Una cuestión de principios

Por: Hernán Montecinos
Fuente: icalquinta.cl

En anteriores publicaciones, por este y otros medios, a propósito de las reiteradas condenas a Cuba, en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, afirmé que Estados Unidos es, y ha sido, el mayor violador de los derechos humanos a escala planetaria.

Agregué que, en un análisis comparativo, entre distinto países, sin duda, no sólo Estados Unidos sino también nuestro país, Chile, mucho tendrían que aprender de Cuba en eso de respetar los derechos humanos de las personas. Esto último, si analizamos el tema en un contexto general, vale decir, considerando todas sus variables. Por tanto, concluía, que el voto condenatorio a Cuba era unilateral y discriminatorio en lo que respecta al tratamiento del tema por parte de las Naciones Unidas, producto y consecuencia, en última instancia, del poder y presión ejercido por Estados Unidos sobre el resto de los países, algunos de ellos con comportamientos más lacayos que otros.

Refería, en este contexto, que el reiterado voto de Ricardo Lagos en contra de Cuba, constituía una hipocresía al tenor de su fundamento oficial, esto es, “actuar por “principios” Con los antecedentes que aporté quise dejar en claro que esta decisión presidencial hacía expresión de aquel popular dicho “ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”. En efecto, ¿acaso no sabemos que en Chile existen presos políticos? ¿Qué todavía existen tribunales militares que llevan a cabo procesos judiciales irregulares en contra de mapuches, llegando incluso a presentar “testigos” encapuchados? ¿Acaso no sabemos que eso de que la pena de muerte no existe en Chile es otra mentira más, puesto que si se revisa el Código Militar allí esta pena todavía existe? Sería largo enumerar los innumerables hechos que se dan en nuestro país que dicen relación con la violación sistemática y reiterada de los derechos humanos a vastos sectores de nuestra población. Las innumerables protestas y quejas de distintos sectores sociales reclamando los derechos a la salud, la educación, la vivienda, el respeto a los derechos laborales, a la justicia social, y aún más, en contra del racismo y segregación en sectores de nuestra población (mapuches y peruanos, por ejemplo), dan cuenta y testimonio de lo que en su oportunidad afirmaba en mis artículos. Si a ello agregamos que todo el accionar de nuestras instituciones políticas se basan dentro de los parámetros de una Constitución fascista, fácil es inferir que nada bueno pueden esperar los sectores más pobres y marginados de nuestra población para el respeto de sus más elementales derechos humanos, sobre todo, los económicos y sociales.

Ahora bien, en esta ocasión me interesa agregar nuevos argumentos que dicen relación con el caso y que apuntan a avalar aún más mi cuestionamiento a la posición oficial del gobierno de Chile en el fundamento de su voto contra Cuba, vale decir “por principios”. Sobre esta afirmación me siguen asistiendo razonables dudas. En efecto,… ¿Cuáles principios? ¿Acaso los partidos de la Concertación y el mismo Gobierno han actuado por principios? …Aún más…¿Acaso le quedan algunos? Y, excúsenme mis suspicacias, porque en relación con esta duda el caso del Sr. Presidente de nuestro país se me aparece como más patético. Digo esto porque algunos sectores concertacionistas todavía siguen creyendo -de buena fe supongo-, que Ricardo Lagos es “socialista”. Claro, un socialista muy especial, que ya no encuentra que más privatizar y que ha hecho a los ricos más ricos que antes, aumentando la brecha social entre éstos y los sectores más pobres y marginados de nuestra población. Y por si fuera poco, disputándose con su colega Mexicano Fox el triste papel de ser el más fiel aliado del presidente Bush, uno de los más grandes genocidas de la historia contemporánea, un loco paranoico que en sus delirios de poder y grandeza no se inhibe para hacer del mundo un gran polvorín. No sin razón en las protestas callejeras los jóvenes dejan oír su voz bajo el slogan: “Si Lagos es socialista el Papa es guerrillero”. Una buena metáfora para dar sentido y expresión a mi cuestionamiento sobre aquello que se afirma: “actuar por principios.

“Miente, miente, miente, que algo siempre queda” decía el ideólogo nazi Goebels. Con esto se abría una tendencia que marcó todo el siglo XX, que parece haber llegado para quedarse y, lamentablemente, profundizarse en el XXI: las masas se manejan con mentiras bien presentadas; los medios masivos de comunicación están para eso. Y Chile, nuestro país no se ha encontrado ajeno a esta imagen, sobre todo cuando del discurso oficial se trata.

Ahora bien, en estos días el gobierno de Cuba ha intentado poner en la mesa de discusión en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, la degradante condición en que se encuentran más de 600 presos en Guantánamo, incluidos, menores de edad.. Todos sabemos que allí se dan todas las connotaciones para el más flagrante atropello de los derechos humanos que preso alguno pueda tener. Más de dos años, sin juicios procesales y sin tener acceso a abogados, entre otras muchas perlas. Sin embargo, todos aquellos países que en su voto contra Cuba dijeron actuar por “principios”, para este caso, en el que no cabe siquiera la más mínima duda, empezaron a balbucear rapidito trastabillando sus lenguas para decir cualquier cosa pero menos para referirse al punto básico central del asunto. Por eso no me equivocaba en mis anteriores artículos cuando hacía referencia al tartufismo político.

Sin duda, se ha hecho visible el temor de algunos países, especialmente en los de Latinoamérica, a enfrentarse con dignidad a las prácticas fascistas de la Administración de los EE.UU. so pena de recibir reprimendas y represalias o unos buenos tirones de orejas. La hipocresía de los paladines y campeones de los derechos humanos contra los países del Sur se ha desenmascarado. Su cobardía ya no podrá ser ocultada. Sabemos que con la complicidad de la Unión Europea y de varios países latinoamericanos, EE.UU. y sus aliados presentaron en las últimas horas una moción de “no acción” disfrazada después que Cuba concluya esta presentación. En efecto, en el día de ayer esta maquinación se concretó, lo que obligó a Cuba a retirar su moción. De allí que, con esta actitud, los acusadores ayer de Cuba pasan a ser los acusados de hoy. Ya su autoridad y prestigio no tienen salvación.

A pesar de todo, sin embargo, la propuesta cubana seguirá viva hurgando en la conciencia de los que son incapaces de decir la verdad, continuará como asignatura pendiente de la Comisión de Derechos Humanos y constituirá un dilema moral para la credibilidad de ese Organismo. Con todo, Cuba ya ha anunciado que se reserva el derecho de volver sobre esta cuestión en el venidero período de sesiones y en cualquier otro foro que entienda apropiado. Augurio de nuevos bochornos para aquellos países que dijeron actuar bajo principios y que ahora se encuentran cazados en su propia trampa. Han confirmado que su objetivo ante la Comisión de derechos Humanos no es la genuina promoción y protección de los derechos humanos, sino que responde a mezquinos intereses políticos.

Con independencia de su resultado, la resolución truncada de la moción cubana sobre el estado de condición en que se encuentran los presos en Guantánamo, pone de manifiesto el creciente desprestigio de una Comisión de Derechos Humanos profundamente politizada y en la que reina un evidente doble rasero. Hoy casi sonroja recordar el artículo segundo de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948: «[En el respeto de los derechos humanos] no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona».

Por último, no sin razón el Canciller cubano, sobre la ambigüedad indecisa de la posición de Chile decía y cuestionaba “¿Requería más información Chile para votar a favor de un texto que pide investigar lo que está pasando en la base naval de Guantánamo? No requería más información el gobierno de Chile. Requería más valor, que es distinto, requería valor político, requería coherencia en las convicciones. Entonces, tampoco Chile copatrocinaba ni apoyaba este texto».

¿Qué más podría agregar?… No creo que mucho más… Sólo apelar a las íntimas conciencias para que no se queden sólo con las caricaturas e imágenes que nos presentan los medios de comunicación, las que no por casualidad van a caballo con los discursos oficiales. Aprender a desconfiar de todos aquellos mensajes con que a diario se nos envenena. Creo que sólo así podremos llegar a adquirir mayores grados de autonomía y libertad. Porque resulta un hecho de la causa que los mensajes de los medios de comunicación, en concomitancia con los discurso oficiales, para este caso, y otros, sólo nos entregan imaginarios, alejados cada vez más de la realidad. Esto nos obliga a pensar y reflexionar los temas por cuenta de nosotros mismos. Y más aún, nos impone un deber moral y ético mínimo: develar y denunciar las mentiras con las que se nos bombardea a diario.   

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