La sociedad capitalista

Por:  Néstor Kohan, Claudia Korol (coordinadores)
Fuente: Tomado de la guía de estudio: “introducción al pensamiento marxista” (V parte)
 
- El capitalismo como modo de producción y reproducción – En miles de películas de Hollywood nos han intentado convencer de que el capitalismo es sinónimo del “mundo libre”. Supuestamente, cualquier persona, de la clase social que sea, del color que sea, puede legar a millonario. Sólo bastaría el esfuerzo y el ahorro…Quien no llega, es simplemente… “un perdedor”. La culpa del fracaso es personal.

En los grandes diarios sensacionalistas del sistema se insiste con la misma idea. Se pone en la tapa el caso de un ex obrero o empleado que llega a ser millonario por haberse ganado la lotería. O se destaca que el padre de un futbolista estrella a nivel mundial, antes vivía en la villa miseria o en la favela, y luego pasó a vivir en un palacio.

En el caso de los varones, también suele machacarse con la trayectoria clásica del campeón mundial de boxeo: del hambre y la miseria del barrio marginal al estrellato, la farándula, los autos y las mansiones. Para el caso de las mujeres, la televisión presenta un supuesto atajo. Miles de novelas recrean día a día en la TV el viejo cuento machista de Cenicienta. La empleada doméstica se casa con el patrón y, con vestidos nuevos y grandes alhajas, asciende milagrosamente de clase social. Siempre se trata de un ascenso individual. Los antiguos compañeros de miseria seguirán en la miseria. Ahora se los mirará desde arriba. Esos relatos periodísticos, esas novelas y esos cuentos infantiles reproducen cotidianamente la concepción del mundo de las clases dominantes. Transforman en sentido común los mitos ideológicos fundantes y las fantasías perversas de la sociedad capitalista. En la vida de todos los días, el capitalismo realmente existente es muy distinto. Habrá entonces que estudiar cómo funciona realmente.

¿Qué es el capitalismo?

Es un modo de producción históricamente determinado. Todo modo de producción es un conjunto articulado de relaciones sociales. En la historia existieron muchos modos de producción. Antes del capitalismo, existieron otros modos de producción:

• La comunidad primitiva: basada en lazos de sangre, de parentesco, de lengua, de costumbres. En ella predominan la propiedad comunitaria de la tierra (cuando se supera la etapa de la recolección de frutos y la caza de animales), la producción y consumos de autosubsistencia –fundamentalmente sin excedentes-. Todavía no existe un Estado separado de la sociedad.

• El modo de producción «asiático»: Surge cuando ya existe un excedente económico a repartir. Se sustenta en un germen de poder estatal centralizado que organiza las grandes obras de regadío –necesarias en Asia- y explota en forma despótica a las comunidades rurales apropiándose de su excedente, aunque manteniendo la posesión comunitaria de la tierra. En las civilizaciones americanas precolombinas este modo de producción (que no seria “asiático” sino americano) combinaba la propiedad comunal con la existencia del tributo al poder centralizado.

• La esclavitud: presupone –en Grecia y Roma antiguas- la producción de un excedente y la propiedad privada de la tierra. Se basa en el empleo de mano de obra esclava, junto a la existencia de campesinos libres. Presupone la separación de la agricultura y la artesanía. Ya existe el Estado, que garantiza la dominación necesaria para controlar a los esclavos y apropiarse de manera coercitiva del excedente. En Estados Unidos, por ejemplo, durante el siglo XIX (19) se mantiene la esclavitud, pero subordinada completamente al capitalismo.

El feudalismo: En Europa occidental se basa en la servidumbre de la mano de obra empleada en las grandes extensiones territoriales, la pequeña producción artesanal en las ciudades incipientes, el predominio de la producción de valores de uso por sobre productos fabricados para el mercado y el contrato jurídico entre el señor y el siervo (Valores de uso son todos aquellos objetos que satisfacen necesidades humanas). La propiedad del señor está subordinada a su vez a la jerarquía de los señores. El señor feudal es a su vez vasallo del rey.

Los campesinos deben realizar un tributo en especie y en dinero con el excedente de lo que producen en forma privada. Se agrupan en aldeas. A lo largo de la historia de la humanidad, estos modos de producción nunca han existido en forma “pura”. Cada una de sus relaciones sociales se combinan entre sí y con otros modos de producción, aunque finalmente, en cada sociedad concreta, un tipo de relaciones sociales termina predominando sobre el conjunto.

Cuando surge y se consolida el modo de producción capitalista –principalmente en Europa occidental- las relaciones sociales de capital terminan predominando y subordinando las relaciones sociales anteriores. El capitalismo reorganiza la sociedad bajo nuevas bases – por primera vez a escala mundial-. Este nuevo tipo de orden social está basado fundamentalmente en:

• la producción de mercancías
• la producción de plusvalor
• la producción (alienada) de subjetividad
• la producción de hegemonía
• la producción de violencia sistemática • la producción y reproducción de la relación social de capital

¿Cómo era antes del capitalismo?

En las sociedades previas al capitalismo (sea el feudalismo europeo, el modo de producción “asiático” o el modo comunal-tributario de América antes de la conquista) existía una relación directa entre el ser humano y sus condiciones de vida. Las condiciones de vida son todas aquellas instancias que permiten al ser humano trabajar y reproducir su vida día tras día, año tras año. Antes del capitalismo, la principal condición de vida era la tierra. Por entonces, la inmensa mayoría de lo que se producía eran valores de uso. Su finalidad era el consumo directo y la autosubsistencia, y estaban destinados a satisfacer necesidades humanas (comida, vestidos, vivienda, etc.). Sólo una pequeñísima parte se producía para comerciar e intercambiar. Por eso, antes del capitalismo, la producción de objetos como valores de cambio -es decir como mercancías destinadas al intercambio y al mercado- era marginal y minoritaria. Es recién con la emergencia del capitalismo cuando la producción de mercancías –objetos destinados al intercambio- se vuelve absolutamente predominante sobre otras formas de producción.

Igualmente, antes del capitalismo, el concepto de “propiedad” expresaba esa relacióndirecta entre el ser humano (o sujeto) y sus condiciones de vida (u objeto), mediadas por la comunidad.

Para que el capitalismo se pueda constituir sobre sus propias bases se hacen necesarias grandes sumas de dinero para lanzar al mercado y así obtener ganancias. Una vez que el modo de producción capitalista ya existe, esas inmensas sumas de dinero provienen de la explotación de los trabajadores y del trabajo impago del que se apropian los empresarios, los banqueros y los terratenientes. Pero antes de que el modo de producción capitalismo se haya constituido: ¿De dónde provienen las primeras grandes sumas que se invierten en el mercado? La única fuente de origen es bien distinta de lo que nos dicen las novelas y los cuentos infantiles. La primera acumulación, la originaria, la que inicia todo el ciclo de la explotación obrera y el enriquecimiento capitalista, no proviene del “ahorro y el esfuerzo individual”. Tampoco de la lotería… Proviene de la expropiación violenta de los campesinos, de la conquista y el saqueo del Tercer Mundo y de la ruptura de la propiedad (es decir, del quiebre de la relación directa entre el ser humano y la tierra).

Este quiebre y esta expropiación no se hicieron según el “mutuo acuerdo”. No hubo un “contrato social” donde todos acordaron, por consenso, dejar la posesión directa de sus tierras. Lo que hubo fue violencia extrema. La sociedad moderna capitalista es hija de la esta violencia. No nació producto del libre acuerdo sino de la brutal coerción e imposición capitalista.

Mediante esta violencia extrema (robos, torturas, encarcelamientos, violaciones, masacres, conquistas, esclavización, etc.,etc.) se fractura la propiedad de la tierra. En Europa occidental y en el Tercer mundo. De un lado quedaron los campesinos europeos y los pueblos originarios americanos. Todos ellos perdieron su vínculo con la tierra. Quedaron desnudos y “libres” (libres porque ya no tenían encima un señor feudal –en el caso europeo- o un rey dios –en el caso americano- pero también libres porque no tenían propiedad). Sólo les quedó su “capacidad corporal de trabajar” (a esta última Marx denominó “fuerza de trabajo”). La existencia de fuerza de trabajo “libre” es, entonces, un producto artificial –y violento- de la historia moderna.

Del otro lado quedaron las tierras y las condiciones materiales de vida (a ello Marx los denominó “medios de producción”). Como los esclavos –mayormente de origen africano- eran considerados por sus amos como cosas y como objetos, en esa fractura de la propiedad comunitaria de la tierra, quedaron del lado de los medios de producción. En la mirada de sus amos, los esclavos no eran más que un tipo especial de “herramientas” y de cosas… aquellas que hablaban.

En el capitalismo, tanto la capacidad humana de trabajar o fuerza de trabajo como los medios de producción se transforman completamente en mercancías. Se compran y se venden en el mercado. Entonces, luego de las rupturas de la propiedad comunitaria (llamada “expropiación”), de un lado quedaron los sujetos, del otro lado el objeto. Entre ambos polos se interpusieron los banqueros, los mercaderes y los incipientes empresarios, imponiéndoles su disciplina de hierro. Así nació la relación social que Marx denominó “capital”.

¿Qué es el capital?

El capital no es una cosa, una suma de “factores de producción”, una suma de máquinas y herramientas, una simple suma de dinero. El capital es una relación social de producción que relaciona en un polo a los dueños del dinero y de los medios de producción (previamente expropiados), y en el otro polo, a los trabajadores que son dueños sólo de sus cuerpos, de su capacidad de trabajar, de su fuerza de trabajo

Dado que la sociedad capitalista se basa en el mercado, y como el mercado implica falta de control de los productores sobre sus propios productos, sobre sus prácticas y sobre sus relaciones sociales, la sociedad capitalista genera invariablemente alienación y fetichismo.

La alienación constituye un proceso de pérdida de control. ¿Qué es lo que se pierde en el capitalismo? Se pierde la posibilidad de gestionar racionalmente la economía, basándose en las necesidades de la inmensa mayoría de la sociedad, en lugar de basarse en la búsqueda frenética de ganancia para la pequeña minoría de los empresarios. Al perder toda racionalidad, el mercado capitalista se independiza de las personas, adquiere vida propia, y se vuelve contra la gente. Los trabajadores, que son los creadores de la sociedad, de sus riquezas y sus valores, terminan sojuzgados por el producto de su propio trabajo. Cuando más brilla el mundo de las mercancías y de los valores en el Mercado, menos vale y menos importa el ser humano. A esa inversión (donde las cosas valen más que el ser humano y las personas) se la denomina alienación.

El fetichismo es aquel proceso de inversión por el cual los seres humanos y sus relaciones sociales se vuelven cosas (“cosificación”) y las cosas, adquieren características de seres humanos (“personificación”). A esa inversión entre el sujeto y el objeto, entre las cosas y los seres humanos, se la denomina fetichismo porque adorar una cosa consiste, precisamente en adorar un fetiche.

Entonces, la relación social de capital constituye una relación social alienada, cosificada y fetichizada: los medios de vida han cobrado existencia autónoma, y los trabajadores se han vuelto cosas, se han convertido en simples mercancías que se compran y se venden en el mercado (es allí donde el patrón compra la capacidad de trabajar mediante un salario), como si fueran cualquier otra mercancía.

El capital es una relación social que “vive”, que tiene existencia autónoma, es dinero que por sí mismo genera más dinero, gracias a la explotación productiva de la fuerza de trabajo. Sin esta explotación no puede crecer. Incluso cuando se deposita una suma de dinero en el banco y al mes ese dinero aparentemente “creció” solo, en realidad… ese “crecimiento” proviene de otro lado. El interés bancario –la forma más engañosa del capital pues aparenta crecer sola sin el trabajo obrero- no tiene vida propia. Su “crecimiento” se origina en la extracción de un trabajo impago a los trabajadores de la industria, una parte del cual los industriales ceden a los banqueros bajo la forma de interés por el dinero que los banqueros le habían prestado.

Siempre, en todos los casos, el crecimiento y la acumulación del valor del capital se origina en la explotación del trabajo. Un ejemplo: los capitalistas pagan bajo la forma de salario sólo una parte del trabajo incorporado en las mercancías por el obrero. Toda una parte del trabajo realizado e incorporado que encierran las mercancías (luego vendidas en el mercado) “no entra” en el cálculo del valor que el capitalista paga al obrero por haber empleado su capacidad de trabajar. Esa parte que “no entra”, pero que sí fue realizada, es el plusvalor, núcleo de la ganancia empresaria.

Dentro de ese trabajo explotado, que alimenta la ganancia empresaria, no solamente está el trabajo impago realizado por el obrero o la obrera en el espacio de la fábrica o la empresa. También hay otro trabajo impago… menos “visible” todavía que el trabajo fabril, pero no menos explotado por el sistema capitalista: El trabajo realizado en el hogar para que cada trabajador o trabajadora y su familia pueda comer cada día, pueda vestirse y pueda volver al día siguiente a ser explotado a la empresa, también es un trabajo impago. Suele denominarse TRABAJO DOMÉSTICO.

En la sociedad capitalista –centralmente machista y patriarcal- ese trabajo domésticosuelen realizarlo LAS MUJERES. El capitalista no paga ese trabajo, pero se sirve de él. No sólo se apropia del trabajo doméstico en forma “gratuita” (porque no ingresa en el cálculo del salario) sino que ni siquiera lo reconoce como tal. Aparece envuelto, gracias a diversos mecanismos hegemónicos vinculados a la cultura, a las tradiciones, etc, bajo la APARIENCIA de “puro afecto” (de la madre por con sus hijos y el marido, de la esposa para con su compañero, etc.).

Al interior de la familia el afecto existe, pero está yuxtapuesto con la necesidad de la reproducción social capitalista que no tiene nada que ver con el “afecto”, sino con la explotación. Si se calculara el valor del salario incluyendo el gasto de trabajo doméstico la ganancia empresaria se reduciría en forma galopante y el salario obrero aumentaría en forma inversamente proporcional. La explotación del trabajo doméstico es VITAL para el sistema capitalista. Esa es una de las tantas razones por las cuales el sistema capitalista necesita reproducir en el plano de la subjetividad y en las relaciones de género las normas y conductas de sumisión patriarcal, culturalmente consideradas como “normales” y “naturales”.

El capitalismo es un sistema de explotación que, necesariamente, se alimenta de diversas dominaciones yuxtapuestas y combinadas. La explotación de las mujeres – doblemente explotadas: como trabajadoras en la empresa y como trabajadoras en el espacio doméstico- es uno de los instrumentos fundamentales para la reproducción del capital. La dominación de la mujer no atañe solamente a las formas tradicionalistas o conservadoras de la vida cotidiana (las más “visibles” y, por otra parte, también las culturalmente más cuestionadas en las relaciones de género, incluso por la derecha liberal o las películas norteamericanas). Su dominación se encuentra en el corazón mismo de la sociedad y del sistema capitalista y de su reproducción.

No podrá haber emancipación real de la mujer al margen o al costado o bajo una forma excluyente de la lucha contra el sistema capitalista.

Tanto hombres y mujeres, tanto capitalistas y trabajadores, constituyen grandes aglomerados de personas que se denominan clases sociales. Las clases sociales se definen tanto por su posesión o no posesión de los medios de producción como por su experiencia de lucha y su conciencia de clase. La clase obrera, la clase genuinamente revolucionaria de la sociedad moderna, se constituye como tal en la medida en que toma conciencia de que ha sido expropiada, de su antagonismo y contradicción con su enemigo, la clase capitalista. Esa conciencia nunca surge automáticamente. Es producto del conflicto y la confrontación. Así se forma y así se desarrolla en la historia.

En el capitalismo, la fuerza de trabajo produce más valor que lo que ella misma vale. El valor de la fuerza obrera de trabajo equivale a la suma total de los valores de todas aquellas mercancías necesarias para que la familia obrera subsista y el trabajador pueda volver a trabajar al mes siguiente. El precio de lo que vale la mercancía fuerza de trabajo tiene un nombre: salario. En el capitalismo (aunque varía) el salario siempre es menor al valor total de lo que produce la fuerza obrera de trabajo. La diferencia entre el valor de todo lo que se produce y el valor de todo lo que se paga en salarios, tiene otro nombre: plusvalor.

El plusvalor es la expresión del trabajo excedente que en la sociedad capitalista realizan los trabajadores. El plusvalor expresa aquel trabajo obrero que el patrón no paga. Pero no es un “robo”, o en todo caso, es un robo absolutamente legal. El plusvalor es un trabajo impago. Esa es la fuente auténtica de la ganancia empresarial. La ganancia no proviene de “comprar barato y vender más caro”, sino de la explotación del trabajo impago realizado por la fuerza de trabajo y apropiado por los patrones. Cuando el plusvalor y la ganancia que los patrones extraen de los trabajadores se gastan en objetos de consumo superfluos y lujosos –típicos de la vida burguesa- no se reinvierten en la producción. En ese caso el plusvalor y la ganancia se destinan al rédito.

Pero si el trabajo impago que ha sido obtenido de la explotación de los trabajadores se vuelve a invertir, en ese caso lo que existe es una acumulación. La acumulación consiste en la reinversión del plusvalor en el proceso productivo. Así se incrementa el valor del capital inicial por medio de la transformación del plusvalor en capital adicional. Aquel empresario que no acumula, a la larga, no puede competir con otros empresarios y va a la quiebra. Más allá de las buenas o malas intenciones de cada patrón o de lo que desee hacer con su capital particular, la lógica capitalista de toda la sociedad se rige por la acumulación. Su lógica es de hierro, no permite la libre discusión. Aquel capitalista que sueñe con desafiarla, irá irremediablemente a la quiebra.

¿En qué consiste esta lógica, esta forma en que el modo de producción capitalista se reproduce y recrea cotidianamente sus propias relaciones sociales?

En que existe una tendencia a que el capital se concentre y se centralice. La centralización del capital consiste en la fusión de varios capitales bajo un solo mando común (por lo general, el más poderoso). El pez gordo se come al pez chico. El empresario más poderoso se traga al empresario más pequeño. Esa es una tendencia de todo a sociedad capitalista.

La concentración del capital –o acumulación- consiste en el crecimiento en el valor del capital en cada una de las firmas capitalistas como resultado de la acumulación y la competencia. Como la fuente de la ganancia capitalista surge de la explotación del trabajador, la relación social de capital no es armónica. Tampoco es pacífica. Tiene una tensión interna. Está atravesada por una contradicción. La relación entre la clase capitalista y la clase obrera es contradictoria. Esa es la base de la lucha de clases. Toda la historia de la humanidad no es más que la historia de estas luchas de clases. Es más: sin estas luchas no habría historia. Seguiríamos igual que hace miles de años. La lucha de clases no es una lucha personal entre individuos. No depende de la bondad o maldad de un patrón individual (o de sus intenciones personales). Es el conjunto de la clase capitalista la que tiene intereses contradictorios con el conjunto de la clase trabajadora. La lucha de clases se expresa tanto en el nivel económico, como en el político y en el ideológico. En los momentos de crisis aguda, la lucha de clases se expresa en el plano político-militar. Es el momento más alto de la lucha, el de la guerra civil entre las clases sociales.

Según el método dialéctico, la contradicción está en el corazón mismo de la sociedad de clases. La lucha entre las clases no es un “accidente” ni una casualidad. El modo de producción capitalista está atravesado por múltiples contradicciones. Una de las principales consiste en que las fuerzas productivas son cada vez más sociales mientras las relaciones sociales de producción son cada vez más privadas y concentradas.

Las fuerzas productivas están constituidas por los instrumentos de trabajo, la tecnología, los medios técnicos y la propia destreza de la clase obrera. Marx señala, en su libro Miseria de la filosofía (1847), que: “La existencia de una clase oprimida es la condición vital de toda sociedad fundada en la contradicción de clases. La emancipación de la clase oprimida implica, pues, necesariamente la creación de una sociedad nueva. Para que la clase oprimida pueda liberarse, es preciso que las fuerzas productivas ya adquiridas y las relaciones sociales vigentes no puedan seguir existiendo unas al lado de las otras. De todos los instrumentos de producción, la fuerza productiva más grande es la propia clase revolucionaria”.

Las relaciones sociales de producción son aquellas relaciones que los seres humanos entablan entre sí para reproducir sus vidas trabajando sobre la naturaleza. Las diversas épocas históricas y los diversos modos de producción se distinguen entre sí, fundamentalmente, según qué tipo de relaciones sociales predominan en cada época. La contradicción antagónica y la lucha entre las clases (entre quienes producen cada vez en forma más social y entre quienes se apropian cada vez en forma más privada) anida en el centro de la sociedad capitalista. La dinámica de la acumulación no es independiente de esta contradicción de clases.

Ni la base de la ganancia es entonces “el ahorro” ni los ricos son ricos por haberse “esforzado”. La base de su riqueza y de la acumulación es la violencia y la explotación de una clase sobre otra. Ambas, sólo se entienden a partir de su propia historia (que los ideólogos capitalistas ocultan sistemáticamente con sus relatos infantiles). La base de la sociedad capitalista es la explotación y la dominación de una clase por otra.

No hay un capitalismo “bueno” y un capitalismo “malo”, un capitalismo “puro” y un capitalismo “impuro”, un capitalismo “humano” y un capitalismo “inhumano”. El capitalismo es un solo: un pequeño sector –cada vez más minoritario- vive a costillas de la inmensa mayoría de los pueblos del mundo. Sin esta relación de dominación y explotación el capitalismo no podría sobrevivir. Aunque a primera vista el capitalismo genera caos y desorden (los capitalistas compiten entre sí, hay crisis, se desperdicia el trabajo social, hay guerras, etc.), en realidad este tipo de organización social tiene una lógica bien precisa: el capitalismo genera siempre más capitalismo. Por eso el capitalismo genera siempre nuevas relaciones sociales. No de cualquier tipo, sino capitalistas. El capitalismo se autoproduce, vuelve a producirse diariamente, se reproduce.

¿Por qué se reproduce el capitalismo?

Porque la sociedad capitalista está organizada de tal manera que en un polo se acumulan todas las riquezas, los capitales y los valores producidos por el conjunto de los trabajadores de todos los países y en el otro polo se acumula la miseria, el hambre, la desnutrición y el analfabetismo de los pueblos. La minoría cada vez tiene más, la mayoría cada vez tiene menos. Eso no es un “accidente” o una casualidad que pronto se superará, como dice la TV… Es la esencia del sistema. Este fenómeno no depende de las buenas o malas intenciones de los empresarios, de la decencia o la corrupción de los políticos burgueses que los representan ni del profesionalismo o el golpismo de los militares que los defienden. Más allá de las intenciones personales de empresarios, políticos burgueses o militares, la lógica del sistema capitalista genera esa polarización. Esto repercute sobre el conjunto de la vida social.

El capitalismo es además un tipo de sociedad donde predomina la cantidad sobre la cualidad; las mercancías y el capital sobre las personas; el mercado y el intercambio sobre la razón y el amor; el frío interés material sobre la ética y los valores; el cálculo sobre la amistad y el fetiche del dinero sobre los seres humanos. Todo se compra. Todo se vende. ¡Todo tiene un precio!.

El capitalismo rompe todos los prejuicios y los sentimentalismos de las sociedades anteriores (como la sociedad medieval) y los reduce a una sola fórmula: la del DEBE y el HABER. Cada quien vale según cuanto tenga. El dinero se convierte en el Dios todopoderoso de este tipo de sociedad.

El capitalismo siempre fue así. No es que “ahora funciona mal”. Fue así desde su inicio. Pero a partir de la última década del siglo XX, este tipo de organización social ha experimentado una violenta expansión. ¡Se devoró todo el globo!. Aunque desde su origen se estructuró como sistema mundial, a partir de la década del ’90 el mercado mundial arrastró con su corriente todas las sociedades nacionales. La lucha actual de los trabajadores contra los patrones no se origina en “la envidia” o “el resentimiento”. Los trabajadores luchan contra el capitalismo porque la única manera de vivir mejor presupone terminar con este tipo de sociedad. Mientras que un obrero logra ascender por ganarse la lotería o porque su hijo se hizo estrella de fútbol o de boxeo; mientras que una empleada logra ascender por casarse con el patrón –estos casos son extraordinariamente raros y excepcionales- millones seguiremos hundidos en el pantano de la miseria y la explotación. ¡La única salida es colectiva!. No provendrá de las “buenas intenciones” o “los buenos sentimientos” de un patrón “al que le importa su país”. Tampoco dependerá de la suerte individual. Dependerá de la lucha de clase de los trabajadores de todo el mundo. La lucha contra el capitalismo es una lucha por toda la humanidad.

BIBLIOGRAFÍA SUGERIDA:

- Carlos Marx: “La acumulación originaria del capital” [Capítulo N°24 del Tomo I, volumen I de El Capital]. Ediciones varias.

- Carlos Marx: “Formas que preceden a la producción capitalista” [Parte final del Tomo I de los Grundrisse -Borradores de El Capital-. También están editadas bajo el título: Formaciones económicas precapitalistas con prólogo del historiador Eric Hobsbawm]. Ediciones varias.

- Carlos Marx: El Manifiesto comunista. Ediciones varias.

- Carlos Marx: “La transformación del dinero en capital” [Capítulo N°4 del Tomo I de El Capital]. Ediciones varias.

About these ads

3 comentarios

  1. Español de corte,capitalista,- de derechas,partidario de la Ley Y orden a ultranza, simpatizante del anterior regimen español de D. Francisco Franco Bahamonde,(salvador INDISCUTIBLE) DE-España, hice un trasvase de capital por estar totalmente en contra de la politica economica del PSOE, desde 1982,y de la proliferacion de parasitos empezando por el Rey Tragaldabas, y todo su sequito de monos amaestrados- quisiera poder Diversificarme no porque no me guste la politica economica de RD,sino por y para poder trabajar en mi oficio-Anticuario,de arte,-Joyas y Muebles de Mucha calidad aparte de Miami, el cual no hay mucha plata para invertir capital alla quisiera saber,-PRIMERO donde ud me aconsejan Ir,- Donde Uds tienen más peso politico de derechas con sus seguidores en calidad y cantidad, donde uno se podria afiliar, como miembrode un partido de derechas en el país que Uds, me Informen , Nombres Direcciones Tels,.-mi E-Mail directo y personal–MAFORTJUAN@HOTMAIL.COM
    Espero sus gratas noticias saludos ATTe Luis M.

    en Rep Dominicana desearia saber donde puedo reinvertir en que paìs…-es(sin contar Venezuela)

  2. [...] Sociedad Anónima a su vez se considera un grupo de sociedades capitalistas que como anteriormente se mencionó, se forma a través de la aportación que realizan sus [...]

  3. [...] La sociedad capitalista [...]

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 40 seguidores

%d personas les gusta esto: