¿Derecho de autor? El debate de hoy

Por: Lillian Álvarez Navarrete
Fuente: Rebelión (Instituto cubano del libro)(09.09.08)

editorialmil@cubarte.cult.cu

Uno de los pilares fundamentales que sostienen el actual régimen económico mundial es la creciente importancia de los bienes inmateriales. Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania o Japón son grandes potencias económicas gracias, entre otros factores, a los acuerdos internacionales de protección de las propiedades industrial e intelectual. Paralelament, la economía globalizada, la que permite invertir, vender, transferir ingentes sumas de capitales en cualquier parte del mundo, es la que ha hecho posible el nacimiento de Internet. La neutralidad tecnológica necesaria para llevar a cabo esta función ha conllevado que esta misma red haya puesto en cuestión los privilegios inherentes a la legislación internacional sobre el derecho de autor.

Sin embargo, todavía son pocas las obras jurídicas que han estudiado esta materia en profundidad, y menos aún las que se alejan del positivismo keynesiano dominante en las facultades de Derecho y se atreven a investigar sin dejar de lado el componente ético y social del Derecho. Por ello, debemos celebrar la publicación del libro Derecho de ¿autor? El debate de hoy, de Lillian Álvarez Navarrete. La autora es Licenciada en Derecho por la Universidad de La Habana y está especializada en temas de Derecho de la Cultura. En la actualidad trabaja en la organización “En defensa del conocimiento y la cultura para todos”.

En esta obra se realiza un completo estudio del derecho de autor, en el que Álvarez Navarrete no se limita a hacer un metódico catálogo de las normas vigentes en la materia sino que, sobre todo, describe las disfunciones del sistema actual impuesto desde la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, gobernada y controlada por Estados Unidos y sus aliados. Lillian Álvarez Navarrete analiza desde su raíz todo el derecho de autor, comenzando por cuestionar el concepto mismo de autor: “El autor es un personaje moderno y se ha asimilado de acuerdo a la concepción de cada época se le ha otorgado: el anonimato medieval, el individualismo del genio romántico o la exaltación del autor superestrella con la obra con éxito comercial”. La autoría, según la mayoría de las legislaciones vigentes, se fundamenta en la “novedad” de la creación; sobre este término tan indeterminado la autora entiende que “ la originalidad absoluta no existe. El creador, al hacer su obra, utiliza muchas fuentes de inspiración, utiliza el lenguaje, las imágenes, el sonido, los ritmos, los colores, los movimientos o los sentidos, técnicas, géneros, materiales que toma de la creación precedente… No es justificable ética y culturalmente la existencia de normas tan increíblemente restrictivas que separan, identifican y diferencian al creador y al espectador o receptor”. También nos recuerda el libro la distinción entre autoría y titularidad, algo obvio pero silenciado en este debate dominado y dirigido, como todos, por los grandes medios de comunicación.

Este ordenamiento jurídico, que prima el individualismo sobre la colectividad, no sólo conlleva un injusto desplazamiento patrimonial hacia estos autores “superestrellas” y las industrias audiovisuales que los sostienen, sino que ha hecho mella también en las culturas tradicionales; la autora recuerda que el sistema de valores occidental no es el único sistema “ni el único capaz para servir de base para engendrar normas universales, que contengan la respuesta conceptual y jurídica a tan diversas y heterogéneas formas de crear”.

El gigantismo de los derechos de propiedad intelectual e industrial ha acarreado varias consecuencias. La primera es que el precio desorbitado de los bienes culturales, la posibilidad de su digitalización y el nacimiento de Internet ha permitido que los usuarios los compartan de forma gratuita, algo que los grandes medios y el lobby audiovisual han bautizado como “piratería”. La segunda ha sido la creación de las licencias libres, especialmente en el ámbito de los programas de ordenador, donde la licencia GPL, utilizando la legislación restrictiva sobre propiedad intelectual, ha conseguido “infectar” el sistema y que cada vez sea mayor la cantidad y calidad de software libre. El libro, como no podría ser de otra forma, también se hace eco de estas alternativas; en concreto estudia la licencia citada, así como las Creative Commons, que se pueden utilizar en cualquier otro ámbito de creación (literario, artístico…). Por último, la autora relata la experiencia cubana, donde la libertad de la difusión cultural fue consecuencia natural y necesaria del bloqueo que sufre la isla por parte de Estados Unidos y que forzó desde los inicios de la Revolución a publicar libros y utilizar software al margen del mercado internacional de estos productos.

En suma, se trata un libro indispensable para quienes estén interesados en el derecho de autor, puesto que hay pocas obras tan completas como la de Lillian Álvarez Navarrete, la cual, por supuesto, está publicada bajo una licencia que permite su reproducción siempre que no sea con fines comerciales.

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