Muerte a la política

Por: Colectivo Re-Evolución
Fuente: anticivilizacion.tk

Manifiesto contra la política y la modernidad. Por la destrucción de la civilización y todas formas de dominación.

“Si lo vuestro es política, preferimos hacer el indio” La Polla Records
1. La política se ha vuelto mera gestión del absurdo actual. Un absurdo que nos mantienen produciendo cosas que no nos dan libertad ni felicidad pero si nos mantienen con la cabeza ocupada, mientras vertimos ríos de savia y sangre y nos desquiciamos en este mundo desbocado de rencor. La política es hoy mera técnica que se pretende objetiva, pero esta enjaulada dentro de la subjetividad de la realpolitic. Nos dice que sólo es posible aquello que no sea contrario al propio sistema. La política es muerte y dolor. Es un reflejo esperpéntico, como una imagen distorsionada en un espejo curvo, de una sociedad aburrida hasta la náusea; maquillada con un falso buenrrollismo y con un nada placentero hedonismo. La política es aburrimiento. Es administración de lo muerto en un mundo que quiere dejar de ser orgánico por completo. Que quiere ser limpio, pulcro, abrillantado, pulverizado, acondicionado, aclimatizado, rociado con químicos de artificialización. Flashes de neón, resplandores de silicio, turbinas y bujías dentro de cínicas caretas con corbatas o tras crestas, en escenarios de cartón-piedra. La política es el arte de crear problemas con cuya solución mantener al pueblo en vilo, pendientes… Mientras tanto, entre bastidores, siguen desarrollándose las mayores atrocidades.

2. La política es inmoral en cuanto por lo moral entendamos los valores que se desprendan del respeto, la libertad y la igualdad. Es necesario manifestar nuestra más enérgica repulsa y condena a la política y quienes la administran. Contra su propaganda sólo cabe romper el discurso, de forma honrada, es decir, sin traicionar nuestros más íntimos deseos, esos que están más allá de la posesión de cosas y personas y del reconocimiento social mediante el prestigio de ostentar un cargo, tener un coche tal o ropa cual, etc. Es mejor luchar por lo que se quiere y perder, que luchar por lo que no se quiere y ganar: el reformismo nos distrae de nuestra autoliberación. Sin concesiones en defensa de la Tierra y contra toda forma de dominación. Contra su violencia solo cabe la contestación. Una contestación en sus mismos términos: “Hacemos unánime nuestra condena a la política y a quienes la administran. Exigimos a los demócratas (a los capitalistas) que depongan las armas y cesen su actuación terrorista. Condición sinon qua para el diálogo. De no ser así deberán atenerse a las consecuencias…” No ceder al chantaje, como ellos dicen en su retórica, es el único camino. Desmantelar unas instituciones que de por sí no pueden ser sino belicistas, asociales, enemigas del individuo, clasistas, explotadoras, alienadoras, destructoras del medioambiente, es decir, las instituciones de los polític@s, es hoy la única “política” realista. ¡Que se volatilicen en el aire en el estruendo de nuestra gran carcajada revolucionaria todas sus sandeces y todas nuestras miserias!
3. No nos interesa la política moderna, ni la medieval ni la clásica. La efímera y fracasada democracia de Pericles de esa Grecia clásica, esclavista, patriarcal, xenófoba, oligarca, timadora y militarista… es detestable. Los sofistas que enseñaban a los pudientes en la retórica para manipular con el lenguaje la ecclesia son los inicios del marketing: no es filosofía, es deplorable. Las políticas de culto a la personalidad, de los megalómanos, de los ególatras es nausabunda. La razón de estado maquiavélica, el absolutismo del monstruo Leviatán hobbesiano, la racionalización económica marxista, la planificación hasta la asfixia burocrática… ¡Montesquieu, Rosseau, Lincoln, Bakunin, Marx, Stalin, Zapatero, Gadafi, Gandhi, Hitler, todos dais asco! No nos interesa la política, queremos prenderle fuego a la representación de la vida para vivirla directamente. Esta es la única forma que puede ser realmente vivida.

4. Detestamos incluso la más moderna de las políticas. La Ilustración era resumida por Kant como el pensar por uno mismo. La libertad venía dada por el conocimiento. “La verdad os hará libres”, era la promesa revelada por el dios bíblico. La misma promesa nos hace la Modernidad, revelada esta vez a través de nuevos dioses con más brazos que Shiva: palancas, engranajes, chips y circuitos… autopistas, cadenas de montaje, rascacielos, cárceles y escuelas… Han creado una nueva forma de esclavitud: la catástrofe moderna. Retomar las riendas de nuestra propia vida: este es hoy la intención necesaria para superar esta fase histórica que es la Modernidad, para saltar por los aires el cul de sac en que nos ha metido. No somos postmodernos, somos antimodernos. No somos civilizados, somos aspirantes a salvajes.

5. Necesitamos tomar decisiones, pensar y asamblearnos para convivir. Lo que no necesitamos es política, como no las necesitan los salvajes nómadas o los horticultores tribales. La política es lo que desde que el primer cacique de alguna tribu dijo “esto es mío” nos ha vuelto sus vasallos. La tenencia de las vidas ajenas es la definición más profunda de la política. La política es jerarquía. Es profesionalización de la toma de decisiones: privatización la sociedad. La división entre gobernados y gobernantes, explotados y explotadores. Es la institucionalización del que jode y de el que es jodido. Es la sociedad de clases y castas. Es el hurto de la capacidad de decidir sobre uno mismo por la elite. Es el proceso comunicativo de la elite: es su propagada. Es, desde las primeras civilizaciones sumerias y egipcias, convertir en número a los gobernados y gestionarlos. Es una tecnología de control, una organización disciplinaria legitimada en teología deistas o ateas, para el dominio y la explotación. Esta es la definición de política y no otra. He aquí sus raíces. Y como radicales que van a las mismas para solventar las miserias: esta es nuestro objetivo. ¡Viva su demolición!

Más allá de la izquierda y la derecha.

“Si hubieseis puesto vuestro versos al fuego no padeceríamos este frío invierno” Fedor Dostowieski

6. Cuestionar algo menos que la Modernidad y la política para proponer el cambio necesario en la actualidad es algo más que estulto: es inmoral. Debemos ir más allá. No nos podemos contentar con cambiar los perros y mantener los mismos collares ¿A quién le interesa guardar las apariencias? Como decía un grupo punk: “nunca te fíes de los fulanos tranquilos y bien hablados. Pues su tranquilidad es estar seguros. Y si están tan seguros, ¿con quién van a estar?”. Los que llaman al “realismo”, a las políticas “prácticas”, realmente llaman a la inacción, al incuestionamiento, al continuismo, a la colaboración con los agentes de nuestra miseria y de la destrucción. ¡Matemos al político que hay en nosotr@s! Somos agitadores, ¡abajo los legisladores! Somos la sublevación del deseo. La llamada de la selva y los cantos de la razón a la revolución. Y no, no queremos reformar el Campo de Concentración…

7. La “izquierda”, por tanto, no puede ser algo que nos identifique. De la izquierda seguro que hay muchas cosas que aprender, pero no por ello seremos benévolos con ella. La mal llamada “crisis de la izquierda” no es sino una crisis general del cuestionamiento de un sistema entero, del que, al mismo tiempo, forma parte la propia “izquierda”; Esto es: el Proyecto Moderno, la Modernidad, esa apisonadora en la cual somos los engranajes que mueven ruedas dentadas. Su base ideológica recoge la Ilustración y se desarrolla en la direccionalidad empujada por la razón instrumental que nos vuelve instrumentos de nuestras invenciones, utilitarista, maquinista y consumista. Se expande a través de la idea-promesa-profecía autocumplida de “Progreso”, del desarrollo de la tecnología y tecnologización de la vida y de aumento creciente de la producción, de más y más mercancía como única forma de conseguir la felicidad dejada en el Edén Pleistocénico. Supura desde su pilar central: la domesticación, la gestión planificada, racionalización y destrucción de la naturaleza (humana y no-humana) en pos de la promesa de convertir al ser humano en dueño y señor de un mundo sin verde, donde sólo queden ruinas nebulosamente discernibles entre columnas de humo. Con nuestro cerebro mutilado por bulldozers, para asfaltar nuestras conciencias.

8. La nocividad del Proyecto Moderno que de los medievales ríos de sangre que salían del castillo y el templo ha creado mares, es administrada por unas instituciones clásicas de la modernidad disciplinadas al modo de una gran máquina: impersonales, tan abstractas como el moderno capital hoy electrónico, jerárquicas como la burocracia del Faraón, desprovistas de sensualidad, grises. Estas instituciones de la Modernidad, específicas de la burguesía o cuando menos impulsadas por ella son el partido político, los sindicatos, las corporaciones empresariales y una nueva modalidad mecánica de Estado más omnisciente y todopoderoso que nunca, tendente a la mundialización de su estructura, como se ve evidente en la llamada fase de “globalización”.

9. El nuevo sujeto de la Modernidad, el individuo en tanto que ciudadano, pretende ser una liberalización de la persona y la equidad en cuanto clase, género, etc. La pretensión: superar el estadio de la persona como súbdito, esclavo, vasallo, relativa a una casta social, etc. Sin embargo, la realidad es que en esta vorágine de producción-consumo, dependencia de la tecnología, rediseño del mundo por ésta y la situación de estar sujetos a un marco social de instituciones gigantistas, hace inevitable la creación de un mundo donde la técnica de organización y su disciplina, los valores tecnocrácticos, son todo y el individuo no es nada. La razón instrumental inherente al Proyecto de la Modernidad ha vuelto todo esto que pretendía ser instrumentos en los agentes de una nueva esclavización: lo que debieran ser nuestros instrumentos nos han instrumentalizado. Somos esclavos de nuestros inventos. De igual modo que la “dictadura del proletariado” marxista resultó ser el orden burocrático, dictatorial y clasista bajo la vigilancia del Gran Hermano orwelliano, la tecnología, que en teoría algún día debiera liberarnos y traernos el paraíso en la Tierra, ha resultado ser una encrucijada donde el vaciamiento de la espiritualidad de la vida, la miseria material y la crisis psico-social y ecológica giran en forma de espiral agrandándose, agravándose en constante progreso.

10. Las teorías de la religión tecnocrática moderna han resultado ser falsas profecías expresadas por falsos profetas. El capitalismo y el comunismo nos han decepcionado. Democracia popular (dictadura del proletariado), democracia representativa (capitalismo burgués), democracia orgánica o democracia nacional-socialista (dictadura de extrema-derecha) se muestran como retóricas estúpidas, partes de un mismo sistema, caras distintas de la misma moneda, que deben ser erradicadas para ser superadas. Curiosamente la “democracia”, el poder del pueblo, se ha vuelto un fetiche divinizado sobre el propio pueblo y oculta las caras más aberrantes del cinismo que legitima la mayor barbaridad que ha conocido el ser humano hasta ahora: la actualidad.

CON LA PISTOLA EN LA SIEN

11. Vivimos una era Holocáustica, no tiene otro nombre. 44.000 especies desaparecen cada año. Hablar de los problemas ecológicos es hablar de una sangría camicace, imposible de superar si no es hablando en términos de erradicación del Proyecto Moderno que hemos definido. La tecnología nos ha traído un progreso bien curioso. Ha conseguido aumentar las horas al día de trabajo (a nivel global) que tenemos que acometer. La consigna optimista de que “¡trabajen las máquinas!” se revela como una pesadilla: ha generado un cifra record de 800 millones de parados en el mundo, y los demás trabajamos globalmente casi 4 veces más de lo que lo hacíamos cuando íbamos con arcos y taparrabos, nómadas sin máquinas sin progreso. Si en la Grecia clásica los demócratas necesitaban para colmar su ociosidad 3 esclavos por demócrata, hoy necesitamos el equivalente a 30 esclavos mecánicos. Por otro lado, la pobreza (en niveles absolutos) se ha disparado y no ha parado de crecer y del mismo modo ha lo hecho la desigualdad social (la pobreza en términos relativos). Los afortunados que gracias a los esclavos del “Tercer Mundo” (que es más una posición social que un espacio geográfico) pueden comprar cantidad de productos tecnológicos, y pagar modas y más necesidades ficticias con las que ir intentando ignorar su malestar, tragando Prozac, trabajando todo el día para olvidar el dolor de una vida que ya no satisface a nadie. La plenitud de la civilización es la neurosis universal. El hombre hoy más que nunca es lobo para el hombre: hemos conseguido hacer de la guerra algo ya no esporádico sino diario y sus efectos son más temibles que en unas escasas décadas que todas las plagas y hambrunas juntas del medievo entero.

12. Justificamos los horrores de la modernidad siempre mirando a determinado pasado y falseándolo: el de la Edad Media, injustamente llamada Edad Oscura -no es más resplandeciente la actual. Justificamos nuestra miserias con el Anciem Regime porque nos sentimos incapaces de cambiar nada, porque carecemos de imaginación de plantear un paradigma nuevo, porque tenemos miedo a la libertad de materializar nuestros deseos. Siempre estamos mirando al pasado, distorsionándolo y exagerando sus aspectos negativos porque somos incapaces de lidiar con el presente, porque estamos desmotivados con respecto al futuro. El “progreso” es un chiste de mal gusto: el Paleolítico, visto lo visto, es el mejor lugar para ir de vacaciones. ¿Qué nos pondrá al fin en nuestro sitio? ¿La colisión de este tren de alta velocidad contra el muro del inminente desarrollo final de la actual crisis energética? ¿Las guerras cuando lleguen a nuestras casas burguesas y así la sangría sea tan global como lo es la economía imperial-capitalista? ¿Alguna plaga nueva biotecnológica? Esperemos que no: la esperanza es lo último que se pierde. Pero la esperanza debe convertirse en voluntad, y la voluntad en acción. ¡Volición contra el poder!

12. Queremos y vamos y estamos pasando a un nuevo frente: la lucha contra lo que los reformistas han llamado el “Pensamiento Único”. Pero el “Pensamiento Único” no ser neoliberal. La socialdemocria, los comunismos de estado, ¿tienen algo nuevo que aportar? Ya lo hemos dicho. Por lo hasta aquí dicho entendemos que la crisis de la “izquierda” es así falsa en tanto que lo que está en crisis es algo mucho más grande, un sistema donde ella misma, junto con la “derecha”, se engloba. Es de nula relevancia si la “izquierda” está en crisis o no, en tanto que la izquierda no debe ser reformada o replanteada sino que, al igual que la derecha, debe ser destruida.

13. Las vías de solución no pueden estar ni a un lado ni al otro de la cimitarra del tirano. El trono debe ser reducido a astillas y quemado en la fogata nocturna del plenilunio revolucionario. Esto es una llamada al mayor de los magnicidios, para que jamás vuelva a haber dioses (religiosos, políticos, tecnológicos, ideológicos) de ningún tipo sobre el ser humano y el encantamiento y la ilusión dialoguen con la naturaleza. Devolverle la dignidad a la pasión y el derecho de existencia a la irracionalidad instintiva que tanto tiempo ha calumniado y sepultado el pensamiento religioso, ya sea teológico o cientifista es necesario: la racionalidad es la que nos impulsa a esto. El cerebro es el órgano más sobrevalorado del cuerpo. La lucha moral-filosófica contra las pasiones tiene que acabar ya. Y las ruinas que deja por doquier el campo de batalla en que ha convertido la vida serán los cimientos que removeremos para danzar sobre ellos con la risa, destruyendo para construir. Bajo las estrellas sigue habiendo un mundo de misterio que merece la pena ser vivido: llamamos a liberar el Presente que han encerrado entre bloques de hormigón. La vida es aventura o no es. Os llamamos a la mayor gesta de todos los tiempos, solo apta para héroes y aventureros: la reconquista de nosotr@s mism@s, ¡la Revolución del Deseo
 

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