Infidelitis cornutis cinicotiorum (parlamentarios y políticos chilenos)

Por: Arturo Alejandro Muñoz
Fuente: http://www.granvalparaiso.cl (02.02.12)

La cohabitación de los dos bloques duopólicos en el mismo domicilio neoliberal terminó prohijando la promiscuidad, paso obligado hacia el amancebamiento y la concupiscencia, e incluso el incesto en algunos casos

¿CÓMO EVITAR SER irreverente y sarcástico? Es difícil escribir de otra manera ya que en las últimas semanas hemos presenciado el desfile de promesas, volteretas e inconsecuencias políticas más grande de las últimas décadas. No sólo ello, sino también infidelidades, traiciones y un cuantay de chuchumequerías que obligan a desmenuzar la nula consistencia de las opiniones vertidas por los hombres y mujeres que han hecho de la vida pública un oficio altamente rentable.

Uno de los aspectos de nuestro mundillo político que me resulta molesto en demasía, tiene que ver con los temas que ellos bautizaron con el cuestionable apellido de “valóricos”; y me causa escozor dado que el doble estándar parlamentario es notorio, a pesar de los padrenuestros y creoendiospadre que diputados, senadores, dirigentes y ministros susurran cada vez que deben ingresar a una iglesia por razones ‘de conveniencia política’. Mire usted nada más cuánto discutieron –con un acaloramiento que ya lo quisieran los esquimales- el asunto del divorcio, para terminar aprobando una ley que cojea desde el párrafo inicial. Respecto del matrimonio homosexual y del aborto…mejor omito mi opinión ya que ella provocaría el soponcio de muchos ‘honorables’…

¿Honorables? Cínicos, prefiero llamarlos. ¿Defensores de la familia, del matrimonio y de todo un panegírico verborreico que no se corresponde exactamente con la realidad? Hipocresía es el nombre. Vea usted; se asegura que somos la nación más conservadora y católica observante de Sudamérica…sin embargo, al mismo tiempo, somos el país con mayor cantidad de moteles parejeros por número de habitantes en América Latina y, peor todavía, ostentamos el récord absoluto en Latinoamérica respecto del porcentaje de hijos(as) nacidos fuera del matrimonio. Respecto del aborto, las cifras señalan que también estamos peleando a brazo partido por entrar a los playoffs continentales en tal materia.

Todo indica que las políticas eclesiásticas y conservadoras han servido de maldita la cosa…mas, estos porfiados parlamentarios y políticos nuestros continúan con el dale que dale machuca, esgrimiendo las mismas ideas y soluciones decimonónicas que, en definitiva, conducen directamente a la infidelidad y al motel. Pero, no crea usted que se ahoga allí el tema, pues sus ramajes han alcanzado al mundillo de la política, ya que la cohabitación de los dos bloques duopólicos en el mismo domicilio neoliberal terminó prohijando la promiscuidad, paso obligado hacia el amancebamiento y la concupiscencia. Parafraseando a un viejo refrán que apunta a la pobreza, me permito asegurar que en política, cuando la demagogia entra por la puerta, la dignidad escapa por la ventana.

Luego de tantos patinazos y corruptelas, los políticos chilenos se han transformado en verdaderos ‘cornudos circulares’, infieles sin cortapisas, y también incestuosos en varios casos… parece broma, pero políticamente no lo es. Vayamos por parte. Ya dije que moros y cristianaos duermen en la misma pieza neoliberal, lo que explica el cúmulo de infidelidades acaecidas en estos meses. Cornudos todos, sin ambages.

A la Concertación le puso los cuernos la Democracia Cristiana; la Concerta, a su vez, ‘gorrea’ firme y parejo al Partido Comunista, mientras la UDI acaba de probarse ante el espejo público los lindos cuernos que le regaló RN… mientras el mismísimo Presidente de la República coquetea como vulgar meretriz con blandos, duros, progresistas, renovados, fachos y sionistas, sin cumplirle a ninguno lo prometido ya que cualquier decisión necesita el visto bueno de su ministro Hinzpeter quien, para muchos, obedecería instrucciones que no emanan precisamente de La Moneda ni de la calle Antonio Varas.

Eso es lo que ocurre en la mayor parte del promiscuo dormitorio neoliberal, pero también hay en aquella pieza algunos movimientos políticos que nacieron cornudos y adúlteros; tal es el caso del MAS y el PRO; así como a Chile Primero, todo el tiempo que pernoctó en ese cuarto, lo manosearon a destajo, y en alguna ocasión –me aseguran mis fuentes- fue penetrado (políticamente, por cierto) por los ‘parientes’ mayores. Y todos, autodeclarados católicos y cristianos, concurren a misa dominical y comulgan, tal cual si nunca hubiesen cometido los pecados más atroces de acuerdo a la Iglesia vaticana: divorcio, adulterio, incesto y amancebamiento. En política, ello ha sido una constante desde el plebiscito de 1988 hasta hoy.

¿Se da cuenta? He ahí la moral de los individuos que se permiten ‘legislar’ sobre asuntos valóricos…y lo hacen con sonrisas beatíficas similares a las que exhibían los pederastas curas católicos Cox y Karadima, defendidos a ultranza por sectores ultra conservadores que exigen ser quienes administren los penes y vaginas de chilenos y chilenas para, según ellos, preservar el estado de sana moral cristiana que exige la civilizada decencia.

Ah, ¿usted pensó que lo había olvidado?, no pues…lo de ‘incestuosos políticamente’ no puedo dejarlo en el tintero. Mire, siempre he afirmado que en nuestro mundillo político hay un concepto que caracteriza aquel quehacer, yo lo bauticé como “familisterio”, pues se da un entrecruzamiento de familiares sanguíneos y no sanguíneos (también ‘parientes’ comerciales) en la cosa política, de tal magnitud, que si la OCDE aseguró que cinco familias eran las dueñas de Chile, yo asevero que no más de 20 familias han gobernado este país desde hace un siglo.

Por ello, si todos los miembros –damas y varones- de ese familisterio vienen ocupando la misma pieza dormitorio neoliberal desde hace muchas décadas, fácil es comprender que más de un incestuoso romance se ha originado en las largas noches de este país asentado en el austro. Por tal razón, cabe poca duda al respecto; nuestro mundillo político está compuesto por cínicos, infieles y cornudos, ergo: Infidelitis cornutis cinicotiorum (en un latín tan libre e irrespetuoso como el accionar legislativo de nuestros ‘honorables’).

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