Y los que pedían reducir el Estado y privatizarlo todo, ¿Dónde están?

Fuente: Enviado por Nidia Urrejola
(29.09.08) 

 No sé si lo  dijo hace poco o  mucho el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz: la crisis financiera es para el capitalismo lo que fue el desplome del muro de Berlín para el comunismo. Ya lo vemos: bastaron diez días para pulverizar  las ideas que los yupis, los proTLC, los enemigos acérrimos de Estado, los que pedían a gritos que éste NO interviniera en la Empresa privada y que sólo fuera el mercado el supremo rector de todo el andamiaje económico de los países, ahora no sepan tampoco cómo hacer para seguir con lo que ayer  defendían con tanto ardor y pasión.

Esta horda de ‘iluminados’ habían encumbrado como verdades teológicas conceptos que hoy vemos volar como papeles: el mercado debe comandar la economía; mientras más pequeño el Estado, mucho mejor; nada de nacionalizaciones; nada de subsidios a la cultura, la educación ni la salud; toda entidad pública – ojalá rentable – como los teléfonos, la luz, el agua, los seguros, deben  privatizarse; nada de intervenciones ni regulaciones del Estado en la empresa privada; la corrupción es patrimonio exclusivo del sector público; si hay empresas y los ricos se enriquecen, se enriquece el país…….

Ahora, con el descomunal desplome  que vemos en  las empresas hipotecarias, las financieras, los bancos y finalmente todo Wall Street, asistimos asombrados  a una milagrosa conversión:

Todos aquellos que ayer  se desgarraban la camisa en pro del Libre mercado, se desgañitaban lanzando loas por los Tratados de Libre Comercio, pedían a gritos la privatización de todos los servicios públicos y enrojecidos de ira protestaban  por cualquier intromisión gubernamental en la empresa privada ahora recurren sumisos a ‘pedir llorosos y compungidos’ la intervención  del………!asombrémonos!  Estado!

 Y su intervención la piden nada más y menos  para que ‘los salve de la debacle’.

Y precisamente el gobierno del país más adicto al libertinaje del mercado, Estados Unidos, ha gastado un billón de dólares del erario en rescatar compañías particulares que, por codicia, ineptitud, a veces por corrupción y casi siempre laxa regulación, se hundieron al estallar la burbuja del ladrillo.

¿Quién está salvando – quién salvará – a los pomposos y arrogantes capitalistas? 

El Estado, es decir, los humildes ciudadanos.

En Costa Rica, ¿Dónde están Oscar y Rodrigo Arias, Julio Rodríguez, Enrique Tovar y La Nación completa, Marco Vinicio Ruiz, la Anabelle, Malavassi, Guevara  y toda aquella lamentable asnada que rebuznaba vociferando de las bondades del TLC, de privatizar el ICE, los Seguros, El INS y todo lo demás, y que aún hoy, 23 de Septiembre del 2008 aparecen cínicos e impertérritos desesperados por aprobar ya esa canallada llamada agenda de implementación? 

¿Qué nos dirán mañana a nosotros los pobretones ticos cuando algo similar caiga sobre nosotros si en promedio, a cada contribuyente gringo -niño, anciano, monja, desempleado- le costará más de 3.000 dólares la hecatombe de su ‘infalible’  mercado?

Los ciudadanos del mundo, TODOS, somos los grandes perdedores de la crisis. A nosotros, que vivimos atenazados por demenciales y avaros policastros –empresarios que enquistados en el Estado se solazan en la rapiña en la que están, serán los que al final, nos cueste esta absurda situación.

Pero hay otros, a quienes me gustaría ver hoy en un debate público:

Los que defienden los  Estados neoliberales: Quiero ver a los del Movimiento Libertario, a los de La Nación, La República, Teletica y Canal 6  criticando ahora la intervención del Estado y pregonando que el mercado debe ser supremo regulador de la economía.

 A Alberto Padilla, el cínico y lamentable filipichín ‘experto económico’ de CNN, explicando por qué ‘no debe el Estado intervenir’ en nada de la empresa privada. 

A La Cámara de Industrias de Costa Rica y su Red de Emisoras, achacándole todas las  podredumbres y corrupciones al sector público y a los Sindicatos aceptando también profundas reformas en el privado.

A Los yupis de la Bolsa de Valores con su soberbia  de jovencitos sabihondos y sobrados, supuestamente especialistas en ordeñar capitales ajenos, explicando cómo al haber tenido  más codicia que visión, tomaron decisiones funestas y son causa principal de este desplome.

A Alan Greenspan, el  máximo sacerdote del capitalismo y orientador durante años de la política económica estadounidense, venerado como ‘sabio’ por tantos y tantos economistas. Este señor con cara de pocos amigos no vio el abismo cercano y hacia allí condujo la economía occidental.

A John McCain, el flamante aspirante Presidencial Republicano – heredero  de George W. Bush,- quien aseguraba hace pocas semanas, al surgir la crisis, que la economía estaba ‘fundamentalmente fuerte’. ¿Qué dirá ahora, ante las ruinas del sistema? ¿Insistirá en vender a los electores el neoliberalismo sin vigilancia que forjó Ronald Reagan, otro prócer que aparece con graves deudas de ultratumba.

Como vemos, el capitalismo cerrero y salvaje y sus más conspicuos defensores acabaron violando sus más esenciales principios. Solo le faltaba pedir ayuda a un régimen comunista.

 Pero ¡oh sorpresas!  acaban de hacerlo: la quebrantada financiera Morgan Stanley espera que el gobierno chino…….! la salve con una transfusión de dinero fresco!

Confío en que el espectáculo de la agonía de Fannie Mae, Freddie Mac, Lehman, AIG y Merrill Lynch sirva de ejemplo a nuestros avaros neoliberales domésticos.

Señores mercenarios de nuestro propio suelo, por favor: ¡el mercado -tal como lo conocemos- se acabó! Si tienen dignidad y honor, paren el desastre que ya es inevitable en la mayor economía del Mundo. Imaginemos como será en la nuestra.

Al terminar de escribir esta nota, se anuncia que Rafael Correa el Presidente de Ecuador intervino y nacionalízó la empresa que suministraba la energia eléctrica a ese país, en manos de un solo señorito de Brasil. Inmediatamente la gran prensa en el Continente americano se rasgas las vestiduras por ‘tamaño desafuero’. Vuelve la pregunta, ¿cuando es entonces ‘buena’ y cuando ‘mala’ la intervención del Estado en la empresa privada? ¿Quién nos lo explica

Ana Lucya Amador Arg.
En épocas de mentira, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario.
George Orwell.

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