Del espíritu de rebeldía

Por: A. Hamon
Fuente: Tomado del ensayo “Psicología del socialista-anarquista”

Enviado por: Héctor Siluchi

El espíritu de rebeldía se encuentra, de hecho, en todos los encéfalos humanos, pues no es más que una modalidad de la facultad de reacción que posee cada individuo. Esta propiedad es la que permite al hombre subsistir en ambientes tan diversos, esta cualidad es la que le permite modificar los ambientes y adaptárselos.

La tendencia a la rebeldía, en germen en todos los cerebros, sufre las influencias mesológicas y consiguientemente se desarrolla, se atenúa, se atrofia o se hipertrofia. Estas manifestaciones serán, pues, frecuentes, raras, intensas o hasta nulas. Ciertos individuos, en los que esta propiedad de reacción o de rebeldía ha sido atenuada o ha desaparecido, en lugar de adaptarse los ambientes son ellos los que se adaptan. Se doblan, sufren las acciones mesológicas y no reaccionan de ningún modo. Otros, bajo estas influencias, reaccionan moderadamente. Otros, en fin, los soportan con pena e intentan a su vez obrar sobre los medios, a fin de armonizarlos con sus naturales tendencias.

La propensión a la rebeldía, cuyo germen existe en todos los seres, se manifiesta diferentemente según los individuos diversamente predispuestos.

Según parece, los ambientes sociales tienden intencionadamente a atenuar y aun a atrofiar el espíritu de rebeldía inherente a todo encéfalo. En efecto, cuando niño, el hombre está sometido a la educación familiar, que busca inculcarle las ideas de obediencia, de respeto; los padres son superiores a los niños en conocimientos, en razón, en inteligencia, en todo; son superiores por esta suficiente razón de que son los padres. Así, pues, el niño debe respetarles, obedecerles sin reflexionar, sin discutir. Más grande ya, el niño va a la escuela, al colegio o a la universidad, y en ellos continúa la enseñanza servil de la obediencia. A la familia se agregan los profesores; raros son los que buscan en el niño y en el adolescente desarrollarles el espíritu de examen y de crítica. Una vez hombre, en ciertos países va al cuartel como soldado, y allí todo concuerda para desarrollar el espíritu de obediencia y atrofiar el de rebeldía. La tendencia a la rebeldía sufre, además, las influencias de las conveniencias mundanas, de las costumbres, de los reglamentos sociales, de las relaciones entre asalariados y patrones. Poco a poco, el acostumbrarse a todas estas reglas, inculca a los seres una servidumbre más o menos acentuada y el espíritu de rebeldía desaparece ahogado por el espítiru de obediencia.

En ciertos individuos, los fenómenos familiares, educativos y sociales, producen un efecto opuesto. En lugar de atrofiar el espíritu de rebeldía, lo exacerban, lo exageran a veces.

Parece que lo más a menudo todos estos ambientes no logran ahogar por completo la tendencia a la rebeldía, que se desarrolla un poco en la generalidad de los hombres y en un gran número alcanza hasta un desarrollo bastante considerable.

Todos los socialistas-anarquistas pertenecen a esta última categoría y en sus respuestas pudimos siempre descubrir este espíritu de rebeldía.

Leí a Victor Hugo, y lo declaro con sinceridad: el poeta ejerció sobre mis ideas una influencia enorme… Victor Hugo sembró en mi corazón el espíritu de rebeldía. Me enseño un camino que he seguido… Pero en la ruda adversidad, el germen de rebeldía que Victor Hugo sembró en mi corazón, se desarrolló. (S.1. Empleado en el comercio, 31 años, antiguo obrero jardinero. Francés.)

El primer acto se pasó en el cuartel. Allí, el espíritu, los hábitos, las costumbres del militar (especialmente de este militar de profesión, tan instructivamente disecado por A. Hamon y que he tenido ocasión de estudiar en su propia esfera), así como su manera de comprender su papel en vista del triste ideal que se propone, hicieron rebelar inmediatamente mi honrada naturaleza… Así, pues, sin ningún ideal, ninguna fe, teniendo horror a la pobreza de imaginación de los socialistas, la sequedad mal disfrazada de su corazón y la aridez de su programa, fuí desde entonces un rebelde enamorado solamente en la vida de la belleza de ésta y sostenido por la única pasión de traducirla en obras de arte. (B.2. Pintor, 27 años. Francés.)

He sufrido la más gran miseria, he estado dos días sin comer… Entonces se reveló en mí el espíritu de rebeldía… (D.3. Obrero bisutero, 24 años. Francés.)

El ambiente familiar burgués fue el generador de mi espíritu de rebeldía… (André Veidaux. Empleado, literato, 30 años. Francés.)

Siempre tuve horror al amo, todo lo que se me ordenaba me era odioso. Encontraba abominable una orden y jamás pude someterme voluntariamente a lo que se me mandaba. Durante mis largos años de colegio he sido un modelo de indisciplinados, no el pilluelo que acecha la ocasión de hacer una picardía, pero sí el rebelde que no quiere obedecer. (Bernard Lazare. Literato y periodista, 28 años. Francés.)

Mi infancia transcurrió en diversas instituciones de las que salía siempre expulsado a causa de continuas rebeldías… (Ph. D. 4. Externo de los hospitales (1), 24 años. Francés.)

Odio las leyes, los dioses, las patrias, la autoridad, pero amo el hombre y adoro la vida. (A. Retté. Literato, poeta, 31 años. Francés.)

He ahí, al azar, las razones que me condujeron a la anarquía… Rebeldía contra el derecho que se arrogan los unos a juzgar y gobernar a los otros (diputados, senadores, etc… justicia, jurado de pintura y demás. (I.5. Pintor, 31 años. Francés.)

Desde mi infancia chocábanme las injusticias y me acuerdo perfectamente que protestaba. Golpeado en la escuela municipal, me rebelé, huyendo… (Dr. H.6. Cirujano de los hospitales, 31 años. Francés.)

Mi padre era un innovador amante de separarse de los senderos trazados, muy imbuido del espíritu de examen, de gran inteligencia. Yo fuí educado libremente. En el colegio solamente estudiaba los temas que me gustaban. Con todo, mi rebeldía contra el programa y los profesores, era puramente pasiva… (O.7. Hombre de ciencia, 35 años. Francés.)

Tengo la absoluta convicción de que es necesario ser inconsciente para aceptar la existencia tal como la organización social la ha hecho, y que todo ser consciente debe escoger entre el suicidio moral y la rebeldía según el grado de energía que en él exista… (Ludovico Malquin. Literato, 30 años. Francés.)

Cayó en mis manos un periódico anarquista, uno de los primeros publicados en Francia, y lo leí ávidamente. Entonces vi como en un espejo el reflejo de mis propios pensamientos. Cautivóme la nueva idea que entonces era aborrecida de la gran masa; pasé, pues, a ser anarquista, más bien de corazón, por sentimentalismo, que por otro motivo. Luego, viviendo en el mundo de los rebeldes, he aprendido y adquirido mejores y más perfectos conocimientos sobre las ideas por las cuales estoy pronto a hacer todos los sacrificios. (T. D. R. Cintero, 36 años. Francés.)

En estas confesiones de franceses, la tendencia a la rebeldía está claramente indicada y emanan de individuos de clase social diferente. En las confesiones siguientes, debidas a ingleses, escoceses e irlandeses, no es menos claramente visible.

Yo no me acuerdo del tiempo en el cual sentí algún respeto por una autoridad o religión… (T. W. B. Turner. Viajante, 25 años. Inglés.)

Habiendo sido arrestado por un insulto a la familia real… (Ernesto Young, 21 años. Inglés.)

A la edad de 15 años, trabajaba para un diario conservador, como repartidor, pero fui despedido por agitador, porque formé parte de una comisión representante de 60 muchachos que reclamaron aumento de salario… (F. W. S. Cochero, 28 años. Inglés.)

Me fui convirtiendo al socialismo cuando los disturbios de los sin trabajo, que acaecieron en mi pueblo natal; antes de esto yo no había siquiera oído pronunciar el nombre de socialismo. El mitin de los sin trabajo fue organizado por socialistas, que fueron encarcelados por sus discursos. Fui curioso de saber qué es lo que impulsaba a aquellos hombres a sacrificarse, y entonces estudié su doctrina… (A. Birc. Zapatero, 24 años. Inglés.)

Después, habiendo pasado por los diversos movimientos políticos, Independent Labor y socialista de Estado inclusive… Puedo decir que fui hondamente impresionado por los discursos de los mártires de Chicago, cuyas ideas pareciéronme que concordaban completamente con las mías propias… (D. K. C. M. 17. Mecánico, 28 años. Escocés.)

Me rebelo contra el presente sistema social, y cuanto más lo estudio, más impaciente me vuelvo para que el ignorante abra los ojos y reclame sus derechos… (N. W. 19. Mujer de un obrero, 34 años, excriada. Escocesa.)

Yo sentía un odio interno contra la Iglesia y los ricos, sin saber por qué… Más tarde me fuí a Edimburgo, y me acuerdo cómo me saltó el corazón de alegría cuando oí por primera vez a un orador socialista… (Jorge Robertson. Carpintero, 34 años. Escocés.)

Algo descontento de lo que me rodeaba, mucho antes de ser anarquista, sentía un profundo horror por el orden social actual, sin que pudiera evidentemente poder comprender sus males. Antes que yo, mi padre había sido ya un rebelde… (G.R. 22. Viajante, 41 años, antes mecánico. Irlandés.)

Durante algunos años, esforcéme por extender en las tiendas los Factory Acts (durante la agitación fui arrestado diversas veces y encarcelado)… Hé ahí un hecho. Hace cerca de doce años, cuando el movimiento para el cierre de tiendas, tuve que comparecer ante la policía correccional por excitación a la rebeldía; entonces defendime yo mismo. Por otra parte, habiendo oído el Presidente a los testigos de cargo y a mí, suspendió bruscamente el sumario y preguntóme si no encontraba más agradable vivir tranquilo que tener que comparecer ante la justicia; oído lo cual repliquéle contestara a una pregunta, que fue: ¿quién debería mejor estarse tranquilo, yo o aquellos que habían jurado en falso ante el tribunal? Añadi que yo no era un criminal, pero sí un individuo que había tomado parte en la acción pública en un movimiento humanitario para la disminución de las horas de trabajo de los empleados de los almacenes. El magistrado me amenazó entonces con formarme causa por insultos dirigidos al tribunal. Respondíle que yo y aquellos que conmigo eran perseguidos, estábamos dispuestos a no someternos tranquilamente ante la injusticia. El asunto fue inmediatamente sobreseído… (J. Tochatti. Mercader sastre, 40 años. Escocés. Abuelo paterno italiano.)

Creo que el primer paso que yo hice en el camino de las opiniones precedentes (socialismo-anarquista), fue en la época -hace diez años- en la que encontrándome sin trabajo y, por consiguiente, sufriendo mucho física y moralmente, encontré un hombre que me explicó la Social Democracy, que acepté en seguida como buena… (A.Z. 23. Dibujante litógrafo, 37 años. Nacido en Londres de padres judíos.)

Las respuestas que anteceden proceden no tan sólo de individuos de clases variadas, sino hasta de sexo diferente; en todas, por categórica afirmación o negación, se revela con nitidez el espíritu de rebeldía. No menos visible se muestra en los extractos siguientes debidos a italianos y españoles.

Mi madre era ferviente católica, pero aunque creyente en todos los dogmas católicos, no sentía ninguna simpatía por los curas, que detestaba a causa de que estaban en contra del espíritu revolucionario que entonces agitaba a Italia… Fue en el mes de julio de 1870 cuando estalló la guerra entre Francia y Prusia. Yo detestaba a Francia de todo corazón, porque Napoleón había impedido a los garibaldinos entrar en Roma, y no podía olvidar Mentana. Al propio tiempo, yo odiaba mucho al Papa (fijaos bien en que yo era aún sinceramente religioso) y especialmente al cardenal Antonelli, por haber hecho decapitar a Monti. Ya os imaginaréis, por consiguiente, con qué placer leía yo el boletín de la guerra que solamente derrotas aportaba para los franceses. No era yo el único que pensaba de este modo; como yo, casi todo el mundo pensaba lo mismo, especialmente, la juventud. Despúes de Sedán, en toda Italia, en Liorna, especialmente, principiaron a hacerse grandes manifestaciones a los gritos de: ¡Viva Roma capital! ¡viva Italia! Esto era para mí una fiesta; me mezclaba entre la multitud gritando a plenos pulmones, una verdadera fiebre. Ni siquiera iba a misa, ni rezaba mis oraciones, con gran escándalo de mi madre. Todos mis pensamientos tenían un objetivo: Roma. Así es que no podré describiros la locura patriótica que se apoderó de un niño como yo cuando se supo que el 20 de septiembre los italianos habían entrado en Roma. Recuerdo que me llevé de mi casa una bandera, y que, seguido por buen número de chiquillos de mi edad, recorrimos toda la población gritando, habiendo perdido mi sombrero, sin sentir siquiera el hambre. Y por la noche, ¡qué tumulto! Era la primera noche que pasaba fuera del hogar. A fuerza de gritar me puse ronco. Mezclábamos entre los vítores gritos de: ¡sacar luces, iluminad!, y rompíamos los cristales de los vecinos remolones. A la mañana siguiente, sin sentir el cansancio, derribamos la puerta de una iglesia, invadimos el campanario y durante todo el día echamos al vuelo las campanas. Por la noche, al retirarme a casa, recibí una ducha de agua fría en forma de senda cachetada propinada por mi madre, inquieta por no saber de mí durante aquellos días. En diciembre empezaron secretamente los alistamientos de garibaldinos para acudir en socorro de Francia. La antipatía que sentía contra el imperio francés, había cedido el lugar a una simpatía por la naciente República… Junto con dos compañeros de escuela, íntimos amigos, acordamos escaparnos de nuestras casas para alistarnos; yo era el más joven, 14 años, el mayor tenía 18. Yo representaba más edad de la que tenía. Poseyendo entre los tres unos 150 francos, escamoteados a nuestros padres, nos fuimos a Pisa, de allí a Turín, donde nos presentamos en la oficina de reclutamiento. Opusieron la mar de dificultades para aceptarme, pero al fin nos dieron un boleto para trasladarnos a Bardonnecchia. Una vez llegados, en vez de voluntarios garibaldinos encontramos gendarmes que nos recondujeron a Liorna, donde tuvimos que aguantar una severa reprimenda de la policía… En los primeros meses de 1871, mi madre y yo fuimos a Egipto, llamados por mi padre, y de nuevo fui reconducido a mi antiguo colegio de sacerdotes. Mi ardor calmóse un poco, pero mi razón, que se había despertado, se rebelaba cada día con mayor frecuencia contra la educación religiosa que me daban… (A.N. 16. Químico, contador, 37 años. Italiano.)

Mi padre formaba parte de la Internacional. Con Matta, Vanni y otros, fue uno de los que fundaron la federación florentina. Niño aún, pude ver ya, cómo los policías, al registrar la casa, trastornábanlo todo, y he asistido en la sala del Palacio de Justicia de Florencia, al proceso de las bombas. Scarlatti y Vanini, que al defenderse defendieron las ideas de la Internacional, causáronme una gran impresión. Me acuerdo aún de Scarlatti, cuando alzando el brazo y extendiendo el dedo amenazador, llenaba la sala con su voz potente. Acuérdome también de la viva impresión que recibí durante los funerales de Garibaldi, cuando no permitieron desfilara, entre las demás, la bandera roja y negra de la Internacional… Un ladrón fue detenido y aporreado por la multitud, y esto me indignó. En plena calle gritéle: ¡bravo!, cuando resistiendo a las turbas logró escabullirse. Mi padre me llevaba consigo a todas las reuniones… (A. Agresti. Grabador. 28 años. Italiano.)

En fin, soy anarquista, porque de una sociedad donde millones de hombres, mujeres, niños y viejos están condenados a los más inicuos y atroces sufrimientos, a causa del egoísmo y del capricho de un puñado de bandidos y de asesinos que se aprovechan de la división humana, para guardar entre sus manos la brújula de la suerte de todos… Lucho por llegar a la asociación de todos, para el bienestar y la independencia de todos… (G. P. 20. Sastre, 34 años. Italiano.)

No pudiendo soportar la disciplina, tampoco pude sufrir el estudio forzoso de la escuela; entonces me colocaron en una tienda, que tenía para mí la ventaja de dejarme libre… (Z.B. 26. Pintor de rótulos, 28 años. Italiano.)

La ley, la propiedad, el gobierno, el matrimonio… es necesario cambiarlos y destruirlos… Es necesario revolucionar, derribar para construir de nuevo… (Joaquín Luís Olbés. Doctor en ciencias, farmacéutico, 35 años. Español.)

En 1886 tuvimos en Cuba la primera huelga general, y entonces se manifestó en mí el espíritu de protesta y de rebelión… (Agustín Sineriz. Tabaquero, 29 años. Español.)

Yo era miembro de la Internacional de trabajadores… (Cecilio Fernández Zamorano. Sombrerero, 45 años. Español.)

Volvíme anarquista durante el 1° de mayo de 1891, cuando los proletarios del mundo entero se declararon en lucha abierta contra la sociedad actual que nos ha reducido a la condición de esclavos… (Mariano Lafarga. Ebanista, 19 años. Español.)

Cuando la burguesía asesinó a siete de nuestros compañeros de Jerez (1885), volvíme más activo en la propaganda, porque me indignó la injusticia que se había cometido y las persecuciones de que fuimos víctimas… Me rebelo contra el orden existente de cosas, y daría hasta la última gota de mi sangre en beneficio de la humanidad… (Juan F. Lamela (2). Obrero campesino, 30 años. Español)

De este choque (entre las nociones de justicia y el estado social actual), nace el rebelde, a veces intuitivo y otras hijo obediente de la razón… El sentimiento de justicia acrecentado por la convicción que da el estudio de la naturaleza, es lo que me hizo anarquista…(José Prat. Dibujante, 28 años. Español.)

Hijo de obreros, estando de aprendiz en un taller la opresión me repugnaba y me rebelaba la tiranía; a causa de mi temperamento, me sentía atraído por las ideas revolucionarias… (Manuel Recober. Ebanista, 34 años. Español.)

Convencido de que todo gobierno es opresión y tiranía… cometería un crimen si yo lo apoyase… creyéndome en el deber de combatirlos a todos, y por consiguiente, de defender su antitesis, la anarquía… (Palmiro. Tonelero, 28 años. Español.)

Me volví anarquista-comunista a causa del estado de sujeción en que me encuentro actualmente… (Rómulo Fustiz. Tabaquero, 35 años. Español.)

Una vez terminados mis cuatro años de aprendizaje, fui iniciado por mis padres en las asociaciones socialistas. Así, pues, la primera juventud, que por lo común se pasa en futilidades nocivas, fue para mí un aprendizaje en las asociaciones obreras socialistas… (Goncalves Vianna. Cerrajero, 38 años. Portugués.)

En los alemanes, judíos rusos, eslavos y búlgaros, se revela con fuerza esta misma característica mental:

Yo fui un adherido al partido socialista-demócrata cerca de cinco años, y durante la tormenta de la lucha política, constantemente en peligro de ser perseguido por el crimen de distribución de folletos y miembro de sociedades secretas. (Era en la época de la ley antisocialista en Alemania)… (O. Gutzkow. Litógrafo, 29 años. Alemán.)

Entré en las filas del movimiento obrero el 1° de mayo de 1889, en Trieste (Austria (3)), en la Sociedad Confederazione Operaia, donde leí por primera vez el Commonweal (4) de Londres. Gustábame el tono del periódico, y pronto sentí el deseo de asociarme con los anarquistas. En el mes de septiembre del mismo año, fundé, junto con un socialista demócrata eslavo una hoja socialista, Delawski List (Hoja obrera)… El 6 de abril de 1890 llegué a La Chaux-de-Fonds (Suiza), y en seguida entré en la unión de sastres. Fuí nombrado delegado para la organización de la manifestación del 1° de mayo… (A. Klemencic. Sastre, 27 años. Eslavo.)

Bastará decir que a la edad de 13 años tuve que arrostrar una lucha muy dura con mis padres, excesivamente religiosos, que terminó gracias a la tenacidad de la juventud, con mi partida delhome de mi infancia, convirtiéndome en un combatiente por la vida… (R. F. 24. Periodista, 30 años. Judío ruso.)

Fuí siempre un rebelde; yo replicaba siempre a las observaciones de los profesores y a los más terribles no les temblaba, respondiéndoles crudamente y con insolencia. Cuando me pegaban, pegaba yo también, teniéndome siempre para estos casos un palo que a propósito llevaba… Ellos (Haekel y Darwin) me gustaban porque demolían la religión que nos enseñaban en la escuela; yo amaba todo aquello que demolía bizarramente algunas mentiras oficiales… Rebelde consciente actualmente, amo todo lo rebelde y todo lo que no es consagrado oficialmente… (S.P. 29. Doctor en medicina, 27 años. Búlgaro.)

He ahí estos extractos característicos de anarquistas belgas y suizos.

Reflexionaba que yo, por lo contrario, doblegado bajo el peso de una labor aplastante desde la mañana hasta la noche, ganaba apenas la mitad de lo que necesitaba; mi trabajo sólo estaba destinado a llenar la caja de los acaparadores, procurándoles todos los goces. Mi corazón se rebelaba de indignación y de odio… (Carlos Hansenne. Tejedor, 43 años. Belga.)

Que otro o yo mismo la sufra, toda orden me irrita y provoca en mí un sentimiento de rebeldía que a menudo, a pesar de que esto me exponga a perder el pan… Así, a los nueve años, a consecuencia de varios castigos que me había impuesto el contramaestre (un hombre que en la iglesia del lugar era sacristán, organista, cantor, campanero, sepulturero y fabricante de cirios; durante el invierno ayudaba al maestro de escuela; su padre lo había sido y antes de morir había querido legar la plaza a su hijo, pero éste, en sus comienzos, ató un niño a un árbol para castigarle y cuando lo desataron el niño estaba helado y murió pocos días después, por lo cual fue destituído), durante la ausencia del maestro y que yo me negué a cumplir, durante una mañana me encerró en su cuartucho, contiguo a la escalera de la clase, con la orden de estar allí dos horas encerrado. Metí tanto ruido que vino el maestro para pegarme con un puntero y me lié con él a puntapiés, hasta que de nuevo me dejaron solo. No contento, púseme a cantar canciones que seguramente no serían del agrado del sacristán que en aquel momento daba lecciones de catecismo. Toda la clase estaba revuelta, según supe luego por mis compañeros, y para poder continuar los cursos (?) conmutóse mi pena por la de pan seco por toda comida, lo que era un regalo para mí, pues el pan del maestro era diez veces mejor que el mío. Más tarde, cuando las famosas huelgas del Borinage del Centro y de Charleroi, donde Van der Smissen, el famoso general belga empapó sus insignias con la sangre de los mineros, si llego a tener los medios para comprarme un revólver, seguramente hubiera ido a agujearle la piel. Yo no era anarquista, me figuraba que anarquista era sinónimo de vagabundo, pero sí un rebelde. La rebeldía se ha desarrollado en mí hasta el punto de que odio tanto al cobarde que acepta pasivamente las órdenes autoritarias, como al que se ampara de la autoridad, y desde mucho tiempo vengo observando que todo aquel que sabe ser autoritario, sabe arrastrarse… (A.B.G. 21. Músico, 29 años. Belga.)

A los trece años abandoné mi pueblo para ir a servir a un pequeño comerciante, donde no tardé mucho tiempo en conocer lo que vale el uniforme militar; el tono altanero y autoritario de los oficiales cuando se dirigían a sus subordinados, despertó en mí un sentimiento de rebeldía y jamás he podido comprender cómo pueden consentir los hombres que les traten de este modo… Además, cando ocurre que alguien quiere imponérseme, sea por la fuerza física o por la autoridad de que esté investido, no le quedan ganas de repetir la hazaña, pues aunque de apariencia calmoso, toda mi rebeldía se manifiesta por una actitud resuelta y a veces por una réplica sangienta. Cuando la guerra de 1870, a duras penas comprendía que todos aquellos soldados lo mismo arriesgaban la piel si se rebelaban que si corriesen delante de las bayonetas de los soldados enemigos, por los cuales no sentían ni una razón de enemistad… (PH. Lelièvre. Cocinero, 49 años. Belga.)

Un niño de mi edad, con el cual había compartido los juegos infantiles de la escuela, me invitó una vez a tomar parte en su alegría. Penetré en un salón ricamente adornado… Me aprestaba a hincar el diente en un pastel que espontáneamente me ofreció mi pequeño camarada, cuando una dama hizo una triunfal entrada, dirigiendo sus estupefactos ojos a mi amigo y recíprocamente. Pasado este su primer momento de sorpresa, la muy impertinente interrogó a su hijo para saber quién era aquel pequeño vagabundo. Iba yo a protestar, cuando la dama llamó a un criado y me hizo salir con todos aquellos miramientos peculiares a las gentes acostumbradas a una larga servidumbre. Alejéme con la vergüenza en el rostro y el odio en el corazón sin poder explicarme la conducta de aquella dama. A medida que los años pasaron, se fue acumulando en mi pecho la hiel que aquella escena desarrolló… (Lidée. Tipógrafo, 40 años. Belga.)

Cuando la alta pillería quiere reconocer en un pobre diablo esto que se llama talento, considera que de hecho este talento le pertenece. Lo utiliza, es su derecho. Y el que se rebela, el que no quiere ser instrumento servil de absurdos manejos, éste resulta para ella un peligro, lo comprende, todos los medios parécenle buenos para abatirlo. Esto no es nuevo ¡pardiez! pero esto sorprendió a mi candidez de 20 años… Y yo quise luchar, ¡pobre imbécil!, luchar lealmente contra adversarios tan crapulosamente canallas. Pronto dieron cuenta de mí, la miseria, la calumnia, hubiéronme prontamente reducido al hambre en mi aislamiento… Los reptiles de la prensa vendida podrán comprobar que Suiza, esta tierra clásica de la Libertad, como la llaman, trabaja también para preparar la rebelión universal que nos unirá al grito de: ¡viva la anarquía! (E.D.H. 25. Profesor, 27 años. Suizo.)

Una juventud desventurada y atormentada, sin padres y sin guía, ha hecho de mí lo que soy actualmente: un anarquista cuyo corazón rebosa odio y que a menudo se ha rebelado a la sola vista de un niño harapiento o de una iniquidad cometida contra un pobre diablo… (A. Nicolet. Grabador, 45 años. Suizo.)

Encontramos asimismo la misma tendencia a la rebeldía en la única respuesta que recibimos de un neerlandés:

Multatuli trata también de la cuestión social en sus obras. Las ideas de este ilustre escritor me inspiraron mucho, como a tantos de mi país, desarrollando en mi espíritu de rebeldía el deseo de modificar el estado social, que concibo es injusto… (J. Methofer. Tenedor de libros, 31 años. Holandés.)

En todas estas respuestas se trata de un espíritu de rebeldía general e impreciso. El individuo reacciona contra la autoridad. La resiste pasiva o activamente según sea la forma que afecte: familiar, profesional, social o patronal. Sea cual sea la nacionalidad de que forman parte los individuos, el mismo carácter psíquico se muestra con mayor o menor acuidad en su intensidad.

Existen formas variadas de esta propensión a la rebeldía. El espíritu de examen, de crítica, de oposición, de innovación, son modalidades suyas. Examinando, criticando, el individuo se niega a admitir las opiniones hechas, los fenómenos tales como se los presentan. Se rebela contra las ideas generalmente admitidas, contra los dogmas religiosos, morales, científicos. Contradiciendo una teoría dada, haciendo oposición a ciertos actos, el individuo se presenta rebelde. Morfológicamente hablando, examen, crítica, contradicción, oposición, son idénticos.

Comprobamos también estos derivados de la tendencia a la rebeldía en las confesiones de los franceses, irlandeses, escoceses, alemanes, españoles, etc.

Mis más lejanos recuerdos infantiles me permiten encontrar en mis primeros años un espíritu de contradicción que a menudo se obstinaba, pero que jamás fue burlón y malcontento y nunca tornóse en actitud inmutable. Hizome despreciar muy tempranamente este panurguismo que reina como dueño en los establecimientos de la educación actual… Contra todo eso he debido resistirme en una tensión perpetua y dolorosa para proteger mi ser moral reducido a encerrarse dentro de un orgullo blanco y frío en el cual se ahogaba a veces. Desde los primeros tropiezos de mi conciencia, vine condenado al papel de refractario toda mi vida de adolescente, papel contrario, por otra parte, a mi naturaleza de suyo expansiva y de simpatía… (Mauricio Pujo. Literato, 20 años. Francés)

Mi padre, natural de Alsacia, de religión protestante, me habituó desde mi niñez a la libertad de pensar, pues bajo el imperio profesaba altamente el republicanismo, y sus palabras fueron siempre hostiles a la regimentación religiosa. Yo no fui bautizado y sólo cediendo a instancias de mi madre dejó que yo hiciera mi primera comunión… (P. 10. Arquitecto, 32 años. Francés.)

Mi padre era constructor de coches, también algo rebelde… Yo fui testigo ¡ay! de muchas miserias y sobre todo, poco acariciado (mi madre se había casado por segunda vez)… A cada instante los fenómenos más diversos herían mi imaginación. ¿Por qué había ricos? ¿por qué pobres? Eran otras tantas reflexiones que turbaban mi reposo… (K. 11. Almadreñero, galochero, 33 años. Francés.)

Poseo el espíritu eminentemente crítico y también el espíritu de oposición; a menudo busco el modo de demostrarme a mí mismo que no tengo razón teniendo tal o cual idea… (O.7.)

Más tarde me complacía en criticar los autores que leía, no podía constreñirme a aceptar las ideas sin discutirlas, hasta con los profesores, hacia los cuales no sentí nunca respeto…(Doctor H. 6.)

Una vez entrado en el periodismo y decidido a no imitar a mis compañeros, que en su mayoría juzgan con un aplomo imperturbable las cuestiones de las que desconocen las primeras palabras, me tracé el deber de estudiar las cuestiones sociales para poder combatir con conocimiento de causa las teorías socialistas, que, a priori, me eran perfectamente antipáticas. Comencé por estudiar separadamente, y luego en sus relaciones las unas con las otras, cada una de las reformas propuestas con objeto de mejorar, como dice la fórmula, la suerte del mayor número… (Severin L. Periodista, autor dramático, 33 años. Francés.)

Porque no me contento con aceptar la opinión corriente sobre cualquier cosa que me interese, sino que tengo empeño en examinar los hechos por mí misma… (H. 12. Institutriz, 45 años. Irlandesa.)

Creyendo que los métodos científicos son los únicos para llegar a la verdad… Y la anarquía ofrecerá la ventaja de los experimentos libres… (Enrique Campbell. Sillero, 41 años. Escocés.)

Yo pienso que la anarquía es la más enérgica oposición a este absurdo… (William Reckie. Plomero, 34 años. Escocés.)

La farsa de esta pillería y la ambición de los individuos (Social Democratic Federation) nos condujeron casi a la discusión de los principios anarquistas. En esta época estábamos en pleno periodo de los discursos de los anarquistas en Chicago y sus grandes palabras y conducta más grandiosa aún, contrastaban con las pequeñas bajezas y el lastimoso egoísmo de muchos demócratas… (A.M. 27. Músico, 36 años. Inglés.)

Soy anarquista-comunista porque después de muchos años de experiencia en el movimiento reformista, he llegado a la conclusión final que el comunismo anárquico es la única solución de la cuestión llamada del Trabajo… Pero después de algunos años de experiencia descubrí pronto que las Trade Unions eran una farsa… Con Alberto Parsons empecé a buscar la verdadera solución del problema del trabajo… (O.P. Smith. Tabaquero, 35 años. Irlandés.)

La actitud intolerante y arrogante de los líderes del partido social-demócrata alemán, después del voto de la ley antisocialista, abrióme al fin los ojos y mi implícita creencia en la honradez y en el ardor de estos hombres recibió un rudo golpe… (G.H. 13. Dibujante arquitecto, 41 años. Alemán.)

Me volví anarquista por el estudio de los principios y de estas cuestiones difíciles… (W.A. Ornum. Escritor, 54 años. Americano.)

He visto atroces miserias a mi alrededor… Me he visto colocado en primera fila para poder juzgar las canalladas burguesas y he estado diez años sin condenarlas… (E.D.H. 25)

Yo observaba a mi alrededor; he visto niños harapientos recoger legumbres podridas y llevarlas a sus padres para que las cocieran. He visto muchachos con jirones por toda ropa que los gendarmes reconducían a sus pueblos porque, sin padres ni documentación, los pobres mendigaban. He visto mujeres maltratadas por los policías. He visto mujeres mendigando y en manos de los gendarmes, que por este delito las conducían a la cárcel… He visto nacer pequeñuelos cuyos padres no tenían siquiera un pedazo de ropa limpia para cubrirlos. He visto a una niña hurgar en una caja llena de basura con la esperanza de encontrar un pedazo de pan, después de dos días que en su hogar carecían de él… (A. Nicolet.)

El estudio de las cuestiones económicas y sociales me ha convencido de que el porvenir pertenece al proletariado… (J.L. Olbés.)

Luego, estando ya un poco desembarazado de los prejuicios religiosos y viendo que los periódicos que leía me enseñaban sobre la cuestión religiosa y que los periódicos burgueses me la embrollaban, comparé estas dos tendencias y supe distinguir dónde estaba la verdad… Como he visto que es el capricho quien reina… Como he visto que nada habíanme enseñado para ganarme la vida, ni nada hecho para hacerme hombre, y que habíanme privado del derecho de hablar y de escribir según mi modo de ver, de ir donde quisiera, y que obligándome a llevar la mochila y el fusil que debía descargar a la voz de mando de otro, sin saber contra quién y por qué motivo se me imponía una obligación tan repugnante… Al propio tiempo he visto que cuando nosotros los obreros reclamamos alguna mejora, se nos aporrea y encarcela, mientras que cuando es el burgués quien reclama algo contra el trabajador, no hay policía que nos ayude en contra suya. De modo que he comprendido que el gobierno sólo sirve para defender esta pandilla de ladrones burgueses… Y si he aprendido un poco a saber lo que era la comedia política, ha sido a fuerza de voluntad… (Ignacio Jaquette. Albañil, 33 años. Español.)

Educado en la pobre y rutinaria instrucción que puede recibir el hijo del obrero en esta inmunda sociedad… Yo seguía la corriente que desgraciadamente sigue la juventud actual, abandonándome a diversiones grotescas y sin substancia, que sólo conducen a la corrupción, pero afortunadamente comencé a razonar a tiempo. Dirigí mis investigaciones sobre la sociedad actual y la ví unida bajo el más vil despotismo. Ví que en ella.. Ví que en lugar de… Ví que… Esta sociedad no tiene razón de ser; su lógica está en la punta de las bayonetas, exclamé. Y viendo claramente el mal, busqué el remedio. Estudié los partidos políticos más radicales y deduje que ninguno de ellos es el llamado a realizar la obra de emancipación… Estudié el partido socialista, del Estado obrero, y me convencí que aunque propone importantes reformas sociales, su instauración sería solamente un calmante a los males de la humanidad… (J. E. Martí. Tipógrafo, 19 años. Español.)

Me volví anarquista cuando comprendí lo que he dicho más arriba (nocividad del gobierno y de la propiedad particular.) Lo comprendí al reflexionar sobre mi situación de esclavo asalariado. Fuí inducido a la reflexión por un sentimiento desinteresado de justicia… (E. Olbés. Tipógrafo, 26 años. Español.)

Un día topé con un hombre que me dijo: todo lo que predican los republicanos es una farsa y una libertad mal comprendida; para asegurarse de ello, basta contemplar lo que pasa en todas las repúblicas establecidas en Europa y América… Lo hice y comprendí que tenía razón… supe lo bastante para… ver y comprobar las injusticias que desarrolla la actual organización social… (Francisco Freixas. Zapatero, 21 años. Español.)

Leí un folleto titulado Conferencias socialistas, de Chevelnior; el autor demuestra lo que es el Estado, el Capital y la Religión, y se declara anarquista. Fue como un rayo de luz que vino a iluminar mi cerebro, entonces indiferente a la política, que yo la consideraba una farsa. He aquí, me dije, lo que tu deseas, y por consiguiente, debes llamarte anarquista… (Jacinto Melich. Hojalatero, 31 años. Español.)

Viendo la desigualdad que existe en la sociedad y la miseria de que son víctimas los trabajadores, me dediqué al estudio de la cuestión social… (Libertario. Acolchador, 19 años. Portugués.)

Desde aquel tiempo también, principié a no obedecer con tan grande fervor las reglas de mi religión. A pesar de guardar aún la fe sincera en un buen Dios, la duda invadía mi infantil pensamiento. A veces preguntaba a mi madre por qué tanta gente mala, que no obedece las reglas religiosas, era rica y gozaba de la vida, mientras que nosotros, que rogábamos siempre, y que buscábamos agradar a Dios, teníamos que soportar tantas privaciones y miserias… Mi madre me respondía que a causa de esto, los ricos irían al infierno, y nosotros iríamos al paraíso. Estas respuestas me satisfacían de momento, pero en aquella época, la primera duda ya se introdujo en mi corazón… Pronto comprendí por personal experiencia que su crítica (la de los revolucionarios) de la sociedad era muy justa, y me persuadí también, poquito a poco, de la posibilidad de un cambio… (W.D. 30. Empleada en una oficina, 21 años. Judía rusa.)

Estas citas son absolutamente típicas. Revelan muy bien en sus autores la existencia de estas localidades de la tendencia a la rebeldía: espíritu de examen, de crítica o de oposición.

El espíritu de innovación es otra modalidad derivada de aquella propensión. El individuo innovador en arte, en ciencias, en letras, posee evidentemente el carácter mental crítico. Consciente o inconscientemente, el innovador examina lo que es y lo critica. Entonces busca lo que estima sería mejor y realiza lo que encuentra. No cabe duda que en esto hay una forma del espíritu de rebeldía. Nosotros la hemos comprobado solamente en dos confesiones que emanan de franceses, confesiones en las cuales hemos hallado, por otra parte, las demás modalidades de esta propensión a la rebeldía.

Yo desarrollé mi tesis de doctorado sobre una operación quirúrgica que los profesores declaraban absurda y loca y que luego se ha hecho clásica… Doctor H.6.)

Yo me esgrimía en las revistas contra los escolásticos de toda clase que pretenden que el artista digno de este nombre debía traducir su emoción según las formas aprendidas… (A. Retté.)

Así, pues, encontramos en las mentalidades anarquistas el espíritu de innovación como manifestación de la tendencia a la rebeldía. Esta modalidad solamente se percibe, en todos los sabios, literatos y artistas que son socialistas-anarquistas. Tienen una individualidad potente, pues casi todos los que salen de los senderos trillados son unos innovadores. Poetas, pintores, novelistas, escultores, filósofos, etc., exploran caminos nuevos, impacientes por realizar un ideal soñado, conocer una nueva verdad.

Este espíritu de innovación es menos fácil de descubrir en la masa de los socialistas anarquistas. Éstos no se revelan al público por medio de obra alguna. No obstante, esta tendencia existe en ellos bajo la forma atenuada de amor a lo nuevo. Todo anarquista protesta contra las actuales formas sociales, sueña con alguna que juzga mejor; es, por lo tanto y necesariamente, un filoneísta.

En suma, la observación nos muestra que en la mentalidad filosófica de los socialistas anarquistas, se encuentra este carácter: tendencia a la rebeldía.

Este resultado, al que nos ha conducido el método positivo, está absolutamente confirmado por la razón. En efecto: hombres que quieren hacer tabla rasa de las actuales organizaciones sociales, han de estar fatalmente dotados de una mentalidad en la que una de las características debe ser la tendencia a rebelarse contra lo existente. Lógicamente, por el hecho mismo de ser socialista-anarquista, es decir soñar con un cierto ideal conforme a ciertas doctrinas, se es un rebelde, o sea que los individuos están impregnados del espíriu de rebeldía, y, naturalmente, bajo una o varias de las formas que éste puede revestir.

Por otra parte, el estudio de las doctrinas socialistas-anarquistas podrá hacer deducir racionalmente la existencia de esta característica psíquica. En efecto, si la doctrina que enseña la rebeldía invita a manifestarla, es racional que los adeptos de esta doctrina, es decir, que los individuos que la consideran justa, verdadera y buena, aprueben la rebeldía, la preconicen ellos mismos, la manifiesten. Luego, si la manifiestan, significa que en su encéfalo existe tendencia a la rebeldía, significa que los ambientes la han desarrollado vigorosamente.

La doctrina socialista-anarquista enseña la rebeldía; puede juzgarse por las siguientes citas, sacadas de las obras publicadas en diferentes idiomas:

Nos hemos rebelado y hemos invitado a los demás a rebelarse contra los que se arrogan el derecho de tratar a los demás de modo que ninguno de ellos quisiera ser tratado; contra los que no querrían ser engañados, ni explotados, ni brutalizados, ni prostituídos, pero contribuyen a que los demás sean todo esto. Hasta el presente, la humanidad no se ha visto privada de estos grandes corazones que rebosan cariño, espíritu y voluntad, y que emplean su sentimiento, su inteligencia y su fuerza de acción al servicio de la raza humana, sin pedirle, en cambio, nada. Esta fecundidad del espíritu, de la sensibilidad y de la voluntad, toma todas las formas posibles. Es el investigador apasionado por la verdad que, renunciando a todos los demás placeres de la vida, se entrega con ardor a la investigación de lo que cree verdadero y justo, contrariamente a las afirmaciones de los ignorantes que lo rodean… Es el hombre que se rebela a la vista de una iniquidad, sin preguntarse lo que pueda resultarle, y cuando todos doblan el espinazo, desenmascara la iniquidad, hiere al explotador, al pequeño tirano de la fábrica o al gran tirano de un imperio… Comprendemos que no hemos impulsado hasta el fin los espíritus de igualdad, pero no queremos aceptar compromisos con estas condiciones. Nos rebelamos contra ellas. Nos pesan. Nos vuelven revolucionarios. No nos reconciliamos con lo que nos rebela. Repudiamos todo compromiso, hasta el simple armisticio, y nos prometemos luchar hasta el fin contra estas condiciones… Esta ciencia (la moral) dirá a los hombres: Sé fuerte en vez de débil, y una vez hayas visto una iniquidad en la vida, una mentira en la ciencia, o un sufrimiento impuesto por alguien, rebélate contra la iniquidad, la mentira y la injusticia. ¡Lucha! La lucha es la vida, tanto más intensa cuanto más viva. Y entonces habrás vivido, y por algunas horas de esta vida, no darías años de vegetación en la podredumbre de los pantanos…(Pedro Kropotkin. La moral anarquista. Páginas 54, 57, 58, 72 y 74. Folleto in-18, París, 1891(5).

… Ensayar, poner en práctica ideas nuevas en la sociedad actual, ¿acaso no es hacer acto de rebeldía?… Afortunadamente, nosotros lo hemos visto, sólo hay un paso de las aspiraciones al deseo de realizarlas, y este paso muchos temperamentos están inclinados a franquearlo, tanto más cuando siendo esencialmente de acción la teoría anarquista, más numerosos estos temperamentos revolucionarios se encuentran entre sus adeptos. De aquí la multitud de estos actos de rebeldía que deploran los espíritus timoratos, pero que, según nosotros, no son más que la prueba del progreso de las ideas… Seguramente que no es resignándose, ni esperando que cambien otros algo a su situación, sino obrando; luego, la mejor manera de obrar es suprimir los obstáculos que imposibilitan nuestro camino… Poner en práctica nuestras ideas exige hombres concientes de sí mismos y de su fuerza, que sepan hacer respetar su libertad, no convirtiéndose en tiranos de los demás, no esperando nada de nadie, sino todo de sí mismos, de su iniciativa, de su actividad y de su energía; estos hombres no se encontrarán si no se les enseña la rebeldía y no la obediencia… Pero nosotros estamos también convencidos de que las ideas bien comprendidas deben multiplicar en su marcha ascendente los actos de rebeldía…(Jean Grave, La Société mourante et l’anarchie, págs. 128-130. Un volumen in-18, París, 1894, edición popular (6).

Bien quisiera yo tener la influencia que me atribuís. Iría de ciudad en ciudad a sembrar la semilla y pronto echaría por tierra la sociedad actual y florecería la anarquía… (Respuesta de Tennevin, contador, al Presidente del Tribunal del departamento de Isère en Francia.)

No tengo por qué disculparme de lo que he dicho. ¿De qué se me acusa? De haber incitado a la rebelión y haber proclamado que los trabajadores habían hecho muy bien en saquear. ¡Pero si lo repito aún! Han hecho bien, han obrado bien en todos los actos que se han realizado en el 1° de mayo. (Defensa de Pedro Martin, tejedor, en el Tribunal del departamento de Isère en Francia. Proceso de los anarquistas de Viena pág. 10-49. Saint-Étienne, 1890, folleto in-18.)

Estos monstruos (los que se benefician de la sociedad actual) tienen todos los goces y emplean todos los medios más crueles para conservar su posición, porque nosotros hemos puesto en sus manos la fuerza de la cual se sirven en contra nuestra. Así, pues, ningún medio será demasiado violento para suprimir sus privilegios y hacerles entrar dentro del derecho común. ¿Cómo se abolió la esclavitud antigua? Por las revoluciones. ¿Cómo se ha suprimido la servidumbre? Siempre por la revolución. ¿Cómo se hará desaparecer el salariado, que es la última forma de la esclavitud? Pues revolucionariamente. La rebelión es una cosa fatal, engendrada por la opresión, como la explosión de una caldera es engendrada por demasiada presión. No obstante, no es por odio, ni por venganza, por lo que nosotros nos rebelamos; es por necesidad. La sociedad actual no nos reconoce ningún derecho al bienestar. A pesar de las apariencias falaces de las libertades políticas, hace de nosotros seres inferiores y miserables. Estamos, pues, en estado de legítima defensa, cumplimos el más sagrado de los deberes al rebelarnos contra ella. (Les anarchistes et ce qu’ils veulent, pág. 29. Ginebra, 1892, folleto in-18.)

El objetivo de este partido (socialista-anarquista) es extender por todos los medios posibles el principio del socialismo-anarquista, demostrar que no es necesario esperar nada de las concesiones voluntarias de los propietarios y de los gobiernos, ni en las graduales reformas constitucionales; despertar en el pueblo la conciencia de sus derechos y desarrollarle el espíritu de rebeldía; impulsarle a hacer la revolución social, es decir, a destruir todo gobierno y poner en común todas las riquezas existentes… (Enrique Malatesta, A talk about Anarchism Communism between two workers, página 3. Londres, 1890, folleto in-18, un penique (7).

Es esencial recordar, por otra parte, que aquel buen tiempo (fin del siglo XV y principios del XVI) resulta principalmente del espíritu revolucionario de las poblaciones rurales, poblaciones conducidas por nobles guías como John Ball, Jack Cade, Watt Tyler y otros. El pueblo no tuvo lo que deseaba sino rechazando someterse a las exacciones de los gobiernos… La historia nos enseña que no existe ningún cambio político o económico que se haya alcanzado sin la revolución. Por esto nosotros trabajamos para provocar la revolución que barrerá del mundo la injusticia, la tiranía…(H. H. Duncan. A plea for Anarchist Communism, pág. 7-15. Aberdeen, 1893, folleto in-18, un penique.)

Sin embargo, en los bajos fondos sociales, los principios de igualdad, de amor y de caridad predicados hace cientos de años por Budha, Confucio, Filón y por el reformador Jesús, abrieron nuevos horizontes a las clases desheredadas, oprimidas, esclavas. Los poetas, los filósofos, las gentes de corazón y de buen sentido, decían que se preparaba una gran revolución moral y religiosa. Los que gozaban… al principio riéronse; pero pronto cesaron de reir y persiguieron a los afiliados a la nueva secta cuando se dieron cuenta de su enorme engrandecimiento… A costa de millares de mártires, la nueva fe se elevó sobre las ruinas de los antiguos cultos, la igualdad moral pasó a ser un hecho consumado… En el curso del último siglo, Voltaire percibió que… los antiguos privilegios de la nobleza, del clero, estaban irrevocablemente condenados por el progreso moral y social, y dijo: Todo lo que veo es la semilla de una revolución que viene inevitablemente… Y entonces también riéronse los ricos… Y la revolucón vino terrible, inesperada como un terremoto (1789)… El ideal anárquico seduce a muchos y se extiende con celeridad tan prodigiosa, que en treinta años ha hecho más camino que el cristianismo en trescientos. Hay millones de esclavos modernos, elevados a la dignidad de hombres, que en nombre de la moral anarquista se rebelan, intentan continuamente romper sus cadenas… Las crueles persecuciones, las viles calumnias sólo dan mayor impulso a la causa que arrastra vertiginosamente la humanidad hacia el drama final… Innumerables son los signos demostrativos de que se acerca la hora fatal; por esto nosotros recomendamos con toda la fuerza de la convicción a los que tienen el temperamento de rebeldes y sienten amor a la justicia, que estén listos… (Eduardo Milano, Primo passo all’Anarchia, páginas 85, 86, 88, 89, Liorna, 1892, folleto in-18; 20 céntimos.)

No es menos cierto que la tendencia social es constantemente la misma: rebelarse contra la autoridad, discutirla, limarla, y, en fin, suprimirla… La autoridad está negada desde que el primer hombre se rebeló contra ella, arrancando en sus sucesivos esfuerzos, hoy un atributo, mañana un elemento, al siguiente una función… La idea anarquista que sufre, no obstante, oscilaciones, y cada día va concretándose más y afirmándose mejor en un principio, surge como un simple grito de protesta, de guerra, y es la bandera aún no bien definida de la revolución… Muchos progresos rápidos se han realizado durante la evolución de las ideas socialistas en el corto espacio de medio siglo, principalmente después de la disolución de la famosa Internacional de los Trabajadores. Esta evolución es el producto del proletariado militante que, con su espíritu revolucionario, tiende siempre a purificar y concretar sus ideas…(Ricardo Mella, Anarquía.)

Enemiga de los paliativos, de los términos medios y de las pequeñas reformas, la anarquía, partiendo del principio que el fin justifica los medios, se propone reivindicar los derechos del pueblo por el movimiento insurreccional, la revolución social…(Sergio de Cosmo. Anarquía. Segundo certamen socialista páginas 64, 66, 67, 75, Barcelona, 1890, vol. in-8 (8).

Podríamos a voluntad aumentar el número de citas si quisiéramos ahondar en la masa de periódicos anarquistas que fueron publicados o se publican actualmente en francés, inglés, italiano, español, flamenco, holandés, portugués, alemán, etc…, ¿pero a que más? Éstas son suficientemente típicas para demostrar de una manera clara que los teóricos de la anarquía exaltan el espíritu de rebeldía bajo sus modalidades más variadas.

Grave, Reclus, Malatesta, Kropotkin, Fielden, Parsons, Gumplowicz, Spies, Tolstoy, etc., proclaman la manumisión del individuo por sí mismo; por consiguiente enseñan la rebeldía, violenta o no, según sus personales temperamentos. Es racional que los discípulos de los filósofos de la anarquía socialista estén impregnados del espíritu de rebeldía. Encuentran justa, buena, la enseñanza de la rebeldía, porque ellos mismos están de ella afectados.

Además, la misma tendencia a la rebeldía manifiestamente expresada en las obras de los sabios socialistas-anarquistas, se halla asimismo vigorosamente expresada en las novelas, en los cuentos, en las crónicas de los literatos anarquistas. Pablo Adam, Mirbeau, Bernard Lazare, Eckhoud, etc. La semilla rebelde hállase también en las obras de los pintores y de los dibujantes anarquistas. La colección del Père Peinard, por ejemplo, con sus grabados, debidos a grandes artistas, es una prueba irrefutable.

Así, pues, a priori, deduciéndola de las doctrinas socialistas-anarquistas, se podría afirmar que los adeptos de estas teorías están afectados del espíritu de rebeldía bajo una o muchas de estas modalidades: espíritu de oposición, de examen, de crítica, de innovación.

Métodos racional y positivo conducen, pues, al mismo resultado: presencia del espíritu de rebeldía en la mentalidad de los adeptos de la doctrina socialista-anarquista. Estos dos métodos se confirman mutuamente y permiten afirmar que la tendencia a la rebeldía se halla siempre en la mentalidad de los socialistas-anarquistas. No está siempre sola, sino asociada con otras tendencias cuyo agregado es específico de la mentalidad filosófica de los adeptos de la doctrina socialista-anarquista.

Parece, según se desprende de los extractos profesionales que dejamos apuntados y de los de las doctrinas que hemos citado, parece, repito, que la propensión a la rebeldía es muy grande en todos los anarquistas. En ellos llega a un desarrollo superior al que se encuentra en la generalidad de los hombres. Este espíritu de rebeldía está acentuado en unos más que en otros. De todos modos, de una manera general, parece que las manifestaciones de este espíritu de rebeldía son más poderosas, hasta más violentas, en los italianos y belgas que en los ingleses, escoceses y alemanes. Los franceses e irlandeses parece ocupan un lugar intermedio.

Sea lo que fuere respecto a la influencia de la nacionalidad, es muy cierto -lo hemos probado por la observación y el racionalismo- que la tendencia a la rebeldía existe en la mentalidad especial de los socialistas-anarquistas. Podemos, pues, decir:
Caracteres constitutivos de la mentalidad socialista-anarquista: 1a. Espíritu de rebeldía.

El socialista-anarquista es un individuo rebelde.

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