Un nuevo Chile está naciendo

Por: Alberto Mayol (sociólogo)
Fuente: http://www.elclarin.cl (25.12.11)

Dice que los chilenos nos habíamos acostumbrado a vivir en el malestar, que el movimiento estudiantil rompió con el conformismo y que experimentamos un inédito fenómeno de “ciudadanización”. En definitiva, Chile vive un cambio cultural profundo, lo que en sociología se conoce como “guerra de los dioses”, la lucha entre una visión que percibe a las personas como consumidores y otra que los ve como ciudadanos.

Señala que el movimiento estudiantil consiguió imponer una crítica a los políticos, defendiendo al mismo tiempo la política como una noble actividad, socialmente necesaria. Anticipa que esta fuerza renovadora de los hábitos políticos se expresará en forma concreta en un plazo de dos o tres años, y que el mapa político se correrá hacia la Izquierda.

Alberto Mayol Miranda es sociólogo, académico de la Universidad de Chile, especializado en sociología de la cultura y sociología política, aunque también da clases de filosofía e investigación social. Su exposición sobre la situación y perspectivas del país causó gran impresión en el reciente encuentro empresarial Enade 2011.

¿El movimiento estudiantil fue algo inesperado?

“Desde hace años venimos investigando con otros profesionales el tema de la desigualdad, la educación pública y gratuita, etc. Al integrar el material recogido sobre malestar ciudadano detectamos el nudo del sistema educativo. Poco antes que se iniciaran las movilizaciones estudiantiles, emitimos un informe preliminar sobre desigualdad y educación, destinado a demostrar cómo la desigualdad social en Chile se reproduce estimulada por el sistema educativo.

La magnitud del problema indicaba que algo muy serio podía ocurrir en respuesta a esta situación. Pero cuándo y cómo, era incierto. Los chilenos nos habíamos acostumbrado a vivir en el malestar. Los seres humanos ritualizamos las amenazas en el marco institucional en que nos movemos. Con el paso del tiempo, ha aumentado el malestar y a la vez se acabaron las instancias de ritualización, por situaciones como los escándalos de la Iglesia o el desastroso manejo de Piñera en el gobierno. Objetivamente, la educación era la zona ideal para que surgiera un movimiento social cuyo eje es el malestar ciudadano. En todos los hogares hay al menos un estudiante, en cambio sólo en la quinta parte de ellos hay un trabajador asalariado. La educación en Chile es la más cara del mundo y significa el 22% del ingreso de los hogares, el promedio mundial está en 7%”.

¿Qué quiere este descontento ciudadano?

“La gran aspiración del chileno era hasta ahora la tranquilidad. ¡Qué cosa más triste es una sociedad cuyo sueño es la tranquilidad! Los griegos decían que el fin último de la polis era la felicidad; nosotros la cambiamos por la tranquilidad. Pero de pronto aparece la posibilidad de expresar el malestar tanto tiempo reprimido y, por tanto, de abrirnos paso a la felicidad. La primera manifestación del cambio, en forma tímida, es rechazar el abuso y pedir más participación. La situación anterior era cómoda, porque no se asumían responsabilidades sociales. En el nuevo Chile que está naciendo, el compromiso social crece. El ciudadano ya no puede culpar sólo al gobierno o al Congreso. El Chile que viene será más democrático y participativo. Esto nos permite tener poder real y derechos ciudadanos que hoy no tenemos. Aunque no será necesariamente más cómodo ni más tranquilo; posiblemente habrá más conflictos y más incertidumbre.

La movilización estudiantil quedó a medio camino por el accidente aéreo en Juan Fernández. Ahora esos jóvenes y muchachos descontentos tienen que decidir si vuelven a refugiarse en un orden en que ya no creen o están dispuestos a avanzar.

Cuando nació la política en Grecia, existían los hogares (oikos) de 30 ó 40 personas; eran unidades económicas de supervivencia y producción. Se generó la necesidad de coordinarlos en la plaza (ágora) y así surge la polis. De pronto se dieron cuenta que necesitaban un espacio para que los niños llegaran a convertirse en ciudadanos y fueran parte de esa polis. Así se creó la educación: la paideia.

En Chile irónicamente pasó lo mismo. Estábamos todos metidos en el hogar pero con su movilización, los chicos se tomaron las calles. No llegaron al ágora pero sus mensajes sensibilizaron a la sociedad. Hemos empezado a hablar de reforma tributaria, de cambios políticos, de nacionalizaciones, de transformación de las instituciones. Es una trayectoria inédita en nuestra historia, porque antes, cuando hubo cambios políticos, aparecieron los militares, los curas o la clase política y se apoderaron de su conducción. Ahora no puede hacerlo ninguno de estos actores, porque nadie cree en ellos”.

Grandes movilizaciones, pocos resultados

El resultado de estos siete meses de movilización estudiantil es muy pobre… ¿Cómo evalúa ese resultado?

“Si consideramos lo que se lleva a la casa, el arancel o las becas, por ejemplo, el resultado es magro. Pero si se mira el aumento presupuestario y la discusión política, hay ganancias. Junto con las movilizaciones partieron las licitaciones de créditos y los incentivos que el Estado entregaba a los bancos, que el año 2010 había llegado al 30%. En 2011 se redujeron al 8%, con un ahorro importante para el Estado. La cantidad de proyectos relacionados con educación ha sido enorme, y cuando el gobierno intentó abrir el debate para legitimar el lucro en la educación, los estudiantes sepultaron esa iniciativa.

Los estudiantes apostaron fuerte y esa fue una estrategia acertada. En agosto tuvieron al gobierno de rodillas, pero el día que se reunieron con Piñera habían muerto Felipe Camiroaga y los demás pasajeros del avión Fach. Entonces la agenda cambió radicalmente. Es cierto: lo que los estudiantes obtuvieron fue poco, pero el camino está abierto y en ese sentido considero a la movilización un enorme éxito”.

¿Cuál es el antes y después del movimiento estudiantil en la cultura política chilena?

“Se creía que Chile sería para siempre un país timorato, con un orden económico que nadie aprobaba, pero que nadie tampoco era capaz de derribar. Los datos actuales indican que esta sociedad está cambiando, está más sana.

El chileno vivía en el neoliberalismo sin adaptarse valorativamente a ese sistema. La transformación se dirigía hasta ahora a la constitución del consumidor-ciudadano, que es el ideal de la derecha. Ese tránsito se ve ahora impugnado y rechazado por los propios ciudadanos”.

¿Qué responsabilidad cabe a los intelectuales?

“No puede ser que surja un movimiento como éste y no tengamos un repertorio conceptual que dé cuenta de lo que está pasando. No basta con marchar: los intelectuales tenemos otros roles. Encuentro increíble que todavía no exista un manifiesto del movimiento ni un conjunto de reflexiones que sirvan al debate. La derecha planteó dos o tres explicaciones muy ordinarias. Pero al menos las tiene. ¿Dónde están las de los intelectuales vinculados al movimiento estudiantil? Necesitamos economistas, científicos, administradores, sociólogos y constitucionalistas que acompañen este proceso”.

¿Cuáles serían las vanguardias de este cambio cultural en marcha?

“Hay una gran oportunidad en el ámbito de lo local, y el movimiento estudiantil tiene fuerte raigambre en regiones. Creo erróneo plantear una Asamblea Constituyente por arriba, sin haber propuesto antes asambleas locales. Este es el momento en que necesitamos asambleas territoriales que puedan discutir los temas del cambio”.

¿Qué pasa con el acontecer político?

“La antipoesía fue una respuesta a la poesía, pero fue también otra forma de hacer poesía. Vivimos durante veinte años en la política y de repente aparece la ‘antipolítica’, que en realidad es la política original. Es una refundación de la política. Se nos está diciendo: ‘Estamos cansados de las discusiones de palacio y de las negociaciones de éste con aquel, de una política que no le importa a nadie’. Ahora se está reconstituyendo la política original. La polis, el derecho de los ciudadanos a decidir qué hacemos con nuestra sociedad”.

Pronósticos para 2012

¿Cuál es su pronóstico para 2012?

“Será un mal año para el movimiento estudiantil, porque las movilizaciones tienen costos. Cuando uno ocupa su capital político, a la larga tiene que pagar la cuenta. Lo importante es que no nos roben el horizonte utópico. Toda transformación supone dolor y habrá que pagar costos. 2012 será un año difícil, también porque el canal de comunicación del movimiento estudiantil con la sociedad eran Giorgio Jackson y Camila Vallejo, y no sabemos si los nuevos líderes tendrán la misma capacidad.

Los cabros universitarios y secundarios demolieron los muros y su capacidad de penetración en el sistema fue de magnitud. Por ese motivo, el año 2012 también será exitoso en lo profundo. Seguirán las crisis de las empresas, se detectarán todas las crisis del planeta, y este sistema se seguirá horadando. La nueva realidad hará que Chile se corra hacia la Izquierda y habrá más posibilidades de instalar nuevos temas. En lo superficial, vamos a estar complicados, no así en lo profundo.Y 2013 será un buen año para el cambio.

Las elecciones municipales de 2012 no permitirán un nivel de politización muy grande, habrá todavía mucha confusión. Los candidatos a alcaldes no sabrán bien cómo meterse en temas como la ‘desmunicipalización’ de la educación. Será un momento enredado y a los candidatos a alcaldes les será difícil diseñar sus campañas. En la presidencial de 2013 la derecha y la Izquierda ofrecerán educación gratuita; la derecha con prestadores privados y la Izquierda con el concurso directo del Estado. Se incorpora un nuevo componente en el panorama electoral, el voto voluntario. El escenario va a cambiar, pero no sabemos bien lo que ocurrirá. Hay gente que no votaba y ahora irá a votar, también a la inversa. Hace cinco años, el voto voluntario no significaba mucho; pero hoy podemos ser electores de verdad e incidir realmente”.

¿Es posible el surgimiento de nuevas fuerzas políticas?

“La clase política chilena se parapetó en su prestigio para abusar a través de las instituciones a su servicio, y hoy sigue atrincherada en ellas. Esa actitud revela la importancia que atribuyen a defender su plaza fuerte.

El surgimiento de una nueva fuerza política va a demorar dos o tres años, pero es inevitable, porque se reconfiguró el mapa político hacia la Izquierda y es impensable que la Concertación y la derecha suban en apoyo ciudadano. La cantidad de nuevos proyectos políticos será enorme, aunque el proceso demorará en sedimentar en una sola fuerza”.

¿Cómo cree que va a terminar este gobierno?

“En La Moneda han puesto un letrero gigante que dice: ‘No sabemos gobernar’, y ahora agregaron otro: ‘Tampoco vamos a aprender’. Cada vez que Piñera sube en las encuestas, se encarga de contar un chiste o hace algo que deteriora su capital político. Es un gobierno mediocre, con la peor ejecución presupuestaria de los últimos años, que puede apelar a un conflicto externo para terminar bien. Piñera ni siquiera es capaz de cambiar al presidente de su propio partido. Preparó un golpe blando y no le funcionó. Vamos a ver si se consolida el liderazgo light del ministro Golborne o el liderazgo hard rock de Longueira. Allamand correrá por los palos, buscando canalizar el dolor familiar, que -en un Chile despolitizado- es un capital político importante y luego podría ser el ‘héroe’ que se enfrente a Perú en una guerra abstracta”.

La Concertación, clínicamente muerta

¿Y la Concertación?

“Está clínicamente muerta, aunque tenga un respirador artificial. Siempre a los familiares les cuesta asumir la realidad y desconectar al moribundo; pero mientras más demoren, más alta será la cuenta de la clínica. Esta no será una tragedia griega ni una ópera. Será una muerte sin gloria. Estuvo veinte años en el gobierno y nunca tuvo interés en realizar un proyecto de país. Ahora, ¿cómo diablos lo levanta en 24 horas?

En Chile hay una clase política que nunca supo trabajar con un proyecto y ahora está en proceso de putrefacción, sin perjuicio que algunos políticos pudieran salvarse. En Chile hay en marcha un cambio de ciclo completo. Los políticos de hoy tendrán que buscarse otra pega”.

¿Y Bachelet no es un balón de oxígeno para la Concertación?

“Les da una posibilidad de seguir ganando, pero su capital no es traspasable. Es una cara sin proyecto y que, además, tiene un grave problema de aterrizaje. Si Bachelet hiciera campaña desde el exterior, ganaría lejos. El problema es que tiene que venir a ordenar la casa, y el terreno de la Concertación se ha hecho cada vez más reducido”.

¿Entonces, la derecha puede ganar?

“Si la elección fuera hoy, podría ganar. El problema es que obtendría el palacio pero no el gobierno, porque la sociedad está en otra. La despolitización está basada en la ignorancia. La palabra idiota nace en Grecia referida a las personas que no estaban en la vida pública, que no participaban en la política. Gracias a la constitución del nuevo espacio público abierto por el movimiento estudiantil, nos dimos cuenta de las conexiones que afectan a la vida cotidiana, como la colusión empresarial, los conflictos de interés y la concentración económica. Ahora cualquier chileno sabe cómo las grandes empresas se conciertan para vulnerar el principio de la libre competencia, coludiéndose para fijar precios”.

¿Cómo piensan los empresarios?

“Hay empresarios vinculados al mundo político, ellos asumen que hay que defender el modelo a como sea. Luego están los que consideran que la situación es grave, pero que no hay nada que temer. Un tercer grupo son los pragmáticos, los reyes de la adaptación, que dicen: ‘Estábamos haciendo algunas cosas mal, pero nos ajustamos y listo’. Son los que tienen más contacto con los consumidores, como el retail. En el empresariado predomina la visión más conservadora, pero los pragmáticos son más capaces de adaptarse a esta nueva situación”.

¿Qué pasa con las FF.AA.?

“Se sienten nacidas para gobernar, son deliberantes, estudian postgrados relacionados con gobierno y cuando salen de sus cargos, se convierten en autoridades civiles. Las FF.AA. se prepararon durante años para ser gobierno y no para la defensa del país. Tenemos las armas pero no militares, y todo indica que las compras de armas estuvieron muy mal hechas. Esas FF.AA. tampoco tienen hoy legitimidad para gobernar, han tenido sus escándalos propios. Hoy el actor uniformado no es relevante en la política y esto es una bendición, como lo fue también el caso Karadima, que evitó que la Iglesia tuviera relevancia en esta crisis de las instituciones”.

RUBEN ANDINO MALDONADO
Publicado en “Punto Final

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