El vendaval de Viña del Mar (Perdón, Festival)

Por: Aníbal Venegas
Fuente: www.elclarin.cl (24.02.09)

El verano es tiempo de festivales: el de las fresas, las sandías, las humoradas, el de la magia negra, el de la concupiscencia y el de la mojigatería. Se trata de espectáculos populares diversos, en muchos casos la máxima aspiración bohemia de pueblecitos hundidos en la soledad y el aislamiento; los del norte con el sol y la arena hasta las narices y los del sur atormentados por temporales, aires bucólicos y por la presencia de tan variada gama de seres mitológicos.

Sin embargo, el que acapara una mayor cantidad de atención es el de Viña del Mar, festival que regentan el Municipio de la Ciudad Jardín y los medios de comunicación Canal 13 y Televisión Nacional de Chile ¡La oda a la Majadería!

La Teletón y el Festival de la Canción de Viña del Mar son las dos instancias ofrecidas por el establishment local para “reunir” a la familia Chilensis, y nada más y nada menos que en torno a esa piedra filosofal llamada Televisión; habrá sopaipillas, calzones rotos, falafel y nutella (también atrae a inmigrantes, dicen) dispuestos exclusivamente para la ocasión. De la Teletón no es pertinente ni contingente hablar, pues sabido es que la solidaridad que mueve a los chilenos a “contagiarse” con la noble causa dura efectivamente las horas de amor que ese espectáculo circense y vejatorio está en el aire. Hoy la actualidad noticiosa invita a reflexionar respecto al Festival de Viña, pues a pesar de que se trata de un espectáculo deprimente e intolerable (¿Repleto de artistas?), la totalidad de los medios de comunicación locales aúnan esfuerzos para adular a los que allí se revuelcan y jadean, rasgando vestiduras cuando alguien coloca en tela de juicio la calidad –y la importancia real- del espectáculo en sí mismo.

Sinceramente el Festival aquel no me interesa en lo absoluto y creo que pasaría sin penas ni glorias si las casas televisivas no se dedicaran a transmitir la estupidez concretada allí. Pero como el evento se traduce en millonarias ganancias, es preciso luchar con uñas y dientes para ganarse la transmisión de esa –en nuestro tiempo- institución populachera que ya ha tomado ribetes metafísicos; de ahí que la Iglesia Católica considera que su axiología puede acomodarse un poco a las tetas, siliconas y cabezas huecas que inundan aquella revolución de los instintos: “Agáchate semana santa” dirá un candoroso sacerdote. Y la prensa oficialista chilena se aglutina a las afueras del hotel donde se hospedan las estrellas, tratando de conseguir una cuña de la cantante o el juglar y ¡cómo debemos sufrir cuando los mozalbetes imberbes licenciados en Comunicación en la Universidad privada “acreditada” espetan sin pudor preguntas como “¿Es verdad que te gusta el pan con mortadela lisa?!”. Ecce Hommo Chilensis.

El festival marca el fin del verano para la mayoría de los chilenos, el último bastión del sistema establecido para ejercer su “lavado de cerebros” de rigor. Acá lo menos trascendente son los artistas invitados: por más que hayan ofrecido un poquito de “cultura” con la presentación de un aria de Madame Butterfly de Puccini a cargo de Verónica Villarroel, la atención se centra en las homosexualidades, secretos de belleza y entrepiernas de los diversos actores del festival. Este año por ejemplo, se decidió ofrecer la animación del certamen a una periodista (¡Una profesional por Dios!), y como el asunto no podía dejar de ser analizado en los platós de televisión “especiales” con motivo de El Festival, se ha consultado a ex animadoras respecto a cómo la “elegida” debe actuar frente al macho que la comanda y cómo debe asumir su insignificancia enfundada con Chanel y Giorgio Armani, y perfumada con especias e inciensos traídos de oriente… (No faltará el carismático que atribuirá cierta mística al asunto, entrometiendo en el menjunje a los Reyes Magos iluminados por la estrella centellante en este sereno cielo Chilensis)

Lo esencial es visible a los ojos, hasta se puede ver bien con el culo.

Hoy en día podemos decir que el festival, en tanto ente y matriz de sentido, oculta una “esencia” un “espíritu” que los fenomenólogos de la materia (Filósofos amontonados en el delirante espectáculo que es la farándula) han sabido sintetizar y explicar bastante mal. Pues más allá de los comentarios de los “periodistas” especializados como el insoportable Ítalo Passalacqua (Ojo que éste supuestamente ofrece un perfil más crítico por denostar la decoración de la Quinta Vergara), creo que no se aproximan lo suficiente al eidos de El Festival de la Canción de Viña del Mar. Lo esencial para aproximarnos a una comprensibilidad de término medio como dijo alguna vez Heidegger, es conocer el eje central, el “ser” del festival. Y ese ser (Ser-ahí, ser-allá, ser-vidumbre, ser-eje, ser-eja) es la estupidez. Tal estupidez es construida, regentada, manipulada y concebida por los medios de comunicación chilenos, que se pelean primicias escatológicas y estéticas surgidas en el seno del evento, al tiempo que disfrazan con el manto de esta estupidez siempre fresca y renovada, las problemáticas reales de la ciudadanía. De ahí que la metafísica del festival sea tan fácilmente comprendida por el vulgo y que cale tan hondo en su conciencia, al punto que se posiciona como el tema obligado en las conversaciones y mítines diversos, donde la nana, la abuela, el zapatero y el carnicero tienen puntos de vista u opiniones que aportar. Pues “El Festival” a diferencia de la Teletón no oculta tras sí encomiables voluntades, al contrario, se ofrece así mismo como lo que realmente es: una cohorte dispuesta a exhibir el culo con tal de desocultar su esencia. En el proceso de desocultación de su verdad, de su alma, en el proceso de exhibición de su coseidad los juglares y saltimbanquis contratados para tales fines (Con salarios y remilgos pactados: vaya filosofía) tienen la oportunidad de dar rienda suelta a su inmundicia, deleitando a la masoquista muchedumbre que con ansias espera todos los años espectáculos grotescos, donde a través de la elección de la “Reina” de El Festival puede contemplar con un arrobo increíble, cuán lejos llega el ser humano en su afán de degradarse a sí mismo (Basta recordar la levantada de piernas de la ex reina de belleza chilena, pero claro, todos quedaron desilusionados al no encontrar allí la roja flor de su inocencia..)

El Rating se dispara en estos días y los medios de comunicación demuestran su agradecimiento. También el oficialismo ve con buenos ojos la perpetuación de estas instancias de desocultamiento de la estupidez y de ocultamiento de la realidad que a todos nos concierne. Pero ¡Bah! En nuestra realidad nacional de ciudades pestilentes, polución, represión, desempleo, pobreza, miseria, ignorancia y fealdad, un poquito de carne fresca “a la medida” en la parrilla programática se agradece, dicen…

anibal.venegas@gmail.com

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