Socialistas de Iquique renuncian al Partido y llaman a incorporarse al MAS

Fuente: www.g80.cl
20.04.09)

En Iquique, los abajo firmantes, todos antiguos miembros y dirigentes del Partido Socialista de Chile en la Primera Región, hemos decidido renunciar a dicha organización, decisión que hacemos pública.

Nuestra decisión es producto de la más seria y responsable reflexión acerca de la naturaleza actual y real del Partido Socialista. Dicho muy brevemente, hemos renunciado al Partido Socialista porque, precisamente, somos socialistas, y tal partido, en lo hechos,  dejó de serlo.

El antiguo Partido de Allende tiene una historia de heroicas jornadas en pro del socialismo y la justicia social, repleta de mártires que ofrendaron sus vidas defendiendo los principios que le dieron origen, hace 76 años. Hoy, este partido ha abandonado su misión originaria, cual es la profunda transformación de la sociedad capitalista por una nueva, justa, equitativa e integralmente  democrática. El Partido Socialista de hoy es una organización burocrática, de oficina, jibarizada, con un 90% de inscritos que no hacen ninguna vida orgánica partidaria, y lo que es peor, co-administradora del sistema neoliberal vigente, lo que ha traído por consecuencia que ya no tenga ninguna gravitación en la diaria lucha popular.

Por desgracia, el Partido de Allende fue absorbido por el sistema. A pesar de las críticas y voces de alarma levantadas por muchos militantes a lo largo de dos décadas, sus direcciones políticas no enmendaron jamás rumbos…
En 1990, el pueblo de Chile se libró de la dictadura, conquistando, con la Concertación de Partidos por la Democracia, una importante parte del poder político del país. Los socialistas dimos durante 17 años dimos la más dura de las luchas contra una de las más sanguinarias dictaduras de derecha de la historia latinoamericana. Luego, participamos en la conformación de la Concertación sabiendo con total certeza que, una vez derrotada en dos jornadas electorales la derecha fascista nacional, tanto civil como militar, nos veríamos enfrentados ineluctablemente a dos opciones:

Primero, someternos al esquema constitucional impuesto al país por la dictadura de Pinochet en un plebiscito que nadie ignora que fue espurio e ilegítimo. Ello significaba nada más que llegar al gobierno para administrar el sistema jurídico y económico traído a Chile por la derecha desde fuera, a sangre y fuego, y sostenido sólo por la fuerza durante 17 años, sin cambiarlo un ápice en su esencia;  y, segundo, bregar por socavar el sistema, promoviendo para este efecto, desde la base de la  sociedad, un amplio movimiento patriótico, popular y nacional por la conformación de una Asamblea Constituyente y la organización de un plebiscito verdaderamente democrático, destinado a votar una nueva constitución política, para así reinstaurar en Chile una democracia real. Se trataba, pues, de usar ese poder de gobierno para recuperar para el Estado su natural rol y poder, cual es representar de verdad los intereses y voluntad de la ciudadanía, ser su protector, y el primer fiscalizador nacional en materia económica, social y educacional.

Por desgracia, el Partido de Allende fue absorbido por el sistema. A pesar de las críticas y voces de alarma levantadas por muchos militantes a lo largo de dos décadas, sus direcciones políticas no enmendaron jamás rumbos, y así el Partido Socialista no retornó a su antigua senda.

…los gobiernos de la Concertación, en los que ha participado el Partido de Allende, en estricto rigor político, han sido gobiernos de derecha
Es conocido el argumento de nuestros actuales dirigentes: “no podemos hacer nada,” “estamos atados de pies y manos por la Constitución del 80,” o “si no nos sometemos a las reglas del juego, tendríamos otro pinochetazo.” Tales argumentos no son honestos. Primero, y antes que ninguna otra consideración, hay que tener la voluntad de iniciar la lucha por los cambios, cuestión que no se tiene. Voceros importantes  de la Concertación, de la cual el Partido Socialista es parte, se encargan a diario de dejar las cosas en su sitio, sin que los dirigentes socialistas digan esta boca es mía. Señalan estos voceros que definitivamente no habrá cambios sustanciales en la Constitución del ’80, y, más explícitamente,  como lo dijera hace poco Pérez Yoma, “es impensable en Chile una Asamblea Constituyente.”

Esta falta de decisión política de los dirigentes del Partido de Allende ha terminado por desvincularlo de la lucha popular, e incluso, lo ha transformado en su enemigo. Así es,  en lugar de encabezar la lucha por los derechos y reivindicaciones populares, como lo hiciera en el pasado, el Partido Socialista de hoy la frena. Los desposeídos de Chile, que tenían en el Partido Socialista su mejor núcleo dirigente, hoy ya se olvidaron de él. Los estudiantes, los profesores, los pueblos originales, los jóvenes, los trabajadores, los pobladores, los gendarmes, los jubilados, las mujeres y las personas de conciencia progresista y ecologista que se oponen al sistema neo-liberal vigente, ahora deben organizarse por su cuenta, e incluso, muchas veces, enfrentar al gobierno y al Partido Socialista.  No puede ser de otro modo porque durante 19 años, la Concertación, de la que el Partido Socialista es uno de sus ejes mayores, no ha hecho sino co-gobernar con la derecha, mediante lo que ha venido en llamarse “la política de los acuerdos.”Miel sobre hojuelas para la derecha, porque la Concertación sigue sin pausa bailando al compás de  la música de la Constitución de Pinochet, hecha como un traje a la medida a sus intereses. La clase dominante sigue saqueando nuestra patria y enriqueciéndose con el esfuerzo de los trabajadores chilenos. Ahí están , más vivas que nunca, las AFP, las ISAPRE, los grandes monopolios, las enormes diferencias salariales – que hoy son probablemente la mayores en el mundo –  la concentración económica y la entrega de nuestras riquezas naturales a las transnacionales. Y ni hablar de la educación pública, que hoy marcha a la extinción, en circunstancias que en otros tiempos fuera el mayor orgullo internacional de Chile.

Por lo tanto, los gobiernos de la Concertación, en los que ha participado el Partido de Allende, en estricto rigor político, han sido gobiernos de derecha. Existe, por supuesto, otra derecha, la derecha salvaje que hoy encarna perfectamente el archimillonario especulador Piñera, de quien el pueblo chileno no puede esperar sino peores sufrimientos. Pero la existencia de  esta derecha salvaje, que figura como opositora al gobierno y  que aspira a gobernar, no altera en nada la naturaleza política de la Concertación, cual es ser, en los hechos, continuadora de la política establecida en Chile por la dictadura ultra-derechista de Pinochet. Los bonos, compensaciones y mediadas asistencialistas que, por cierto, se decretan de vez en cuando, ya no alcanzan a dar al sistema vigente un rostro humano. En efecto, no alcanzan a ocultar el hecho básico e  indesmentible que la Concertación no se atreve a tocar los grandes  intereses de la plutocracia y la oligarquía nacional industrial y agraria, ni terminar con la dependencia económica ni el intercambio comercial desigual que nos imponen las grandes potencias capitalistas imperialistas, particularmente Estados Unidos. Y todo ello, con la complicidad del Partido Socialista.

Sólo unos ejemplos:

En 1973, el cobre chileno era propiedad nacional en un cien por ciento. Su nacionalización fue una conquista del gobierno socialista del compañero Salvador Allende. Con los gobiernos de la Concertación, de la que el Partido Socialista forma parte, hoy el Estado ni siquiera es dueño de la tercera parte de él. Como si esto fuera poco, los royalties que se le imponen a las empresas extranjeras por la explotación de todos nuestros minerales son vergonzosamente ridículos, los más bajos del mundo.

También es caso único en el mundo y obra de la Concertación, de la que el Partido Socialista forma parte, que en Chile se haya privatizado totalmente el agua, que se esté haciendo lo mismo con las carreteras, que se esté entregando el mar a los industriales pesqueros, y que ya se haya hecho política de Estado la usurpación de las tierras ancestrales del pueblo mapuche, de las que son únicos legítimos dueños por razones históricas y jurídicas, para megaproyectos hidroeléctricos de empresas internacionales que devastan nuestra naturaleza.

Otro caso único en el mundo es la Ley General de Educación, acordada entre cuatro paredes por la derecha y la Concertación, de la que el Partido Socialista forma parte. Esta ley consagra para siempre el invento pinochetista de la educación subsidiaria. Con esta ley, el propio gobierno de la Concertación es quien está dando muerte definitiva a la educación pública. Es decir, el Estado seguirá, en consonancia con el sistema neo-liberal vigente, sosteniendo económicamente la educación privada,  enriqueciendo así a los empresarios privados educacionales, sin financiar debidamente la educación para el pueblo. Además, toda la educación superior seguirá siendo pagada, incluida la del propio Estado.

Fueron gobiernos de la Concertación, de los cuales ha formado parte el Partido Socialista, los que entregaron a la transnacional Barrick Gold  concesiones territoriales de la Tercera Región para la instalación de plantas mineras auríferas, lo que terminará para siempre con tres glaciares que forman parte fundamental del patrimonio acuífero del país y del mundo.

Tampoco la Concertación, de la cual el Partido Socialista forma parte, se ha esforzado debidamente por hacer justicia en Chile con respecto a los escándalos de la derecha en materia económica en el reinado de Pinochet. Fueron los gobiernos de la Concertación los que echaron tierra, por ejemplo, al caso la “Cutufa,” la financiera bruja creada por militares, escándalo descubierto durante la propia dictadura; al caso de los “pinocheques,” cuando el delincuente Augusto Pinochet Hiriart estafó a la CORFO en millones de dólares. En materia de derechos humanos, también fue un acuerdo entre la Concertación y la derecha lo que impidió el juicio mundial al dictador Augusto Pinochet Ugarte. Por el contrario, el tirano fue traído en calidad de “loco senil” a Chile por un ministro del Partido Socialista, a sabiendas que aquí se lo libraría de enfrentar la Justicia.

El régimen económico heredado de la dictadura sigue aún enteramente vigente e incólume. La Concertación, de la que forma parte el Partido Socialista,  en verdad, no pretende cambiarlo. Hechos recientes tan escandalosos como la colusión de las empresas farmacéuticas no es sino producto del propio sistema, lo que, por supuesto, ya ha ocurrido en otros rubros de la economía de consumo, y seguirá ocurriendo.

El Partido Socialista de Chile se proclamó desde sus inicios como un partido latinoamericanista; es decir, como un partido que considera la unidad e inter-colaboración de los pueblos latinoamericanos como el factor clave para terminar con el subdesarrollo y el histórico nefasto dominio del imperialismo estadounidense. Salvo alguna esporádica retórica para conformar a la militancia, el actual Partido Socialista ha abandonado por completo esa línea. No le interesa integrarse al poderoso movimiento bolivariano continental anti-imperialista, que hoy, día a día crece y crece con una fuerza incontenible. Por el contrario, acaba de sumarse a los aplausos que la derecha, eufórica, brindaba a Biden y Brown, los representantes de las dos cabezas más visibles del imperialismo, Estados Unidos e Inglaterra, en la mal llamada “Conferencia Mundial de Líderes Progresistas,” que convocó la presidenta socialista.

Tampoco podemos dejar de lamentar que los dirigentes del Partido de Recabarren, por unos cuantos cupos en las elecciones parlamentarias, hayan pactado con la Concertación, que durante dos décadas no hizo nada por terminar con la exclusión y marginación política y electoral
Quienes hoy nos retiramos del  Partido de Escalona, hemos decidido ingresar al Movimiento Amplio Social (MAS), partido en formación, en el que vemos la mejor oportunidad de reintegrarnos a la lucha por el socialismo. Pensamos que no se puede construir una alternativa socialista desde el interior de un partido que ya no lo es, y que, incluso, en los hechos, es su contrario. Las cosas, como se están dando ahora, indican que el partido, que otrora fuera el de Allende, hoy en manos de una dirección dictatorial, excluyente, y profundamente pro-sistema, es irrecuperable para el socialismo, por lo menos por mucho tiempo más. Creemos, por lo tanto, que es preciso crear un referente propio, tarea en la que nos estamos empeñando, haciendo todos los esfuerzos por inscribirlo próximamente como partido político. De esta tarea es parte nuestro compromiso con la candidatura presidencial de nuestro compañero Alejandro Navarro.

Por lo anterior, hacemos un sincero llamado a la enorme cantidad de militantes del Partido Socialista que están desencantados y frustrados por la conducción actual del partido, a que se sumen a la alternativa real y decididamente socialista que representa el Movimiento Amplio Social.

Finalmente, debemos expresar que sentimos que aún no se haya producido la unidad total y general de la izquierda chilena. Tampoco podemos dejar de lamentar que los dirigentes del Partido de Recabarren, por unos cuantos cupos en las elecciones parlamentarias, hayan pactado con la Concertación, que durante dos décadas no hizo nada por terminar con la exclusión y marginación política y electoral impuesta en nuestro país tras el golpe de estado fascista de 1973,  exclusión de la que fueron víctimas, en primer lugar, los compañeros comunistas. Ahora, los corifeos de la Concertación, hacen ciertas concesiones a estos compañeros sólo porque están aterrados por el sostenido ascenso del candidato de la derecha, Piñera. Fraternalmente, les decimos que esa decisión fue uno de los primeros factores que evitó la unidad total de la izquierda, que debió alzarse, desde la base popular, como bloque único. Tal decisión, simplemente, será el origen de una aventura política destinada al fracaso. Esperamos que una vez que el tiempo y los hechos nos den la razón, reconozcan ese error y emprendan rumbos definitivos hacia la unidad de la izquierda.

Estamos convencidos, empero, que la unidad, más temprano que tarde, se ha de concretar. Sólo entonces podremos constituirnos en una alternativa popular triunfadora, por el bien de los trabajadores y de los más desposeídos y olvidados de nuestra patria.
Iquique, abril de 2009.
FIRMAN:

Haroldo Quinteros,
Sergio Durán,
Kurt Petri,
César Chanampa.

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