El verdadero prontuario de Cristián Labbé. De ex agente de la Dina a provocador profesional

Por: Erasmo Tauran (La Información es de Sebastián Cáceres )
Fuente: Libre circulación por internet (23.09.11)

Este agente, es hoy un connotado político de derecha que ha llegado a ocupar una de las alcaldías mas poderosas de Santiago como lo es Providencia. Inmediatamente después del golpe de estado de 1973, Cristian Labbé se puso inmediatamente a disposición de los aparatos represivos de la dictadura y es así como llego a Las Rocas de Santo Domingo y durante los primeros meses de 1974 era uno de los instructores de los nuevos agentes que estaban siendo reclutados para la Dina. Posteriormente fue visto en los Centros de tortura conocidos como “La venda sexy”, Londres 38, y Villa Grimaldi, mirando con orgullo a sus ex alumnos y reforzando a otros en algunas materias.

Cristian Labbé, posteriormente paso a hacerse cargo de la seguridad de Manuel Contreras, para luego ser reemplazado por Juan Morales Salgado.

Miercoles 26 de Diciembre 2001 Primera Linea

Ex agente identifica al alcalde Labbé y a Krassnoff como instructores de la DINA

Hasta ahora el edil de Providencia sólo ha reconocido su adscripción al organismo que creó Manuel Contreras en su calidad de encargado de la seguridad personal del general (r) Augusto Pinochet, pero este es el primer nexo judicial con “sus otras misiones” en el organismo represivo. Revelador testimonio incluye detalles de actividad represiva en Villa Grimaldi y Londres 38.

“De los profesores recuerdo a Miguel Krassnoff y Cristián Labbé”, afirma el ex agente de la DINA Samuel Enrique Fuenzalida Devia al relatar su traslado a Tejas Verdes, donde Manuel Contreras le dijo que “debían estar orgullosos de pertenecer” a ese organismo represivo.

El escrito anexado en el caso Tejas Verdes que tramita el ministro de fuero Hernán Matus, de la Corte de Apelaciones de San Miguel, detalla la estadía del conscripto y luego agente de los servicios de inteligencia que deambuló por dos años en Villa Grimaldi y Londres 38.

En la declaración judicial -realizada en el marco del caso Chanfreau- Fuenzalida señala que fue llamado al servicio militar en marzo de 1973, “siendo destinado al Regimiento Reforzado Motorizado número 15 de Calama. Allí me encontraba al momento de producirse el Golpe de Estado cuando aproximadamente en diciembre de ese año el comandante de la compañía, mayor Langer, indicó que debido a mis méritos yo había sido premiado con una estadía en la costa de la zona central”.

Le entregaron un documento que parecía una circular a nivel nacional que también recibieron otros miembros del Ejército, donde se reiteraba que debido a su calidad eran asignados al Regimiento Número dos de Ingenieros de Tejas Verdes.

“De allí fuimos trasladados a las Rocas de Santo Domingo, a un sitio donde había unas casas de veraneo. En este lugar tuvimos una visita del coronel Manuel Contreras, a quien lo acompañaban dos personas. El nos preguntó si conocíamos a qué veníamos y acerca del documento que habíamos firmado, aclarándonos que la verdad era que a partir de ese momento pasábamos a integrar la naciente DINA y debíamos estar orgullosos de ello, ya que se debía a nuestros méritos personales”, señala el agente.

“La instrucción de este lugar duró un lapso relativamente corto, no recuerdo extensión precisa. Se nos enseñó educación física, combate cuerpo a cuerpo, guerrillas, contrainteligencia, inteligencia, por parte de profesores dentro de los cuales recuerdo a la funcionaria de Carabineros Ingrid Olderock, Miguel Krassnoff, Cristián Labbé, Gerardo Ernesto Ulrich, Manuel Andrés Carevic y otros”.

El ahora alcalde de Providencia Cristián Labbé ha reconocido públicamente su participación en la DINA entre 1973 y 1975. De hecho, ha declarado a la prensa que “no es ninguna novedad que yo haya sido el principal encargado de la seguridad del general Augusto Pinochet y, justamente, esa función la tenía que desempeñar un miembro de la DINA”.

Sin embargo, el coronel en retiro y ex ministro secretario general de gobierno durante 1989 se ha excusado de hablar de “cualquier otra misión” que haya desempeñado durante su permanencia en el servicio de inteligencia. Menos aún se ha referido a su rol de maestro de muchos agentes que luego pasarían a formar la lista de los más célebres violadores a los derechos humanos.

De acuerdo al relato del ex agente Fuenzalida, cerca de 600 efectivos, entre ellos miembros de las tres ramas castrenses además de Carabineros, aprendieron las nuevas tácticas y fueron distribuidos en la Brigada de Inteligencia Metropolitana (BIM) y la Brigada de Inteligencia Provincial (BIA). Tiempo después, el conscripto supo de la presencia de civiles que se enrolaron voluntariamente en la Dirección.

A fines de enero de 1974, Fuenzalida fue enviado a su nueva destinación en la Rinconada de Maipú, fundo de experimentación de la Universidad de Chile. En esa época ya era integrante de la BIM y disfrutaba de los privilegios de pertenecer a la brigada más temida, pues de ella dependían los subgrupos que emprendían con mayor fuerza la represión.

Bajo el mando del teniente coronel de Ejército Manuel Manríquez y con una plana mayor a cargo de los suboficiales Matamala, Caballero, Barrales y los soldados Avalos de la FACH y Letelier del Ejército, Fuenzalida fue trasladado hasta Londres 38.

“Yo era operativo”

La constante entre los violadores a los derechos humanos que participaron en servicios represivos es su negativa a reconocer que fueron operativos. Esta calidad los inculpa directamente en las detenciones, sesiones de tortura y vigilancia de los prisioneros. De ahí que, por extraño que parezca, la DINA casi no tuvo operativos -al menos según ellos-, y la mayoría de sus integrantes se confiesa como guardias o funcionarios de escritorio que anotaban nombres que olvidaban con una rapidez increíble.

Esta es la diferencia fundamental que marca a Fuenzalida, pues él admite que presenció torturas, convivió con los prisioneros y describe detalles de la vida en un campo de prisioneros, pese a que no reconoce haber participado en ningún delito.

“Siempre en el primer piso en el pasillo, y bajo una de las escalas, había un pequeño cubículo donde se mantenía a los prisioneros. En los salones de la planta baja, a la que se accedía bajando un par de peldaños, se mantenía a la gente detenida, en número siempre alto. La gente se mantenía sentada, mucha de ella apoyada en los muros, con la vista vendada pero los pies libres. En la misma posición debían dormir”, indica su testimonio.

Pero el detalle de la estructura del cuartel continúa: “En la planta del segundo piso funcionaban las diferentes brigadas, la Caupolicán a la que yo pertenecía ocupaba la sala del área norte, que daba a un hotel, El Princesa. En las otras salas funcionaban las otras brigadas o grupos: Puma, Tigre, Lautaro, Aguila, Purén y Tucán”.

Durante su permanencia en el lugar, la jefatura rotaba de acuerdo a la brigada que estaba de turno. “Dentro de estos jefes recuerdo a Ulrich, Marcelo Moren Brito, el teniente Ricardo Lawrence, Ciro Torres, Manuel Castillo (de la Artillería, pero que estuvo muy poco tiempo en Londres 38), Miguel Krassnoff Marchenko, entre otros”.

Caupolicán, Pincetti y las torturas

Fuenzalida admite que vio una serie de torturas en Londres 38, pero entre ellas recuerda con mayor fuerza el caso de una mujer que conoció sólo con el nombre de Valeria, y que se encontraba sobre una mesa quirúrgica acompañada de Ciro Torres y el “doctor Mortis”, Osvaldo Pincetti.

“Torres dirigía la acción de unos tres o cuatro agentes que le aplicaban corriente a la mujer en el cuerpo, ella gritaba y le preguntaban por un tal Antonio o Marco Antonio (…) después supe que Pincetti le había aplicado una inyección de pentotal, lo que comentaron otros agentes cuando volví a verla al cabo de unos días en una de las dependencias en el entrepiso donde se torturaba. Ella estaba muy mal físicamente, muy maltratada e inconsciente, no hablaba. Ahí supe que estaba a poco de morir, a mi parecer”, comentó.

El relato del ex agente que hoy vive en el extranjero añade antecedentes comunes entre los escasos sobrevivientes de Londres 38. “Los detenidos permanecían con la vista vendada, sin condiciones de aseo, alimentación suficiente, sin camas para dormir y eran sometidos a interrogatorios por los distintos grupos de la DINA, en los cuales le aplicaban corriente, especialmente en los órganos genitales y senos, en el caso de las mujeres; también eran quemados con cigarrillos, golpeados, lo cual me consta por haber presenciado algunas de esas sesiones”.

En su testimonio establece que existía permanente contacto entre los distintos centros de reclusión, hecho que queda de manifiesto al recordar que los camiones de la pesquera Arauco eran los que trasladaban a los detenidos a Londres 38 y que los mismos se usaban para llevar prisioneros hasta Tejas Verdes.

“La pesquera Arauco no sé dónde tenía su asiento, pero estos vehículos estaban siempre en San Antonio y tengo entendido que formaban parte de una brigada que funcionaba en la ciudad indicada, a cuyo mando estaba el mayor Jara del Ejército, del arma de ingeniería, quien era una persona muy cercana al jefe máximo de la DINA, Manuel Contreras, según me contó el cabo Manuel Delgado del cuartel Terranova (Villa Grimaldi)”.

La tortura como doctrina

Arrepentido, el ex agente confiesa cómo terminaban sus días los detenidos. “Ellos eran entregados a los camiones por el comandante que estaba de guardia en esos momentos en Londres 38. Eran trasladados con la vista vendada y los pies libres. Los destinos de los cuales se hablaba eran los siguientes: Puerto Montt, que después supe significa muerte en tierra, y Moneda, muerte en mar”.

“Con relación a ello, recuerdo que en 1975 un paracaidista, cuyo nombre no recuerdo pero que fue conocido incluso por los presos, contó que mataba a los detenidos abriéndoles el tórax y tirándolos al mar; esto me lo contó en el cuartel Terranova y fue después detenido por hablar mucho. El paracaidista era de Peldehue, pero había estado cumpliendo funciones en el Diego Portales”, añade el agente.

Fuenzalida niega tener antecedentes sobre cadáveres enterrados en Colina, Peñalolén y Peldehue, pero en cambio supo que se asesinó a detenidos en el Cajón del Maipo, en la casa de piedra, donde años más tarde aparecieron cuerpos flotando en el río.

La declaración es una de las piezas claves en la investigación del ministro Matus, quien en primera instancia se declaró incompetente de conocer la causa, pero más tarde -una vez que el ministro de fuero Juan Guzmán Tapia revisó los antecedentes y se los devolvió- optó por conocerla.

Sin embargo, la indagación que realiza el magistrado será sólo en una fase preliminar a fin de no intervenir en las pesquisas que realiza el ministro Guzmán, quien cuenta con el fuero para conocer las causas que implican a Augusto Pinochet.

Independiente de ello, los querellantes en el caso cifran sus esperanzas en que el juez especial avanzará preliminarmente en definir las jerarquías y nexos de Tejas Verdes y los centros de reclusión de la DINA. Con ello, se avanzará en uno de los procesos que implica más directamente a Manuel Contreras y otros agentes

23 de Diciembre 2003 La Nacion

Alcalde Labbé interrogado por crímenes como ex agente DINA y boina negra

En calidad de inculpado por los crímenes cometidos después del golpe militar en contra de los prisioneros políticos en el campo de concentración de Tejas Verdes en San Antonio y en la localidad de Liquiñe, en la precordillera de Valdivia, el ministro de fuero Alejandro Solís interrogó ayer al ex agente de la DINA y actual alcalde de la comuna de Providencia Cristián Labbé.

Labbé fue instructor de la DINA cuando esta organización criminal, declarada así ya en varias resoluciones de los tribunales chilenos, se comenzó a formar a partir de noviembre de 1973 en el balneario de Rocas de Santo Domingo, cercano a lo que fue el campo de prisioneros de Tejas Verdes. Desde este lugar desaparecieron decenas de detenidos. En ese entonces el jefe de zona en la provincia de San Antonio era el coronel Manuel Contreras Sepúlveda, quien luego fue el director de la DINA.

Por otra parte, Labbé fue también por aquel tiempo integrante de los boinas negras de la Escuela de Paracaidistas, destacamento que en los días inmediatamente posteriores al 11 de septiembre de 1973, al mando del entonces teniente coronel Alejandro Medina Lois (actual general retirado), participó en la represión contra los campesinos del Complejo Maderero Panguipulli en la precordillera de la X Región.

Entre esos operativos, estas fuerzas, en conjunto con destacamentos de regimientos de Valdivia y civiles de la zona, detuvieron el 10 de octubre de 1973 a 15 campesinos de los fundos Trafún, Paimún y Carranco de ese complejo. En horas de la noche los 15 campesinos fueron asesinados sobre el puente del río Toltén y sus cuerpos arrojados a las aguas. Hasta hoy estos campesinos se encuentran desaparecidos.

La pertenencia de Labbé a la DINA quedó al descubierto cuando en su edición del 15 de junio de 1999, La Nación publicó documentos originales de la DINA de carácter “secreto”. Uno de ellos, el oficio Nº4380 del 2 de diciembre de 1974 firmado por Manuel Contreras, pide pasaporte a la cancillería para “personal de DINA”, entre los que incluye a Labbé. Reaccionando entonces a esta publicación, Labbé acusó a La Nación de “revanchista”, pero reconoció haber sido agente DINA. “Efectivamente, pertenecí a la DINA y fui el primer responsable de la seguridad del Presidente Augusto Pinochet”, dijo el actual alcalde.

Ahora el ministro Solís debe decidir si somete o no a proceso a Labbé por su eventual participación los crímenes referidos. Hace algún tiempo Labbé sacó el busto del poeta Juan Guzmán Cruchaga (padre del ministro de fuero Juan Guzmán Tapia) de una céntrica plaza en Providencia, y a pesar de las protestas del juez Guzmán, lo cambió por otro de la fallecida princesa de Mónaco Grace Kelly.

12 de Octubre 2004 La Nacion

La prueba contra Labbé

Aunque el alcalde de Providencia, coronel (r) Cristián Labbé Galilea, amenazó al intendente de la Región Metropolitana, Marcelo Trivelli, con una querella por injurias y calumnias porque la autoridad regional lo acusó de haber sido agente de la DINA y de haber sido parte de una dictadura que cometió crímenes de lesa humanidad, en la práctica el escrito aún no arriba a los tribunales.

La nacion.cl entrega a continuación el documento que da prueba de que el coronel (R) Labbé sí fue un agente de la DINA: un escrito firmado por el propio jefe de ese organismo, el entonces coronel Manuel Contreras Sepúlveda, donde pide a la Cancillería un pasaporte para Labbé como agente DINA.

Pero la historia de Labbé en la DINA no fue sólo esa misteriosa “comisión de servicio” a la que Contreras lo envió en 1974 junto a otros tres individuos. Más aún, Labbé fue de la elite de la DINA como instructor de los agentes que iban siendo seleccionados ya desde fines de 1973, en Rocas de Santo Domingo en la Quinta Región.

Allí se comenzaron a impartir las primeras instrucciones para violar los derechos humanos y la comisión de los múltiples delitos por parte de jefes y subordinados. El nombre de Labbé como instructor DINA en Rocas de Santo Domingo fue entregado a algunos jueces que instruyen causas de derechos humanos por algunos ex agentes, como fue el caso de Samuel Fuenzalida Devia, declaración de la cual nuestro diario tiene copia.

25 de enero 2005 El Mercurio

Cristián Labbé fue careado con ex detenidos en Tejas Verdes

El alcalde de Providencia, Cristián Labbé, concurrió a mediodía al Palacio de Tribunales para ser careado con cinco ex detenidos de Tejas Verdes, que le señalaron haberlo visto en ese recinto junto al ex director de la DINA Manuel Contreras Sepúlveda. La diligencia fue ordenada por ministra Carmen Garay. A su llegada Labbé señaló que las imputaciones en su contra son “una pura falsedad”. Reiteró que estuvo en Tejas Verdes durante sólo algunos días y que su misión ahí fue impartir clases de educación física a los efectivos militares. “Aunque no se note ahora porque está un poco aportillada la carrocería”, bromeó. Labbé señaló que “no habían detenidos donde yo estaba, se lo puedo asegurar”.

También dijo sentirse “orgulloso” de haber sido oficial de Ejército y agregó estar disponible para todas las diligencias que se requieran practicar por la justicia. Sin embargo, lanzó una defensa de los militares investigados por violaciones a los derechos humanos: “Estamos a 30 años y todavía seguimos con la misma historia. Comparto la desesperanza de mis amigos militares que ven que la justicia no existe para ellos”, dijo refiriéndose al suicidio del coronel (r) Germán Barriga.

20 de Agosto 2006 La Nación

“Yo fui torturado por Labbé”

Para el 11 de septiembre de 1973, el oficial de la marina mercante Anatolio Zárate se desempeñaba como presidente y jefe de flota de la estatizada pesquera Arauco en San Antonio. Como tal, representaba al Presidente Salvador Allende en el directorio de la empresa. Además, Zárate era militante del Partido Socialista, hijo de un connotado ginecólogo y amigo personal de Allende. Su hermano era ahijado del Presidente. Motivos suficientes para encabezar la lista de los más buscados en el puerto.

El día del golpe de Estado fue detenido en su casa de calle Luis Alberto Araya de San Antonio por un oficial de reserva del Ejército y un grupo de conscriptos. Los militares allanaron la residencia, lo interrogaron por casi dos horas y le comunicaron que estaba bajo arresto domiciliario. Nueve días después, el 20 de septiembre de 1973, fue enviado al Regimiento de Ingenieros Militares de Tejas Verdes, donde permaneció detenido hasta el 30 de octubre, acusado –al igual que muchos- de participar en el falso Plan Z.

En ese recinto comenzó su calvario. En diciembre de 2004, Zárate prestó declaración ante el juez Alejandro Solís en el marco de la investigación por la querella presentada por las víctimas de Tejas Verdes.

“Al llegar al regimiento me tuvieron con la frente apoyada en un muro, las manos atadas a la espalda y las piernas separadas desde las diez de la mañana hasta las siete y media de la tarde, aproximadamente. Después (…) me llevan al campamento de prisioneros, lugar donde permanezco 15 días a la intemperie, durmiendo al aire libre”.

Días después hicieron dormir a los prisioneros en mediaguas construidas por ellos mismos. En ese período, Zárate asegura haber visto al regidor y presidente de la CUT de San Antonio, Luis Norambuena, y Ceferino Santis, dirigente del PS de la ciudad, que actualmente figuran como detenidos desaparecidos.

En la declaración de 2004 que dio Zárate, uno de los últimos en ser llamado a testificar ante Solís, relata los vejámenes que escuchó y los apremios a que fue sometido: “Nos hacían esperar debajo de la sala de torturas, donde escuchábamos los gritos de los torturados, los gritos de las mujeres que pedían que no las violaran. En la sala de tortura me aplicaban electricidad, sufrí colgamientos, golpes de pies y manos y el submarino de excremento”.

También nombró a otros ex detenidos de San Antonio, entre ellos Ana Becerra, Mariela Bacciarini y Luis Sepúlveda. Además, Zárate declaró ante Solís que en su último interrogatorio logró ver a “un teniente que era uno de los principales torturadores; era alto, macizo, rubio, pecoso, pelo liso, muy salvaje y sé que se llamaba teniente Labbé, no sé su nombre de pila”.

Al año siguiente el ex presidente de Pesquera Arauco se querelló contra Cristián Labbé, Manuel Contreras y otros militares. En dicha presentación detalló que cuando hablaba del “teniente Labbé” se refería a Cristián Labbé Galilea.

El sumario de Tejas Verdes aun permanece abierto. Hay varios procesados, entre ellos el mayor (R) de Ejército Mario Jara Seguel, el ex prefecto de Investigaciones Nelson Patricio Valdés y el doctor Vittorio Orvietto Teplizky, identificados por Zárate como las personas que lo torturaron.

Sin embargo, el juez de la causa no ha estimado pieza suficiente de convicción la declaración de Zarate de 2004 para procesar, hasta la fecha, al alcalde de Providencia. Fuentes cercanas a tribunales aseguran que Solís no ha seguido con esa línea investigativa puesto que los abogados querellantes hasta ahora no habían entregado nuevos antecedentes ni solicitado otras diligencias.

El viernes pasado la abogada de Anatolio Zárate, Alejandra Arriaza, entregó al tribunal una declaración jurada de su cliente, agregando antecedentes que sindicarían al coronel (R) Cristián Labbé Galilea como uno de los presentes mientras lo torturaban.

“Nos parece fundamental que se determine la responsabilidad de Labbé ya que hay más de un testigo que reconoce haberlo visto en Tejas Verdes. La motivación del señor Zárate para entregar este nuevo testimonio judicial es la búsqueda de la verdad y ratificar sus dichos para que se acelere la investigación de su querella”, dice Arriaza.

Anatolio Zárate vive en un departamento ubicado en Providencia, muy cerca del municipio que dirige Labbé. Hoy asegura que en una de las sesiones de tortura a las que fue sometido lo reconoció claramente: “Era el teniente Labbé que hoy es la misma persona que es el alcalde (…) Yo fui torturado por Labbé. Desde el momento que él estaba en la sala de tortura, independiente si ponía o no la corriente, él participó”. Cuenta que en dicha ocasión lo tenían con las manos amarradas tras la espalda, colgando de una cuerda en la posición de tortura conocida como “la palomita”. Se encontraba en el subterráneo de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes. Señala que le aplicaron golpes de electricidad: “Me ponían corriente alternada en los pezones, en el ano, en los testículos. Uno se movía mucho o sentía que se movía mucho. Cuando a uno le ponen corriente uno siente que es una llamarada que le sale desde dentro de la cabeza”.

A continuación relata que después de desnudarlo le habían colocado una gruesa capucha que no dejaba entrar ni siquiera la luz eléctrica de la habitación ni le permitía respirar. El interrogador se dio cuenta que estaba en malas condiciones. “Llamó al doctor y éste me auscultó. El facultativo le ordenó a una enfermera que me soltara la capucha porque me estaba asfixiando. Ahí sentí que me entró más aire”, dice a LND.

En su nuevo testimonio judicial agrega que escuchaba a sus torturadores murmurar, excepto cuando le hacían preguntas: “Sólo las preguntas claras, como dónde está el arma o qué hiciste, eran fuertes”.

Los golpes de corriente se sucedían vertiginosamente. Su cuerpo se contorneaba hasta que la cuerda que lo sostenía se cortó y Zárate cayó de bruces al piso. “Instintivamente di vuelta la cara y veo al doctor [Vittorio] Orvietto y a una enfermera rubia de la Cruz Roja. Entonces doy vuelta la cara hacia el otro lado y veo al capitán Mario Jara, al teniente Cristián Labbé y a [Nelson Patricio] Valdés [de la Policía de Investigaciones]. Estaban mirando así, como que no les importaba nada que yo me hubiera golpeado brutalmente contra el suelo. Entonces viene un tipo de atrás que no supe quién fue y, ¡tap!, me dio un tacazo en la columna. Ahí me quebraron una vértebra. Después del golpe en la espalda me volvieron a colgar y siguieron las torturas”, se lee en la declaración jurada.

El dolor fue insoportable y la fractura marcó su destino. Debido a la gravedad de las lesiones, el 30 de octubre de 1973 fue enviado al hospital de San Antonio, donde llegó con peligro de muerte. “Pese a que la ficha clínica dice que fui trasladado al Hospital San Juan de Dios, una completa mentira”, añade a LND visiblemente afectado por los recuerdos.

Nunca más volvió a pisar Tejas Verdes. Hasta esta semana, cuando lo acompañamos a ese lugar donde se enfrentó con su pasado.

Lo esperaban algunos de sus ex compañeros en el campo de concentración de Tejas Verdes. No se veían desde esos ingratos días. “Tengo sentimientos encontrados”, dijo Zárate momentos antes de bajar del automóvil y encontrarse con los integrantes del Comité de Derechos Humanos de San Antonio. Luis Sepúlveda, presidente del organismo, lo reconoció de inmediato. Se dieron un fuerte abrazo. Un poco más atrás estaba Ana Becerra, detenida cuando tenía sólo 17 años. A Anatolio le costó reconocerla: ahora ella tiene algunos años más.

“Soy Ana Becerra”, le dice.

“Mi padre me contó que la había traído al mundo a ella y a sus hermanos”, responde Zárate mientras la abraza.

Aparece un tercer ex detenido. Se trata de Luis Barrera. En una ocasión se encontraron en la enfermería de la Cárcel Pública de San Antonio.

Según Zárate, ahí fue derivado tras la fractura de su columna. Los constantes traslados se debieron a que, a los pocos días de ser internado en San Antonio, llegaron médicos de la ONU. “Los doctores se fueron satisfechos, ya que comprobaron mi estado de salud. Pero a mí de inmediato me trasladaron a la Cárcel Pública de Santiago, donde me mantuvieron escondido durante mucho tiempo”.

Mientras los ex detenidos están parados sobre el puente que da al campo de concentración, los recuerdos comienzan a aflorar. “Ahí estaban las mediaguas, y los baños, allá”, comentan en el preciso instante que un grupo de conscriptos realiza ejercicios de guerra en el recinto.

Más tarde, el grupo visitó el Cuartel Rocas de Santo Domingo, ubicado a pocos kilómetros y desde donde desaparecieron decenas de presos políticos. Es el único lugar que Cristián Labbé reconoce haber pisado.

En varias ocasiones, Cristián Labbé ha declarado por el caso Tejas Verdes. En su declaración del 22 de diciembre de 2003 ante Solís negó haber estado allí.

El 2005 fue llamado a declarar nuevamente. Reiteró que nunca visitó el centro de detención.

Este medio accedió al testimonio de Raúl Humberto Quilodrán Alcayaga, prisionero en Tejas Verdes y querellante en la misma causa que sustancia Alejandro Solís, que lo contradice. En su declaración del 14 de enero de 2005 señala: “El 11 de Enero [de 1974] nos sacan de la celda y nos forman en el patio y un señor con voz enérgica nos dice: ‘Por órdenes superiores, a contar de este momento quedarán en libre plática’, y ordena que nos saquen la venda.

Es así como los soldados nos quitan la venda y logro ver que la persona que se dirigió a nosotros era Manuel Contreras Sepúlveda y al lado de él, para ser más exacto, al lado izquierdo de Contreras, se encontraba Cristián Labbé y varios funcionarios más, todos vestían uniformes. De eso estoy seguro porque son rostros inolvidables para mí por la situación que estaba viviendo”.

Aunque han transcurrido más de tres décadas de ese capítulo, Quilodrán recuerda el hecho como si fuera hoy. Consultado por este medio recordó que el encuentro con Labbé relatado en su declaración tuvo sentido años más tarde un día frente a la televisión: “Estaba en una campaña política y al verlo no me cupo duda. Estaba un poco más viejo, pero sus facciones, como el lunar en la cara, son inconfundibles. Estoy seguro que la persona que vi es el actual alcalde de Providencia, el señor Cristián Labbé, que estaba al lado de Contreras. En Tejas Verdes los dos parecían muy cercanos. No portaban las armas. Dos soldados rasos a su lado eran los que se encargaban de eso”.

En su declaración por el caso Tejas Verdes del 22 de diciembre de 2003, Labbé señaló que estuvo en el Cuartel Rocas de Santo Domingo para hacer clases de educación física. “Pero sólo permanecí dos o tres días (…) Luego de este período fui nuevamente enviado a Santiago, para hacerme cargo de la seguridad del Presidente Pinochet”.

Su aseveración es retrucada por Samuel Fuenzalida Devia, ex agente de la DINA y uno de sus “alumnos” en Santo Domingo. Fuenzalida ha sido uno de los principales testigos en causas que comprometen a la organización que dirigía el general (R) Manuel Contreras. En octubre de 1976 huyó a Francia, desde donde comenzó a colaborar con la justicia. Afirma que los dichos de Labbé no son verídicos. “Él estuvo bastante tiempo más [en Rocas de Santo Domingo].

Éramos cerca de 600 alumnos de la DINA. Mi instrucción fue en diciembre de 1973 y duró unas tres semanas”.

Fuenzalida dice que el trabajo de Labbé no se limitaba a las clases de educación física. Algo negado por el alcalde cuando fue careado con él. “El curso que me dictó era de inteligencia: cómo registrar, cómo seguir y reducir a una persona. En este trabajo funcionaba de la mano y coordinado con Miguel Krassnoff e Ingrid Olderock. Todos usaban el mismo manual que presentó Krassnoff en su defensa”, dice Fuenzalida.

Se refiere a la argumentación del abogado de Krassnoff, Luis Valentín Ferrada, cuando presentó en 2004 estos manuales ante la justicia para probar que su cliente recibía órdenes del Ejército y que las torturas no fueron excesos individuales, sino una política de Estado. Ferrada entregó 19 documentos originales y mostró varios dibujos que explicitan el trato a los prisioneros y técnicas de tortura.

Fuenzalida recuerda que algunos de sus compañeros de generación en Rocas de Santo Domingo, durante diciembre de 1973, fueron Basclay Zapata, Luis Torres Méndez, Luis Pampillioni, Luis Escobar, Raúl Toro Montes, Luis Espinace y Luis Gordillo, todos agentes de la DINA, que después fueron destinados a centros de tortura como La Venda Sexy, Londres 38 y Villa Grimaldi. Algunos de ellos se hicieron célebres por el nivel de crueldad que alcanzaron.

“Labbé visitaba constantemente los centros de la DINA durante 1974”, dice Fuenzalida. “Lo vi en Marcoleta 90, el cuartel general, en Villa Grimaldi y en Londres 38”. No lo vio entrar a sesiones de tortura debido a que generalmente él estaba en la puerta. Agrega que Labbé pasaba directamente a las oficinas de las autoridades de cada uno de esos lugares.

Otro ex agente de la DINA, a condición de resguardar su identidad, afirma que recibió instrucción de Labbé y que éste permaneció al menos entre uno y dos meses en Rocas de Santo Domingo. En su caso, las clases fueron sólo de educación física.

Después de tantos años, el lugar donde Krassnoff y Labbé hicieron clases parece abandonado. El grupo de ex detenidos está expectante. Desde afuera se ve el conjunto de cabañas “A” que antes del golpe servía de centro de veraneo para los trabajadores de la CUT. Más tarde se transformó en uno de los más cruentos centros de tortura de Chile. El recinto sigue perteneciendo al Ejército y hasta hace dos años era utilizado como lugar de esparcimiento para el personal castrense. Dos de las integrantes de la agrupación que acompañan a Zárate en su visita al lugar, Ana Becerra y Teresa Soto, fueron torturadas ahí. “Pídeme que te hable de las torturas de Tejas Verdes, pero no en las Rocas de Santo Domingo. Es demasiado duro”, dice Becerra.

Las puertas de las cabañas están abiertas. Ana y Teresa se cuelan hacia el interior. Antes de ingresar, Ana dice: “Recuerdo que aquí estaban los camarotes”. Y ahí están todavía. Se acuesta sobre una cama. Le parece estar sobre el mismo somier. Lo recuerda bien porque durante un mes estuvo casi siempre tendida ahí. Teresa se sienta en una silla. Por la altura y ancho del respaldo, la siente como su silla de tortura. Extrañamente, tiene un hermoso tallado del rostro de Cristo.

25 de Febrero 2008 La Nacion

De la DINA a La Rioja, pasando por Providencia

“Un ponente muy singular”. Así calificó el diario español “El País” el más prestigioso del mundo en lengua española al alcalde de Providencia, Cristián Labbé, quien el 5 de febrero asistió como exponente a unas jornadas sobre innovación y cambio cultural organizadas por el Gobierno conservador de la Comunidad Autónoma (región) de La Rioja.

Claro que lo que llamó la atención en el viejo continente no fueron las ideas de Labbé sobre administración municipal, sino su pasado ligado a las violaciones de los derechos humanos.

“Labbé no sólo ha sido coronel de la DINA, enjuiciado por casos de torturas y reconocido por algunos de los detenidos en Tejas Verdes. El ex prisionero Anatolio Zárate, miembro del Partido Socialista, acusó directamente a Labbé de haberle torturado. Labbé también fue acusado de estar presente en el centro de tortura Rocas de Santo Domingo.

Prisioneros de aquel centro le reconocieron e incluso un ex agente de la DINA testificó que su presencia era habitual en 1974″, señala el reportaje, titulado “De la DINA a La Rioja”, y que destaca que el edil fue absuelto, al considerar el juez que la enseñanza de los métodos de tortura no es un delito.

“Nadie, ni Gobierno ni oposición, reparó en los antecedentes del actual alcalde de la Unión Demócrata Independiente. El Gobierno riojano rebajó la intensidad del acontecimiento, pero siguió adelante con las jornadas, olvidando el pasado del principal ponente”, se lamenta el periódico, que recuerda también que el ex militar fue jefe de seguridad de Augusto Pinochet y mano derecha del reo Manuel Contreras.

17 de Agosto 2010

La Nación

Alcalde Labbé declaró como inculpado por Operación Colombo

Declaración del coronel (r) ante la jueza Raquel Lermanda fue solicitada por el Programa de Derechos Humanos del ministerio del Interior, en el marco de las diligencias requeridas en este caso de DDHH.

Por más de una hora la jueza Raquel Lermanda interrogó al alcalde de Providencia, Cristián Labbé Galilea, en el marco de la investigación por los crímenes cometidos durante la denominada Operación Colombo.

De acuedo a lo informado por fuentes judiciales, el coronel (r) declaró en calidad de inculpado, vale decir “exhortado a decir la verdad”.

La magistrada que reemplaza al ministro Víctor Montiglio, ya había tomado declaración al hermano del edil, Alberto Labbé Galilea, actualmente embajador de Chile en Panamá, por el mismo proceso.

El alcalde de Providencia llegó a tribunales para cumplir la diligencia, acompañado del abogado Christian Espejo.

Al salir, el coronel en retiro del Ejército se manifestó molesto porque la citación fue solicitada por el Programa de Derechos Humanos del ministerio del Interior, en el marco de las diligencias requeridas en esta investigación.

“Los terroristas son santas palomas que se han transformado en intelectuales. Los ayudistas pueden llegar a ser Presidentes de la República y nosotros los militares todavía estamos en el banquillo de los acusados. Los militares no aguantamos más, créanme, si esto no puede ser, no podemos vivir en paz”, indicó.

Mediante la Operación Colombo, que fue parte de la Operación Cóndor, la dictadura de Augusto Pinochet asesinó e hizo desaparecer a 119 militantes de izquierda, haciendo creer que los detenidos desaparecidos no existían y sus muertes fueron atribuidas a rencillas políticas internas.

18 de Agosto 2010

Radio Universidad de Chile

Alcalde de Providencia y militar en retiro critica su comparecencia por Operación Colombo. La jueza Raquel Lermanda interrogó en calidad de inculpado a Cristián Labbé, coronel (r) del Ejército y alcalde de Providencia en el marco de la investigación de la Operación Colombo.

El jefe comunal, al momento de retirarse del juzgado, manifestó sus molestia diciendo que los militares “no podemos vivir tranquilos”.

En este sentido el militar en retiro dijo que “los terroristas son santas palomas que se han transformado en intelectuales, los ayudistas pueden llegar a ser Presidentes de la República y nosotros, los militares, todavía estamos en el banquillo de los acusados”.

Labbé fue interrogatorio a petición de los abogados del programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior por su paso por el regimiento Tejas Verdes.

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