Y tú, ¿Cuánto cuestas? Anorexia y Bulimia dentro del Neoliberalismo

Por: Silvia Ramírez Peinado
Fuente: http://www.kaosenlared.net (22.12.10)

Ser más que una imagen ¿Qué entendemos por Anorexia y Bulimia?

Tanto la anorexia como la bulimia nerviosa son trastornos psicosomáticos considerados por la OMS como trastornos mentales y del comportamiento.

Las personas que sufren anorexia sienten un miedo intenso a engordar, aumentar de peso, se preocupan exageradamente por su silueta, lo que les hace desear estar cada vez más delgadas.

La bulimia se caracteriza por episodios de atracones. La cantidad de comida ingerida en estos momentos suele ser de alto índice calórico, consumida en periodos de tiempo muy cortos y en grandes cantidades.

Ambas enfermedades, como consecuencia, van acompañadas de una sintomatología, conductas anómalas del control de la dieta y la figura. Los síntomas están relacionados con práctica de atracones, conductas purgativas (vómitos, laxantes, diuréticos etc) con restricciones alimentarias estrictas a fin de compensar los excesos.

Las estadísticas están claras, al menos 1 de cada 100 personas sufren estos trastornos o relacionados. Y el peso se carga en las mujeres; en cuanto a las proporciones, 9 mujeres por cada hombre. Los cuadros de trastornos alimentarios se suelen presentar entre los 13 y 16 años, pero cada vez más se encuentran en edades inferiores. Por supuesto también en edad adulta.

Distorsión de la Imagen

El cuerpo es algo objetivo, medible de forma precisa, dentro de sus límites; pero la imagen corporal es la parte subjetiva de nuestro físico y no es necesariamente consistente con la concepción real de nuestro cuerpo. Es la percepción que tenemos de él y varía aunque el cuerpo se mantenga intacto. Tanto la bulimia como la anorexia se caracterizan por una elevada alteración de la percepción de la imagen corporal.
¿De qué depende nuestra percepción de la imagen corporal?
Depende de las actitudes y valoraciones que el individuo presenta de su cuerpo en base a: Aspectos perceptivos: por ejemplo cuando nos miramos en un espejo, de la precisión de tamaño, peso, forma. De aspectos cognitivos-afectivos: el estado de ánimo, los sentimientos, emociones, actitudes, lo aprendido, etc, incorporan en la imagen corporal experiencias de placer, rabia, dolor, impotencia…
Pero sobretodo, la percepción viene determinada por aspectos socioculturales que son los que imponen los cánones de belleza. Nuestra sociedad occidental ha convertido al cuerpo y a la apariencia física en centro de negocio, fuente de consumo e industria.
La imagen corporal y el significado del síntoma han variado a lo largo del tiempo y no deben confundirse con los actuales rasgos de la bulimia y la anorexia.
Los egipcios, solían purgarse varias veces al mes, para preservar su salud. Los romanos se provocaban el vómito durante los banquetes, con el fin de seguir comiendo.
En las sociedades preindustriales, el hombre debía adaptarse a los ciclos naturales de abundancia y escasez. Con la llegada del cristianismo y la Edad Media, el vómito y el ayuno eran considerados una práctica penitencial. De esta manera, controlaban los apetitos carnales y servía para sacar de sí los pecados. Se han descrito pautas anoréxicas o bulímicas en santos cristianos con el fin de purificar y alcanzar espiritualidad.
Pero no es hasta el siglo XIX, con la estabilización del capitalismo, cuando se empieza a relacionar bulimia, con anorexia y depresión.
En nuestra sociedad occidental, existe el culto a la extrema delgadez, y esto ejerce una presión social, ampliamente reconocida.

La fragmentación social

Las formas de pensar, sentir, actuar que se imponen en la consciencia individual pueden definirse a través de pautas que ayudan a orientar nuestros pensamientos, educar nuestros sentimientos y dirigir nuestra manera de actuar. A través del proceso de socialización, el individuo es capaz de incorporar una serie de normas grupales que rigen la convivencia y es eso mismo lo que le permite también sentirse y estar integrado en la misma. Los límites de la conciencia individual están definidos a través de la autoridad de la conciencia colectiva. El problema persiste cuando estas normas dejan de ser colectivas, definidas por el conjunto de la sociedad y dejan de estar en la conciencia moral de los individuos. Y es lo que sucede en las sociedades modernas industrializadas, en continuo cambio. Los lazos entre personas suelen ser más fragiles, provocando la fragmentación social, promoviendo el individualismo.

En un contexto social de ausencia de normas, (que no leyes puesto que sería considerado delito) e incapacidad del sistema social de ofrecer lo necesario para lograr los objetivos de la sociedad (éxito profesional, estatus social privilegiado, familia ejemplar…) la anorexia y la bulimia son una de las respuestas características de esta estructura social.

En el capitalismo, la mayoría de los individuos son productores, trabajadores. Toda la vida de una persona gira en torno a la adquisición de una serie de valores y aptitudes que le permitan vender su fuerza de trabajo. O trabajamos, o estamos excluidos de la sociedad. Por tanto, desde la tierna infancia se impone una anulación de la personalidad del futuro trabajador, para generar otra “apta” para el mercado de trabajo.

Desde mi opinión de ex-enferma en el sistema capitalista, sufrí el bloqueo por no poder controlar el proceso de anulación de mi personalidad al que estaba sometida desde muy niña. La supresión de mi libertad para hacerme dependiente del dictamen de la organización social, resultó en una situación totalmente desorganizada con desorden alimenticio.

La sociedad capitalista induce, entre otras, a la formación de estructuras sociales con un fin único: presión sobre los individuos para que sigan una conducta inconformista.
Nuestra sociedad “de consumo” (consumo de continuos bienes y de fuerza de trabajo) equipara lo que vales con lo que tienes y cuánto tienes. El ego tiende a igualar tener con ser y esto acaba siendo un engaño colectivo. La sociedad de consumo y sus estructuras, donde la única medida de progreso es siempre más, crea continuas “necesidades”. La satisfacción de cubrir estas necesidades, este ego, suele ser de corta duración y acabas comprando más, consumiendo más.
En la enfermedad, el fin es la posesión de Esa Belleza Corporal.
La adquisición de un físico “adecuado”, con lo que nos bombardean los medios de comunicación, se advierte como un objetivo social. La relación con mi yo se definía en términos de mercancía, con un valor de uso para el Capital, para el Sistema.
La posesión de ese cuerpo deseado, ofrece una satisfacción que va más allá del hecho en sí. La obtención de la belleza va unida a la posesión de un estatus reconocido en la sociedad, con una vida cultural, social y económica admirable y la comodidad de obtener el puesto deseado. La imposibilidad (porque nunca se puede alcanzar) de llegar a ese objetivo, conlleva el fracaso, sobretodo de la mujer, en todos los ámbitos de la vida. En definitiva, ese falso estatus es la revalorización de tu Fuerza de trabajo, que se verá reflejado con “triunfos”, mayor salario, etc.
Si a esto le sumas la falta de igualdad de oportunidades sociales para seguir avanzando al siguiente escalón de nuevos “bienes”, la insatisfacción es máxima. Es decir, el acceso a ese fin, a esa belleza, no es igual para todos los grupos sociales y está reñido al mundo del consumo.
Las estructuras que educan, dan los valores y nos “forman como trabajadores eficientes” son la escuela, la familia y el consumo-medios de comunicación. Los tres están en continua contradicción, son los que forman la conciencia o Ideología del individuo. Existe un momento no predecible en el desarrollo de una persona, normalmente en el paso niñez-adolescencia, en el que esas contradicciones puede que no se resuelvan. Esta resolución del conflicto se basa en la adquisición de una personalidad que te permita aceptar, tolerar, las presiones que te dirigen al mundo laboral.
Si estas contradicciones no se superan, el individuo no es capaz de afrontar esos retos y surge el síntoma. Que puede ser Anorexia y Bulimia, o cualquier otro (drogas, delincuencia, depresión, etc.)

La búsqueda infinita de crecimiento de nuestra sociedad es una enfermedad que no lleva más que al destrozo y la desolación. A la misma que llega una célula cancerígena cuyo único propósito es multiplicarse, inconsciente de la propia destrucción del organismo que le sustenta.
Pero siempre hay luz, Siempre. La educación y la organización social juegan un papel muy importante en la superación de estas enfermedades. Es la solidaridad de una sociedad íntegra lo que ayuda a reforzar la autoestima, favorecer las diferencias, ofrecer modelos no estereotipados, en definitiva a vivir siendo tú, no lo que esperan de ti.

Gracias a todos los que me ayudaron en el Principio y el Final.

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