Los intelectuales. ¡Hablemos claro!

Por: Josep
Fuente: lahaine.org 

(ALGUNAS REFLEXIONES A PROPOSITO DEL CONGRESO MUNDIAL DE INTELECTUALES DE VENEZUELA)

PREAMBULO.

INTELECTUAL: ADJ. Perteneciente o relativo al entendimiento.
INTELECTO: m. Entendimiento, facultad discursiva del hombre por la que comprende, concibe, juzga o razona.
INTELECTUALISMO: m. Fil. Doctrina que considera a la inteligencia como única facultad cognoscitiva, o bien la antepone por tanto, al voluntarismo, el vitalismo, el intuicionismo y las filosofías de la acción. Esta teoría se fundamenta, en términos generales, en la creencia de que todo lo real es en alguna manera inteligible y que la finalidad propia y última del hombre es el conocer…

A partir de estas definiciones nos sería bastante fácil usar el adjetivo de intelectual para cualquier miembro de la sociedad trabajadora que antepone, en cualquier tarea, el entendimiento a otras capacidades cognoscitivas. Diríamos que es gracias a esta facultad intrínseca del ser humano que hemos adquirido grandes conocimientos y hemos avanzado enormemente en métodos y herramientas que nos permiten resolver cada día con mayor facilidad nuestros problemas. Por tanto deberíamos usar el adjetivo de intelectual al físico, al biólogo, al médico, al ingeniero, al carpintero… cuando resuelven favorablemente sus tareas. Cuando las resuelven incorrectamente deberíamos decir que no usan o usan limitadamente sus facultades discursivas, que sus métodos de trabajo son erróneos o que sus herramientas no tienen la eficacia y la precisión necesarias para abordar las tareas emprendidas. Paradójicamente, sin embargo, usamos el adjetivo de intelectual solamente para otros trabajadores (literatos, contertulianos, economistas, filósofos, doctos académicos de las ciencias sociales, etc.) que si tenemos en cuenta la nulidad de sus aportaciones y respuestas, no se merecerían tal adjetivo sino el contrario.

Será muy difícil que surja una aportación teórica realmente decisiva que sirva como pauta para la Humanidad en estos momentos de crisis e incertidumbre si los intelectuales no se proponen un trabajo riguroso de comprensión de la realidad, de un profundo análisis de las raíces de los problemas planteados y sobretodo de la búsqueda de soluciones. Su trabajo es eminentemente investigador como lo puede ser el de un biólogo molecular tras la enfermedad de un vegetal o la de un medico tras la dolencia de su paciente. Sus aportaciones a la solución del problema y no la continuada descripción de la enfermedad es lo que la sociedad les debería exigir si éstos persisten en querer conservar su posición de intelectuales. Como mínimo ellos deberían intentarlo con honradez. Si no están dispuestos a hacerlo así, deberían ser francos y decir: no he investigado lo suficiente para poder determinar cómo puede resolverse tal o cual problema; los remedios hasta ahora conocidos no sirven; no sabemos de momento la manera de hacer posible su resolución… Y deberían decirlo de manera entendible para que el paciente, que sabe sobradamente lo que le duele, se atienda a la realidad. No deberían esconder en palabras y frases ininteligibles su propio fracaso. Ni deberían hacer pasar respuestas chapuceras por soluciones científicas. Ni deberían osar seguir llamándose intelectuales, ni mucho menos pretender solucionar su vida con este trabajo.

Si los trabajadores de las llamadas ciencias sociales se plantearan así de sencillo su trabajo sería un gran paso adelante. Así es como lo hacen el carpintero,o el médico,o el investigador,o el campesino…

Antes de entrar en la valoración que me merece el reciente Congreso Mundial de Intelectuales celebrado recientemente en Venezuela, una reflexión más:

Los que se reunieron en Caracas auto-otorgandose el titulo de intelectuales son dignos de compasión. En vano busco entre ellos alguno que haya alumbrado un pensamiento decisivo que sirva para modificar el dramático curso de los acontecimientos de nuestra época. Discursos propios de épocas y realidades cuyo tiempo ha pasado, propuestas mas propias de vasallos que de hombres constructores de nuevos horizontes, respuestas superficiales a los problemas más graves, vaguedades y ausencia de practica científica. Lo primero que esos intelectuales de Caracas deberían haber aprendido si verdaderamente quieren asumir la noble tarea de la defensa de la Humanidad, es que lo que realmente justifica el empeño en la elaboración de la teoría política es la de su necesidad para el desarrollo de la vida. Porque nada es más necio que suplicar perdones de deudas para de inmediato volver a endeudarse. Nada es más ruin que preconizar la construcción de Naciones Soberanas cuando la Historia ha dictado su veredicto en el sentido de una sola y común Humanidad.

Es evidente que en Caracas al igual que en PortoAlegre, se ha perdido la visión para dar un impulso al pensamiento político y filosófico que demanda nuestra época. En su lugar han instaurado la propaganda, el melodrama, la predicación religiosa y un remedo de para-ciencia más apto para un auditorio de sapos siempre bien dispuestos para croar, que para gentes que buscan descubrir las claves para que otro mundo más racional sea posible.

Para que repetir una vez más lo que ayer ya fue repetido cientos y miles de veces. Tal vez Bolívar fue un intelectual con mayúsculas porque supo captar, interpretar y formular los principios, los deseos y las necesidades de los pueblos americanos. De esos principios surgieron las Naciones tal como hoy las conocemos, pero lo que ayer era una posibilidad por la cual valía la pena luchar ya no es hoy, en todo caso, una necesidad. Hoy no es posible formular una teoría, como lo han hecho en Caracas, de lucha contra el imperialismo basada en los principios de la soberanía nacional. Incluso Bolívar con su idea de la gran nación americana, sobrepasó en mucho a los lánguidos y raquíticos planteamientos de los intelectuales de Caracas ignorantes de los grandes procesos que no tan solo en América, sino en todo el mundo, van en la dirección de la construcción de una sociedad humana que no puede ser constreñida en el estrecho marco de la Nación.

En Caracas quedó meridianamente claro que si existe alguna forma de representación general de las fuerzas intelectuales capaces de intervenir en el curso de la Historia, no son precisamente las que asistieron al Congreso. Músicos, cineastas y literatos aprendices de filósofos griegos sumidos aun en la eterna duda de si es posible otro mundo mejor, dieron un pobre espectáculo dedicándose a repetir las mismas opiniones de siempre cambiando alguna que otra frase para que a nadie se le pudiera ocurrir acusarles de plagio. La verdadera miseria del intelectual no estriba en la momentánea falta de respuestas a los problemas planteados, ni en el silencio cuando aun no se han hallado las claves que guiarán la acción, la miseria del intelectual es subir a la tribuna cuando no se tiene nada nuevo que decir.

A tenor de la lectura de algunas ponencias del Congreso Mundial de intelectuales celebrado recientemente en Venezuela ,salvo el gran derroche de excelentes escritos literarios y de buenas voluntades, tengo serias dudas sobre la validez de sus aportaciones. Me parecen análisis y resoluciones de pobrísimo y senil trabajo intelectual.

Un nuevo Forum, de los innumerables que se realizan constantemente, que no servirá de nada salvo para que los asistentes añadan un nuevo galardón de asistencia que les avale para los próximos encuentros que a buen seguro continuarán siendo tan inútiles como los anteriores. Contrariamente a lo que piensa Carlo Frabetti creo que los intelectuales deberían dejar de asistir a estos forums, volver urgentemente a sus madrigueras (uso el vocablo que el mismo utiliza) , trabajar seriamente, producir y proponernos sus aportaciones. Que lo hagan o no gremialmente para mi no tiene demasiada importancia si los resultados son excelentes. Si su trabajo en la madriguera se hace de espaldas a la realidad de poco servirá. Si sus métodos de trabajos son poco rigurosos (exentos de cientificidad) sus resultados serán estériles y muy pronto los hechos los invalidarán. Así de sencillo: viajar menos, conferenciar menos y trabajar más.

Como trabajadores del intelecto deberían hacer su labor con rigor y tenacidad, deberían azuzar su ingenio, profundizar en los análisis, ser críticos, indagar respuestas y aportarlas a la sociedad. Si quieren vivir de este trabajo deberían hacerlo como lo hace todo el mundo: o situarlo como «mercancía intelectual de cambio» en el mercado y entonces será el mercado quien lo aceptará o lo rechazará, o como «mercancía intelectual de uso». En este último caso deberían interpelarse, junto con otros conciudadanos que han elegido también este camino, de que manera podríamos sobrevivir todos con nuestros respectivos trabajos al margen de la sociedad del dinero… Y no crean que esta sea una cuestión baladí. Es una cuestión de primera categoría.

R.Kurz (grupo «Exit») pide financiación monetaria al mercado intelectual para que su trabajo investigador pueda continuar… ¡Qué tremenda contradicción de un crítico radical a la sociedad del dinero que corre al Foro de Porto Alegre (antes de su defunción) en desesperada búsqueda de un mercado solvente para sus nuevas mercancías… Su antiguo grupo «Krisis» se apropió de sus anteriores trabajos intelectuales¡ ¡Ay la propiedad intelectual¡

(Nota: El trabajo de Kurz me merece mucho respecto porque como mínimo intenta escarbar en la base real de los problemas que tenemos planteados).

Sería extenso y posiblemente infructuoso un análisis exhaustivo de todas las ponencias de este congreso. Limitaré mi escrito a una crítica general de las posiciones mas generalizadas y que mi entender definen sus líneas de pensamiento y de acción política y que expresa bastante bien el escrito de Carlo Frabetti «El comienzo de la edad postcontemporánea». Más, para expresar mis puntos de vista que para provocar ninguna polémica con posiciones que creo absolutamente carentes de rigor y ancladas en el pasado. Como bien dice el mismo en su escrito, el Congreso se desarrolló con ponentes y ponencias excesivamente homogéneas que volvieron a repetir lo que meses antes ya habían compartido en una mesa redonda en La Habana y que han seguido debatiendo nuevamente tras el encuentro de Caracas y que seguramente seguirán debatiendo en el FSM. A esto yo le llamo circulismo estéril. Ustedes se lo guisan, ustedes se lo comen. Felizmente su aislamiento con los movimientos de resistencia es enorme.

SOBRE EL IMPERIO.

Se debería avanzar mucho más en el análisis del actual proceso de concentración capitalista para saber exactamente contra que, o contra quien, nos estamos enfrentando. Sin el rigor en estos análisis cualquier búsqueda de soluciones debería catalogarse en los ámbitos de la ficción literaria.

Es tergiversadora y errónea la manera como se muestra al Imperio estadounidense, al Imperio de Bush, como el causante de los males del mundo. Todo parece girar en torno a los éxitos o los fracasos depredadores de EEUU para tomar la temperatura de los éxitos o los fracasos de la resistencia de la Humanidad, sin comprender que un posible cambio en los instrumentos de poder mundial, como consecuencia de un fracaso estadounidense, no sería significativo en el proceso de concentración capitalista que tiene lugar en este periodo. Si los analistas nos hablaran del Imperio Capitalista (que es en definitiva lo que se está creando a través de grandes concentraciones de Capital sin patria ni bandera por medio de fusiones, absorciones, compras o pillajes) como consideración fundamental y de los distintos grupos o fracciones de poder litigantes, sus contradicciones y vicisitudes, como consideración secundaria, nos sería de un gran provecho para comprender mejor la realidad. Una debacle estadounidense como la que ya empiezan a augurar prestigiosos analistas como J.Stroupe («GeoStrategyMap, abril 2004) dejaría sin duda fuera de juego los análisis de numerosos analistas.

Lo único que realmente propone el centro de poder norteamericano, a sus otros socios (y a su vez litigantes) , es su liderazgo para terminar completamente el proceso de concentración capitalista bajo la perspectiva de que quienes no lo hagan de su mano pueden quedar excluidos y pasar a formar parte del mundo depredado. El último discurso de Condoleezza Rice en el Senado es bastante claro al respecto: «Hemos de convencer al mundo que solo los EEUU pueden liderar…».

La lectura de la carta dirigida a Bush por personajes muy significativos de la política de la UE (ver en la web: «Estimado señor presidente…») demuestra que existe un sector europeo favorable a este liderazgo, mientras otros hechos de enorme trascendencia (el intento de consolidación de un pacto continental Berlin-Moscú-Pekin) apuntan a que otros sectores europeos no están dispuestos a aceptarlo e intentan promover el desarrollo y el fortalecimiento de una fracción litigante distinto. Este nuevo grupo, caso de crearse con éxito, hemos de comprender que sería también necesariamente imperialista porque solo puede ser ésta la forma que toma el capitalismo en su proceso irreversible de concentración como medio de supervivencia. Es más, quienes entienden como progresista, por ejemplo, la formación en el continente sudamericano de un poder continental deslibrado de las garras estadounidenses no comprenden que como tal, estaría también obligado, para subsistir, a devenir imperialista a costa de otros países de su cercanía geográfica. Vencer a los competidores y concentrar recursos, en la sociedad del Capital, es la única forma de sobrevivir.

Lo primero que hacen los líderes sudamericanos, en los que ustedes parecen depositar tantas esperanzas, es llamar a «otros capitales» y augurarles paz laboral y beneficios libres de riesgo. El proceso de concentración capitalista a la que están obligados a caminar para sobrevivir será idéntico aunque lo hagan bajo las viejas formas de nacionalizaciones o estatalizaciones, o lo hagan bajo la forma privada. Conocemos de sobra a dónde va a parar el «beneficio social» de ambas proposiciones.

Mientras todo el mundo parece asentir que este proceso de concentración capitalista está en manos no de sectores nacionales sino de grupos trasnacionales que actúan ya por encima de fronteras continentales (fundamentalmente consorcios financieros que son en realidad la expresión más acabada que toma el capitalismo en su última fase imperialista), extrañamente no todo el mundo parece comprender que estos grupos pueden fácilmente cambiar sus instrumentos organizativos y ejecutivos. Y esto no tendría ninguna incidencia significativa en el proceso general. Pueden usar el Estado-Nación más poderoso y militarizado del mundo, cambiarlo en el momento de su decrepitud o servirse de un nuevo modelo de Estado de carácter trasnacional o construir su propio instrumento ejecutivo privado. Es sintomático como cualquier grupo de poder -político-militar- litigante ofrezca a estos grupos trasnacionales el aval de un gran poder armamentista. Todos saben perfectamente que el nuevo periodo de concentración capitalista será de confrontación sin piedad por la disputa del mundo. Para que unos ganen otros deberán perder. La UE ya ha emprendido su carrera armamentista; Rusia ha aumentado considerablemente su inversión en investigación militar; el presidente chino Hu Jintau llama al ejército a prepararse para la guerra (Agencia Reuters 30/09/2004) a la par que firma acuerdos de cooperación de alta tecnología militar con Chirac (Agencia AFP 19/10/2004), los EEUU han aprobado para este año el mayor presupuesto militar de su historia… y como saben muy bien ustedes en la VI Conferencia de Ministros de Defensa de América celebrada en Quito el pasado año, se decidió la puesta en marcha de una fuerza militar que integraría en base a Venezuela, Cuba y Brasil un nuevo bloque militar regional (Heinz Dieterich ha escrito profusamente sobre ello). ¿Se han preguntado ustedes a que viene tanto militarismo? ¿Se han preguntado porque en la Alemania nazi, tras la subida de Hitler al poder, aumentaron considerablemente las inversiones de potentes grupos industriales norteamericanos? ¿Se han preguntado en que se concretan las garantías que da Hu Chintau a los inversores trasnacionales? ¿Acaso estos no aplaudirán una política liderada por la cúpula politico-militar del PC para asegurarse los recursos,las fuentes energéticas,…que ellos necesitarán para que de sus inversiones puedan obtener el máximo beneficio?

Se acabaron las guerras imperialistas tal y como se desarrollaron en los siglos pasados. Es hoy una guerra entre Capitales en donde lo menos importante es la bandera bajo la cual se derimirán los conflictos.

En cuanto a la creación por parte de los grandes grupos trasnacionales de sus propios instrumentos privados (mas allá de los antiguos instrumentos territoriales, nacionales o de agrupación de naciones) esto ya es un hecho tanto a nivel económico, como político, como probablemente militar. Instrumentos privados, secretos y al margen de cualquier antiguo control democrático nacional o internacional.

Es clarificador ver como, por ejemplo, el programa HAARP (tecnología de la guerra climática) desarrollado en el marco de la Defensa estratégica de los EEUU por una empresa supersecreta íntimamente ligada a la CIA ha terminado en propiedad del mayor fabricante privado de equipos electrónicos de guerra del mundo (Raytheon), es decir, a merced del mejor postor. Ni el Congreso de los EEUU pudo controlar los proyectos que esta empresa desarrollaba. Como tampoco va a controlar las nuevas operaciones encubiertas extraoficiales que Rumsfeld (junto con Paul Wolfowitz y Douglas Feith) se disponen a organizar por todo el mundo (The New Yorker,enero 2004).

Por lo tanto más que ejércitos de levas nacionales o de grupo de naciones (herencia del feudalismo), más que ejércitos profesionales con banderas aún nacionales (herencia de la etapa imperialista), más que ejércitos semi-privados con estandartes internacionales (Yugoslavia)… veremos muy pronto ejércitos de mercenarios ondeando las propias siglas de las grandes empresas trasnacionales como ya está pasando en Irak. Este es realmente el estandarte que debería llevar el ejército de los EEUU porque es ésto en definitiva lo que está proponiendo exactamente el equipo Bush al mundo del Capital. Si fracciones del Capital desarrollan ejércitos propios es más para participar en las guerras del César que para combatirlo… porque a la postre de una u otra manera deberán colaborar en la rapiña para no verse excluídos de sus beneficios. La falsa confrontación entre USA-Europa respecto a la guerra de Irak se acabará rápidamente cuando los capitales europeos reembolsen su parte correspondiente de los 4.700 millones de dólares que cada semana cuesta la guerra. Esta es realmente la discusión; idéntica a la que se tenía en la era de las campañas militares del Imperio Romano.

Esto no significa que queden excluídas aún confrontaciones muy violentas entre fracciones del Capital, ni que estas se desarrollen bajo estandartes nacionales o internacionales. El pez grande terminará comiéndose al chico.

El inevitable rumbo del Capital en búsqueda de un mayor beneficio conlleva tanto a la necesidad de la deslocalización de centros productivos y de capitales como a la necesidad de crear (o cambiar) nuevos instrumentos de poder político militar para cumplir con sus objetivos. Interpelado un alto funcionario de la administración norteamericana por el peligro de que las inversiones y deslocalizaciones empresariales estadounidenses en China pudieran llegar a engordar a un futuro competidor respondió: «Lo sabemos, pero no podemos hacer otra cosa»… Es decir, su propia necesidad del beneficio privado sobrepasa cualquier otro tipo de consideración por graves fricciones que pudieran estar creando en el proceso de privatización del mundo.

Este es realmente el panorama que deberemos afrontar en los próximos años. Es en este periodo de agudización de feroces luchas entre depredadores y de conformación de un poder global cada vez mas concentrado en el que la Humanidad ha de encontrar respuestas propias que la distancien de batallas que no son las suyas. No se trata pues del Imperio Bush, ni del imperialismo norteamericano. Mañana podría llamarse Chino o Europeo. En el gran casino capitalista en donde algunos juegan, pocos serán los ganadores y inevitablemente lo serán a costa de que otros muchos (una gran parte de la Humanidad) sean los perdedores.

Es por eso que es preciso analizar con mucha mas profundidad el complejo proceso abierto de concentración capitalista que nada tiene que ver con el Imperio del malvado Bush. Además debemos tener en cuenta que todos los que hoy son salvajes competidores están plenamente dispuestos a formar parte a su vez de una gran alianza para que este gran casino capitalista no deje de funcionar. Sus intereses pueden ser contrarios pero en una economía global también están totalmente entrelazados. Los capitales de Europa, Rusia, China, Japón… correrán para salvar al unísono, si fuera necesario, a la economía norteamericana. Su crisis acarrearía una crisis de abasto global.

Vislumbrar frente a este proceso de concentración capitalista cuales son las ideas y las herramientas con las que pueden unificar la lucha de todos los pobladores de la Tierra (salvando fronteras, patrias, culturas, religiones, ideologías,…) debería ser la tarea de los intelectuales, si creen que tienen algo que aportar. Estoy seguro de que los hay en esta tarea y es preciso que muchos más se les añadan porque los grandes cambios que necesitamos van a depender no solamente de nuestra capacidad de resistencia sino en saber encontrar el rumbo correcto que las unifique… si no queremos constatar en las próximas décadas que cuanto más se pretenda cambiar, más resulte de la misma cosa.

LOS MOVIMIENTOS DE RESISTENCIA.

Puedo entender muy bien su obstinada obcecación en la creación de vínculos organizativos que unan a los intelectuales («periodistas, poetas, activistas de los movimientos sociales, artistas, políticos, científicos sociales, profesionales, literatos…») con los los movimientos de resistencia. Seguramente que este es SU problema, pero dudo mucho que sea el problema de los movimientos de resistencia. El problema de los movimientos de resistencia es cómo sobrevivir en la barbarie y como cambiar las cosas para que sus descendientes no sigan viviendo en la barbarie. Esta obcecación corresponde, sin duda, a los viejos tentáculos del estalinismo de los que ustedes no pueden desprenderse y que felizmente cada día atenazan menos a los nuevos movimientos sociales. Colaboren ustedes en dar respuestas a los problemas planteados y no duden entonces que estos vínculos se crearán sin necesidad de grandes forums, ni estructuras organizativas como las que antaño intentaron dirigir los grandes movimientos revolucionarios. El mundo está ansioso de saber en qué dirección puede haber una esperanza en este laberinto.

Mucho hablan ustedes de ese termino que han conseguido poner de moda: La red de redes. En su pretensión de dirigir los movimientos de resistencia que logicamente van surgiendo como respuesta a las agresiones del Capital, no dudan en organizar coordinadoras, comites de solidaridad, o supraorganismos que al igual que los caducos parlamentos de la burguesia cumplen la misión de llevar a los luchadores al esteril cauce de la negociación y del pacto con las fuerzas responsables de su situación. Siempre han actuado igual: Un oportunismo sin freno para el cual toda lucha es una fuente de votos y un trampolín para escalar posiciones sociales, incluso para algunos, sin ningún escrupulo, una forma de darse a conocer con el objetivo de aumentar la tirada de sus miseros libritos.

Y a pesar de la supuesta originalidad del concepto de red de redes, deben saber que esta no es más que una mala copia de la que el Capital ha ido tejiendo dia tras dia, penetrando a la sociedad entera hasta configurarla a su propia imagen. Una red donde los nudos que la entrelazan son la propiedad de los diversos recursos y los hilos que la tejen son el trabajo de millones de explotados. Ustedes hablan de redes autonomas vacias de contenido, o en el mejor de los casos de redes gestionadoras de la miseria carentes de medios para abordarla con eficacia. No es de extrañar que ante tan numerosos lamentos sobre las injusticias del Capitalismo y sin dudar ni un instante de su capacidad intelectual, en sus discursos brille por su ausencia cualquier referencia al origen de las mismas: La Propiedad Privada de los medios de producción. Las Redes de las que hablan son aquellas que solo sirven para pescar en aguas revueltas, es en ellas donde esperan obtener ganancias.

Una sociedad constructora que no entiende de naciones ni de fronteras, ni de representaciones geográficas, ni de clases ni de sectores sociales… y que ni mucho menos se unifica por la intrínseca condición sindical, campesina, indígena, política, estudiantil, o de género de sus cooperadores. Esta condición fue, durante una etapa del desarrollo capitalista, la que sectorizó a la sociedad y la que engendró las luchas entre clases sociales. Hoy la desposesión de cualquier forma de propiedad (incluida la de la fuerza de trabajo que deviene para el Capital innecesaria) invalida como fuerza de cambio a todos y cada uno de estos antiguos sectores sociales que se diluyen en un gran marasmo de propietarios de nada; mas o menos excluidos de poseer la única moneda de cambio que otorga el derecho a la vida: el dinero. Más aún cuando su propia actividad creadora, voluntariosa y digna de la mayor consideración siga desenvolviéndose bajo las leyes del mercado capitalista. Ustedes deberían saber que los precios de los alimentos para sus productores han bajado más de un 2% cada año en las últimas cuatro décadas y que países como Burundi que obtiene el 70% de sus ingresos de la exportación de café ha visto como su precio en el mercado cayó el 70% entre 1997 y el 2001. Las mal llamadas leyes de la economía de mercado solamente pueden llevar más ruina a la población mundial. No solamente porque éstas son la única base real del funcionamiento capitalista (mas allá de los aspectos de una gran fantochada especulativa y de casino que se han dado igualmente en cualquier modo de producción), sino fundamentalmente, porque el dinero como valor de cambio no puede ser obtenido por amplias masas de la población. Y al contrario de lo que afirma R. Kurz, la crisis no consiste en que la Ley del Valor ha dejado de ser el pilar del sistema capitalista, sinó en que esta es constantemente expandida a todos los sectores economicos y sociales sin exclusión. Es precisamente en el triunfo absoluto de la teoria del valor donde se desvela toda la inmensa irracionalidad del sistema.

«Hoy los valores de cambio en un gran mercado globalizado no tienen nada que ver con el valor en sí mismo de la mercancía producida sean avellanas, juguetes o vestimenta… ni del trabajo del agricultor como fuente de riqueza y de vida, ni de la satisfacción creadora del trabajador, ni del reconocimiento social de la mercancía, ni de ninguna ley de la oferta y la demanda… El valor de cambio (su precio en dinero) se estipula muy lejos de su mercado natural, en las entrañas de un gran centro financiero que decide cuando y en que cantidades se producirán y teniendo solo en cuenta el mercado solvente a la que se destinarán. Así se pueden fabricar o destruir enormes riquezas. Así, el barril de petróleo puede alcanzar precios desorbitantes e inaccesibles para el desarrollo económico de muchos países, mientras es acumulado en enormes reservas en los países desarrollados. Así se pueden producir o destruir toneladas de reservas agrícolas mientras cientos de miles de pobladores de la Tierra se mueren de hambre».(en la web, EL ABISMO 3, «La ley del valor y la propiedad capitalista»).

Pero la disolución y desmoronamiento de estos sectores sociales no es fruto de la maldad capitalista como piensan los que no logran entender el proceso cambiante de la Historia. Es el empuje imparable de un estadio de desarrollo científico-técnico (aún enajenado por el Capital) que hace inviable la supervivencia de las antiguas maneras de producir que estos sectores protagonizaron. Es la sociedad del conocimiento la que ha puesto definitivamente en crisis, como tal, al obrero, al campesino, al estudiante, al sindicalista, al político, al indígena… y a la propia condición de género de la especie humana. La Ciencia no entiende de género, de raza o de etnia, así como no entiende tampoco de nacionalidades y fronteras desde posiciones ideologicas o religiosas. Para la Ciencia la política de la sociedad y de la cultura burguesa solo alcanzan el rango de la del viejo brujo o de la del pope inquisidor. Pócimas y hechizos solo para perpetuar la dominación y la esclavitud. Ciencia y brujería están en dos polos tan opuestos como la vida y la barbarie.

Bienvenida sea pues, y deberíamos decir a esta sociedad emergente que nos ofrece los medios para librarnos del trabajo esclavizador, del sudor y del sacrifico bíblico, de los avatares climáticos, de los desiertos inertes, de los mares indomables, de las fronteras geográficas infranqueables, de las enfermedades incurables,… ¡Malditos sean los que intentan privatizar estos conocimientos en pos de su propio beneficio privado! ¡Malditos los que usan este conocimiento en favor de la destrucción! ¡Malditos los que siguen blandiendo la bandera sagrada del mercado y de las naciones y malditos los que continúan diciendo a los pobladores de la Tierra que sigan blandiendo los mismos estandartes que les han arrojado a la más absoluta desesperanza!

No sigan sumando ustedes inquietudes respecto al conocimiento científico, a la Ciencia moderna y a las nueva tecnologías. No fracturen la cultura científica y tecnológica con la humanista. Lean con atención los escritos de uno de los más importantes científicos de nuestro tiempo Albert Einstein y comprenderán de qué manera tan sencilla deberíamos plantearnos esta cuestión: «La preocupación por el hombre y su futuro debe constituir siempre la base principal de todos los esfuerzos técnicos, la preocupación por los grandes problemas de la organización del trabajo y la distribución de los bienes que están aún por resolver, a fin de que las creaciones de nuestra mente sean una bendición y no una maldición para la Humanidad. No olvideís nunca esto en medio de vuestros diagramas y ecuaciones».(Discurso de A. Einstein en el Instituto de Tecnología de California en 1937).

Trabajar para la vida y no para la destrucción es el único mensaje que ustedes deberían haber hecho al mundo de los científicos. Usar y expandir el conocimiento como herramienta en favor de nuestra vida y de nuestra felicidad es el único mensaje que ustedes deberían haber enviado a los pobladores de la Tierra. Cómo hacerlo en un mundo de barbarie, protegido por mercenarios fuertemente pertrechados y dispuestos a sembrar la muerte y la destrucción, debe ser el interrogante que el intelecto colectivo ha dar urgente respuesta.

No tiene tampoco nada de novedoso que ustedes como deseosos gestionadores de la sociedad del pasado (o de la actual sociedad en imparable quiebra) quieran representar y defender la supervivencia de todo aquello (y de todos aquellos, Capital incluido) que la Historia ya ha determinado su defunción. Nada tiene de extraño que «su nueva economía emancipadora y solidaria fomente los valores de la solidaridad en el trabajo, la disciplina productiva y la eficiencia económica (otros deslices estalinistas) en el que el Capital nacional e internacional podrían estar presentes…» (MESA 3 DECLARACION FINAL).

Si tal es el camino que proponen yo les puedo asegurar que ustedes están obligados a ser los verdugos liquidadores de cualquier movimiento de resistencia al Capital.

A los hombres y mujeres que la sociedad del Capital ha desahuciado de participar en esta nueva sociedad que emerge, ustedes les proponen, dando una vuelta atrás a la rueda de la Historia, conservar su condición de esclavitud (del trabajo forzado) como buenos obreros, campesinos, estudiantes, indígenas, mujeres liberadas, sindicalistas… en una patria soberana en perfecta armonía y concordia con otras patrias soberanas. Esto es lo que propusieron las burguesías nacionales siglos pasados. Analicen ustedes el resultado de este proceso y comprenderán ustedes en donde estamos hoy, y a partir de aquí, empiecen a hacer su trabajo intelectual. Y sean científicos en su tarea.

Marx, decía que (…)»Una formación social nunca declina antes que se hayan desarrollado todas las fuerzas productivas que hay en ella, en toda su extensión, es capaz de contener y nunca surgen nuevas relaciones de producción superiores antes de que sus condiciones materiales de existencia hayan sido generadas en el seno de la vieja sociedad. Es por esto, que la Humanidad nunca se propone realizar tareas que no pueden ser llevadas a cabo, ya que si analizamos bien las cosas, llegaremos siempre a la conclusión de que la propia tarea solo surge si las condiciones materiales de su resolución ya existen de antemano, o por lo menos existen en vías de formación». (Marx, en el prefacio de la «Crítica de la economía política»).

Carlo Fabretti, que invita a «tragarse vivo a Marx» debería haberlo cacareado menos y estudiado más. Nunca cuando surgen unas nuevas relaciones de producción superiores, generadas en el seno de la vieja sociedad, la Humanidad las ha rechazado. Nunca nos anclamos en el pasado cuando sopla buen viento y el rumbo augura buena travesía y un buen puerto. Cualquier tarea surge solo cuando existe la posibilidad material de su realización (o por lo menos tal posibilidad está en vías de formación).

¿No están surgiendo ya nuevas maneras de realizar nuestras tareas? ¿Acaso piensan que en la condición asalariada y bajo las leyes del mercado podemos desarrollarlas? ¿Hasta dónde ustedes harían retroceder a la nueva revolución tecnológica (al conocimiento humano) para poder mantener la propia condición del obrero fabril, del labrador, de la hilandera, del pescador, del estudiante, del sindicalista…? ¿A qué siglo deberíamos retroceder para que la constitución de naciones soberanas y el otorgamiento de la condición de «ciudadano» fuera aún una opción históricamente progresista como lo fuera entonces frente a los estados feudales y a la condición de «súbdito»? ¿Qué forma de propiedad estatizada o nacional no ha demostrado ya sobradamente que solo representa otra forma de apropiación privada que no supone cambio alguno en el sistema social imperante? ¿No aprendieron aún ustedes las lecciones del desarrollo de la revolución rusa? ¿No creen ustedes que en esta economía emancipadora y solidaria antes de fomentar el trabajo solidario, la disciplina productiva y la eficiencia económica debería ahondar primero en el modelo de progreso que los seres humanos necesitamos para favorecer nuestra vida y nuestra felicidad? ¿Porqué no dejan ustedes en paz de una vez por todas al dios-dinero y a la diosa-Ciencia para sumergirse en las entrañas del ser humano, sus dones creativos, sus ansias de conocimiento, sus profundos vínculos con las leyes que rigen la vida en el Planeta…?

¿Porqué no dejan ustedes de zarandear a K.Marx y vuelven su mirada hacia la proposición del mundo futuro que ya hicieron los librepensadores del Renacimiento como, por citar alguno, Tomás Moro en su Utopía… «(…) que doquiera que exista la propiedad privada, donde mídase todo por el dinero, no se podrá conseguir que en el Estado impere la justicia y la prosperidad, a menos de considerar justo un Estado en el que a lo mejor pertenece a los peores, y como próspero un país en el que unos cuantos individuos se reparten todos los bienes, disfrutando de todas la comodidades, mientras la mayoría vive en miseria grande (…)Es por tal motivo que estoy persuadido de que el único medio de distribuir equitativamente los bienes y asegurar la felicidad de la sociedad humana es aboliendo la propiedad. Mientras ésa subsista, la mayoría de los mortales, y entre ellos los mejores, conocerán las angustias de la miseria, de todas las calamidades inevitables; situación que, aunque puede ser susceptible de ser mejorada, considero ahora que no puede ser evitada de manera total (…)Leyes tales, parecidas a los remedios con que se trata de reanimar un cuerpo enfermo, pueden ser paliativos y aliviar los males del cuerpo social; pero no habrá ninguna esperanza de curarlo ni de devolverle la salud, mientras se mantenga la propiedad privada».

¿Cómo abolir la propiedad privada? Para esto… urge un serio y profundo trabajo científico que ustedes por lo visto no están dispuestos ha emprender. En todas sus resoluciones, en todas y cada una de sus pócimas literarias, citaron ustedes ni una sola vez a la PROPIEDAD PRIVADA. ¡Menudo cónclave de farsantes¡

En realidad, cuando uno pasa del campo de las denuncias a los abusos del Capital que constituyen la justificación ultima de sus reuniones y congresos y desciende a la cruda realidad de sus propuestas, no tarda en darse cuenta que un miedo atroz se ha apoderado de sus cerebros hasta llevarlos a un estado de rigidez y parálisis. Por un lado ven en la miseria y la explotación de cada vez más amplios sectores sociales, toda la tragedia que de forma inevitable se cierne sobre la humanidad entera. «Comprenden y lamentan» los efectos que se derivan de un sistema «injusto» e irracional. Su «altruismo» les conduce a asumir la defensa de los desahuciados y para ello nada mejor que montar unos cuantos Congresos, Forums ó Plataformas donde debatir como arreglar los estropicios. Pero al final de los discursos es inevitable proponer alguna alternativa y es en este punto donde se desvelan y se pone blanco sobre negro lo que es cada uno.

Cuando les acuso de farsantes lo hago por sus resoluciones o recomendaciones. ¿Si son incapaces de hacer un diagnostico como pretenden aportar soluciones?. Sin abordar el problema de la Propiedad Privada ustedes saben muy bien que no hay solución al problema de los campesinos. El trabajador desprovisto de los medios de producción está condenado a perpetuidad a vender su fuerza de trabajo al propietario. Ninguna justificación es posible para semejantes olvidos y menos en quienes se declaran mayoritariamente provenientes del campo de las izquierdas políticas. Todas sus declaraciones sobre la lucha por un comercio «justo», un salario «digno»…., son solo y tomándolas como buenas intenciones, un bálsamo para aliviar espiritualmente el camino hacia el infierno.

LAS LUCHAS DE RESISTENCIA

No se pueden poner todas las luchas de resistencia al Capital en un mismo saco. Existen muchos sectores que el desarrollo de la sociedad del Capital les atenaza y les tienen preparada su sepultura. Pero su lucha por conservar su propio estatus social es tan reaccionaria como inútil. A cobijo del Capital no tienen porvenir. Ni lo van a tener en una sociedad en donde el único privilegio será la lucha colaboradora y solidaria por la vida: aquí nuestra condición de especie humana (en su sentido más biológico) es la única que nos unificará.

No se puede tampoco, menoscabar ninguna forma de resistencia de la sociedad trabajadora al Capital, ni la que pudiera parecer políticamente mas reformista. La única propuesta reformista que nos debería haber sublevado es, por ejemplo, la surgida del Foro de Porto Alegre ( en el que muchos de ustedes participaron). A tenor de los financiadores de los casi 40 millones de dólares que costó el evento (Fundación Ford, Fundación Rockefeller, Electrobás, Petrobás, Banco del Brasil, ONG confesionales y ONG cuyos fondos provienen directamente de gobiernos europeos, etc.) es bastante indecente y bochornoso pensar que éste Forum tenga algo que ver con los movimientos de resistencia mundiales.¡Qué lástima que siga arrastrando a miles de ciudadanos que creen honestamente que otro mundo es posible! ¡Qué vergüenza para los intelectuales que asistieron y dieron alas a tal desfachatez revestida de progresismo!

La lucha de millones de personas que la sociedad del dinero ha excluido de cualquier posibilidad de supervivencia tomará seguramente mil formas y maneras diferentes. El ser humano trata siempre de sobrevivir en las situaciones más adversas. La lucha por la vida sigue siendo el motor de primera categoría para nuestra especie. Nada se puede objetar al respecto. Pero de lo que se trata es de vislumbrar cuales son los elementos de esta resistencia que son síntomas precursores de un nuevo orden social y que por tanto señalan un sentido claro de cambio que puede llegar a unificar a la generalidad de los seres humanos (por la cientificidad de las soluciones planteadas) y los que por el contrario siguen encerrados en un círculo inacabable de no-soluciones que solo conlleva derrota tras derrota.

La crítica rigurosa de los errores y las carencias de estos movimientos de resistencia deberían ser la única aportación positiva que deberían hacer los intelectuales. Es incomprensible que se aplauda seguidistamente y se pongan en el mismo saco de lucha «antiimperialista» (término absolutamente tergiversador y obsoleto : se terminaron las guerras imperialistas, el único Imperio es el del Capital sin patria ni bandera) a cualquier movimiento de resistencia. Mientras en muchas ocasiones ni los mismos protagonistas se atreven a teorizar su propia práctica, otros, que son incapaces de hacer ninguna aportación positiva ni mucho menos de protagonizarla, la magnifican sea cual sea su contenido o su dirección. No se atreven a decir algo tan sencillo como que todos los caminos no llevan siempre a buen puerto. Algo que sabe hacer muy bien y sin ningún reparo un buen médico, un buen albañil, un buen agricultor… cuando observa la manera errónea con la que desenvuelve su tarea otros trabajadores menos experimentados. ¡Esta no es la herramienta, o esta no es la manera de usarla, o de esta manera no vas ha hacer bien este trabajo…! Un proverbio chino dice sabiamente: Lo que no transmite se pierde.

Esto es lo que puede hacer sin miedo una persona que ha trabajado con rigor y que ha acumulado saber. Esto es lo que no se atreve a hacer un bocazas. El mundo intelectual esta lleno de bocazas. Todo sirve, todo vale, todo es relativo, no hay verdades objetivas,… De la vaciedad teórica se elaboran inmensas respuestas chapuceras que nunca sirven para nada. A decir verdad, más que respuestas chapuceras deberíamos adjetivarlas como simples charlas circulistas sin ninguna trascendencia en la transformación de la realidad. (Si ustedes quisieran asomarse, aunque fuera someramente, en lo que fue la vida de alguno de los grandes intelectuales del movimiento revolucionario como fue la de Gramsci, pletórica de estudio, de ética, de crítica sin piedad, de búsqueda de la verdad, de protagonismo en los movimientos consejistas turinenses… en unos momentos de enorme derrota y de auge del fascismo, les daría vergüenza conservar aún su adjetivo de intelectuales. El nunca vivió financiado, como ustedes, por fundaciones bancarias. Murió en la cárcel del capitalismo con ropaje fascista).

Luego, tras la derrota, los lloriqueos, la maldad de Bush, o la poca conciencia de las masas… Pero siempre detrás del telón, sin una aportación clara de lo que se debería hacer o de la manera de hacerlo. Siempre sin coger la espada. De charla en charla, de reunión en reunión, de forum en forum, de vaciedad teórica en vaciedad teórica…»En el océano de la desinteresada memoria social dominante del pasado y su negativa a imaginar futuros no convenientes ¡hay que decirlo¡ caen incluso buena mayoría de los autodenominados «intelectuales y políticos de izquierda» de hoy, ¡con la caída del muro de Berlín cambiaron de chaqueta¡ Luchan por adaptarse a la globalización capitalista de hoy que creen eterna. «Así nos tocó, no son tiempos de utopías», le dicen a uno cuando se los encuentra, ¿pero es que alguna vez realmente soñaron con utopías? Lo dudo mucho. Son como un Jano ciego: entender no desean el pasado de la Humanidad, «porque ya se fue», y rechazan soñar en utopías, pues «es romanticismo inútil», reflexiones de pura conveniencia social del presente que viven».(Flavio Cocho, «RADIOGRAFIAS DE UNA CIVILIZACION PERVERSA»).

Numerosos problemas de gran importancia (sobre organización, autonomismo, cuestión nacional, cultura, ,etc) que deberían ser abordados con valentía para dar un sentido claro a la lucha de los movimientos de resistencia también se omitieron o se trataron funestamente en la Conferencia de Intelectuales de Venezuela. (Trataré de ellas en la tercera parte de este escrito).

VIOLENCIA Y PODER

Están ustedes sembrando una gran confusión respecto a la violencia y el poder.

Muchos ciudadanos desearíamos que los procesos de cambio que necesitamos transcurrieran sin violencia. Pero estamos aún muy lejos de que este gran deseo, que sería una gran conquista de la sociedad, pueda tener lugar si no salimos antes del estadio depredador en el que nos encontramos. Un estadio depredador que se ha ejercitado y que se sigue ejercitando con extrema violencia. Todos podemos soñar en una sociedad capaz de afrontar sus problemas y encontrar nuevas perspectivas y horizontes a partir de la búsqueda en común, cooperadora y solidaria de todos sus miembros, pero esto es ahora solamente un sueño. Es un sueño de los luchadores que necesitan la libertad, nunca de los mansos que avarician la servidumbre. Este es el devenir de nuestra especie; de lo que algunos empiezan a denominar «multitud» pero que desde hace muchísimo tiempo ya tiene un nombre mucho más preciso y claro: la Humanidad. No llego a entender las profundas razones por la que Negri ha inventado este vocablo tan enormemente ecléptico y difuso cuando el de «Humanidad» encierra en sí mismo la exacta definición del único sujeto que puede y debe abordar el profundo cambio revolucionario que necesitamos.

(Es curioso como en plena efervescencia de la lucha de clases -cuando era indudable que la clase obrera ocupaba un lugar predominante como fuerza creadora de la sociedad frente a la burguesía y frente a otros sectores sociales- algunos osaron en defender, ya entonces, la revuelta de la Humanidad: «Por eso nosotros, anarquistas, podemos decir que la revolución que nosotros preconizamos va más allá de los intereses de tal o cual clase; quiere llegar a la liberación completa e integral de la Humanidad de todas las esclavitudes políticas, económicas y morales» (…) «Nada más imposible ni más falso de una emancipación en la que siguen habiendo hombres que son esclavos; porque la emancipación, para ser real y efectiva, ha de ser universal, pues en medio de un rebaño de hombres nadie se podrá gloriar de gozar de libertad, bienestar y paz». Ricardo Mella).

Pero este noble sueño para una futura Humanidad no pueden ustedes confundirlo hoy, en plena barbarie, con el irresponsable pensamiento que correspondería en la práctica a: ¡Bienaventurados los mansos pues ellos irán de cabeza al matadero ante el regocijo de sus pastores, los prepotentes y los egoístas, que inventaron por ello las mil violencias! (la frase no es de mi cosecha, ni está en el Antiguo Testamento, es también de Flavio Cocho especialmente dirigida a los que dejan degollar a media especie humana sin jugarse en su defensa ni un cabello en aras a un «humanismo» tan excelso. Personas que militan en el clan anterior suelen encontrarse entre supuesta gente autoproclamada progresista incluso a veces entre marxistas arrepentidos de ese pasado y que hoy se dan golpes de pecho liberales… unos por conveniencia ante el presente y otros porque jamás, ni aún en sus pasadas épocas «radicales», dieron la cara a campo descubierto luchando contra las injusticias).

Es de sentido común que mientras no podamos vencer la violencia de los sectores depredadores y arrebatar de sus manos el poder para ejercitarla continuaremos en el mismo estadio de sumisión. Diríamos que en esta guerra lo peor no son las terribles y horrendas secuelas de la contienda sino… lo peor es nuestra derrota. La derrota aleja nuestros más nobles sueños y ahonda aún mas terriblemente nuestra desesperación.¡Que lo tengan en cuenta los pacifistas!

Si ustedes tuvieran claro que el expolio de la sociedad se ha basado siempre en asegurarse las distintas formas de apropiación privada de los medios de producción por medio de la violencia, obviarían de dudar que nunca se la abandonará como manera de continuarlo. A menos de que los sectores depredados tengan una fuerza tal que como mínimo sea capaz de neutralizar a la de sus opositores: Asustar de tal manera al contrario que le obligue a la rendición. La forma en la que se desarrolle esta fuerza (violenta o pacífica) es solamente circunstancial. Nunca ningún auténtico cambio en las estructuras organizativas de la sociedad se ha realizado sin rupturas traumáticas.

Pero ni en la desposesión de los medios de producción de los sectores propietarios (un cambio de titularidad de la propiedad) ni en el asalto de sus instrumentos de poder político-militar se encuentran los fundamentos de ningún cambio social. La fuerza de la sociedad emergente frente a la caduca, su verdadera fuerza está en la generalización de unas nuevas relaciones de producción (constructoras) mucha más racionales y eficientes que las anteriores y que no pueden desarrollarse plenamente bajo el antiguo y caduco orden social y bajo sus formas de propiedad. La verdadera revolución de la burguesía fue el desarrollo y la generalización del trabajo asalariado frente al trabajo servil. Esta revolución en el seno de la antigua sociedad feudal se realizó indistintamente bajo diferentes formas de lucha. La toma del poder político y la organización de los instrumentos necesarios para mantener y conservar su dominación fue el resultado final y inevitable de la fuerza imparable de su liderazgo sobre el nuevo modo de producción.

Me podrían decir ustedes que esto parece al pez que se muerde la cola. ¿Cómo se pueden desarrollar relaciones distintas en una sociedad en donde continúa la sacrosanta ley de la propiedad privada, cuando esta está cada vez mas concentrada y en menos manos, cuando sus guardadores están pertrechados de los medios represivos más potentes, sofisticados y destructores, y cuando de su voluntad y determinación en usarlos no queda ninguna duda?

Les respondo.¿Pero de qué propiedad privada creen ustedes de la que estamos hablando en los albores del siglo XXI como el pilar estructural sobre la que se asientan el MODO DE PRODUCCION IMPERANTE? ¿Acaso piensan ustedes de que hablamos de la PROPIEDAD de hombres esclavos, de las tierras o de los pastos, de las máquinas o de las minas, de las rutas comerciales, de los medios de transporte,… ? Sí, posiblemente la propiedad sobre todo esto (y de mucho mas en carácter absolutamente oligopolista) siga existiendo, pero el gran desarrollo de las fuerzas productivas ya no se basa fundamentalmente sobre tales propiedades sino sobre la del conocimiento. El conocimiento humano ya ha alcanzado a ser la primera fuerza productiva comparativamente y cualitativamente superior a lo que fueran las anteriores.

Asómbrensen ustedes como el Capital (el capital financiero) arrojará a los hombres a la cuneta, abandonará los campos y las minas, venderá sus emporiums fabriles (¡hasta los puede regalar!), echará a la chatarra toneladas de máquinas que dejaron boquiabiertos a nuestros antepasados, contratará o subcontratará burguesías desauciadas para producir mercancías que cada día se verán más pronto sobrepasadas por otras mejores y producidas más eficazmente, … pero guardará en PROPIEDAD celosa, blindada y secretamente los auténticos centros productores del conocimiento. ¿Será capaz de guardar tal propiedad en el mas absoluto secretismo para producir solo para el beneficio privado en un mundo absolutamente necesitado de vida y esperanza a sabiendas de que ya hemos alcanzado los medios para realizar muchos de nuestros sueños? ¿Van los estamentos científicos, cada día más numerosos e interrelacionados, más necesitados de absoluta libertad para desarrollar un trabajo cada día menos elitista y más socialmente generalizado,… a dejarse someter por la esclavitud del Capital (asalariamiento) o al margen del control social de su trabajo?

Solamente si somos capaces de comprender como se desarrollará el proceso de esta lucha de la Humanidad contra la auténtica nueva forma de propiedad capitalista podremos vislumbrar el camino hacia una sociedad futura. Nuevamente la confrontación se dirimirá entre la propiedad social y la propiedad privada de los medios de producción. Cualquier otra consideración es banal.

El no-poder no existe. El poder siempre está tomado. Los «vacíos de poder» han representado siempre espacios de tiempo muy limitados.

Vayan poniendo pues sus sesudas barbas en remojo puesto que si no son capaces de discernir qué nuevas relaciones de producción van a sustituir a las relaciones asalariadas de poco servirá la discusión sobre las formas pacíficas o violentas que tomarán los movimientos de resistencia. Tanto unas u otras pueden ser de absoluta inutilidad.

Lo que en todo caso está por vislumbrar cuando hablamos de una nueva fuerza capaz de vencer a la caduca, son los vectores que la conformarán (si militares, o morales, o programáticos, o de clase, o ideológicos…) y de sus instrumentos. Por la incapacidad de la sociedad del Capital de encontrar una salida y por el periodo destructivo que nos abocará, debemos pensar que la fuerza de la vida (por la supervivencia como especie) de amplísimos sectores de la sociedad humana (que el propio Capital habrá desclasado al desposeerlos de cualquier tipo de propiedad) y la fuerza del conocimiento (como instrumento cuyo expolio no van a poder de ninguna manera mantener por las propias condiciones que necesita para su creación, desarrollo, transmisión y generalización, es decir: su imperiosa necesidad de desencadenamiento de la sociedad del Capital) serán los vectores que unificarán las luchas de resistencia. La fuerza del conocimiento en favor de la vida será el clamor de nuestra especie.

Esta será la superación de la lucha del hombre contra el hombre, de la tribu contra la tribu, de la nación contra la nación, de clase contra clase, de ideología contra ideología… a la que ustedes nos siguen encerrando.
 

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