El dilema de la izquierda… ¿Construir alternativa o arrimarse a la concertación?

Por: Coordinador Movimiento Generación 80, (G80)
Fuente: www,g80.cl (06.04.09)

Los últimos acontecimientos políticos han evidenciado dos posiciones divergentes respecto a cómo las organizaciones políticas que se denominan de izquierda –y que presumiblemente aspiran a construir una alternativa de poder al modelo neoliberal dominante bajo los principios del socialismo– abordan la coyuntura electoral y sus estrategias de largo plazo.

Sabemos que la institucionalidad pinochetista arrincona a la izquierda; el espectro político visible, gracias a dicha institucionalidad, sólo da espacio a las derechas, una más liberal, la Concertación, otra más conservadora, la Alianza. El sistema político ni siquiera permite el desarrollo de un auténtico centro político, como históricamente constituyó en el siglo pasado el Partido Radical y luego la Democracia Cristiana.

Lo que nos interesa poner de relieve ahora es ¿cuál es la conducta política que debe adoptar la izquierda para efectivamente transformarse en el mediano-largo plazo en una alternativa viable?

Las apuestas, matices más o menos, son dos: la primera, que encabeza el PC, acompañado por el PH y la IC, que evalúa como su principal tarea hoy la llegada al Parlamento, para lo cual está disponible a pactar un acuerdo electoral con la derecha gobernante, es decir la Concertación. Este acuerdo implica, más allá de lo que se diga, subsumirse en la lista parlamentaria de la Concertación con la esperanza de lograr un par de diputados; apoyar la candidatura presidencial de Frei en segunda vuelta y llevar en primera un candidato propio de bajo perfil que facilite aquéllo, Jorge Arrate. Es una estrategia que se justifica en la idea de romper la exclusión (parlamentaria), principalmente del PC, que es el partido más grande de la izquierda extraparlamentaria.

Otra visión, que se distancia sustancialmente de la anterior, es la que pregonamos nosotros, junto a muchos otros, desde nuestro nacimiento el año 2005. Esta mirada pone acento en la necesidad de construir una alternativa que desnude el duopolio impuesto durante la transición, duopolio que en pocas palabras ha significado que la totalidad de las fuerzas políticas del sistema visible (aquellas que cuentan con representación en el Congreso) se sometieran, aceptaran o claudicaran (el adjetivo no es tan relevante) al modelo económico neoliberal y a su institucionalidad pinochetista. Todos los retoques efectuados durante estos 20 años, solo han servido para profundizar y legitimar el modelo.

El quid de las diferencias está en el pacto parlamentario: o se levanta una lista de izquierda en todo el país o se realiza un pacto con la concertación llevando unos pocos cupos para intentar conquistar un par de sillones en la Cámara de Diputados (olvidémonos del Senado). Un pacto con la Concertación significa, lisa y llanamente, renunciar a construir una alternativa propia, más allá de los retorcimientos retóricos y malabarismos verbales de los dirigentes del Juntos Podemos.

Ante esta situación, el Movimiento G-80, estima indispensable levantar una alternativa de izquierda radical y consecuentemente democrática, que sea capaz de conducir a los trabajadores y al conjunto del pueblo para abrir los espacios políticos, tanto institucionales como extrainstitucionales, que le permitan luchar por su plena soberanía, su emancipación política y social y por constituirse en el sector social dirigente del país.

Esta posición (que de los dientes para afuera comparten muchos) requiere delimitar con claridad quienes constituyen el bloque de fuerzas políticas que sostiene la institucionalidad pinochetista y el modelo neoliberal. Y ellos son tanto la Alianza como la Concertación gobernante, más allá de los diversos “discolismos” existentes al interior de ésta. Por ello, es imprescindible construir un polo democrático y popular, que en esta coyuntura electoral se exprese a través de un candidato presidencial, una lista parlamentaria de izquierda en todo Chile y un programa de clara vocación democrática y, por ello mismo, anticapitalista. Y que por cierto, entienda a la contienda electoral como un elemento más (no el único y tampoco el más relevante) del conjunto de las luchas y movilizaciones que en este período ayudan a articular al movimiento popular rupturista y a sus organizaciones políticas y sociales.

Una dinámica como la indicada, para que sea seria (y no una expresión hueca) requiere apelar a las bases populares de la izquierda, del pueblo chileno. Por ello proponemos que la elección del abanderado de la misma debe ser hecha por todas las personas que anhelan el cambio ya, estén o no inscritas, sean o no militantes de partidos. Un proceso de esta naturaleza sería un potente golpe de timón.

En este escenario nos hemos encontrado con diversas fuerzas políticas con las que hemos coincidido en los puntos que hemos considerado claves: lista parlamentaria en todo Chile, programa y candidato único elegido por las bases del pueblo. Dos de ellas son Fuerza Social y el MAS, con quienes hemos emitido una declaración conjunta señalando esos propósitos.

Como están planteadas las cosas, para que puedan confrontarse las dos visiones existentes en la izquierda se requiere de la existencia legal del partido político MAS. Si el MAS no logra inscribirse, el dilema de la izquierda será dirimido por la institucionalidad pinochetista y saldrá airosa (por un tiempo) la alternativa de transformar a la izquierda en vagón de cola del tren concertacionista. Si el MAS logra inscribirse y mantiene su disposición y compromiso de concurrir a la construcción de un proyecto alternativo, habrá ocasión en que el pueblo (al menos el sector inscrito) se pronuncie y dirima entre las dos estrategias.

Frente a esto, estimamos una tarea significativa lograr la inscripción legal del partido MAS y para ello invitamos al conjunto de los ciudadanos de izquierda a inscribirse en él. Esto va más allá de si compartimos o no la doctrina de este partido, si nos gusta tal o cual eventual candidato. Al igual como muchos de nosotros, que ayer colaboramos en la inscripción legal del PC, PH e IC con la esperanza que representaran a fondo lo intereses de la izquierda, hoy llamamos a las personas de izquierda inscritas en los registros electorales a contribuir a la inscripción del Movimiento Amplio Social.

La existencia legal de este conglomerado permitirá llevar una lista parlamentaria en todas las circunscripciones y distritos electorales que ayuden a ir construyendo una real alternativa al duopolio imperante. Pudiera permitir, además, levantar una candidatura presidencial de izquierda entre aquellos que aspiran a representar una alternativa tanto a la Alianza como a la Concertación, voluntad que hasta ahora han planteado Pamela Jiles, Alejandro Navarro y Hector Vega del MSPS, candidatos surgidos en esta coyuntura y que han manifestado su voluntad de someterse a la decisión popular, a través de un amplio, participativo y movilizador proceso de consulta al conjunto del pueblo allendista.

Otro actor que se levanta y saludamos con esperanza es el recientemente constituido Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores, el MPT que se plantea el desafío de forjar una nueva conducción política para los trabajadores y el pueblo y, en ese sentido, tiene el enorme potencial de alterar el cuadro político nacional, superando este momento que se caracteriza por la cooptación. Sabemos que la ambición es enorme y le deseamos éxito en su empeño de lograr transitar de la marginalidad a la construcción de mayorías a nivel nacional.

El desprestigio y descrédito al que ha llegado la clase gobernante, los impactos de la crisis capitalista (que ya han llegado y cuyos embates más fuertes aún están por venir), nos alientan a dar pasos, aunque aún parezcan pequeños, que configuren una esperanza y por tanto una acción de cambio, de alternativa a la Concertación-Alianza gobernante.

Sabemos que vendrán meses de fuerte debate, de descalificación y ninguneo, como ya se ha visto en los medios ligados a los partidos del Juntos Podemos. Lamentablemente, un sector de la izquierda, y en particular el Partido Comunista, que durante varios años intentó aportar en la construcción de un proyecto alternativo, hoy se ve encantado con la posibilidad de obtener un sillón parlamentario sin reparar que eso implica aliarse con los responsables de la crisis en Chile y dejar hipotecada la construcción de un frente alternativo que continúe la senda de Salvador Allende.

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