El “socialista” Insulza

Por: Luis Casado
Fuente: http://www.fortinmapocho.cl (11.08.08)

Título original: “Oportunismo: Insulza y otros próceres”

El 28 de abril, 2002 Luis Casado escribió el artículo; ‘Sobre oportunismo, Insulza y otros próceres’. Su actualidad impone un recuerdo que estimamos necesario en un país donde se goza de una proverbial mala memoria. FM.

Noviembre de 1989: mi camarada y amigo Ricardo Alvarado, a la sazón jefe del PSCh en Francia, me anunció que una delegación del parlamento francés, encabezada por su Presidente Laurent Fabius, iría a Chile en el marco de las elecciones que debían devolverle a nuestro país la dignidad de un gobierno democrático.

Mi responsabilidad en aquel entonces estaba centrada en nuestras relaciones internacionales. Yo colaboraba con Ricardo en todo lo que tenía que ver con los contactos con los partidos políticos franceses, las organizaciones e instituciones de este país y de Europa, y en particular con el Eliseo, o dicho de otro modo, con el Presidente Mitterrand, quién siempre manifestó una extraordinaria solidaridad con Chile y con el PSCh.

Hacía algún tiempo habíamos recibido en Francia a Clodomiro Almeyda, después que la movilización nacional y mundial lograran sacarle de la prisión y relegación a las que estuvo sometido.

El inicuo proceso al que lo había sometido la dictadura, en virtud de la seudo legalidad pinochetesca, había concitado la atención de los líderes políticos europeos.

Almeyda fue el único líder político chileno procesado en virtud del artículo 8° de la Constitución antidemocrática y liberticida surgida de las meninges de Jaime Guzmán, del que nunca se dirá suficientemente que fue uno de los inventores de la “democracia vigilada” que heredó la Concertación.

En Francia Don Cloro fue recibido por todos los líderes políticos excepto uno. Y creo necesario decirlo, para que quede constancia histórica de algunos hechos que encuentran hoy día una siniestra resonancia.

Pierre Mauroy, Primer Secretario del PSF, acompañado de algunos miembros de la dirección nacional del partido, nos recibió muy de mañana en su domicilio privado de París para un desayuno de trabajo. Fue grato dialogar con quién había sido Primer Ministro de Mitterrand, y que, en el marco de las antidemocráticas leyes electorales chilenas, tal vez no hubiese podido ser ni siquiera candidato a diputado. Pierre Mauroy, modesto profesor primario, militante desde su juventud, comunica fácilmente la fraternidad y la inteligencia de las gentes sencillas.

También lo hizo Georges Marchais, el controvertido Secretario General del Partido Comunista francés, en la sede del PCF, en París, situada en la Plaza del Coronel Fabien, llamada así en homenaje al joven resistente asesinado por los nazis durante la ocupación. Le sede fue diseñada por el arquitecto brasileño Carlos Niemayer y de algún modo recuerda el futurismo de Brasilia.

El ex Presidente Valéry Giscard d’Estaing, entonces Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Parlamento francés nos recibió en sus oficinas de la Asamblea Nacional. Giscard d’Estaing es un político de derecha. En la época del gobierno de Allende Giscard d’Estaing era Ministro de Finanzas del Presidente Pompidou, y le recordó a Don Cloro que, en esa calidad, le había recibido en París, como Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno Popular. No puedo sino destacar la bonhomía, la simpatía de quién no comparte nuestras ideas pero que nos recibió cálidamente, como un demócrata firmemente opuesto a la dictadura. Su amabilidad y su cortesía lograron el milagro de hacer que sintiésemos que éramos nosotros los importantes. No él, que había dirigido durante siete años los destinos de Francia.

Laurent Fabius, quién también había sido Primer Ministro de Mitterrand, nos recibió en el Palacio Lassay, residencia oficial del Presidente de la Asamblea Nacional, cargo que ocupaba en ese momento. Y nos ofreció un almuerzo al que había invitado a lo más granado de la prensa francesa.

Don Cloro también fue recibido en el Parlamento Europeo en Strasbourg, así como por una de las principales cadenas de televisión.

Y, por cierto, por el Presidente Mitterrand.

No quiero abundar en las muestras de afecto de las que nos hizo objeto. Durante la conversación, su conocimiento de Chile y la lucidez de sus apreciaciones nos sorprendieron. Y por cierto Mitterrand evocó al Presidente Salvador Allende, a quién visitó en La Moneda cuando sólo era Primer Secretario del PSF.

Al final de la entrevista Mitterrand le pidió a Don Cloro unos minutos a solas. Más tarde Clodomiro Almeyda nos contó que, sabedor del cáncer que le aquejaba, Mitterrand puso a su disposición todos los recursos médicos y científicos que Francia podía ofrecer.

El único dirigente político francés que no recibió a Don Cloro fue Jacques Chirac.

Lo que puede dar una idea de la dificultad que tendré el 5 de mayo para votar por él, con el único objetivo de parar al fascista Le Pen.

Volviendo al tema inicial, Ricardo Alvarado me pidió que acompañásemos la delegación parlamentaria francesa a Chile y, en vuelos y fechas distintos, llegamos a Santiago en el mes de diciembre de 1989.

El Partido Socialista de Chile, recientemente unificado, estimó oportuno invitar a los parlamentarios socialistas franceses [la delegación incluía diputados de todos los partidos] a una cena en el Restaurant Baltazar, ubicado en la avenida Las Condes.

De algún modo nos distribuimos en las mesas, y alguien me llamó para presentarme al futuro Ministro de Economía de Aylwin, don Carlos Ominami. Y me dijeron: “puesto que has sido miembro de las direcciones del PSCh en Francia durante el exilio debes conocerlo. Él estudió en Francia”. Sorpresa. No le conocía. Nunca le vi. En ningún lado. Ni en una manifestación, ni haciendo empanadas para juntar plata para la solidaridad, ni en el PS. Nunca. Pero eso no fue lo peor.

En la mesa en que me senté, entre otros, tomaron lugar dos personas a quienes tampoco conocía. Una de ellas era el Sr. José Miguel Insulza, y la otra, si mal no recuerdo, se llama Adriana Muñoz.

La casualidad quiso que yo no hablase sino francés durante buena parte de la cena. Y principalmente con algún parlamentario francés. De modo que no fue de ningún modo evidente que era chileno y militante del PSCh, y que hablaba castellano.

A partir de un cierto momento, y en ausencia de algún dirigente del PSCh, el Sr. Insulza y la Sra. Muñoz comenzaron una larga letanía de críticas y comentarios insultantes en contra del Partido Socialista deChile y de todos y cada uno de sus dirigentes. Nadie se escapó. Ni almeydista ni arratista.

Nunca en mi vida he oído tanta basura, tanta hiel lanzada en contra de mi partido y de sus dirigentes. Por cierto me hice el que no entendía nada y seguí escuchando para ver hasta dónde iría el concierto de injurias.

Hacia el final de la cena, cuando empezaron a servir los postres, encaré al Sr. Insulza y a la Sra. Muñoz diciéndoles que si pensaban la décima aparte de lo que acababan de decir, la única razón por la cual podían estar allí y en el Partido Socialista, era un simple oportunismo para hacer carrera.

No me contestaron. Sorprendidos, se levantaron y se fueron. Sin comer postre. Lo lamento por ellos. Estaba bastante bueno.

Algunos meses más tarde, en una entrevista con el Presidente Mitterrand en el Palacio del Eliseo a la que asistió Jorge Arrate, Mitterrand nos hizo saber que había recibido la designación del nuevo Embajador nombrado por Aylwin, como una bofetada.

En efecto, Aylwin no encontró nada mejor que enviar a París a un tal Sr. Barros, que había sido Embajador de Pinochet en Washington y, en calidad de tal, había intentado despistar en el caso del asesinato de Orlando Letelier y de Ronnie Moffit.

Mitterrand adujo, con razón, que él siempre había sido solidario con los demócratas chilenos y no entendía que le enviasen un pájaro de tal calaña.

Hicimos llegar el mensaje a Chile. Y el silencio que recibimos como respuesta fue ensordecedor.

Desde luego Mitterrand no podía negarle el “agrément” al embajador del primer gobierno democrático después de la dictadura.

De modo que el Sr. Barros, llegó a París. En donde no le recibió nadie.

No sé dónde está ahora el Sr. Barros. Pero sé que el Sr. Insulza está “disponible”.

Y si votar por Chirac, con el fin de parar al fascista Le Pen, me provocará vómitos, la eventualidad de votar por Insulza como candidato presidencial de la Concertación no me cabe en la cabeza.

Mientras tanto, nuestros amigos franceses siguen siendo tan solidarios como siempre.

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