¿Qué es la globalización?

Por: Carlos Parodi
Fuente: Diario “La Insignia” . Perú, octubre del 2005.

Capítulo I de Globalización:

¿De qué y para qué? Lecciones de la historia

Ed. Universidad del Pacífico. Lima (Perú), 2005.

«La definición no lo es todo, pero todo implica definición.
El conocimiento de la globalización es esencialmente una función de cómo se define el mundo.»

-Scholte Jan Aart (2002), What is Globalization?
«La globalización ha existido siempre en la era moderna,
solo que hoy existe más que antes.»

– Mires Fernando (2000), Teoría Política del nuevo capitalismo
o el discurso de la globalización

I. El debate sobre la globalización

Desde hace un par de décadas, y de manera creciente, el vocablo globalización es utilizado de manera profusa, no solo en los círculos académicos, sino que es materia permanente del debate público. Todo lo que ocurre en el mundo, sea positivo o negativo, parece ser consecuencia de la globalización. Sin embargo, no existe una definición precisa ni consensuada de su significado; pese a ello, el término se ha traducido a distintos idiomas; algunos ejemplos son los siguientes: “globalization” en inglés, “lilalam” en árabe, “mondialisation” en francés, “quanqiuhua” en chino, “globalizastia” en ruso, “globalización” en español, “globalisierung” en alemán, “globalizzazione” en italiano y así sucesivamente. La propia difusión global del término es una prueba de su presencia en todas partes, pese a que a inicios de la década de los ochenta apenas se utilizaba. Como sostiene Giddens, “Ha pasado de ningún lugar a estar en casi todas partes”.

¿Se trata de una categoría analítica nueva, útil para describir y comprender los cambios que ocurren en el mundo? ¿o la popularidad del término es simplemente una moda, pues es otra forma de conceptuar un fenómeno que ya ha ocurrido antes? ¿Por qué se usa tanto el término?

Antes de responder a la pregunta, motivo de este primer capítulo, conviene realizar algunas precisiones con respecto a los alcances de una definición en las ciencias sociales. En primer lugar, toda nueva definición debe servir para ampliar la comprensión de algún fenómeno; además ninguna conceptualización es políticamente neutra, pues refleja los valores e intereses de quien la defina. En segundo lugar, toda definición es relativa. Los conceptos reflejan un momento histórico, un entorno cultural, una localización geográfica y un compromiso político. Cada persona desarrolla una concepción que corresponde a sus puntos de vista. De ahí que el objetivo de una definición no deba, al menos en el campo de las ciencias sociales, pretender una aceptación universal; en lugar de ello debe ser útil para generar la intuición suficiente para ser comunicada y debatida con otros. En tercer lugar, ninguna definición es definitiva, pues el conocimiento es un proceso en constante evolución. Por lo tanto, toda definición es tentativa y sujeta a ser mejorada. Finalmente, cada formulación debe ser, dentro de lo posible, clara, precisa, explícita y consistente.

La trascendencia de lo anterior, es decir, de lo que debe implicar una definición es fundamental, pues de ella surgen diversas recomendaciones de política, que generan ganadores y perdedores; por eso debe procederse con extrema cautela. Cuando se hace referencia a los impactos de la globalización, ¿a qué se está haciendo alusión? ¿qué se tiene en mente cuando se usa el vocablo?

Como una primera aproximación, la expresión misma alude a un fenómeno global o de escala planetaria, que puede entenderse como opuesto a local o nacional. La impresión es que el mundo está más interconectado que antes y ello se debe básicamente a los adelantos tecnológicos, en especial a los avances en la difusión de la información. Además, por lo general, se le identifica en su dimensión económica, como un proceso que aumenta la integración económica mundial, en especial en los mercados financieros. Una prueba de ello es que la Real Academia Española define a la globalización como “la tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”.

Definiciones simples como aquellas referidas a un mundo sin fronteras o la configuración de una aldea global son comunes; sin embargo, como sostiene Callincos (2001), “…el verdadero atractivo del debate sobre la globalización está en las consecuencias políticas que se infieren de lo que se considera una mayor integración económica”.

Con el objetivo de centrar el concepto, es necesario precisar los principales aspectos del debate, que a riesgo de ser simplista son los siguientes:

a. ¿Qué significa la globalización? ¿Es un proceso que supone una integración cada vez mayor de los mercados y los países o un proyecto ideológico liberal?; ¿es una fase nueva del capitalismo?
b. ¿Cómo interpretarla? ¿Cómo un fenómeno nuevo o una repetición del pasado?
c. ¿Cómo evaluar la globalización? ¿Es buena o es mala? d. La globalización, ¿implica el final o un renacimiento de los Estados-nación?

Ciertamente las respuestas a estas preguntas dependen de qué se entienda por globalización, por lo que debe procederse con cuidado. La bibliografía es profusa y la confusión que la misma genera se debe al menos a dos factores; en primer lugar, la mayoría de estudios del tema aluden a su dimensión económica y su relación con el liberalismo como ideología predominante; en segundo lugar, no es simple distinguir lo positivo (lo que es la globalización) de lo normativo (lo que debería ser), no solo porque no existe un concepto consensuado sobre el término, sino también porque depende de quién lo defina. Dicho de otro modo, el término es impreciso y su uso, cada vez más extendido, contiene una carga ideológica, además de emotiva.

Con el riesgo que supone realizar generalizaciones, para los economistas, la globalización está relacionada con el surgimiento de un mercado global; para los historiadores, se trata de una época dominada por el capitalismo global, entendido este como un sistema de organización social y económica; los sociólogos la interpretan como la convergencia de preferencias sociales, en lo referente a estilos de vida y valores sociales. En el campo de la ciencia política, la globalización alude a la erosión gradual del Estado-nación. De esta manera, cada disciplina específica explica parte del fenómeno; somos de la idea de que para comprender la globalización resulta mejor analizarla como un concepto que trasciende las disciplinas individuales, pero que al mismo tiempo las une. La clave está en estudiar la globalización con una perspectiva multidisciplinaria, a pesar que ello complica su definición, dado que en sí misma, la globalización es un concepto abstracto, pues no se refiere a un objeto concreto, sino a un proceso social. (Lubbers 1998).

Por un lado, entender la globalización como un proceso significa dejar de concebirla como un fenómeno nuevo, pese a que, como se ha mencionado, el uso del término sí lo es. También implica reconocer que el mismo fenómeno se ha manifestado, con mayor o menor intensidad, en otras épocas. (Fazio 2002) Por otro, analizarla como proceso social, implica aceptar que se trata de una categoría analítica propia de las ciencias sociales, dentro de las cuales se ubican disciplinas como la economía, la sociología, la historia, la ciencia política, etc.

A pesar de lo elusivo del término, la teoría social contemporánea muestra ciertos consensos respecto de los elementos básicos de la globalización. (Scheverman 2002):

-La globalización se asocia con la desterritorialidad, lo que significa que una creciente variedad de actividades sociales se desarrollan al margen de la localización geográfica de los participantes. Puesto de otro modo, los avances en la tecnología de la información y las comunicaciones han aumentado las posibilidades de interacción de las personas e instituciones. Por ejemplo, gracias al desarrollo satelital, los trágicos eventos del 11 de setiembre de 2001 fueron vistos en tiempo real en todo el mundo. El territorio, en el sentido tradicional de una localización geográfica determinada ya no constituye todo el espacio social, dentro del cual las actividades humanas se desenvuelven. El crecimiento de las relaciones supraterritoriales es la norma y no la excepción (Scholte 2000). En síntesis se ha reconfigurado el espacio social.

-La globalización se vincula con el aumento de las interconexiones sociales entre las dimensiones políticas y geográficas existentes. Esto implica que a pesar que la mayoría de las actividades humanas todavía se desarrollan dentro de una localización geográfica concreta, un aspecto decisivo de la globalización está constituida por los mecanismos a través de los cuales eventos que ocurren en lugares geográficamente distantes impactan sobre otros. Por ejemplo, la crisis rusa de 1998 impactó en tiempo real sobre América Latina. A pesar que existen desigualdades en el acceso al internet, un académico de cualquier parte del mundo, respetando los derechos de propiedad intelectual, puede usar material didáctico producido en otro lugar. Así, el proceso de globalización de los nuevos desarrollos teóricos producidos en entidades académicas lejanas impactan sobre la vida universitaria local.

-La globalización también se refiere a la velocidad de la actividad social. La desterritorialidad y la interconexión tienen una connotación espacial; ambos procesos han llevado a una ampliación del espacio social y como consecuencia han acelerado diversas formas de la actividad social. Los aumentos en la velocidad del transporte, el flujo de ideas y las comunicaciones han originado que los límites geográficos se tornen más difusos. Ahora bien, esto no se ha dado de la noche a la mañana, sino que tiene larga data. Lo que ha ocurrido en las últimas décadas es la magnitud de los desarrollos tecnológicos ha intensificado el proceso. Sin ellos, resulta por lo menos difícil explicar la mayor interconexión, más allá de que sus consecuencias sean positivas o negativas para el bienestar de la humanidad. Lo que es cierto es que la aceleración de los flujos de información, capitales, bienes, etc. varían en cuánto a su magnitud, impactos y regularidad. Algunos investigadores como Fazio (2002), se preguntan, “¿No revistió el mismo impacto el tránsito de la paloma mensajera al telégrafo, como lo es hoy el paso del teléfono fijo a uno celular?”. La cuestión es sugerente, aunque agregaríamos entonces, que se trata de una cuestión de grados; después de todo, ¿cómo medir y comparar ambos tránsitos?

-La mayoría de investigadores coincide en que la globalización es un proceso de largo plazo. La desterritorialidad, la interconexión y la ampliación del espacio social no representan eventos recientes de la vida social contemporánea. Como se ha mencionado, en las últimas décadas ha habido una intensificación del proceso y para ello, las innovaciones en la tecnología de la información y las comunicaciones han sido cruciales. Así las cosas, la globalización sería un concepto vinculado con la intensificación de procesos que en otros momentos de la historia fueron más lentos. De ahí que convendría diferenciar globalismo de globalización, aunque parezca un juego de palabras.

El globalismo es un estado del mundo, que envuelve redes de interdependencia a distancias multicontinentales. La globalización, por su parte, se refiere al incremento del globalismo (Keohane y Nye, 2000). Puesto de otro modo, la globalización es un proceso que incrementa las interconexiones y por ende hace al mundo más global, es decir, más integrado.

-La globalización debe entenderse como un proceso multidimensional, pues la desterritorialidad, la interconexión y la ampliación del espacio social se manifiestan en diferentes aspectos de la actividad social, como la política, la arena cultural, la económica, etc. Held, McGrew, Goldblatt y Perraton (1999) sostienen que a pesar que cada faceta de la globalización está conectada con un concepto general (que se plantea en el siguiente acápite), también es cierto que cada una está compuesta por mecanismo específicos y autónomos, es decir, tiene vida propia. Por eso, es posible referirse a globalizaciones, más que a globalización. Es común leer y escuchar referencias a la globalización económica, la globalización política, la globalización cultural, la globalización de las comunicaciones, etc.

La globalización, como se ha mencionado, es un proceso multidimensional, que incluye facetas económicas, políticas, militares, ambientales, sociales y culturales. Estos aspectos están conectados entre sí, aunque no necesariamente avanzan en el mismo sentido. Por ejemplo, es posible referirse a un período de globalización económica entre 1870 y 1914, manifestado en un creciente flujo de comercio y capitales entre países políticamente independientes; dicho proceso fue revertido entre 1914 y 1945. Sin embargo, la globalización militar fue creciente entre las dos guerras mundiales. Entonces, la globalización, ¿aumentó o declinó entre 1914 y 1945? Depende de la dimensión a la cual se hace referencia; el adjetivo es relevante.

2. Definiendo la globalización

Existen multitud de definiciones, pues como se comentó al inicio del capítulo, no existe un consenso al respecto; la globalización significa distintas cosas para diferentes personas. Algunas de ellas son las siguientes:

-Una intensificación de las relaciones supraterritoriales económicas, políticas, sociales y culturales, es decir, un cambio no solo cuantitativo.
-Una época histórica iniciada desde el final de la guerra fría. -La integración económica mundial, de modo que el mundo, de manera creciente se comporta como si fuera un único mercado.
-Un aumento de las transacciones internacionales en el mercado de bienes, servicios y algunos factores de producción más el crecimiento y una visión extendida de muchas instituciones que trascienden las fronteras nacionales.
-La expansión de la inversión extranjera directa, las corporaciones multinacionales, la integración del mercado mundial de capitales, etc.
-La transformación de la economía mundial a partir del desarrollo de la economía de la información y por ende de los mercados financieros.
-El triunfo de la ideología liberal y como consecuencia de la lógica del mercado. En este caso, se trataría de una nueva fase del capitalismo anglo-americano.
-Un conjunto de cambios relacionados entre sí: económicos, ideológicos, tecnológicos y culturales.
-Una revolución tecnológica, con implicancias sociales.
-Un proceso que genera una creciente gravitación de los procesos económicos, sociales y culturales de carácter mundial en aquellos de alcance nacional o regional (Ocampo y Martín, 2003).

Lo que es cierto es que se ha incrementado la sensación en muchas personas, de que sus vidas y opciones económicas no están determinadas por ellas mismas ni por sus gobiernos, sino por fuerzas externas sobre las cuales no tienen control. De esta manera, la globalización puede entenderse como una tendencia creciente, no solo económica, hacia la integración de las naciones.

Desde nuestro punto de vista, la globalización es un proceso social, histórico, no lineal (en el sentido que puede acelerarse o desacelerarse) y multidimensional caracterizado por cuatro tipos de cambios relacionados entre sí:

-Una ampliación o alargamiento del espacio, más allá de las fronteras de cada país, donde se llevan a cabo las relaciones sociales, políticas y económicas.
-Una intensificación o aumento de la magnitud de la interconexión de los flujos de comercio, inversión, finanzas, patrones culturales, etc.
-Un aumento de la velocidad en las interacciones y procesos globales. El desarrollo de los sistemas mundiales de transportes y comunicaciones ha incrementado la velocidad de la difusión de ideas, bienes, información y capitales, entre otros.
-Los tres cambios anteriores, que podrían resumirse en un nivel de interconexión y redes de interdependencia jamás visto, han determinado que eventos que ocurren en lugares geográficamente distantes, generen un impacto profundo sobre otros.

Si unimos los elementos anteriores, es posible definir a la globalización del siguiente modo: La globalización es un proceso social, histórico, no lineal y multidimensional que ha ampliado la escala, magnitud, aceleración y profundización de los flujos y patrones de interacción social, más allá de los límites geográficos de los Estados-nación. Puesto de otro modo, la globalización puede entenderse como una aceleración de la interconexión social en todos los aspectos de la vida social contemporánea. Ello tiene consecuencias muy variadas, algunas positivas (la mayor conciencia sobre las violaciones de los derechos humanos) y otras negativas (la volatilidad de los flujos privados de capital). Si estas características y tendencias ya se dieron en el pasado, entonces, lo que estaría ocurriendo a inicios del siglo XXI es una intensificación, de mayor alcance y magnitud, de un proceso similar. Es a esto a lo que los teóricos denominan globalización y se debería a varias razones entre las que destacan los avances en la tecnología y difusión de la información y la adherencia a una estrategia de desarrollo basada en el libre mercado.

En resumen, la globalización es un término de uso frecuente, que no tiene un significado común. Hemos esbozado una definición que no pretende ser definitiva, sino más bien, captar sus elementos sustantivos.

Held, McGrew. Goldblatt y Perraton (1999), quienes en nuestra opinión han desarrollado una de las mejores definiciones de globalización, la conceptualizan del siguiente modo: “…un proceso (o conjunto de procesos) que encarna una transformación en la organización espacial de las transacciones y las relaciones sociales -entendido en términos de su extensión, intensidad, velocidad e impacto- y que genera flujos interregionales o transcontinentales, redes de actividad, interacción y ejercicio de poder” [Trad. de La Insignia].

Esta definición no se opone a una conceptualización de lo local o de lo regional, pues alude a una ampliación del espacio social, para lo cual, la regionalización e inclusive la localización pueden ser funcionales. El debate más bien estaría centrado en la dinámica que se genera entre estas tres dimensiones.

3. Interpretando la globalización

Un hecho real es que la popularidad del concepto es relativamente reciente, pues viene de un par de décadas atrás. Coincide con el final de la guerra fría, la caída del muro de Berlín, el colapso del socialismo de Estado o de planificación central, es decir, con la desaparición de la Unión Soviética y con el descomunal avance de las tecnologías de información. Por lo tanto, la difusión del vocablo adquirió dimensiones globales o planetarias, al mismo tiempo que ocurrían hechos políticos de relevancia para la historia de la humanidad. De ahí, que a pesar que el término es preferentemente usado en su dimensión económica, tenga una connotación política. Esto lleva a pensar en una asociación entre capitalismo (sistema), neoliberalismo (estrategia) y globalización (proceso), pues la expresión “neoliberalismo” también se hizo popular desde inicios de los ochenta, al mismo tiempo que el vocablo “globalización”.

Antes de proceder a desentrañar esta relación, preguntamos al lector lo siguiente: de no haber ocurrido los hechos descritos en el párrafo anterior y si se hubiera expandido otra forma de organización social distinta del capitalismo, ¿cabría hablar hoy de la globalización del modelo del socialismo de Estado o de otra forma de organización social? Durante la guerra fría, tanto Estados Unidos como la desaparecida Unión Soviética mostraban tendencias globalistas; desde el punto de vista militar, eran los actores más significativos en el sistema, mientras que en lo económico eran modelos de desarrollo que competían entre sí: el primero de ellos, relacionado con el capitalismo, mientras que el segundo, con el socialismo real, ambos inspirados en los escritos de Adam Smith y Carlos Marx en el siglo XVIII.

Es aquí donde los teóricos muestran posiciones contrapuestas, pues una corriente sugiere que la globalización contemporánea es un proceso real y profundamente transformador, mientras que otra sostiene que se trata de un mito, pues las tendencias globalizantes observadas en las últimas décadas tienen precedentes históricos (Guillén 2001), es decir, la globalización sería más de los mismo, entendiéndose como una nueva fase del capitalismo, cuyos inicios se remontan y se vinculan con la revolución industrial del siglo XIX, iniciada en Gran Bretaña.

Held y McGrew (2002) denominan a los primeros globalistas, mientras que a los segundos, escépticos. En un libro previo, los mismos autores utilizan la acepción hiperglobalistas, en lugar de globalistas. No obstante, al tratarse de posiciones extremas, no solo caben interpretaciones intermedias, sino que existen variantes dentro de cada una de ellas. Por ejemplo, no todos los globalistas se adhieren al neoliberalismo; algunos se relacionan con la social-democracia. Lo mismo ocurre, aunque con menor tendencia, con los escépticos. La razón está en las inferencias que se derivan a partir de la definición esbozada, pues se transita al campo normativo, es decir, al análisis de las consecuencias de la globalización “tal como es”, de donde se derivan diversos argumentos con respecto a “cómo debería ser”. Ello supone asumir que la globalización es una ideología, pero como hemos visto, no es así.

Lo cierto es que para aquellos que defienden al capitalismo y al sistema económico de libre mercado, la caída del muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética, es interpretada como la prueba del derrumbe del socialismo real y el triunfo del capitalismo, hechos que habrían dejado la “cancha libre” para la expansión del sistema capitalista. Dicho de otro modo, la superioridad de la economía de mercado se habría manifestado en la caída de las economías socialistas. Mires (2000) sostiene que esto no es así, pues “el llamado mundo socialista no era en primer lugar un orden económico, sino político. Tomando en cuenta ese detalle resultaría imposible referirse al triunfo económico del capitalismo. Quiero decir que el llamado mundo comunista estaba integrado plenamente a un mercado mundial que, tengo entendido, era capitalista”. Dicho de otro modo, existía un único mercado mundial capitalista, “con la diferencia de que los bloques que en él se integraban poseían distintas formas políticas de organización”. Ciertamente, las afirmaciones de Mires (2000) pueden ser cuestionables, no tanto por el tema del orden político, sino más bien por el grado de integración a la economía mundial que tenían los antiguos países socialistas. Somos de la idea que hoy, para bien o para mal, esos países se encuentran más integrados que antes al sistema económico mundial, que con certeza, es capitalista. Inclusive, Sachs (1999) sostiene que el socialismo real, es decir, aquel aplicado en la extinta Unión Soviética, fue un accidente de la historia, dentro de la evolución del sistema capitalista.

Además de esto, como categoría analítica, ¿es la globalización sinónimo de internacionalización, liberalización económica, occidentalización o modernización?. A juzgar por la definición comentada en el acápite anterior, no necesariamente. Lo que puede estar ocurriendo es que la globalización, tal como se publicita y se presenta en la actualidad se asocia con el neoliberalismo, y por ende con una mayor integración económica mundial. Esto no significa que sea la única forma posible de vinculación. Veamos por qué.

La globalización como sinónimo de internacionalización

En este caso, el término se refiere al aumento de la interdependencia e interconexión entre personas de distintos países. En la medida que esta tendencia se ha acentuado en las últimas décadas, es comprensible la idea de utilizarlas como sinónimos. Algunos prefieren usar el término globalización en lugar de internacionalización, para enfatizar la gradual erosión de los Estados-nación y del alcance y eficacia de las medidas diseñadas e implementadas por los mismos.

Sin embargo, consideramos que no solo se trata de un tema de preferencias. Las interconexiones entre personas de diferentes países no han aumentado de una manera lineal. Ha habido momentos de la historia en que las interconexiones se han incrementado en magnitud, mientras que en otros períodos ha ocurrido lo contrario. Los escépticos, para los cuales la globalización no significa nada nuevo, evalúan las tendencias económicas actuales y las comparan con las ocurridas en el período 1890-1914, considerado la edad de oro de la interdependencia internacional y encuentran bastantes similitudes. Más aún, el mundo habría estado más globalizado antes que ahora.

Así, las tendencias actuales representan un aumento de la internacionalización y de triadización, en torno de tres grandes bloques: Estados Unidos, Europa Occidental y Japón. Algunos van más allá y sugieren que la globalización no es más que un discurso para justificar el proyecto global neoliberal y la consolidación del capitalismo estadounidense en las demás regiones del mundo. (Hirst y Thompson, 1996).

Para ello, tanto los avances tecnológicos, como la adherencia al liberalismo económico han sido y son fundamentales. Después de todo, sugieren los escépticos, entre 1890 y 1914 predominó el liberalismo, mientras que desde 1980 en adelante el neoliberalismo. Desde esta óptica, sí es posible revertir la globalización. Si los países se aislaran unos de otros, estarían desglobalizándose. Diversos autores coinciden que entre la primera y segunda guerra mundiales la integración, al menos en el plano económico disminuyó. Más allá de la deseabilidad de esto último, ¿es posible hacerlo dados los avances en la transmisión de información? Pareciera que no y no únicamente por el tema de la información, sino porque ningún país puede producir todo lo que necesita, es decir, la autarquía no es deseable; pero tampoco lo es el hecho que la interdependencia llegue a niveles que impidan que cada gobierno pueda tomar decisiones de manera autónoma. El desarrollo es un proceso endógeno, gestado “desde adentro” de cada sociedad. Así, la cuestión de fondo es cómo debería insertarse cada país a la economía mundial.

Si el globalismo siempre ha existido, lo que sí podría ser una característica distintiva de los tiempos actuales es el desarrollo de los mercados financieros, que posibilita realizar transacciones financieras en tiempo real. Este avance ha conectado más a los países entre sí. La globalización financiera ha avanzado a una velocidad mayor que las demás facetas de la globalización.

Ferrer (2002a), diferencia la globalización real de la virtual; la primera se refiere al crecimiento del comercio económico mundial (la esfera real), y es un proceso de largo plazo, que se acelera a partir de la revolución industrial iniciada en Gran Bretaña en el siglo XIX. La segunda alude al desarrollo de los mercados financieros (esfera virtual), que gracias a los avances en el procesamiento y transmisión de la información, la convierten en un proceso esencialmente contemporáneo: “En el presente, la globalización financiera se ha convertido en un fenómeno en gran medida autónomo y de una dimensión y escala desconocidas hasta tiempos recientes”. Por ejemplo, antes de la aparición del cable transatlántico en 1866, se requerían tres semanas para transmitir información desde Londres hasta Nueva York; en 1914 solo se necesitaba de un minuto (Bordo, 2000). En 1930, una llamada telefónica de tres minutos de Nueva York a Londres costaba 245 dólares, mientras que en 1990, 3 dólares.

En suma, al ser los mercados financieros intensivos en información, no cabe duda que la actual globalización financiera (entendida como interconexión) es más intensa que la ocurrida en el pasado.

No obstante, la globalización no es solo un fenómeno económico, sino, como se ha mencionado, multidimensional. Desde esta perspectiva, un mundo más global es aquel donde las ideas, mensajes, inversiones, patrones culturales sobrepasan los límites territoriales de los estados-nación. Por ejemplo, Beck (2002) y Strange (2000) sostienen que la globalización está conduciendo a la desaparición de los estados-nación, pues cada vez disminuye más la posibilidad de que tomen decisiones de manera autónoma. En la medida que la actividad económica internacional se realiza en un entorno de mercado, son los participantes de este último (los agentes financieros, las empresas multinacionales, etc.), quienes controlan lo que puede o no puede hacer un estado. De esta manera, se hace imposible hablar de políticas económicas nacionales o procesos autónomos de elecciones de política. Aquellos que no implementan políticas acordes con el sentir del mercado, son castigados, a través de menores flujos de capitales, financiamiento externo, etc. (Phillips, 1998).

¿Es la primera vez que ocurre esto? La respuesta parece ser negativa; desde mediados del siglo XIX hasta la primera guerra mundial, los países estaban integrados tanto o más que en la actualidad. En todo caso, los avances tecnológicos, han posibilitado una expansión de la internacionalización; si esto es así, entonces la globalización no es más que una internacionalización ampliada. No se trataría entonces de un fenómeno nuevo, más aún, si se analiza desde una perspectiva economicista. Como se ha mencionado, los investigadores han analizado el comportamiento de diversas variables económicas, tanto a fines del siglo XIX como a fines del siglo XX y varios de ellos han concluido que el mundo estaba más internacionalizado hace cien años.

Por ejemplo, el Banco Mundial (2001), sostiene que desde 1980 ha ocurrido una integración económica mundial sin precedentes. Acepta que la globalización ha ocurrido antes, aunque no en las magnitudes actuales. Sostiene que entre 1870 y 1914 ocurrió la primera ola globalizadora, entendida como un proceso de integración económica y medida a partir de los volúmenes de comercio, migraciones y flujos de capitales. Este proceso se interrumpió entre 1914 y 1950 para luego transitar a una segunda ola entre 1950 y 1980 y una tercera desde 1980 hasta la actualidad, impulsada ésta última por los avances tecnológicos y la adopción del modelo de mercado, como principio de organización común entre la mayoría de países que conforman el mundo actual. Sin embargo, debe notarse la perspectiva economicista de la evolución.

Los globalistas, en oposición a los escépticos, sostienen que la globalización es un fenómeno real y expresa cambios estructurales y profundos en la escala de la organización social moderna (Held y McGrew, 2002).

Entonces, si la globalización alude a una internacionalización ampliada, al menos en su acepción economicista, el vocablo globalización pareciera ser redundante. (Scholte 2002).

La globalización como sinónimo de liberalización económica

En esta acepción, la globalización se refiere a un proceso de apertura de las economías, a través de la remoción de los obstáculos al comercio y a los flujos de capitales, como barreras comerciales, restricciones cambiarias, controles de capitales, etc. Puesto de otro modo, alude a la integración económica global, a partir del libre mercado. Esta definición es utilizada por los neoliberales, así como por sus críticos.

El uso de esta definición implica que el estudio de la globalización, lleva al debate sobre los pros y contras de las políticas económicas liberales, que caracterizan al mundo desde hace un par de décadas. Por un lado, los pro-globalizadores sostienen que la aplicación de los principios liberales proporcionarán prosperidad, paz y democracia para todos. Por otro, los anti-globalizadores, se oponen a las políticas liberales, pues sostienen que el libre mercado genera pobreza, desigualdad, conflictos sociales, destrucción cultural, daños ecológicos y déficit democráticos. Desde esta óptica, el liberalismo económico sería una fuerza impulsora de los períodos de globalización; si esto es así, los movimientos anti-globalizadores, en su gran mayoría, estarían en contra del liberalismo como forma de organización de la economía mundial.

Más aún, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, predominó el liberalismo; las dos últimas décadas han sido testigos del predominio del neoliberalismo; en el primer caso, no se usó la palabra globalización, mientras que en el segundo sí. ¿Es necesario agregar un nuevo vocablo para explicar un proceso ya ocurrido antes? Nuevamente depende de cómo se defina a la globalización.

Lo cierto es que desde la caída del muro de Berlín (1989) y la desaparición de la Unión Soviética (1990), el mundo transitó de la bipolaridad hacia la unipolaridad; así, aquellos que la identifican como una época histórica (y no como un fenómeno sociológico o un marco teórico), la relacionan con el final de la guerra fría. De ahí en adelante, las estrategias basadas en el mercado y en la apertura hacia el exterior, consolidaron el poder de los Estados Unidos, quien para muchos “impuso” un patrón de desarrollo. La gran mayoría de países, aunque con matices, se adhirió (o intentó hacerlo) al liberalismo económico, es decir, a organizar su vida económica y social en torno del mercado y la apertura. Ello, unido al avance tecnológico, se convirtió en la fuerza motriz de la globalización actual; entonces la globalización se convirtió en sinónimo de liberalismo; pero no solo fue eso, sino que las políticas liberales se presentaron como la única alternativa en un mundo cada vez más global.

Como consecuencia, no debe sorprender que los movimientos anti-globalización rechacen al liberalismo y no a la globalización en sí misma. Los debates relacionados con los efectos del libre mercado tienen una larga historia y en muchos de ellos no se ha usado la expresión globalización. La tendencia e equiparar globalización con liberalismo es reciente.

La globalización como sinónimo de occidentalización o modernización

De acuerdo con la Real Academia Española, por occidente se entiende a un “conjunto formado por los Estados Unidos y diversos países que comparten básicamente un mismo sistema social, económico y cultural”. Si esto es así, entonces la occidentalización implicaría el intento de extender por todos los confines del planeta, el mismo sistema social, económico y cultural.

De ahí que en este caso, la globalización se entienda como un tipo particular de universalización, aquella donde las estructuras sociales de la modernidad se expanden por todo el mundo, destruyendo las culturas preexistentes, así como la autodeterminación local. Equivale entonces a colonización y americanización; los críticos sostienen que se trata de un discurso ideológico y hegemónico, que lleva a una situación de subordinación. Puesto de otro modo, se trataría de un proyecto de expansión del liberalismo.

Aquí cabe aclarar qué se entiende por modernidad. De acuerdo con Giddens (1997), “la noción de modernidad se refiere a los modos de vida u organización social que surgieron en Europa desde alrededor del siglo XVIII en adelante y cuya influencia, posteriormente, los han convertido en más o menos mundiales”. ; vistas las cosas así, la modernidad es intrínsecamente globalizadora. Esto no implica que sea inclusiva, pues amplios segmentos de la población mundial mantienen instituciones que pertenecen al mundo tradicional y que se encuentran fuera del circuito capitalista.

No obstante, una cosa es sugerir que la globalización y la occidentalización están interconectadas y otra distinta, tratarlas como equivalentes. Además, la globalización puede tomar direcciones no occidentales, con lo cual podría hablarse de una globalización islámica, budista, etc. De ahí que la equivalencia entre ambos conceptos sea discutible. Más aún, la difusión intercontinental del budismo, cristianismo e islamismo ocurrió varios siglos antes de la formación de los Estados Unidos de América, que en realidad es un producto de la globalización capitalista de los siglos XVII y XVIII. Lo que pasa es que la actual ola globalizadora está fuertemente influida, al menos para América Latina, por los Estados Unidos.

Analizar a la globalización desde el punto de vista occidental implica una visión “eurocentrada”, pues fue a partir de ahí que se expandió a otros lugares del planeta. Sin embargo, ¿qué hay del oriente? Algunos autores ponen énfasis en la necesidad de ampliar el enfoque y tomar como punto de partida al oriente. (Hopkins 2002, Frank y Gills 1993). Este debate está vinculado con el enfoque “economía mundo”, que desarrollaremos más adelante.

En síntesis, como categoría analítica, la globalización en muchos casos aparece como un concepto redundante. Se requiere especificar qué tiene de distintiva la globalización actual (ver el acápite 2). Ello puede ir en varios sentidos: en primer lugar, el enorme desarrollo de los mercados financieros, gracias al desarrollo de la economía de la información o nueva economía; en segundo lugar, la tecnología ha posibilitado una mayor interconexión que antes entre lugares geográficos distantes entre sí. Las fronteras geográficas aparecen cada vez más borrosas. En tercer lugar, está asociada al predominio de Estados Unidos, como potencia, no solo económica, sino militar y política. En cuarto lugar, y derivada de la anterior, la adopción del modelo de mercado como forma de organización económica. Como se ha visto, Scholte (2002) sugiere que el sello distintivo de la globalización actual está en el hecho que las relaciones sociales entre las personas trascienden al territorio geográfico del país; se trata de conexiones supraterritoriales.

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