El patudismo chilensis (el colmo del ridículo y de la desverguenza)

Por: Karen Hermosilla
Fuente: http://www.elclarin.cl (19.02.09)

Debo reconocer que soy un borrego. Que caí redondita en los sampleos de un horrible gingle, siempre obsesivo: “todos contra Fidel”. Pero eso se acabó. Por decirlo de alguna forma y apelando al saber popular, el pico en el ojo que me metieron los “líderes” de opinión no hicieron más que romperme el himen miope y sacarme las legañas purulentas de rompe y porrazo.

Los bufones del poder que se encargan de desinflar la pelota con portadas robadas a incautos creativos populares y con un diseño de pésima factura, The Clinic, se encargó de instalar un criterio errado de lo que es el pensamiento libertario, dándole bombo a un par de raperos chorizos que se rieron, a dos páginas, del fiero totem comunista , “dictador de izquierda”, que curiosamente no los ha mandó a tronar como haría cualquier espécimen de tal investidura.

Ya hemos visto como el señorito Gumucio ha hablado hasta la saciedad de la isla en el pasquín acróbata, y hace poquito en el Artes y Letras de El Mercurio, sus asociaciones libres lo llevaron a comparar apátridas judíos con balseros gusanos, unidos en su afán de crear una patria por medio de la literatura. Brillante. Yo nada más llegue hasta “la isla en un mar sin orillas” de Nietzsche, y a pensar que el lenguaje es un braceo constante sobre las tempestuosas aguas de la incomunicación. En fin.

En El Mostrador, el columnista Javier Campos ha tirado de a poquito, como maestro zen anfetaminado, el veneno anticastrista, utilizando a lo menos 5 columnas de opinión para refrendar el valor republicano y democrático que ensalza a nuestra nación en contra posición con la abominación antiética del barbudo octogenario.

Todos podemos opinar lo que nos plazca, aunque los argumentos que utilicemos en conflictos ajenos, lejanos y peludos, sean tan reduccionistas como cuantitativos, basados en la libertad del mercado, o en la jactanciosa bonanza del Chile post Pinochet; las grandes alamedas del niño símbolo del sueño americano, Patito Navia, como si creyéramos realmente en el milagro chileno, cegándonos a esa alarmante cifra de desempleo, de delincuencia, de mala educación, de farmacias y recetas medicando fuertes medicamentos con estrellas rojas y verdes, glamorosas gracias a Elvis y la Monroe.

En una isla que tiene salud, vivienda, trabajo y educación de primera línea garantizada, en donde su cultura es tan celebrada como su feria de La Habana, no se puede ser rebelde sin pedir otra cosa que objetos de consumo y membresias chabacanas, que los chilenos consiguieron por allá por los ochenta, gracias a “la cámara viajera” del judio regalón que llegó a cada pueblito del entonces requete tercermundista chilito, con blue jeans y su hit bailongo -las mismas chucherías que ofrece a esa gran comunidad latina hoy en Miami- y a la promesa del Papá Mono de un tele y una bici para tutti. Hoy es más complejo. Todo se consigue por medio de los créditos de consumo y el dinerillo plástico, ídem a las fichas de las pulperias.

Nos metieron en este entuerto. Nos metieron la cuchufleta capitalista y cuando ahora era cuando para avanzar en las libertades individuales, como aliciente y en coherencia al libertinaje y la usura mercanchifle, se hicieron las guaguas. En vez de aceptar que los nichos de consumo cultural crearon a un frankinstein social, en donde los valores son al gusto del cliente, pusieron no solo el dedo sino que toda la palma para tapar el gigantesco sol de la verdad. Los jóvenes están tempranamente sexualizados -ya hicieron su aporte los pederastas, estúpridos y poderosos- pero no por ello la anticoncepción es libre, la educación pertinente y el aborto una opción real dentro de la política de salud pública. El país es altamente consumidor de fármacos sujetos a prescripción, pero la mojigatería legal ha categorizado como droga dura a una planta natural más vieja que el hilo negro, sin reconocer que en el uso de marihuana, estamos de igual a igual y mano a mano, ya que los hijos de nuestras “autoridades” no solo consumen, sino que la trafican.

Fidel, con todo lo cabrón que ha sido ha llevado un proyecto de país fidedigno y popular, pobre, pero honrado, cosa que poco y nada se maneja en esta tierra donde todo se encubre con el manto de la farándula, y la prensa amarilla sigue construyendo, con o sin Cuadra, efectismos de cartón, convirtiendo a los aviadores de la Fach que rompen huelga en Lan y hacen doble turno para cuidar los bosques plásticos de Celco, en verdaderos mártires, en grito de lucha contra los bajos salarios, habiendo profesores, periodistas, jornaleros y un cuanto hay de profesionales sin estado ni privada en donde puedan trabajar dignamente. Una tierra en donde la televisión es un acontecimiento histórico que materializa la soberanía nacional, en donde Pepe Bernales es enaltecido con la categoría de beato y Pinochet tuvo una muerte plácida y bien asistida en un hospital hecho para él, siendo enterrado con los más altos homenajes quedando para siempre en la completa impunidad. Una tierra en donde las Fuerzas Armadas tienen manga ancha, a razón de su modernización, para licitar entre los mismo funcionarios activos o en retiro y hacer lo que le plazca con esta misma tierra, vendiéndola al mejor postor, con una intromisión mínima del Ministerio del Interior. Una tierra en donde la Magna gremialista sigue imprimiendo su halo fascista, y la palabra hecha ley es tomada por las mismas castas antropófagas, los Perez Yoma, destinadas a oficiar el terrorismo de estado, viendo la paja en el ajeno ojo de los mapuche o del pueblo indefenso que gallardamente defendiera Victor Jara.

¿Y dónde, dicen estos adminis-traidores, si no es precisamente aquí, hay Dictadura?

Somos la delicia de las demás naciones, “el colmo de los ridículos” para Fidel, y para mi también. So sorry. Es entendible que quien cantaba “Por qué no se van” apelando tangencialmente a los snobistas e inciliados envidiosos de la suerte de sus amigos en Canadá, Suecia, Francia y hasta Cuba, haya terminado en México. Es entendible que el más alto premio para los jóvenes, sea una beca en el extranjero, y ah¡ casualidad, como destino recurrente Cuba y su prestigiosa escuela de Medicina. Es entendible que uno de los cargos más codiciados por los reyes del conducto regular sea una Embajada, o una agregaduría, que reconozco, sería mi sueño dorado de ser una chica seria.

Lamentable somos el ñoño mejor alumno, ese que para que le vaya bien se engrupe al profe de inglés con una manzanita roja por fuera y podrida por dentro, el cabrito solitario que se va al “patio de los cagaos” a comerse su colación, que siempre es el mismo muchachuelo amateur, pero encorsetado en la soberbia y a pesar de ello igualmente segundón, acomplejado, envidioso, escalador, patúo en su constante pelambre, medrocrizado por ser la “copia”, y nada más que la copia… feliz del edén.

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