La doble identidad de don Ernesto Ottone

Por: Cristián Joel Sánchez
Fuente: http://www.surysur.net (23.01.12)

Cuando uno se cree ya curado de espanto con las volteretas circenses que vienen dando los políticos en los últimos tiempos, leer declaraciones escandalizadas de un ex comunista por la alusión a las armas que hiciera Camila Vallejo a un diario español, más que a repudio mueve a perplejidad.

Y mucho más si quien las hizo formara parte de la cabeza directiva de las juventudes del PC cuando este partido apeló a la vía armada en momentos dramáticos de la historia reciente de Chile. | CRISTIÁN JOEL SÁNCHEZ.*

Es fácilmente comprensible que frente a las palabras de la dirigente estudiantil, la derecha se levante en dos patas haciéndose cruces porque ella reivindica el derecho de rebelión, por cualquier medio incluidas las armas, frente a la injusticia.

Es desde todo punto de vista natural y casi no vale la pena referirse a los inmorales que hoy censuran las armas cuando las utilizaron durante casi 20 años masacrando y aplastando a un pueblo indemne y que volverían a utilizarlas —de eso no le cabe duda a nadie— si consideraran que sus intereses están en peligro.

Pero lo que realmente impacta, insisto, son las declaraciones de políticos que oficiaron por mucho tiempo de comunistas convencidos de la justeza de la línea oficial, cuyo objetivo era llegar al socialismo por los caminos que fuera determinando la realidad.

Uno de estos “sorprendidos” por la reflexión de Camila, así lo declaró a Radio Duna, es don Ernesto Ottone, ex mandamás de las juventudes comunistas de Chile no sólo antes del golpe si no que también hasta bien entrado el periodo de la dictadura, aunque esta última etapa de su condición de militante no la vivió en Chile donde las papas quemaban, sino instalado en Budapest junto al resto de la dirección externa de las JJ.CC.

Don Ernesto, que exhibe varios pergaminos académicos, algunos conseguidos en su paso por el exilio, ofició de sesudo dirigente de intenso color rojo precisamente antes y durante los años en que los comunistas deciden tomar las armas formando el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Convencido de la certeza de la vía armada, aunque ahora diga lo contrario, el “comunista” Ottone —y otros a los que muy bien conocí— predicaron las virtudes de la metralleta por Europa y otros lugares del mundo donde había jóvenes comunistas a los cuales enganchaban para que Moscú, Berlín o La Habana les dieran el barniz militar necesario para los nuevos tiempos.

Quema lo que has adorado, pero sin chamuscarte la conciencia…

Sorpresivamente, sin embargo, al menos para los que pertenecíamos al estado llano, el ahora académico Ottone, con un olfato socialdemócrata envidiable, abandonó la Jota, más o menos por la mitad de los ochentas, en los mismos momentos en que los jóvenes militantes, adiestrados en las armas y enviados a Chile cuando él era dirigente, morían a manos de la dictadura de Pinochet, o en los campos de batalla nicaragüenses, en nombre de los principios revolucionarios, incluido el internacionalismo proletario, que predicara Ottone como miembro del comité central de la Jota desde Budapest y bajo el alero protector del gobierno comunista de Hungría.

Sobre los beneficios conseguidos por Ottone después de su voltereta ideológica, no viene al caso referirse. Baste mirar a cualquiera de estos ex comisarios políticos del comunismo, ahora grandes demócratas y pacifistas, saturando el Congreso, las reparticiones públicas, o siendo “el brazo derecho de Ricardo Lagos en La Moneda” como califican a don Ernesto en algunas reseñas biográficas —sin mala intención, por supuesto.

En honor a la verdad, el señor Ottone bien pudo haber sido iluminado por la divina providencia y haberse arrepentido antes del castigo celestial que significaba haber apoyado la rebelión armada del comunismo criollo. Al menos así lo dice él, aunque siguió militando e integrando la dirección externa de las JJ.CC. lo que significa que convivió como “disidente” de la vía armada casi diez años dentro de la organización, ya que la preparación comenzó más o menos en 1975 y el abandonó el redil a fines del 83 o principios del 84.

En lo que a mí respecta, los remordimientos que dice él haber arrastrado por tanto tiempo frente al nuevo camino decidido por la dirección del PC no me constan, ni siquiera de mis largas conversaciones de aquellos años con mi gran amigo Francisco Díaz, ni con Eliana Aranibar, ni con otros contemporáneos de la dirección comunista de la época a la que Ottone pertenecía. Pero es lo que él asegura en sus escritos donde abomina de su pasado amaranto, y habrá que creerle bajo palabra.

Sin embargo, eso no importa. Está en su derecho. O en su derecha, como usted quiera. Lo que se cuestiona es la descalificación absolutista de la vía armada que él hace, además de su torpe interpretación de las palabras de Camila Vallejo, todo esto adobado de una petulancia intelectualoide con la que pretende reducir a la dirigente a un ente bueno para organizar la agitación estudiantil, pero “de reflexiones precarias y sin claridad intelectual”, como señalara en la entrevista de Radio Duna.

Veamos, amigo lector, qué fue lo que dijo Camila Vallejo al diario español y que ortigó la epidermis de Ottone y de sus circunstanciales aliados de la UDI y Renovación Nacional, que también se escandalizaron:

“El pueblo tiene derecho a combatir en masa la violencia estructural que existe en la sociedad. Y nosotros nunca hemos descartado la posibilidad de la vía armada, siempre y cuando estén las condiciones. Sin embargo, en este momento, ese camino está totalmente descartado, porque la tensión que hoy existe es neoliberalismo versus democracia”.
El destacado es mío).

Lo que natura non da, Salamanca y la socialdemocracia non presta…

Lo que de ahí se deduce es mucho más simple, y para entender estas palabras de Camila no se requiere una gran capacidad de “reflexión” ni tampoco una “gran claridad intelectual”. Mucho menos la larga lista de pergaminos con la que el señor Ernesto Ottone satura las solapas de sus libros como garantía de su propia “claridad intelectual” frente a una “niñita” que sólo sabe dirigir movimientos estudiantiles.

Lo que ocurre es que la vicepresidenta de la FECH, así como muchos de nosotros que no somos comunistas, seguimos pensando que la vía por la cual un pueblo camina en la búsqueda de su emancipación es tan versátil como las sinuosidades que presenta ese camino. Por lo que descartar la vía armada es igualmente idiota que descartar la vía pacífica, más aun si un importante tramo de ésta última vía se hace siempre dentro de la democracia burguesa.

Esto es propio de don Pedro Grullo, el abc del sentido común, ni siquiera del marxismo del cual el ex comunista y ahora socialdemócrata Ottone abomina. No es la forma que toma la lucha de un pueblo por sus derechos la criticable, sino la justa aplicación de esa forma a la realidad que se vive en el periodo respectivo. De lo contrario, tendríamos que condenar la lucha armada de los padres de la patria, la de los resistentes contra el nazismo, la del pueblo rumano que se levantó en armas contra el sátrapa Ceauscescu, sólo por citar casos para todos los gustos.

Quizás si el mejor ejemplo de la habilidad que requiere la cabeza que dirige la rebelión de las masas, que debe saber adaptarse a tiempo a los cambios de la realidad, lo muestra la experiencia del propio PC, que cayó en una comedia de equivocaciones luego de haber sido el artífice del movimiento popular que llevó a la presidencia a Salvador Allende.

Se equivocó primero al aferrarse a la vía pacífica a partir de 1972 cuando las circunstancias cambiaron diametralmente y la derecha y la democracia cristiana se alejaron de la solución política, entrando de lleno a la conspiración armada que concretaron más tarde de la mano de los militares.

Las consignas levantadas por el PC en ese breve espacio de tiempo hasta el golpe, como el lamentable “No a la guerra civil” cuando la guerra civil estaba fatalmente ad portas; su tardía comprensión de que no quedaba otro camino más que prepararse para enfrentar el conato que ya era inevitable, fue un error tan grande como la decisión de la década de los ochentas de tomar las armas cuando la solución política, auspiciada desde Wáshington y presionada sobre Pinochet por el Departamento de Estado norteamericano, no sólo se vislumbraba como posible, sino que el pueblo, cansado de la represión y miseria, se levantaba en protestas “indignadas” —para usar un término actual que designa la naciente rebelión mundial que incluye al “paraíso” socialdemócrata europeo del señor Ottone— que el PC malinterpretó equivocadamente como que las condiciones estaban dadas para “salir a echar plomo” como dicen los centroamericanos.

Lo he dicho en otros artículos, lo que —espero— me libera del sambenito de “nostágico” de las armas y de “reflexiones muy precarias” con el que el “académico” estigmatiza a la modesta estudiante de geografía.

Concuerdo plenamente con Ottone en cuanto a sus dudas de que el PC vaya algún día a sentarse a reflexionar autocríticamente en los grandes errores cometidos en el pasado. Insistí en esto en un reciente artículo publicado por este medio. Sin embargo, no se trata que la izquierda espere de ellos una autoflagelación al estilo filipino de San Pedro de Cutud.

Lo que ocurre es que muchos de esos errores, el anquilosamiento vertical, la falta de una expresión libre y positivamente crítica de sus militantes, el culto a la personalidad, la eternización en los cargos de dirigencia, son prácticas que tienden a reaparecer y que sólo conducirán a repetir los traspiés del pasado, más aún hoy cuando la rearticulación de la izquierda es el fenómeno que empieza a vislumbrarse a nivel mundial.

Pero lo que no se le puede criticar ni al PC ni a ningún partido, es el derecho objetivo de elegir un camino de acceso al poder, cualquiera sea, “siempre que estén dadas las condiciones”, como señaló Vallejo y que escandalizó a la derecha y al señor Ottone.

Sin embargo, la crítica y la autocrítica deberá hacerse a este lado de la vereda para que sea bien intencionada. Don Ernesto Ottone cruzó la calle hace mucho tiempo. Calculo yo que por ahí por 1973 cuando la Jota lo mandó a Hungría como vicepresidente de la FMJD, ya que él mismo declara que en ese entonces se dio la palmada en la frente. De ahí pasaron casi diez años, como ya dijimos, hasta que llegó al otro lado de la calzada. Claro, como él se define “medio” italiano, aplicó seguramente el sabio adagio “Chi va piano va sano e va lontano”.

Finalmente y a propósito de estas “medias aguas” con las que se autocalifica Ottone —me refiero a esto de ser medio italiano y medio chileno— es interesante la definición que hace de sí mismo diciendo, textual, “Siempre he vivido esta doble identidad, junto a otras que he ido acumulando a través de mi vida…” ¿Se refiere también a la doble identidad de comunista y socialdemócrata con la que vivió dentro de la Jota por largos años?

Chi lo sa, para seguir con la lengua de la otra mitad de don Ernesto. Lo cierto es que si mañana decide él atravesar otra vez la calle hacia este lado —todo es posible en estos seres con “doble identidad”— procuraré no darle jamás la espalda si estoy cerca de él, más aún si se presenta ataviado con un poncho.

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