¿Cómo surgió y que fue el fascismo?

El fascismo no es nuevo. Desde el punto de vista del método científico del marxismo, fue Trotsky quién mejor analizó el fascismo como fenómeno social y político, a la luz de su desarrollo en los años veinte y treinta en la Italia de Mussolini y, sobre todo, el nazismo alemán.

Los rasgos que Trotsky atribuyó al fascismo podríamos resumirlos así:

El auge del fascismo es la expresión de una grave crisis social del imperialismo, es decir, de la fase decadente del capitalismo como sistema económico y social. Las burguesías italiana o alemana, tras la derrota de sus Estados en la I Guerra Mundial, se encontraron con gravísimas dificultades para la normal reproducción de su capital: no podían acceder a las materias primas y a los mercados frente a las otras potencias imperialistas vencedoras de la contienda (Inglaterra, Francia, Estados Unidos…) y la clase obrera de sus países empujaba en un sentido cada vez más revolucionario, poniendo en peligro la supervivencia de la propiedad capitalista de los medios de producción (fábricas, bancos…). La función histórica de la toma del poder por los fascistas consiste en modificar por la fuerza y por la violencia las condiciones de reproducción del capital a favor de los grupos más importantes del capital monopolista (en este caso italiano y alemán); por una parte, destruyendo a la clase obrera y sus organizaciones para preservar la propiedad capitalista y la explotación de los trabajadores; por otra, iniciando una ofensiva armamentística y bélica a escala internacional para dominar los mercados de materias primas y productos a costa de las otras potencias imperialistas (Francia, Inglaterra…). La ideología chovinista, racista y xenófoba contra las minorias nacionales o raciales, característica del fascismo, parte de la exaltación de la nación y de la raza, cuya superioridad sobre las demás les otorga el derecho a someterlas.

La dominación social del capital es más conveniente a través de la democracia burguesa, que suaviza las tensiones sociales mediante algunas concesiones (reformas) a los trabajadores y demás sectores sociales y supone, además, que una parte importante de la burguesía participe del poder político por los más variados medios a su alcance: a través de los partidos burgueses, de los periódicos y universidades, de las organizaciones patronales, de altos cargos en el Aparato de Estado… Sin embargo, cuando ese equilibrio está en crisis, el gran capital renuncia a participar del ejercicio directo del poder a cambio de una fuerte y totalitaria centralización del poder de su Estado, que dejará en manos del fascismo, como recurso extremo para continuar ejerciendo su dominio de clase.

Esa centralización tan enorme del poder del Estado de la burguesía sólo puede hacerse mediante un movimiento de masas. Sólo de esa forma se puede diezmar y desmoralizar a la franja más consciente de la clase obrera a través del terror de masas, del hostigamiento y la guerra callejera… de la destrucción total de las organizaciones obreras. Un movimiento de masas de ese tipo sólo puede surgir de la tercera clase de la sociedad, de la pequeña burguesía, que existe al lado de la burguesía y de la clase obrera. Las condiciones están dadas cuando la pequeña burguesía se ve tan duramente afectada por la crisis capitalista que se sumerge en la desesperación (inflación, quiebra de los pequeños empresarios, paro masivo de los licenciados universitarios y de los empleados superiores…). La ideología de ese movimiento combina un nacionalismo extremo y una demagogia anticapitalista puramente verbal -no cuestiona la esencia de la propiedad privada- con una profunda hostilidad hacia el movimiento obrero organizado, recurriendo a la violencia física abierta contra los trabajadores, sus acciones y sus organizaciones. Tras una fase de desarrollo independiente como movimiento de masas el fascismo necesita el apoyo financiero y político de importantes fracciones del gran capital monopolístico para alcanzar el poder.

El aplastamiento de la clase obrera organizada sólo es posible si en el período anterior a la toma del poder la violenta lucha social se inclina del lado de las bandas fascistas frente a la clase obrera. En un principio las bandas fascistas únicamente organizan a la fracción más decidida y desesperada de la pequeña burguesía. La tendencia de la mayor parte de la pequeña burguesía y del sector menos consciente y más desorganizado de los trabajadores, especialmente los obreros y empleados jóvenes, será la de alinearse del lado de aquellos que manifiesten mayor iniciativa y audacia. Si los trabajadores en su pugna con el fascismo conservan su capacidad y su voluntad de lucha, la derrota de los fascistas puede convertirse en un poderoso ascenso revolucionario, que lleve a la derrota no sólo del fascismo sino del capitalismo que lo engendró.

Si el movimiento obrero organizado ha sido aplastado y las condiciones de reproducción del capital en el interior del país han cambiado en un sentido fundamentalmente favorable para la gran burguesía, el interés político de ese sector dominante del gran capital lleva a proyectar ese cambio favorable a nivel mundial. La política del fascismo se traslada a la esfera financiera y a la aventura militar en el exterior. La política fascista acelera la concentración del capital, revelando el verdadero carácter de clase del fascismo, que no se corresponde con los intereses de la pequeña burguesía. De este modo la dictadura fascista tiende por sí misma a reducir y destruir su propia base de masas y las bandas fascistas se acaban convirtiendo en apéndices de la policía.

NOTAS

1La obra de Trostky que más extensamente desarrolla sus opiniones sobre el fascismo es La lucha contra el fascismo en Alemania (Ediciones Pluma, Buenos Aires, 1971). volver. 2Hemos basado nuestra síntesis en el resumen que sobre las posiciones de Trotsky hace Ernest Mandel en El fascismo (Akal Bolsillo, Barcelona, 1987).Volver.

Reproducimos la continuación de ¿POR QUÉ SURGE Y QUÉ ES EL FASCISMO?, en donde se explica las principales causas actuales por las que el fascismo está resurgiendo. EL RESURGIR DEL FASCISMO

D eterminados hechos recientes como la fuerza electoral de organizaciones de extrema derecha en determinados países europeos (Francia, Austria, Italia…), el arraigo en algunos sectores juveniles de ideologías de carácter fascistizante más o menos organizadas, el crecimiento de las agresiones fascistas principalmente contra inmigrantes o jóvenes radicales, o los métodos de exterminio masivo aplicados por estados opresores contra pequeñas naciones que aspiran a su libertad nacional (Balcanes, Timor, Chechenia…) reabren el debate sobre el resurgir del fascismo, el parecido que pueda haber entre estos fenómenos y el viejo fascismo y la manera de combatir su desarrollo. Es evidente la importancia que para el movimiento obrero y para las nuevas generaciones de jóvenes trabajadores tiene una acertada caracterización de estas tendencias políticas reaccionarias, determinar cuál será su previsible desarrollo y dotarse de una acción política que las enfrente. Para ello apuntamos algunos elementos que nos parecen fundamentales.

1.- El fascismo históricamente ha representado un recurso límite de la gran burguesía imperialista en la época en que la decadencia del capitalismo ha llevado a su máximo extremo las contradicciones de este modo de producción, como sucedió en los años 20 y 30 en Europa. La gran burguesía europea ya tuvo su experiencia con el fascismo, con el resultado de que en algunos lugares perdió cuanto poseía y en otros logró salvar su dominación de clase con enormes dificultades, dejando además huellas profundas en la experiencia de las masas populares contra la barbarie fascista. Haría falta que la situación económica y social cambiase de una forma decisiva para que el peligro inmediato del fascismo, como sucedió entonces, estuviera a la orden del día con toda su crudeza.

2.- Las sanguinarias dictaduras militares o los episodios de represión sangrienta de tipo fascista contra el movimiento de masas que se dan en países semicoloniales o dependientes, por razones políticas o nacionales, no deben confundirse con el fascismo en sentido estricto, es decir, con la imposición de un régimen totalitario y de terror contra el movimiento obrero en los grandes estados imperialistas, apoyado en un movimiento de masas de base social pequeñoburguesa y financiado y alentado por el gran capital monopolista como último recurso ante el peligro de perderlo todo.

3.- Como medio más eficaz para seguir ejerciendo su dominio de clase la burguesía prefiere seguir apostando por la democracia burguesa. Es un medio más seguro y menos arriesgado. Sin embargo, ante la inevitable y creciente crisis económica y social que genera el sistema capitalista, la burguesía tiende a maniatar al movimiento obrero y popular mediante la reducción sistemática de los derechos de los trabajadores (por medio de leyes de excepción, leyes antihuelga, multas y penas de cárcel para las huelgas salvajes, restricciones al derecho de manifestación, manipulación capitalista y estatal de los medios de comunicación de masas, restablecimiento de la prisión preventiva, etc.). Una aceptación pasiva y apolítica de esos ataques contra los derechos democráticos elementales no puede más que estimular el apetito de la clase dominante e impulsarla a nuevos y más duros ataques. Si el movimiento obrero se deja conducir sin resistencia y se deja desposeer poco a poco de sus derechos, entonces, en el primer cambio importante de la situación económica, cualquier aventurero inteligente puede intentar su completo exterminio. Si la resistencia no ha sido preparada con constancia y firmeza en las batallas cotidianas durante años, no caerá milagrosamente del cielo en el último minuto.

4.- Al mismo tiempo la gran burguesía extiende conscientemente los gérmenes de un renacimiento del fascismo, fomentando la mentalidad racista y xenófoba y el odio hacia las minorías revolucionarias y no conformistas, mediante leyes que alientan su criminalización (leyes de extranjería….), la acción represiva policial y a través de los medios ideológicos que acapara (medios de comunicación…).

5.- En ese contexto el neofascismo encuentra una cierta base de desarrollo en el descontento de sectores de la pequeña burguesía y de la clase media, hoy todavía minoritarios, y de jóvenes desclasados de medio social obrero. Sin embargo, para que el neofascismo pueda ganar una amplia base de masas es necesario que la pequeña burguesía y las clases medias se vean profundamente golpeadas por la crisis capitalista. Los pequeños propietarios hoy, antes que lanzarse a combates en la calle contra los trabajadores, prefieren apoyar un mayor autoritarismo del Estado que se ocupe de las perturbaciones sociales. Más que un fascismo que organiza masivamente a los elementos desesperados de la pequeña burguesía y los utiliza para aterrorizar a las grandes ciudades y regiones obreras, asistimos al desarrollo de un “Estado fuerte”, autoritario que, por supuesto, utiliza la violencia y la represión y puede asestar duros golpes al movimiento obrero y a los grupos revolucionarios, aunque no pueda aniquilar a las organizaciones obreras y atomizar al proletariado.

6.- No está en absoluto excluido que, en el caso de que la economía mundial llegue a verse arruinada, estos gérmenes, presentes en todas partes en Europa Occidental, puedan florecer y producir una nueva epidemia fascista. De momento presenciamos los primeros e incipientes síntomas. Se debe combatir esa plaga reaccionaria mediante, por una parte, una política de Frente Único, es decir, de movilización unitaria y amplia de las organizaciones políticas y sindicales de la clase obrera, junto a las organizaciones de inmigrantes, juveniles y democráticas; por otra, a través del ejercicio de la autodefensa, es decir, de combatir las acciones fascistas mediante una legítima y amplia violencia de clase. Al final de los años veinte y principios de los años treinta, los marxistas revolucionarios afirmaban que el combate entre el fascismo y una solución socialista a la crisis europea era una batalla contra la barbarie que progresaba en esa parte del mundo. Mientras dure el capitalismo monopolista, el mismo peligro, incluso bajo una forma más terrorífica y con una barbarie todavía más inhumana, puede resurgir.
 

Una respuesta

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