Viña del Mar: la otra cara de la omisión electoral

Por: Alfonso Hernández Molina
Fuente: www.g80.cl (o7.11.08)

Pasadas ya las elecciones municipales, Valparaíso afrontará que uno de los dos mellizos (Castro UDI), contó con mayoritario respaldo. Sobre el otro (Cornejo DC), las prácticas utilizando el Departamento Social comunal, y a sus operadores políticos en él (investigadas en un expediente que Contraloría está próxima a concluir), no le fue suficiente –ahora-  para captar los votos esenciales de la gente más necesitada.

Respecto del empresario Vuskovic (Juntos Podemos Más), el abolengo de su apellido (que dentro de las estructuras de Izquierda, curiosamente parece tener más importancia que en la misma Derecha), no sirvió para aportar plus que sumara votos; peor aun, obtuvo la mitad (7%), con respecto a su propia lista de candidatos a concejales (15%), dentro de una comuna con altísimo porcentaje de miseria. Tampoco ayudó, para tomarle en serio, que hasta hace menos de treinta días, su candidatura se ofreciera en trueque por la de Estación Central, incluso mediante páginas mercuriales.

Observé, la noche del domingo 26, y en los días siguientes, los foros televisivos, y cómo recogían las posiciones de las cabezas de los grupos políticos; semejaba diálogos entre jugadores de naipes o de monopolio (“la gran ciudad”): “calculaste mal”, “no te di esta porque no me diste esta otra”, “si me hubieses dado aquella te habría entregado esta”, “te faltó generosidad aquí”, “te agradecemos la generosidad allá”. Escuchando a Guillermo Teillier, se evidenció que, irónicamente, hoy la tarea, para una parte de la Izquierda, es obtener la generosidad de otras cúpulas, y no el cultivo directo del respaldo ciudadano (labor, por cierto, más difícil y compleja). Más aun, que lejos de ser tratados como sujetos o actores, los electores de Izquierda deberemos acostumbrarnos a ser objeto de tratos y canjes.

Con tal razonamiento, el que habitantes de otras comunas, tales como Pedro Aguirre Cerda, cuenten con alcaldesa de Izquierda, debería ser justificación suficiente para calificar el negocio de las omisiones como adecuado y “políticamente necesario”.

Pero, los favores (tal como el respaldo de la Concertación), especialmente en política, hay que pagarlos, como era evidente con el espectáculo que ofrecieron en La Moneda esa noche de domingo. Tal vez sea un autoengaño, que encubre carencias graves en el propio trabajo de cimentar hegemonía cultural y social, convocatoria y fuerza propia.

En verdad, a riesgo de que me imputen no tener visión política, también me importan los habitantes de Viña del Mar, mi comuna, más cuando no todos sus 300.000 habitantes son pitucos o palo grueso.  Al omitir llevar candidato a alcalde aquí, la cúpula de Juntos Podemos Más brindó campo libre a lo más acentuado de la reacción, ofreciendo el mejor regalo a la UDI-RN y sus prácticas mafiosas. Sabiendo que el candidato Arriagada DC (a quien conocí a fines de los años 70 como estudiante de Derecho), no es real contendor de nadie, excepto dentro de su propia maquinaria partidaria, su 21% no sorprende. Muy probablemente la Reginato UDI también habría ganado, pero, con un porcentaje inferior al 79%, los efectos serían diversos; desgraciadamente para quienes vivimos aquí, el resultado que se dio le permite, en la práctica, arrasar con su acción dentro del municipio.

Ilustrativo es que, en materia de concejales, las dos listas concertacionistas obtuvieron 33%; si le añadimos el 8.4% de la Izquierda, vemos que casi es un 42% el que se enfrenta al 54% de la lista de candidatos de la Alianza. Por ello, no es que exista un 79% de derechistas acérrimos en Viña del Mar, se trata que muchísimos electores no tuvieron verdadera alternativa alcaldicia a la presentada por UDI-RN.

Quienes se jactan de estas operaciones electorales no advirtieron –ni reconocen- lo alto que es el precio de tal negocio para otros. Especialmente para aquellos concejales honestos, que si antes debían ser valientes y tener la piel dura para fiscalizar la gestión de la Reginato UDI, y enfrentar las prácticas mafiosas, hoy deberán ser héroes (o mártires, tal vez), para representar los intereses de la gente modesta. El control será dificilísimo.

En verdad, decepciona escuchar a algunos representantes del partido de la clase obrera (los más mediáticos): personas que viven y duermen dentro de una organización, que hoy entienden natural existir para sí mismos, que trasladan (imponen) su enfoque y reglamentación interna al resto de la sociedad, esperando disciplina y subordinación, no sólo de sus militantes, sino de todos. Que trata a toda la sociedad como cuerpos de militantes que deben obedecer a sus cúpulas; que éstas tendrían naturalmente el derecho de representar y obligar a su porcentaje electoral, y que así debe trabajarse en política.  Implícitamente, se espera que todos los habitantes debemos ser obedientes de lo que ellos contraten. Visión estrecha, y contraria del ideario libertario y emancipador de todos y cada uno, promovido por Marx y Recabarren.

Ilustrativo es que, aplicando tales orientaciones, y si se trata de favorecer negociaciones con cúpulas, otros, alejados del ideario de Izquierda, reciben especial cobertura en sus medios, a la vez que se excluye la crítica de fondo. Los diferentes tratamientos quedan ilustrados con el caso de María Maluenda: marginándose del PC ya a fines de los años 80, ingresó al PPD siendo dos veces diputada por ese grupo, votando favorablemente, en su acción legislativa, las leyes que asentaron el régimen económico, aumentaron la represión penal y procesal y restringieron derechos laborales; sin embargo, en febrero pasado, estando yo a pocos metros de Teillier en el funeral de Volodia Teitelboim, escucho de aquél anunciar, como noticia que debería alegrar a los allí presentes, que la “compañera Maluenda” ha pedido su reingreso al partido [sic]. Ya lo saben los oportunistas.

A los triunfalistas, les invitamos a que examinen atentamente las cifras eleccionarias de Izquierda; divisarán que, a nivel nacional, tanto la votación porcentual como la numérica no crece en los últimos 19 años.

Por otra parte, baste ver el excelente resultado obtenido por candidatos presentados de modo independiente de la Derecha, de la Concertación y de la Izquierda, para divisar que la sociedad chilena es más compleja de lo que ellos logran ver.

Por último, y a propósito de la inclusión política y la reforma del sistema electoral, las guías impartidas fracasaron en alentar simpatía activa en la base ciudadana. Hace dos años, al preguntarle a Teillier el porqué iba a golpear la puerta de la UDI-RN por el tema de la reforma al régimen binominal, respondió que lo hacía ya que el pueblo no le había respaldado. Lo que no abordó fue el porqué de tal desinterés colectivo, porqué tal llamado no logro simpatía ni respaldo efectivo. Y en eso su dirección posee responsabilidad directa, entre otros factores al plantearlo como un No a la exclusión (presentándolo como el problema de unos pocos a los que otros deberían ayudar), y no como democratización global del Parlamento (es decir, dejando claro que es un problema de todos).

Alfonso Hernández Molina.
Viña del Mar, noviembre 6 de 2008

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