donde los jovenes tienen un mayor acceso a las comumicaciones e información y, por tanto, acceso a una mirada más amplia y fuera de nuestras fronteras, también requiere profundizar las explicaciones.
Si uno escucha el mensaje del discurso político juvenil se encuentra con una percepción muy negativa de la clase política. “Se supone que los políticos deben aportar al país con ideas, proyectos y planes que lo mejoren, pero por lo que se ve los políticos piensan en su bolsillo y no en el de Chile”, es una respuesta que muestra el estereotipo de político que durante años mostró el discurso de la dictadura militar, pero donde también hay ejemplos actuales que le muestran a los jóvenes que hay algo de verdad en ello.

Una crítica aceptada es que la participación política tiene como fin acceder al poder para tener puestos de trabajo y no como la voluntad de mostrar y desarrollar sus proyectos de sociedad. Hoy los propios partidos políticos hacen su mea culpa de esta situación e intentan modificar sus estrategias y discurso con el fin de adecuarse a una realidad distinta, donde lo cotidiano y lo individual tiene más peso, y donde la mentira, la injusticia y la mediocridad tiene menos espacio.
Al autoritarismo, como una secuela de la dictadura, se fue sumando también el verticalismo y centralismo de la actividad política ?también dentro de las juventudes políticas- lo que es rechazado por la nuevas generaciones. No quieren “obedecer y callar” quieren participar, pero no dentro del sistema existente.

Políticas juveniles para los nuevos tiempos

En 1991 el Presidente Patricio Aylwin dio cumplimiento a su compromiso con los jóvenes, al crear el Instituto Nacional de la Juventud ?INJ. Esta institución, que sería el canal de participación en la transición política se lanzó a la tarea de cautivar a los jóvenes. Dotada de profesionales para investigar y atender las demandas juveniles, era el espacio para iluminar las políticas del nuevo gobierno en este ámbito, las que debían surgir en el contacto directo con la población.
También debía coordinar la acción de servicios públicos y privados para la ejecución, supervisión y evaluación de planes y políticas. Debía mantener y desarrollar servicios de información, orientación y capacitación a quienes laboran en programas de acción estatal, en particular funcionarios públicos. Y también, vincularse con organismos nacionales o internacionales que se relacionan con estos asuntos. E fin, debía estudiar y proponer iniciativas legales en la materia.
El INJ se hizo conocido con su Tarjeta Joven, los Programas de Capacitación Laboral, los Albergues Juveniles, las Casas de la Juventud y los Centros de Desarrollo Juvenil. La democratización de los municipios también llevó a generar iniciativas que permitieran crear Oficinas Comunales.

Al fin las iniciativas legales, campañas y otras actividades tendrían una mirada desde los jóvenes. Nuevas formas y estilos. Pero ello no ocurrió, ya que este buen comienzo mostró muy pronto sus deficiencias. Como todo organismo público su orientación estaba limitada por el diseño de sociedad que estaba en funcionamiento, y ahí los jóvenes eran más sospechosos que sujetos plenos de derechos.

Las iniciativas fueron generando más frustración. La capacitación laboral no significaba encontrar o asegurar un empleo. Los proyectos de los Centros de Desarrollo Juvenil no pudieron ser todos terminados, perdiéndose el esfuerzo desplegado, ya que los impregnaba la lógica del mercado y los jóvenes debían sustentar las infraestructuras y generar sus propios financiamientos. Las oficinas de los municipios, salvo algunas de mayor voluntad, eran casi virtuales, con un designado en el cargo pero sin objetivos locales, infraestructura y presupuesto para funcionar.

Un escándalo de tipo financiero en 1997, fue la gran excusa para terminar de minar el trabajo de este organismo. Cuestionado por la derecha -especialmente su voz en temas valóricos como la sexualidad- sin mayor apoyo político de los partidos de gobierno y sin un reconocimiento validado por los propios jóvenes y sus organizaciones, terminó por dejarlo en un segundo plano.

Estaba claro que el tema de los jóvenes era difícil, que no había claridad ni una sola posición para enfrentar sus desafíos y, aunque no fue el único organismo con un escándalo financiero en la década pasada, se aprovechó el momento para silenciarlo. Se le cambió hasta el nombre, y el ahora INJUV, coartado totalmente, perdió presencia nacional.
Durante la administración de Eduardo Frei las políticas juveniles insistieron en su esfuerzo por acercar al joven al mundo del trabajo e integrarlos a esta sociedad. Lo positivo es que este esfuerzo avanzó en hacer entender que los jóvenes tenían sus derechos, por ello es que los jóvenes buscan que no sólo se le digan sus responsabilidades, sino que se avance también en sus derechos. Pero, hasta el inicio del tercer gobierno de la concertación, el INJUV era un espacio acallado, que sólo volvería a saltar a la primera plana este año por un nuevo escándalo.

Los jóvenes siempre sospechosos

Los jóvenes siguieron en su calidad de sospechosos y los peligrosos gráficos con indicadores de cesantía, drogadicción, delincuencia y violencia los continuaron marcando. Ante una respuesta de la sociedad que se torna represiva, insensible o poco innovadora, responden con un “no estoy ni ahí”. Frase que no tiene un sólo significado, ya que si bien representa el descontento y rechazo con la sociedad actual, es también una forma del individualismo que es parte de la sociedad hoy.

Pero la sociedad esconde aún sus realidades. Para los jóvenes de los sectores populares la educación no es un camino viable de ascenso o integración social, prefieren hacer actividades no sistemáticas que los entrenen para la vida cotidiana y para armar su propio futuro. Para otros, la discriminación actual los obliga a mejorar la educación y los conocimientos que no tuvieron en su propios hijos, para que enfrenten a esta sociedad. Los jóvenes urbanos populares ocupan más los espacios públicos, y es justamente allí donde más se les vigila. El sistema los abandona, son vistos como un costo, y deben afrontar solos los vaivenes económicos que los busca como primeras víctimas. Y, ante la miopía de la sociedad, deben afrontar su sexualidad y sufrir la exclusión si se encuentran con la droga.

Hay quienes esperan y desean que los jóvenes sean el futuro del país, soñando con aquellas cosas que siempre esperaron ver y que la sociedad no ha hecho. Pero ello significa sacarse las caretas, para enfrentar los desafíos que anuncian y denuncian los jóvenes. La falta de transparencia para enfrentar los temas, el culto al tener y las apariencias de este nuevo país, alejan a los jóvenes.

Que la igualdad y la justicia sea practicada y las verdades no sean a medias. Que el tradicionalismo y el conservadurismo den paso a nuevas formas de enfrentar, con nuevos criterios y políticas, temas complejos como la sexualidad, la drogadicción y la violencia. Que la represión no sea el eje que mueva las iniciativas legales, como una sociedad que sólo intenta protegerse de sí misma. Que se elimine la exigencia del consenso en todo, que desmoviliza y promueve una especie de disciplina en la que no cabe la diversidad, el disenso y la crítica. Que la creatividad y las nuevas formas de organización y representación social tengan posibilidad de expresarse. Son todos temas que hay mirar desde los propios jóvenes.

Ser joven hoy es casi un estigma. Sin embargo, la solución está en las manos de los propios jóvenes, ya que cuando así lo han decidido, han liderado los cambios sociales. Y en este mundo adverso hay que esperar que esta rebeldía surja de sus propios mundos, y haga un gran aporte al desarrollo político y social del país.

Una respuesta

  1. nose si me pueden mandar informacion como los jovenes influyen en los partidos politicos o como es su participacion de los jovenes en cada partido politico

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