Las concepciones de Adolfo Sánchez Vázquez sobre la utopía

Por: José Antonio Soto Rodríguez
Fuente: revista “El Catoblepas”, N° 75, (Mayo del 2008)

Sánchez Vázquez es un teórico marxista de la utopía, dedicándole una atención importante a la cosmovisión de la misma, desde las perspectivas marxista, que se contextualiza en la dimensión de lo propiamente latinoamericano, sin perder su conexión con lo universal y desde esta óptica crítica del presente se propone la utopía como lo nuevo que no existe, pero que tiene la posibilidad real de realizarse y que es una utopía que cree en el progreso humano y en una sociedad de justicia, de decoro y de enaltecimiento de los mejores valores del hombre.

De ahí que el filósofo dedique un espacio importante de sus reflexiones teóricas a resaltar el valor de la utopía que hay en esa obra insigne del humanismo que es El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, cuyo valor va más allá de los propósitos que se planteó Cervantes con la misma, de ahí las variadas interpretaciones que se han hecho de las misma y de las búsqueda de respuestas por el tesoro ético y emblemario en lo que a su visión humanista se refiere, en lucha abierta contra la injusticia y cabalgando por una utopía que intenta subvertir la realidad presente y que se disputa la construcción de un mundo mejor.

Sánchez Vázquez valora que en la obra cervantina subyacen importantes indicadores que dan cuenta desde lo epistemológico e ideoético de las esencialidades que debe comportar cualquiera visión utópica. Entre las mismas se destacan la referida a que la misma es valiosa y deseable por su contraste con la realidad que pretende superar, de ahí que marca un distanciamiento con el presente y se proyecta como alternativa la solución de dichos contrasentidos y males que aquejan a la sociedad, la utopía que encierra la obra no sólo expresa una aspiración de sociedad que se anticipa como superior, sino que además reafirma la convicción de luchar por que se haga realidad{1}. Y Sánchez Vázquez destaca como la utopía tiene un carácter subversivo, quiere dinamitar lo que existe e imponer nuevos valores, nuevas instituciones, nuevas relaciones económico sociales, culturales y una nueva manera de ejercer el poder.

Los diferentes momentos histórico filosóficos de la utopía, son destacados por el filósofo, el que determina dos momentos trascendentes el platónico y el de la modernidad, en el primero con su Estado o Ciudad Ideal, especie de República perfecta, que es imposible superar o alcanzar, de este modelo se subrayan dos cuestiones esenciales: la imagen del futuro, que se haya fuera del tiempo y del espacio y la problemática de no plantearse su realización como posibilidad.{2}

El otro paradigma trascendente de la utopía es el de la modernidad, que llega hasta hoy, dentro de esta concepción utópica cabe referirse a diferentes estadíos a los que dedica el filósofo un espacio reflexivo importante.

El primer momento en la utopía moderna es el renacentista que crítica los costos sociales que provoca el feudalismo y se proyecta por una sociedad más justa, tal es la utopía de Tomás Moro, Tomás Campanella, que señalan las causas de los problemas, la omnipotencia del dinero, la propiedad privada y el afán de poder, que ya aparecen en la época de transición del feudalismo al capitalismo. A partir de esta visión crítica de estos males se proponen un modelo de sociedad con instituciones nuevas que permitan eliminar estos males. En este tipo de utopía no sólo se expresa una inadecuación con el presente, sino que plantea una voluntad de realización de lo utópico aunque le señala como limitación el no despliegue de las acciones prácticas para superar el presente.

Por su parte el ideal utópico ilustrado centra su crítica al absolutismo feudal y se planteará como ideal la futura sociedad capitalista, pero con la mediación de que el hombre ilustrado iba a ser capaz de no ser ambicioso con el dinero y la violencia iba a ceder su lugar al orden, la paz y la fraternidad entre los hombres, este modelo de sociedad contra su confianza en el poderío de la razón, de la educación y en la formación de un nuevo tipo de ciudadano portador de valores morales, pero con la limitación de que desecha el papel de la acción transformadora.

El socialismo utópico es otro de los momentos destacados de estos ideales de la modernidad que llegó a criticar como nadie los males de la sociedad capitalista, para superar este estado de cosas, propone un modelo de sociedad sin explotación, con una distribución de equidad entre todos los miembros de la sociedad y de sus instituciones democráticas con un poder colegiado, la limitación para Sánchez Vázquez estuvo en pretender alcanzar estos fines a fuerza del ejemplo y de la educación y por eso su utopismo plantea alcanzar sus objetivos de forma gradual y sin violencia.

El fracaso de estas utopías preparó el camino según el filósofo para una utopía nueva la del socialismo científico de Marx, Engels, que como ideal aún no está cerrado mantiene su vigencia, por cuanto la sociedad capitalista es aún más explotadora y más irracional que nunca y por tanto no puede ser el futuro para la humanidad.

Sánchez Vázquez plantea como a diferencia de todos los proyectos anteriores el ideal socialista marxista destaca una vocación práctica de realización a través de la lucha de clase, de la revolución. Este análisis se torna aquí muy problémico por cuanto muchos estudiosos marxistas se oponen a atribuir al proyecto marxista una filiación utópica y señalan que el concepto de socialismo científico de Marx y Engels, sólo pondera la lógica de pensamiento de ambos clásicos, fundada sobre bases materialistas y no una concepción universal y en una cosmovisión que se sustenta en núcleos racionales como expresión de contradicciones reales que se van a superar a través de la revolución como proceso real y complejo de relaciones dialécticas de condiciones objetivas y subjetivas.

De ahí que señalan estos teóricos marxistas que Marx y Engels conciben el socialismo como movimiento real emancipador y como producto histórico y de ahí sacan la conclusión de que los clásicos terminan con la especulación de la vida real, fundando la ciencia real.{3}

Semejantes puntos de vista hipertrofian la esencialidad de la utopía del socialismo como proyecto que aún no se ha realizado tal como los clásicos lo proyectaron y que tendrá adecuaciones de acuerdo a las circunstancias presentes y futuras como ideal que espera la humanidad, hace que el contenido del socialismo como ideal o utopía mantenga sus bases, tal como lo señala Sánchez Vázquez cuando expresa:

«{…} si es imposible reducir la utopía a la ciencia, el futuro al presente y lo posible a lo real y si, por otra parte, lo existente no puede dejar de impulsar la insatisfacción, la crítica y el sueño de una vida mejor, es decir si el fin de la utopía se vuelve imposible, un mundo sin utopías sería una utopía más en el sentido negativo de lo imposible realizable.»{4}

Negar que en el mundo se proyecte el hombre por utopías es negar la esperanza de la lucha por un mundo mejor, es negar la historia, congelando el presente y no reconociendo que siempre hay una meta superior que el hombre ansía alcanzar.

Hoy día la problemática de la utopía da lugar a un amplio debate en el terreno de las ciencias sociales y el núcleo del mismo versa sobre la constatación del agotamiento del modelo neoliberal, lo que apela a las búsquedas teóricas de alternativas, tomando en cuenta las condiciones presentes en la sociedad capitalista actual y en particular en América Latina.

Lo que imprime una nueva dimensión al manejo teórico de la utopía, que entraña la probabilidad de construir de un proyecto socialista de cara al siglo XXI y ese socialismo al que se aspira no debe renunciar a que el capitalismo debe ser superado como orden social injusto y la de mantener el ideal de construir una sociedad mejor.

Coincido con la destacada filosofa cubana Yohanca León del Río en que la centralidad de la utopía está dada en la perspectiva crítica frente al pensamiento único que descalifica todo pensamiento utópico y vende la creencia en el final de la historia y de plantear la actual sociedad capitalista como la panacea de la humanidad. Este pensamiento social crítico opone a este pensamiento único irracional una visión de utopía que como idea general acompaña las demandas de los movimientos sociales en Latinoamérica.{5}

Adolfo Sánchez Vázquez tiene como aporte teórico indiscutible el reivindicar la utopía en el análisis de las alternativas como proyecto de emancipación y en establecer una crítica certera a la fría comprensión dogmática del socialismo como proyecto de emancipación, con la correspondiente de un marxismo vulgar, manualista que niega la necesidad de la utopía y la plantea como un proyecto detenido en el tiempo histórico incapaz de concebir el momento social crítico, como un momento necesario para la construcción del ideal del socialismo como sociedad futura, como proyecto humanista inseparable de nuestras raíces históricas.

{1} Véase de Adolfo Sánchez Vázquez, «La utopía de don Quijote» en Entre la realidad y la utopía. Ensayo sobre política, moral y socialismo, Editorial Ciencias Sociales, La Habana 2006.

{2} Véase de Platón, La República, UNAM, México 1971.

{3} Véase de Camilo Valqui Cachi, El pensamiento de Marx en los umbrales del siglo XXI, Universidad Autónoma de Guerrero, Editorial Caminos, México 1995. Una interesante crítica a estas posiciones negativas con respecto a la utopía de estos marxistas escolástizados está en la obra del destacado marxista mexicano Gabriel Vargas Lozano, En torno a la obra de Adolfo Sánchez Vázquez, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México, México 1995. Y del mismo autor: Mas allá del derrumbe. Socialismo y democracia en la crisis de la civilización contemporánea.

{4} Adolfo Sánchez Vázquez: A tiempo y destiempo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 2004.

{5} Véase Yohanca León del Río: «Debate en torno a la utopía en el pensamiento social crítico alternativo al pensamiento único» en Paradigmas emancipatorios en América Latina, Editorial Academia (colectivo de autores), Instituto de Filosofía, Academia de Ciencias de Cuba, La Habana 2005.

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