¿Por qué soy ateo?

Por: Pablo David Flores
Fuente: icalquinta.cl

Prólogo

Ante todo, soy ateo. Aunque esto debería resultar obvio a partir del título, los lectores que estén acostumbrados desde su nacimiento a creer que los ateos son personas horribles, frías, amargadas y crueles deben saber qué están leyendo. Es la obra de un ateo que sólo recientemente descubrió su descreimiento y aún no se ha habituado a la palabra usada en alusión a él, pero que está, sin embargo, seguro de que ésta es una manera apropiada y sensata de ver al mundo. Como ateo, no creo en ningún tipo de dios o entidad sobrenatural, así que no estoy en alianza con ningún diablo ni con el Anticristo, los cuales son, al igual que Dios, imaginarios.

Segundo, esto no es una apología ni es apologética — es decir, no estoy buscando excusas, y no estoy promoviendo el ateísmo; aun así, muchos lectores probablemente vean alguna de las partes de este documento como lo uno o lo otro, y no me parece mal que lo hagan, porque hay propaganda, aunque en otro lado.

Y tercero, mis razones son personales. Otros ateos probablemente tengan razones parecidas, o quizá sean completamente distintas, pero el ateísmo no es una religión, ni tan siquiera un sistema filosófico que debamos respetar o rechazar en bloque; es únicamente la simple ausencia de una creencia en dioses. ¡Seguí leyendo! Después de eso, si tenés alguna opinión que quieras expresar, por favor hacémelo saber.

Qué es el ateísmo

“No tengo evidencia para probar que Dios no existe, pero lo sospecho tanto que no quiero perder mi tiempo.” ( Isaac Asimov)

El ateísmo es lo opuesto al teísmo (!). El teísmo es la creencia de que hay una entidad sobrenatural con ciertas características (a la cual desde ahora llamaremos Dios). Por razones de simplicidad, usaré “Dios” para referirme a la deidad suprema de los judíos, cristianos y musulmanes, las tres religiones monoteístas mayores que comparten un trasfondo cultural. No creo en los muchos dioses de la religión hindú, ni en ninguna otra religión que conozca hasta ahora; tampoco he creado otros dioses en mi mente. Digamos que Dios es el concepto amplio que abarca todas esas posibilidades.

El ateísmo, entonces, es lo opuesto al teísmo. Pero esto no significa que los ateos rechacen a Dios, como muchas autoridades religiosas (personas y documentos) dicen; el ateo promedio no afirma “Dios no existe” sino “no creo en ningún dios”. Ésta es una distinción importante. El ateísmo (en su forma más común, conocida como “débil”) no es una creencia en la inexistencia de Dios, sino un descreimiento. Como el ateo no cree en Dios, tampoco cree en sus acompañantes usuales (demonios, ángeles, santos, vírgenes) y todo lo anterior y lo que sigue se aplica a ellos. En particular, de poco sirve que el teísta diga que Satanás nos engaña haciéndonos creer que Dios no existe.

Por lo tanto, no rechazo a Dios. No puedo rechazar a alguien que ni siquiera creo que exista. No tengo fe en la afirmación teísta “Dios existe”, pero tampoco la tengo en la afirmación de que “Dios no existe”. No hace falta un salto de fe para descreer; uno no tiene que hacer nada para ser ateo, y de hecho no tiene por qué justificar su ateísmo, porque es la visión por defecto. Si nadie nos enseñó sobre Dios, nunca creeremos en Él. La existencia hipotética de Dios no es evidente a primera vista, y cualquier reclamo de Su existencia debe ser justificado usando nada más que lo que es evidente y aceptado (y por lo tanto no permitiendo la revelación, la autoridad o la tradición).

Argumentos de autoridad

Ha habido muchos argumentos por la no-existencia de Dios; han sido tomados por algunos teístas como prueba de que Dios en realidad existe y preocupa a los ateos, por que si no ¿por qué molestarse? Pero en realidad, los argumentos de no-existencia fueron respuestas a los argumentos por la existencia de Dios. ¡Es difícil no contestar cuando la gente le dice a uno, condescendientemente o con odio, que uno está ciego ante una realidad superior, que uno está “en negación”!

Yo no creo estar ciego. No estoy negando a Dios. Simplemente no veo ninguna evidencia de Su existencia, y por tanto no me siento obligado a creer en Él, mucho menos en sus heraldos supuestamente designados en la Tierra. No veo ninguna razón para creer en una entidad que no puedo ver, ni oír, ni tocar, ni sentir de ninguna manera. Me dicen que Dios es amor personas que han matado sin piedad a otras personas. Me dicen que Dios es sabio personas que no saben nada y pretenden saber más que nadie más sobre lo que está bien o mal. Me dicen que Dios es justo personas que cometen injusticias en Su nombre. ¿Por qué voy a creer en ellos, o en el Dios que ellos dibujan?

Esto es ad hominem,[1] vas a decir, y con razón; las acciones de los hombres no tienen nada que ver con su hipotético Dios. Pero es ciertamente difícil de creer que hay una fuerza sobrenatural de amor, sabiduría y justicia cuando aquéllos que proclaman tenerLo de su lado son trogloditas llenos de odio e irrespetuosos hacia las leyes que ellos mismos han creado o dicen haber recibido de Dios.

No creo en las instituciones que dicen conocer a Dios, porque también soy agnóstico. Si hubiera un Dios (el que no crea en ninguno no es un obstáculo para proponer hipótesis), Él probablemente sería una entidad muy compleja y tengo la fuerte sensación de que no seríamos capaces de entenderLo si Lo encontrásemos. Los teístas generalmente están de acuerdo con esto último (excepto la parte condicional del final), pero sus autoridades tienden a olvidarse, salvo cuando no saben qué decir y apelan al “misterio” (como se puede ver en las encíclicas papales, por ejemplo). Los clérigos y los teólogos hablan sobre Dios como si Él fuese un objeto concreto que han estudiado y una persona a la que han conocido íntimamente por años; esto estaría muy bien, y yo me sentiría inclinado a aceptar sus dichos, ¡si pudieran al menos mostrarme pruebas de que este objeto o persona es real! De otra forma, puede ser (como sospecho) un simple juego de la imaginación.

[1] Ad hominem: “dirigido al hombre, dirigido a la persona, contra la persona en sí”; nombre, en latín, de un error o falacia argumental que consiste en descalificar los argumentos y conceptos de una persona atacando a las fallas de la persona en vez de las del argumento. [Volver]

El argumento del diseño

Ahora bien, cuando la autoridad falla, los teístas se acercan a la razón y la ciencia. Tengo que admitir que me impresionaron algunos de estos argumentos al principio, pero en ellos es evidente una falla. El argumento del diseño afirma que todo el orden y la complejidad que vemos en el universo que nos rodea no puede originarse espontáneamente y debe venir, por lo tanto, de la mano de un Diseñador. Algunos (los más brutos) citan la Segunda Ley de la Termodinámica, que debe ser la más abusada de las leyes de la naturaleza… La ley dice que la cantidad total de “desorden” (entropía) en un sistema cerrado se incrementa con el tiempo (mi física puede estar un poco olvidada por aquí, pero ésa es la idea). Los teístas entienden que la Segunda Ley no permite que la vida y las galaxias (por ejemplo), que son complejas, emerjan espontáneamente de la nada; por lo tanto Dios debe haberlas creado.

Esto está todo muy bien, pero la Segunda Ley dice “la cantidad total”. No prohíbe un decremento local de la entropía, como por ejemplo la vida emergiendo sobre la Tierra (que es un sistema abierto); la cantidad total de entropía del universo sí se incrementa, pero las variaciones están permitidas. (En cuanto a las galaxias, hay que tener en cuenta que la mayor parte del universo es vacío, en un estado casi completamente desordenado; y las estrellas de todas las galaxias eventualmente morirán y se disolverán en él.)

En cualquier caso, el Universo como un todo sí es un sistema cerrado, y ahí sí hay que buscar una forma de respetar la Segunda Ley. Hay varias propuestas sumamente complicadas que permiten un Universo con una entropía máxima al momento del Big Bang, pero que utilizan mecanismos físicos plausibles para lograr que se cree orden espontáneamente (generalmente a partir de la expansión). Pero en fin, supongamos que esto no funcione y que se necesite un creador para darle cuerda a todo. ¿Qué dice eso sobre el creador? ¿Dice acaso que es omnisciente u omnipotente? ¿Dice que es el Bien Supremo, la Sabiduría y la Justicia? ¿Dice acaso que Ello puede comunicarse con nosotros?

Por supuesto que no. El argumento del diseño me impresionó porque me mostró cuántas cosas hay que la ciencia moderna no puede explicar (tales como la manera exacta en que la vida se ensambló a sí misma a partir de productos químicos simples, o por qué las leyes que gobiernan la formación estelar son como son), pero observé instantáneamente (y eso que no soy precisamente una luz para las deducciones) que no probaba nada: sólo sembraba duda y presentaba una hipótesis nebulosa que no merecía su nombre, porque no explicaba nada. Yo podría el mismo argumento para “probar” la existencia de casi cualquier tipo de dios, pero sólo a personas que ya creyeran en él y necesitaran alguna seguridad pseudocientífica. Tal como está, es a lo sumo un argumento para el deísmo (la idea newtoniana de Dios, que crea el universo con sus leyes y luego se sienta a observarlo, sin intervenir).

Las Cinco Vías

“Si todo debe tener una causa, entonces Dios debe tener una causa. Si puede haber algo sin causa, tanto podría ser el mundo como Dios, así que ese argumento no tiene validez.” ( Bertrand Russell, “Por Qué No Soy Cristiano”)

No voy a hablar mucho de las Cinco Vías, tales como fueron presentadas por Santo Tomás de Aquino, ya que han sido refutadas cien veces desde entonces. (Ingenuamente, algunos cristianos modernos las encuentran por primera vez en un libro de filosofía e intentan probar a Dios con ellas, como si fueran novedades.)

Las dos primeras Vías son más o menos la misma cosa: se basan en el hecho de que no hay efecto sin causa; nada comienza a moverse a menos que algo más lo empuje. Al aplicarse al universo, esto se transforma en el argumento cosmológico kaläm:

1. Si algo comienza, tiene una causa.
2. El universo comenzó a existir.
3. Por lo tanto, el universo tiene una causa.

Esto es todo muy lindo, pero se cae abajo si uno lo mira de cerca. La premisa 1 es verdadera para todas las cosas dentro del universo (a nivel macroscópico[2]), pero no sabemos si lo es para el universo completo (que lo es todo, por definición). La premisa 2 es controvertida; el mismo San Agustín dijo que Dios creó al universo con el tiempo, no en el tiempo, y nuestro entendimiento actual nos dice que toda la energía, materia y tiempo (el espaciotiempo tetradimensional, o quizá el hiperespacio de 10 o 26 dimensiones que propone la teoría de cuerdas) “comenzaron” juntos. (¡Digo “comenzaron” entre comillas porque es absurdo hablar sobre comienzos o finales cuando no hay tiempo!) Creado por Dios o por sí mismo, el universo no “comenzó”. La obra de Stephen Hawking (Una breve historia del tiempo) sugiere que el universo es finito pero no tiene borde — como la superficie bidimensional de una esfera, o nuestra Tierra.

De cualquier modo, si el universo no “comenzó”, la premisa número 1 es irrelevante, y la conclusión es, por tanto, probablemente inválida. Aun si fuera válida (lo cual no creo que podamos probar), concluiríamos lo mismo que en el argumento del diseño: la Primera Causa propuesta, o Creador, no explicaría nada, y sería un asunto de fe saber si es Dios.

La Quinta Vía habla de orden y ley, y puede ser refutada de forma similar. No sabemos por qué las leyes de la naturaleza son como son, pero inventar un Legislador para responder por ellas no es útil y no dice nada sobre Él.

La Tercera Vía es filosófica; no la refutaré aquí ya que no la encuentro convincente desde un principio — no habla de la realidad. La Cuarta Vía es también de naturaleza filosófica y elevada; afirma que las cualidades tales como la bondad, la verdad, la nobleza, etc., se encuentran en diversas cantidades en todas las cosas, de forma que éstas se pueden ordenar. Esta jerarquía, según Tomás, implica un punto máximo, una pureza de la cualidad en cuestión, un arquetipo; el arquetipo de estas cualidades es Dios.

Por supuesto, el mal, la deshonestidad y la ruindad también son cualidades, y por el mismo razonamiento podríamos decir que Dios es la cima del Mal, etc. Pero de acuerdo a la doctrina cristiana, el mal no es una cualidad sino la ausencia de una (la bondad), y así. En cualquier casos, una jerarquía no implica un máximo, y el infinito tampoco es una elección; la infinitud es un concepto matemático hecho para usarse en ciertos contextos y no otros.

(En términos matemáticos, un elemento X de un conjunto C es infinito si, para cada elemento Y en C, X es mayor o igual que Y. Pero si C no es un conjunto cerrado, como ocurre con los números enteros o naturales, por cada X que elijamos habría siempre una cantidad [¡infinita!] de Y’s mayores que X. Por supuesto, esto significa que no existe tal X infinito… La infinitud no se encuentra en ninguna parte fuera de las matemáticas, e incluso allí es un recurso útil, no un objeto real.)

Ya tenía dudas cuando encontré las Cinco Vías. No hicieron más que aumentar mis dudas, ya que sólo eran astutos ejercicios de lógica, pero no basados en la realidad.

[2] A nivel macroscópico, es decir, a nivel de lo que nuestros sentidos pueden ver, y también hasta lo que puede ver un microscopio convencional, o incluso hasta el nivel de las moléculas. A nivel atómico y subatómico la cosa se pone más espesa porque empiezan a ser importantes los efectos cuánticos. Hablando con propiedad, a nivel de partículas subatómicas no hay causalidad. Los físicos, según entiendo, reconocen que la causalidad es un concepto sin correlato real; las cosas simplemente suceden, y a nivel macroscópico parecen sucederse en lo que llamamos cadena de causa y efecto. Ejemplo de lo extraño que puede ser esto es que un grupo de investigadores, recientemente, hicieron un experimento que, si es interpretado en la formato causal habitual, tuvo el resultado de hacer salir un fotón de luz por el extremo de un tubo antes de que hubiera entrado por el otro extremo. [Volver]

Motivos para creer

“Yo digo que ambos somos ateos. Yo simplemente creo en un dios menos que tú. Cuando entiendas por qué descartas a todos los otros posibles dioses, entenderás por qué yo descarto al tuyo.” (Stephen Roberts)

El creyente teísta podría en este punto, comprensiblemente, estar cansado de filosofía y argumentos. Estoy de acuerdo. No es por esto que no creo en Dios, en realidad. Éstas son las razones que puedo dar cuando la gente no entiende nada más, aun cuando suenen como excusas complicadas. La Biblia dice que uno debe rechazar la sabiduría mundana y volverse una persona simple, que toma lo que Dios le da y trata de hacer Su voluntad. Desgraciadamente tengo un gran interés en la sabiduría mundana, y entiendo que puedo ser simple y disfrutar lo que me rodea (cosas como la belleza de la naturaleza, el amor y la amistad) sin tener que renunciar a la razón y a la ciencia, que sólo aumentan el respetuoso asombro que siento ante el universo y su infinita red de causas y efectos.

La existencia de Dios es difícil (yo diría imposible) de probar. Dios es una hipótesis increíblemente complicada. Dios no puede percibirse con nuestros sentidos normales salvo cuando realiza un milagro — y entonces no podemos saber si en realidad fue un milagro. Es más económico (en términos científicos) suspender la creencia en Dios, ya que es tan difícil de probar y aparentemente tan difícil de entender. Por lo tanto, los ateos estamos del lado bueno del argumento: no necesitamos probar nada. Esa carga descansa sobre el creyente.

¿Sos creyente? Si la respuesta es sí, respondéme: ¿por qué creés en Dios? (Ya tenés una idea de lo difícil que es explicarlo.) ¿Es porque así te enseñaron? Entonces es indoctrinación. ¿Es porque lo visTe, o a una manifestación Suya? Si así fue, ¿cómo podés estar seguro de que no fue un fenómeno natural, o una alucinación, o simple autosugestión? ¡Vos probáme Dios a mí! Las explicaciones de mi descreimiento son sólo para clarificar, para poner las cosas en orden, y para exponerlas ante los que dudan y necesitan ayuda (como yo en un momento). No necesito ninguna de ellas, en realidad. No es que no crea en Dios porque haya estudiado estos complicados argumentos; ellos vinieron después. Así que ¿cuáles son mis motivos?

No creo en Dios por la misma razón por la que no creo en cosas que la gente no cree, como Papá Noel (San Nicolás) o la generación espontánea. Papá Noel no existe; no puede existir en nuestro universo, por ciertas razones. Si creés en Dios, preguntáte de qué manera es diferente que Papá Noel. Después de haber logrado de alguna forma refutar los argumentos naturales y filosóficos, todavía podés decir que sentís a Dios en tu corazón — pero cuando eras un chico, ¿no sentías a Papá Noel en tu corazón, tarde, en la noche de Navidad? (si no te parece elegí figuras de otras religiones; seguramente vas a encontrar ejemplos apropiados).

Esto no es blasfemia. No busques ofensa donde no se intenta ofender. Éstas son preguntas honestas. Yo ya las he respondido en lo que a mí respecta, después de mucho meditar. Hacé lo mismo, si podés (y contáme si querés).

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