La canonización de Don Francisco

Por: Raúl Gutiérrez*
Fuente. Diario GranValparaíso (Abril del 2002)

Los representantes del poder político, social y económico del país elevaron a los altares de la veneración nacional a Mario Króisberguer, cuyo gran mérito consiste en haber ganado mucha plata con su larga carrera de animador, utilizando con astucia la Teletón y el oportunismo político

NI PABLO NERUDA ni Gabriela Mistral pudieron ni siquiera soñar con una concurrencia tan “selecta” como la que llegó hasta un exclusivo nuevo centro de eventos empresariales a la ceremonia, a principios de abril, a la presentación del libro “Entre la espada y la TV”, de Mario Króisberguer, el veterano animador televisivo que ha triunfado en Chile y el exterior. No se trata de una autobiografía, ya que no la escribió el personaje, que apenas puede redactar más allá de una carilla a doble espacio, y que hubo de confiar esta labor a una dupla conformada por un periodista y un escritor, cada uno de ellos de dilatada trayectoria.

Ahí estaban Su Excelencia, el Presidente de la República, don Ricardo Lagos Escobar, y su cónyuge, quienes, según consigna “El Mercurio”, lucían elegantes y estilizados; el presidente del Senado, Andrés Zaldívar; el Ministro del Interior, José Miguel Insulza; el ex presidente de la República y senador vitalicio Eduardo Frei y su esposa Martita, quienes pecharon para ser ubicados en primera fila; el Intendente de Santiago Marcelo Trivelli…

No se vaya a pensar que había sólo personeros “progresistas”. También estaba, por cierto, el alcalde y líder de la Alianza derechista por Chile, Joaquín Lavín, en tanto que los grandes empresarios destacaron a personajes de la talla de Walter Riesco, Ernesto Ayala, Carlos Alberto Délano y Andrés Navarro. Entre los centenares de asistentes figuraban asimismo señores que controlan los grandes medios de comunicación y una serie de personajes del espectáculo, la farándula, de esos que aparecen tupido y parejo en las páginas de la vida social y en los programas de banalidades de nuestra televisión.

POR QUE ESTABAN ALLI

No estaban allí, claro, por afición a la literatura pues puede uno apostar que más de la mitad de los asistentes no leen un libro desde hace años. Se conforman con hojear El Mercurio y sus suplementos y con devorarse “Caras”, y “Cosas”, revistas que constituyen su alimento intelectual cotidiano. De la otra mitad que puede decir que ha tomado un libro en los últimos doce meses, seguramente el grueso dirá que ha leído a Paolo Coelho, el gurú de la Bolocco, o a lo sumo se habrá ensimismado en las profundidades de alguna novelita de Marcela Serrano.

Por lo demás, difícilmente alguien podrá decir que “Don Francisco” ha dado algún impulso a la cultura en Chile. Al contrario, durante décadas, con sus gritos destemplados, bromas de mal gusto y ramplonería, ha estimulado en forma científica la alienación de las masas y el consumismo.

No, la flor y nata de la sociedad chilena estaba esa noche allí para ver y ser vista en un encuentro que mereció amplia cobertura mediática, es decir en los medios llamados informativos. Estaba allí, además, para rendir pleitesía a un hombre que representa el ideal máximo para nuestra clase dominante: tener éxito y ganar harta plata. Querían estar cerca de Mario Kroisberguer para que de alguna manera este tipo les irradiara algo de su yo, les contagiara su suerte, les diera su bendición.

Imposible no evocar la imagen de la mujer que padecía de un flujo constante que la desangraba y que, según narra el Evangelio, se acerca en medio de la multitud a Jesús por detrás y se conforma con tan sólo tocarle la túnica: la enferma, movida por la fe, cree que eso bastará para sanarse. No necesita mirar de frente al Señor, no requiere pedirle nada con palabras. Basta con tocarlo y se operará el milagro. Así, muchos de los políticos, empresarios y gente influyente de nuestra sociedad, los que mueven los hilos del poder, se acercaron esa noche a Don Francisco y trataron de obtener de él siquiera una mirada, un segundo de atención, un apretón de mano, una sonrisa. Y volvieron a casa dichosos, pensando positivo, con el espíritu henchido de gozo, convencidos de que la vida es bella y vale la pena vivirla porque al fin y al cabo, si el éxito y la fortuna tocan a un tipo que nunca fue a la Universidad y que por mucha plata que tenga, se advierte a la legua que es un patán, cómo no va a favorecer a quienes tienen mayores méritos, por herencia, estudios o influencia.

LIDER MORAL DE PACOTILLA

¿Y qué tenía que ver en este show de mal gusto y de pleitesía a los valores materialistas, el Presidente Ricardo Lagos? Misterio insondable, ya que el Primer Mandatario, aparte de descollar desde el punto de vista cultural e intelectual en el mediocre mundo político nacional, es un tipo que profesa valores humanistas. Adicionalmente, Lagos ya ha conquistado todos los honores a los que un ciudadano puede acceder y le faltan varios años en el ejercicio de su cargo, lo que le asegura un alto grado de exposición mediática, sin necesidad alguna de buscar el padrinazgo del famoso animador.

No tenía para que haber ido al evento, máxime que al día siguiente se excusó de asistir a la apertura de una exposición de un gran pintor latinoamericano, como es Guayasamín, y porque muy rara vez asiste a la presentación de la novela o de un libro de poesía de algún autor nacional que esforzadamente publica su obra.

Lamentablemente, el Primer Mandatario se jugó por entero por cubrir de elogios al festejado. Reseña “El Mercurio”: “El jefe de Estado en la presentación de la obra empleó todos los recursos de su oratoria. Con su voz de barítono habló de lo que le inspiró la lectura de la vida del primer animador de la televisión chilena y latinoamericana. Lagos sabe emplear los silencios y le da suspenso a su relato…”

En sustancia, Lagos ubicó a Don Francisco entre “los grandes de este país”, a la altura, imaginamos, de Neruda y Gabriela, o del Cardenal Silva Henríquez o el Padre Hurtado, lo que parece a todas luces excesivo. “Seres capaces en cierto momento de interpretar al país, de convocarlo, de invitarlo a grandes causas”.

Pues bien, a millones de chilenos carentes de poder e influencia, en contraste con la gente linda que se congregó en aquella ceremonia, Don Francisco tiene el mérito de ser un tipo dotado de evidente carisma personal y que ha sabido administrar muy bien su carrera de animador, de modo de mantenerse vigente y ganar plata a manos llenas.

De líder moral no le vemos ni la menor traza. Pese al enorme poder de que disfruta durante décadas, nunca movió ni un músculo de la cara para interceder por miles de chilenos perseguidos, torturados o exiliados durante la prolongada dictadura que asoló al país y cuyos horrores se han conocido oficialmente en último tiempo, tras la admisión formal que hicieron las fuerzas armadas. Este “gran comunicador social”, como lo llamó Lagos, no podía haber ignorado lo que sucedía. Claro que por oportunismo político se hizo el leso en forma sistemática, ya que haberse malquistado con la dictadura habría arruinado su carrera, al menos en Chile. El vozarrón destemplado y los concursos de Don Francisco sirvieron por largo tiempo para acallar los gritos de los torturados y el llanto de quienes buscaban a sus desaparecidos. Sus programas saturados de banalidades y de personajes frívolos que se disputaban la pantalla resultaron muy útiles para la pretensión de la dictadura de alienar a las masas y hacerlas alejarse de la rebeldía política.

EL NEGOCIADO DE LA TELETON

“¡Oiga, pero si este hombre es un santo! ¿No ve que fue el inspirador de la Teletón y que se ha jugado todo este tiempo por la causa de los niños lisiados?” Hablemos en serio, esta iniciativa de carácter benéfico ha sido un negocio redondo para Don Francisco y para los empresarios que lo secundan. La vinculación del animador con una causa noble le permitió fortalecer su imagen pública, abriéndole las puertas a numerosos nuevos contratos. Las masas de buen corazón, enternecidas por la bondad desinteresada de don Francisco, están dispuestas a escuchar los consejos que él les prodiga para que compren tal o cual detergente, este jabón, aquella cocina, o para que ingresen a la AFP equis o la ISAPRE ye. Y las cuentas corrientes del animador no cesan de engrosarse.

Todos los millonarios apoyan alguna iniciativa de caridad pues eso les ayuda a mostrar una cara más amable en un mundo en el que la brecha entre ricos y pobres se hace cada vez más profunda. Así que lo que hace don Francisco no tiene mayor mérito. Al menos no desde el punto de vista cristiano. El animador ha obtenido dividendos con creces con esta promoción de la caridad fariseica. El Evangelio enseña que cuando hagas caridad, “que tu derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda”. En las teletones y las cenas de pan y vino, en cambio, sólo los pobres dan en forma discreta cada vez que compran determinados productos adheridos a la campaña. Los ricos disponen de generosas cámaras, que muestran lo buenos y generosos que son, a pesar de que ellos tiran apenas unas migajas de sus enormes fortunas.

La Teletón sirvió para que el Gobierno de Pinochet se desentendiera de una obligación que compete en lo fundamental al Estado, atender a los niños minusválidos de escasos recursos, y para promover la imagen de un país bueno y solidario. Pura cháchara, ya que un estudio académico que acaba de conocerse revela que en las últimas décadas los chilenos nos hemos vuelto más intolerantes, racistas, clasistas e individualistas.

Don Francisco es un hombre de éxito, qué duda cabe. Pero ya tiene bastante con toda la plata que ha ganado y la influencia de que dispone en los círculos ansiosos de poder y de prestigio. De modo que cualquier homenaje a su persona en nombre de valores trascendentes constituye un absurdo. El hecho de que algunos lo hayan canonizado, elevándolo a los altares de la veneración nacional, es un síntoma alarmante de descomposición moral y deterioro intelectual y cultural de Chile. (08/04/02)
 

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