“Parte del despojo ha sido despojar la lengua”

Por: Marcelo Maggio
Fuente: Rebelión (18.07.09)

Entrevista con Lucía Golluscio, profesora titular de la materia Etnolingüística en la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires

Los Talleres para lingüistas indígenas son una iniciativa destinada a desarrollar conocimiento sobre las lenguas originarias desde y para los propios hablantes, con “el lingüista universitario acompañando el proceso pero ocupando otro tipo de rol, rompiendo la asimetría tradicional”.

Lucía Golluscio es profesora titular de la materia Etnolingüística en la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires. Viene desarrollando una tarea de investigación y divulgación de las lenguas indígenas, sobre todo del mapudungun, lengua del pueblo mapuche a la que ha dedicado varias publicaciones. Tras años de estar en proyectos de investigación de distinto tipo y de estar en contacto con hablantes de las más diversas lenguas originarias, el equipo de lingüistas y antropólogos que Golluscio encabeza decidió poner en marcha Talleres destinados a los hablantes de las distintas lenguas, con el objetivo de reflexionar y producir conocimiento. “Ellos ya son lingüistas porque tienen la capacidad de reflexionar sobre su propia lengua”, afirma Golluscio.

En esta entrevista se recorren temas diversos como las características de estos talleres, la importancia de la diversidad cultural, el imperialismo y su impacto en las concepciones de la lengua y cómo la universidad y sus políticas no son ajenas a estos procesos.

– ¿Cómo surge la iniciativa de los Talleres para lingüistas indígenas?

– A lo largo de estos años hemos trabajado con lo que se llama “consultantes” indígenas de distintas lenguas. Ellos son lingüistas porque tienen la capacidad de reflexionar sobre su propia lengua. En una investigación tradicional el consultante es el que sabe la lengua y pese a eso está en una relación de asimetría con el investigador. Tradicionalmente son los que aparecen en los agradecimientos a pie de página, pero es el investigador el que escribe la gramática, los artículos y es el conocido como experto en esa lengua. Entonces desde hace tiempo que tenía esta inquietud, de ver cómo formar a los consultantes como lingüistas para que sean ellos los que puedan describir su propia lengua y que el lingüista universitario pueda acompañar ese proceso pero ocupando otro tipo de rol. Existen en otros países programas de capacitación de lingüistas indígenas pero son todos del nivel de maestría, un posgrado. Quienes pueden ser aceptados en esos casos tienen que tener estudio universitario acabado. Como en Argentina la realidad social indica que hay muy poca gente que puede llegar a ese nivel se nos ocurrió que puede ser importante pensar en un programa de capacitación de lingüistas que pueda considerar como alumnos a gente con distinto nivel de escolaridad.

Cuando nos enteramos de que había un programa del Ministerio de Educación que se llamaba “Puentes entre la universidad y la sociedad” presentamos nuestro proyecto de formación de lingüistas indígenas. Nos evalúa gente de lo que en ese momento era el “Programa de Educación Intercultural Bilingüe”, que después fue desarticulado. Lo aceptan y este año hicimos el trabajo.

– ¿En qué consiste el proyecto?

– Como los fondos que obtuvimos son limitados se pensó en hacer talleres de capacitación en lingüística específicamente. Hay otra gente que está trabajando en la formación de maestros indígenas, no sólo acá, en el Chaco desde mediados de los 80 se empiezan a formar auxiliares docentes wichí, toba y mocoví. Marta Tomé, que está con nosotros, es la que trabajó para la enseñanza del wichí. Luego esto se convirtió en un instituto de formación terciaria que funciona en Saenz Peña donde se forman los maestros.

En nuestro caso se trata de transferir las herramientas destinadas al análisis lingüístico que pareciera ser algo propio de la universidad. Primero hicimos un taller en Buenos Aires donde vino gente de todos lados. Aprovechamos un simposio con lingüistas extranjeros para ver temas generales sobre escritura, producción de materiales, experiencias en otros lugares como Brasil y Perú. Después pensamos en hacer talleres en Buenos Aires con indígenas que viven acá, en Tartagal -con chorotes, tapietes y ava guaraníes-, y en Bariloche con mapuches.

– ¿Cuáles son los temas con los que decidieron empezar?

– Empezamos a trabajar con conceptos propios de la lingüística, empezando por temas como qué es el lenguaje y cuál es la concepción cultural del lenguaje. Después trabajar con las categorías básicas como la identificación de sustantivos y verbos en las diferentes lenguas y las categorías morfológicas manejadas. Lo que fue interesante es cómo se dio en cada uno de los lugares. En el sur eran todos mapuches, en cambio en Buenos Aires y en Tartagal hubo gente que habla distintas lenguas. Lo que resultó interesante fueron las comparaciones que empezaron a hacer ellos mismos entre las estructuras de la propia lengua y las demás. Ahí la gente se animó a participar, a decir ‘esto en mi lengua lo diría así, cómo lo dirías vos’, por ejemplo.

– ¿Con qué lenguas se ha trabajado?

– En Tartagal trabajamos con chorote, ava guaraní, tapiete y algo de wichí. En Buenos Aires con mapudungun, ava guaraní, aymara, quechua y qom (toba). Pasa que con un año y uno o dos talleres nadie se forma como lingüista, entonces ahora hay que pensar cómo se sigue.

– A partir de lo que hicieron ¿cómo ven la perspectiva para seguir desarrollando este trabajo?

– Quedaron hechos materiales que serán revisados en función de cómo resultaron, sobre todo pensando en que no teníamos experiencia en esto, materiales que debían tener un contenido científico en un estilo sencillo para ser comprendido por gente de distinta escolaridad y costumbres de estudio y lectura. Nos queda también el interés de la gente, que en todos lados nos plantea que quiere seguir juntándose. Ahora lo que tenemos que pensar, que empezamos a charlar con Marta Tomé, la pedagoga, es cómo concretar un programa que permita una formación sistemática y un título para estos alumnos. Si no se va a perder porque no siempre vamos a tener fondos. Y la opinión de Marta Tomé es que esto sea algo con título docente porque el problema luego es la inserción laboral.

– Ustedes desarrollan la materia Etnolingüística dentro de la carrera de Letras, en la UBA. ¿Por qué la lingüística es una rama de Letras y no es pensada como ciencia social y por qué la etnolingüística ocupa un lugar lateral?

– Desde que empecé a trabajar con lenguas indígenas se nos plantea que es algo considerado como una disciplina de segunda. El mismo racismo que hay contra los indígenas se vuelca en cuanto al prestigio que tiene la disciplina. Nos ha costado mucho tener un lugar para la etnolingüística, una materia que no existía y que se crea recién con el plan de estudios del 85, pero el concurso se realiza nueve años después. Entonces año tras año se entregó títulos a gente que no tuvo oportunidad de conocer una postura teórica y metodológica que es la de la lengua en su contexto socio cultural. Y se trata de tan sólo una materia. Por ejemplo, nosotros pertenecemos a ALFAL (Asociación de Lingüística y Filología de América Latina [1]). El año pasado realizó un congreso en Montevideo y vino el Dr. Bernard Comrie que es un tipólogo con el cual trabajamos nosotros. Entonces me dice ‘me parece que no les va muy bien a ustedes, porque hay veinte proyectos sobre temas hispánicos y una sola comisión sobre lenguas indígenas’.

– Esto lleva a preguntarse sobre si ese desplazamiento en el estudio implica una no relevancia social de las lenguas originarias o si hay otros motivos.

– En México hay más de 60 lenguas, en Brasil más de 100, en Bolivia, en Perú. No se trata de lenguas minoritarias sino que son minorizadas .

– ¿Y en Argentina cómo puede pensarse esa diversidad, donde se extiende la idea de que provenimos de los barcos?, porque ustedes hablan de lenguas como el wichí, que en algunas provincias es lengua materna.

– En primer lugar está todo el tema del exterminio y la imposición a nivel nacional, pero hay provincias en las que el 98% de la población de un departamento, como puede pasar en Formosa, son indígenas. Después se da ese otro fenómeno que ha sido el ocultamiento, que lo han tenido que ejercer durante siglos para sobrevivir. A nosotros en Letras nos enseñaron que había dos lenguas indígenas en Argentina habladas por criollos, el quichua en Santiago del Estero y el guaraní en Corrientes. Y el mapa del INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas) hasta hace poco tiempo tenía a estas provincias sin indígenas. Después del 94 esto va cambiando, por ejemplo en la reforma constitucional se deroga el único artículo que se refería a los indígenas, que decía que eran ‘atribuciones del Congreso cuidar las fronteras y convertir los indios al catolicismo’. Y costó muchísimo derogar ese artículo, tuvo que estar la gente movilizada. Se cambia por este otro artículo que los reconoce como pueblos preexistentes, y la palabra “pueblo” era la que más molestaba, porque pueblo está asociado con territorio. Nuestra nación no había firmado durante años el convenio 169 de la OIT porque decía “pueblos”. Desde 1983 surgen las distintas oportunidades que permiten que todo esto empiece a hacerse visible, y entonces resulta que hay indígenas en todos lados. En Santiago del Estero aparecen los tonocotés, los vilelas, los diaguitas, que empiezan a pedir sus personerías jurídicas, y cuando van los abogados a Santiago del Estero se encuentran con la organización social tradicional en una provincia que decía que no tenía indígenas. Es un trabajo muy lento.

– ¿Falta mucho camino hasta vencer todo el ocultamiento?

– Por ejemplo hablaba con una colega y me decía que ahora en Córdoba se encuentra a los sanavirones, que era considerado un pueblo extinto. Todo esto es muy lento y está asociado a eso mismo que se da acá en la ciudad con la portación de cara, ese racismo para encarcelar a los chicos está muy asociado con una cuestión que tiene que ver con lo indígena, es de clase, pero está racializado.

– ¿Cómo se puede pensar la importancia de la propia lengua para el desarrollo cultural en un mundo que privilegia el monolingüismo del inglés? ¿Desde dónde nos paramos para entender la diversidad cultural?

– Hay que decir que no hay una relación de causa y efecto entre lengua y cultura. Hay pueblos que han perdido su lengua y sin embargo han seguido luchando y no perdieron su identidad, como los irlandeses que luchan en inglés. La identidad se puede estructurar con otros recursos y prácticas que no sean la lengua. Lo que pasa es que la lengua tiene un valor particular y fuerte para todas las personas, no sólo para los pueblos indígenas. Además no ha habido una libertad para elegir otra lengua o cambiar de lengua, sino que ha sido producto de la dominación. Parte del despojo ha sido despojar la lengua, despojar a la gente de su lengua. A principios del siglo XX los maestros, con muy buena voluntad, les decían a los padres que no les hablen en la lengua indígena a sus hijos para que aprendieran bien el español. Eso no tiene un asidero científico, ahora se sabe que no es así, porque una persona que es bilingüe tiene mayor facilidad para aprender otras lenguas. Emilia Ferreiro tiene la idea de que sólo los pueblos imperialistas son monolingües, todos los demás hemos tenido que aprender la lengua del otro. Y también afirma que la lengua es una cuestión tan socio política que para los pueblos dominados la lengua materna pareciera que “ocupa un lugar” y hay que sacársela de la cabeza para adquirir la otra. Sin embargo, para los pueblos dominantes, es un “capital cultural”, y eso se ha visto en nuestro país. Por ejemplo, no sólo los pueblos indígenas, sino también los que han llegado pobres de sus pueblos como mis abuelos italianos, los gallegos, los polacos, ucranianos, han tenido que abandonar su lengua en relación a sus hijos y nietos para lograr incorporarse. Pero los ingleses, alemanes, franceses, los italianos ricos, han mantenido las escuelas que dependen de las embajadas, que son caras, y no han perdido ni el alemán, ni el inglés. Casos de gente que son de abuelo inglés, ni siquiera de padres, y que su lengua materna fue el inglés y que aprendieron el castellano al entrar a primer grado en la escuela.

– Hay algunos lugares comunes, de raigambre racista, respecto a las lenguas indígenas, por ejemplo la duda acerca de si tienen la misma capacidad de significación o de hacer ciencia que otras lenguas.

– Eso es totalmente erróneo. Todas las lenguas del mundo son iguales, eso ya lo dijo [Franz] Boas en 1911. Cuando una lengua está empobrecida en los recursos es porque sus hablantes están en una situación subordinada socioeconómicamente. Todas las lenguas tienen fonología, gramática, sistema semántico y tienen literatura. Ese es un universal. ¡Todas las lenguas documentadas en este mundo tienen su literatura! Pero si vos reducís una lengua, la prohibís, solamente la dejás para el ámbito familiar o para el ámbito ritual -donde se convierte sólo en fórmulas- y vas reprimiendo, marginando socialmente a sus hablantes, entonces eso es lo que va a estar actuando.

– Se combinan los mecanismos de represión directa sobre los hablantes y la estigmatización por el uso de esa lengua.

– Y eso no sólo pasa con las lenguas indígenas, pasa con las variedades regionales del español. Hubo mucho tiempo en que los locutores nacionales tenían que asumir el dialecto del Río de la Plata. Lo mismo en las escuelas normales y los institutos de formación docente. Tuve alumnas que venían de Jujuy y que acá trataron de ir borrando todos los diacríticos que pudieran asociarse con su dialecto del español. Sucede que como nuestro país se forma como estado nacional mirando el proceso de constitución de las naciones de Europa, copia ese modelo monolingüe y monocultural.

– Pese a que existen estos mecanismos represivos, y debido a ellos en realidad, podemos ver en el uso de otra lengua el funcionamiento de gestos de resistencia cultural. ¿Lo ven de esa manera?

– Sí, es el caso de los mapuches, aunque tampoco es fácil. Pensá que los jóvenes mapuches, muchos de los que están luchando son urbanos, han nacido en las ciudades y sin tener ese uso cotidiano de la lengua. Entonces muchos de ellos lo que están haciendo es reaprender la lengua, con algún anciano, o haciendo experiencias con las familias yendo de vuelta hacia las comunidades. Yo pienso que sí es un elemento de resistencia aunque es muy difícil hacerlo porque la necesidad de saber español está presente, desde los abuelos mapuches que lo hicieron como una estrategia de supervivencia. Pero quisiera volver al tema de la universidad porque no sé si quedó claro.

– Por supuesto.

– ¿Por qué este espacio es tan chiquito en la universidad? La lingüística que ha tenido la hegemonía a nivel nacional es la ligada al español, y a nivel internacional es la lingüística centrada en el sistema, o sea en el estudio de la gramática, que piensa la lengua como un objeto formal, con fonología, morfología y sintaxis. Se piensa que se puede estudiar el objeto por fuera de su relación con el contexto. Esa es la tendencia hegemónica, todo lo que vino con el estructuralismo y después con el generativismo de Noam Chomsky, siempre con la idea de que se puede estudiar la lengua como un objeto formal. Nuestra posición de la lengua como práctica social no ha sido la más extendida.

– ¿Y de dónde viene la tradición de ustedes?

– Yo me formé en la lingüística antropológica que piensa la lengua como práctica socio cultural. Pero también están todas las líneas de la sociolingüística que se ligan más con la sociología, aunque después confluyen. Lo que sucede con nuestro espacio en la carrera de Letras se debe a esto, pero pensamos que quienes hacen la materia pueden pensar distinto, aunque luego se dediquen al español, pero es importante que vaya cambiando nuestra mirada como sociedad.

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Notas:

[1] ALFAL

http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/50565

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