Esta CUT no hará ‘huesos viejos’ ni pasará a la Historia del sindicalismo

Por: Arturo Alejandro Martínez
Fuente: http://www.elclarin.cl (13.07.11)

La Derecha ama la puesta en escena de “los testigos sin rostros” en nuestro inefable sistema judicial porque ella misma esconde su cara ante la ciudadanía. Siempre opta por sacar las castañas del fuego con la mano del gato. En política, esa ‘mano y ese gato’ no son sino las Fuerzas Armadas, el gobierno de los Estados Unidos y un montón de desquiciados delincuentes que los dueños del capital contratan para volar oleoductos y puentes, como ocurrió en el duro período 1970-73.

Un ejemplo: la actual Central Unitaria de Trabajadores -CUT- ha sido dirigida desde hace más de dos décadas por un grupo de adictos al poder, o a las migajas que de ese poder escapen mesa abajo. Con no poca habilidad sus máximos dirigentes han embaucado a las masas trabajadoras con el cuento de “la lucha del obrero contra la injusticia patronal”, sin mayores consecuencias. Por el contrario, hoy es posible corroborar la calidad de obsecuentes serviles que distingue a tales directivos, para alegría del empresariado expoliador y sus representantes en el gobierno.

Lo que digo es que enriquecidos financistas y bolicheros que circulan por Casa Piedra aseguran poseer “ayudistas anónimos” en la CUT, los cuales trabajan inocente y torpemente en beneficio del gran capital. No me trapico al susurrar que Arturo Martínez pueda ser uno de ellos: no soy el único que piensa que carece de capacidad y de entendimiento para administrar la que fuera alguna vez una gran organización de los trabajadores. El miedo a la libertad ha alcanzado su expresión máxima en nuestro país, no solo en algunas tiendas políticas otrora izquierdistas y hoy entregadas a los aromas del aceite neoliberal, sino, también, en la central sindical. Tal vez se arme una trifulca con lo que escribo a continuación, pero me asiste la experiencia del tema y mi participación en estos asuntos, años ha.

A la cabeza de la CUT, Arturo Martínez y sus asesores arriaron banderas que no les pertenecen, -ellas son entregadas por la masa laboral en calidad de préstamo y representación-, dejándole el campo libre al avance de poderosos grupos económicos dispuestos a transformar nuestro país en una especie de far west empresarial donde el más fuerte, léase ‘el más rico’, impone los términos de la convivencia en su propio favor.

Entre 1983-1985 pertenecí a la llamada “mesa de trabajo del Comando Nacional de Trabajadores”, y tuve fuertes encontronazos con Manuel Bustos y con Arturo Martínez por hechos que anunciaban lo que ocurre hoy: que la CUT ya no sería una organización DE los trabajadores y PARA ellos, sino una simple correa de transmisión para el nuevo referente democrático, la Concertación. De esemodo se garantizaba la tranquilidad social y la “gobernabilidad” a quienes sucedieron a Pinochet.

‘Gobierno tranquilo’ en cuanto a que los trabajadores no mosquearan con la sindicalización, la negociación colectiva, la capacitación laboral, la previsión social, la jubilación digna y asuntos de esa índole, ya que para la Concertación lo imperioso era (y siguió siéndolo durante 20 años) la perfecta administración del modelo económico impuesto por la dictadura. Manuel Bustos y Rodolfo Seguel recibieron posteriormente la gratificación de su tienda política -el PDC- por “no mosquear” y obedecer a ultranza las órdenes partidistas (como exigió el año 1983 en Punta de Tralca Andrés Zaldívar): se le entregó a cada uno de ellos una diputación. Manuel Bustos resistió años la presión; logró rearmar la CUT pero, finalmente, también entregó la oreja y ‘disciplinó’ la organización de los trabajadores según la voluntad de su partido político.

Hoy Arturo Martínez cree que su labor de ‘apoyo políticamente correcto’ a la conservación del modelo amerita que también se le entregue un puesto en la Cámara de Diputados. No por nada lleva ya ¿cuántos años?, ¿quince?…a cargo de una CUT que le ha puesto freno a las demandas de los trabajadores, permitiendo con su pasividad que la sindicalización cayese a niveles inimaginables 20 años atrás.

En suma, el sindicalismo prácticamente no existe en Chile. No posee peso específico y ningún sector de la vida nacional -NINGUNO- lo considera medianamente significativo. Y eso es producto exclusivo de la CUT y de sus patrones concertacionistas dóciles a los intereses económicos de la derecha neoliberal. Si esto no es ‘incapacidad’, entonces se trata, simplemente, de ‘traición’ a las bases, a la historia y a las luchas del sindicalismo chileno que tuvo momentos gloriosos con la FOCH, la CTCH, la vieja CUT y el Comando Nacional.

Traición cuyos resultados estructuran un presente negrísimo para los trabajadores. Mucha y turbia agua ha corrido bajo los puentes del sindicalismo desde el año 1987 al día de hoy.

Entre una y otra fecha, Arturo Martínez ha estado siempre presente como directivo de la CUT. Entre una y otra fecha falleció el tripartismo laboral. Entre una y otra fecha se asfixió la historia del sindicalismo, y se ahogó la presión que el mundo del trabajo sabía ponerle a los gobiernos de turno, en beneficio de la dignidad laboral y de mejoras salariales que -se supone a través de Negociaciones Colectivas (hoy en absoluta retirada)- permitían estrechar la brecha económica y mejorar la distribución del ingreso. La actual CUT nunca quiso eso. El otrora vital “tripartismo laboral” (gobierno, empresa, trabajadores) fue cedido a cambio de prebendas personales.

Fue usado como moneda de cambio para acrecentar el propio poder e incrementar algunos privilegios para determinados compañeros dirigentes. De algún modo forman parte de aquellos ‘testigos sin rostros’ que, en este caso y en este asunto, trabajan a favor del explotador y en detrimento del trabajador. Lo que nadie en la CUT puede negar, es que definitivamente la directiva encabezada por Arturo Martínez cedió dócilmente a los requerimientos de la Concertación, bloque político que se jugó a rajatabla en contra de los trabajadores para preservar el modelo económico y tener un puesto en la mesa de las repartijas que atiende, sirve y administra la derecha dura.

Muerto Clotario Blest, muerto el ‘huaso’ Bustos, la CUT deambuló del entreguismo a la nada misma. Eso es lo que hoy representa hoy, la nada misma, gracias a la administración de un pusilánime (admitamos que es eso, y no un traidor) como Arturo Martínez.

Es hora de que nuevas generaciones directivas asuman el mando de las organizaciones laborales para reiniciar la lucha por las conquistas indispensables, oxigenantes y democráticas, que permitan lograr un desarrollo armonioso y la justicia social.

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