Programa de gobierno = delator de la incoherencia

Por Hugo Murialdo
Fuente: www.elclarin.cl (28.05.09)

Con frecuencia la práctica de formulación de programas de Gobierno ha sido asistemática, frustrante y de influencia apenas limitada a la campaña electoral. Más tarde, durante el Gobierno, dicho programa debe ser olvidado, pues, en general, es impracticable, incoherente y ajeno a los intereses de las fuerzas que pesan en la toma de decisiones. De esta manera, el programa de gobierno deviene en un mero recuerdo de promesas que nunca fueron hechas para cumplirlas.

En efecto, la formulación del programa de Gobierno no se apoya en metodologías que permitan analizar su eficacia y coherencia; en realidad, no se apoya en metodología alguna; normalmente se formula por sectores y políticas mediante la formación de numerosos equipos que “diagnostican” y proponen las cosas más diversas sin una estructura central que seleccione prioridades y señale una direccionalidad consistente; así, el programa de Gobierno tiene todos los defectos de un plan tradicional más los propios de la ambigüedad, adimensionalidad e incoherencia que la mayoría de las veces connotan las ofertas electorales. Tiende a ser un conjunto de generalidades que no diferencia las ofertas electorales, no penetra en las causas reales de los problemas y no apunta a salidas imaginativas y viables.

Además, no hay sinceridad en el contenido del programa de Gobierno, ya que éste se asume como mera herramienta electoral; generalmente los dirigentes no quieren desviar su atención de la campaña electoral hacia cuestiones que ellos estiman pueden estudiarse y decidirse más adelante. No se trata de ganar las elecciones con un programa de Gobierno, sino utilizar el programa para ganar las elecciones.

Por otra parte, no hay correspondencia entre los conocimientos, experiencias, propuestas e intereses que conforman el proyecto nacional del equipo de dirección dominante y las que surgen de los equipos que elaboran el programa, pues estos últimos son principalmente un medio indiscriminado y asistemático de participación técnica, política y popular para reforzar el clima de suma de fuerzas que predomina en el momento de la campaña.

Asimismo, no hay confrontación real de posiciones en la elaboración del programa, porque los equipos que real y tradicionalmente pesan con posiciones divergentes saben que conviene esperar el momento del Gobierno y dirimir allí las cuestiones, apoyados en la correlación de fuerzas que regirá más tarde desde el poder, que es distinta a la correlación de fuerzas de la campaña electoral.

Otro error grave, es la concentración excesiva en el contenido propositito del programa y un olvido completo de la selección de cuadros homogéneos, con capacidad política y técnica, que más adelante deberían ser el núcleo de funcionamiento eficaz del Gobierno.

Los programas que se conocen hasta ahora de los precandidatos a la Presidencia de la República adolecen de la mayoría de los defectos antes mencionados. El programa de Gobierno de Sebastián Piñera se elaboró entre cuatro paredes por un grupo de expertos que no han permitido la participación de fuerzas con experiencia política. De ahí la insistencia de la UDI para que sean incorporados los acuerdos emanados del Congreso de Punta de Tralca, que le imprimirían un sello más popular. Es decir, un vulgar parche programático. Así quedan todos conformes, felices y contentos. Como diría Gianni Vattimo: “la democracia de los expertos no es democracia”.

Si bien el programa de Eduardo Frei también fue elaborado por un grupo de expertos (Océanos Azules), es necesario reconocer que en él participan también algunos personeros con sentido político. El mismo candidato ha adquirido mayor experiencia política, adquirida especialmente durante su paso por la Presidencia de la República.

El caso de Marco Enríquez-Ominami amerita un análisis un poquito más exhaustivo. Su DECÁLOGO PARA EL FUTURO en que precisa que son “Definiciones Programáticas de la Candidatura Marco 2010”, es un listado asistemático de propuestas sin constituir un programa de Gobierno propiamente tal. Posteriormente cuando ingresa al área chica y entrega su Programa Económico se demuestra la inconsistencia y falta de experiencia en la elaboración de un programa de Gobierno. Veamos: en el punto 6 de su Decálogo dice a la letra: “…Queremos más Estado que proteja y no permita que las empresas basen su competitividad en las condiciones de trabajo y de servicio. Más Estado para más equidad”. En el punto 8 termina reiterando: “…Más Estado y más recursos para más equidad y mayor bienestar”.

Hasta donde tengo entendido, no se logra “más Estado” vendiendo parte de los pocos activos que le van quedando al Estado chileno, especialmente Codelco, “el sueldo de Chile. Por lo demás, ¿quién le informó a Marco Enríquez-Ominami que la empresa privada da garantías de mejor gestión? Posiblemente fueron los gerentes de la General Motors.

Me permito recomendarle a Marco (así le gusta que le llamen), que revise la 4ª Encuesta Nacional de Opinión Pública, realizada por el Instituto de Investigaciones en Ciencias Sociales (ICSO) de la Universidad Diego Portales para que se entere de la petición de los ciudadanos chilenos respecto de la importancia del Estado. Sólo algunos datos:

71,6% de acuerdo o muy de acuerdo en que el Estado tenga empresas de utilidad pública; 67,2% pide una AFP estatal; 65.7% más bancos estatales; 52,9% pide que todas las Universidades pasen a manos del Estado; 51,9% desea que exista una cadena de supermercados estatal, y, por último, el 60% está en contra de la privatización de Codelco.

Estamos a la espera de los programas de los otros precandidatos. Por lo que se sabe, el programa de Gobierno de Jorge Arrate ha sido elaborado tomando como base las propuestas emanadas de las Asambleas realizadas a través de todo Chile, y que culminaron en las 29 Comisiones de Programa realizadas el día de su elección como candidato del Juntos Podemos, en la que participaron más de 2000 delegados de todas las regiones del país.

En síntesis, se aprecia que todos los programas hasta ahora conocidos, hacen el mismo diagnóstico de la realidad chilena: mala salud, mala educación, delincuencia, corrupción, colusión en la fijación de precios, desempleo, bajos salarios, etc. etc. Sin embargo, no hay ninguna mención de las causas del deterioro en todos los aspectos de la sociedad chilena. Y es justamente aquí donde está la diferencia.

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