“El largo exilio de Ariel Dorfman: una voz contra el olvido”… Jueves 24, film documental, estreno en exclusiva en Valparaíso

Por: Hernán Montecinos
Fuente: Coordinador de Derechos Humanos V región

Lugar: Colegio de Profesores, Valparaíso
Fecha: Jueves 24 de Septiembre
Hora: 19,00 horas
Dirección: Eleuterio Ramírez 476, 6° piso
Organizan: Colegio de profesores (Valparaíso), Coordinador de derechos Humanos, V Región, Centro Cultural “Pensamiento Crítico”

RESEÑA COMENTARIO
Por: Juan Pablo Cinelli

El documental El largo exilio de Ariel Dorfman: una voz contra el olvido, del canadiense Peter Raymont, es una narración en primera persona de las vejaciones padecidas por las víctimas de Pinochet en Chile y una caja de resonancia para situaciones análogas en la Argentina y en casi todas las naciones de Latinoamérica, en los ’70 y ’80. Esa primera persona es Ariel Dorfman, reconocido escritor y activista permanente en la lucha por los derechos humanos, hoy radicado en los Estados Unidos, y uno de los pocos colaboradores directos de Salvador Allende que salvó su vida en aquella masacre del 11 de septiembre de 1973 en el palacio de La Moneda.

El film manifiesta el carácter del exilio como una circunstancia que obliga al desplazamiento no sólo físico que implica ir de un sitio a otro, sino también el de la identidad individual y colectiva del exilado. Un concepto que no es ajeno a la literatura del propio Dorfman. Este documental basado en la novela autobiográfica de Dorfman, “Rumbo al Sur, deseando el Norte”, también puede ser visto como un diario de viaje, una suerte de forzosa road-movie que arrastra al espectador en un itinerario de pesadilla. En ese viaje se combina el relato histórico con la experiencia personal del escritor, en cuya genealogía el exilio ha cobrado cierta condición hereditaria (su hijo Rodrigo destaca que su hija Isabel es la primera Dorfman en llegar a los 7 años de edad sin ser exiliada). Y es que en Dorfman confluyen como esquirlas, todas las líneas del dolor y la distancia: la de la muerte ajena, pero tan cercana que es uno mismo quien muere una y otra vez en memoria de los que faltan; la del exilio, al fin otra máscara con la cual la muerte señala a los que se han quedado; la de la culpa, simplemente por haber elegido la vida.

La idea de aceptar la diferencia como primer paso a una comprensión no exenta de solidaridad: “La lucha por un mundo justo es algo que nace de nuestra especie, porque somos una especie que se indigna ante la injusticia y que es esencialmente solidaria”. Actitudes de un hombre que al ojo por ojo prefiere oponer el corazón por corazón. Demasiado humano para un “comunista”, como le dice a manera de agravio una paqueta señora en la entrada del hospital militar, donde Pinochet esperaba, de un momento a otro, la muerte.

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